{"id":106,"date":"2006-03-14T12:37:50","date_gmt":"2006-03-14T11:37:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=106"},"modified":"2018-03-01T21:11:17","modified_gmt":"2018-03-01T20:11:17","slug":"79-perro-por-fobia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=106","title":{"rendered":"79- Perro. Por Fobia"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Esta es noche de perros. Perros como yo. Yo no ladro, pero muerdo. Venid, venid a por m\u00ed.<!--more-->\u00a0No llueve pero mis botas revientan los charcos negros entre calles oscuras que susurran bravatas. Puto barrio. Aprieto las solapas hasta rozarlas con la barba de tres d\u00edas. Me estiro dentro del viejo abrigo negro que me cubre y me oculta. Soy la sombra. No me ver\u00e1s, porque no existo. Y si me ves\u2026 si me ves ya no volver\u00e1s a necesitar ver. El fr\u00edo se insin\u00faa como la vieja puta, me besa, me lame, me babea hasta que se rinde consciente de que mi piel no es piel sino el pellejo correoso del azotado. Sonr\u00edo aunque mis labios no se inmuten. Soy un fantasma virtual que camina entre basuras esquinadas y fachadas ro\u00eddas. Est\u00e1 noche s\u00e9 que los dioses me miran, observan el vaho que despido conscientes de que es madrugada de sacrificios. S\u00e9 que soy el hijo que siempre so\u00f1aron tener. Hijos de puta. Aprieto los pu\u00f1os en unos bolsillos que ocultan metales capaces de besar las carnes y desgarrarlas. Noto la tirantez del depredador. La soledad laber\u00edntica de las callejuelas mal iluminadas me incita y azuza. \u00a1A cazar\u00a1 \u00a1A cazar! Me detengo. Olisqueo. Enciendo un cigarrillo y dejo que mi hombro se hermane con la piedra de un sucio soportal. Acompaso caladas con el lento fluir de mi sangre, fr\u00eda, siempre fr\u00eda. Mis pupilas rasgadas se clavan en la puerta de un malicioso antro rojizo. Y espero. Espero.<br \/>\nEl Goma cree que porque su piel ha sobrevivido a siete apu\u00f1alamientos y cinco balazos es de goma y nada puede atravesarle. El Goma tiene el pelo cano y la sonrisa enferma del que se sabe hermanado con la peor ponzo\u00f1a. El Goma se gana el sustento vendiendo qu\u00edmica y carne de mujer entre los bienaventurados. El Goma cree que se puede golpear a una puta hasta casi matarla sin que nada te ocurra, y tiene raz\u00f3n, se puede.<br \/>\nEl Goma sale del garito con la sonrisa encajada en un rostro difunto y el cuerpo vencido por el alcohol. Su mat\u00f3n le sujeta y arrulla como la torpeza de la nodriza ebria. Ya estoy detr\u00e1s. La testa del gigante no tiene tiempo de girar, s\u00f3lo nota el c\u00e1lido tajo en el cuello y de pronto todo su empe\u00f1o reside en taponar una brecha roja que amenaza con vaciarle. Los ojillos turbados de su jefe alcanzan a ver los colmillos del verdugo. Agria el gesto y vomita un sonido gutural cuando la fina plancha de metal atraviesa su huesuda carcasa en busca del coraz\u00f3n. Tras el beso, la hoja sale, y con ella la vida del s\u00f3rdido proxeneta que se cre\u00eda de goma. Paladeo el orgasmo at\u00e1vico que produce en el homo sapiens quitar la vida. Soy Dios. Soy un homo sapiens. Soy un perro. Los dos cuerpos inertes ensucian la calle mientras rastreo ojos furtivos que entre la basura hayan visto m\u00e1s de lo que debieran ver. S\u00f3lo un mundo de oscuridad y sombras testimonian lo ocurrido. Exhalo. Con la parsimonia ritual del que nada tiene que perder limpio la hoja carmes\u00ed sobre la alpaca de lo que ya son s\u00f3lo restos org\u00e1nicos. Me incorporo. Aprieto las solapas contra mi barba de tres d\u00edas y comienzo a caminar.<br \/>\nEnciendo un cigarrillo mientras sorteo coches esquel\u00e9ticos y paredones pintarrajeados que son banderas de peligrosos clanes. Entre h\u00famedas callejas y acuosos pasadizos escucho las roncas risotadas de los dioses ebrios de excitaci\u00f3n. Palmotean empalmados retorciendo sus sudorosos corpachones unos con otros. Soy su perro preferido, por eso me retienen aqu\u00ed abajo, en el infierno. \u00a1Cabrones!<br \/>\nMe detengo frente a un oscuro tugurio que despide el tufo de lo familiar. Empujo la puerta y entro. Un humo opaco y rancio me rodea y manosea. Las tenues luces muestran rincones sombr\u00edos donde parejas se cortejan. Bajo una m\u00fasica melosa bultos y perdedoras figuras se desparraman por mesas y escondrijos en busca de un poco de calidez que pueda comprarse y venderse. Dejo caer el cigarrillo sobre el pegajoso suelo simulando el ladrido del que se anuncia. Camino hacia la iluminada barra donde una sonrisa profesional me muestra la sugerencia y la insinuaci\u00f3n del amor empaquetado. Pregunto por Afrodita y la dama dice que tendr\u00e9 que esperar. No me gusta esperar. La muerte puede creer que la esperas a ella y venir a buscarte. La sugestiva pecadora se interesa por el elixir con el que aliviar\u00e9 la espera pero yo ya estoy ascendiendo la escalera de rojiza moqueta. Un pasillo oscuro salpicado de puertas me recibe mientas abajo alguien ladra. Pateo la primera.<br \/>\nUn cincuent\u00f3n calvo, atento esposo y aplicado padre, desahoga su primaria necesidad de insultar a la mujer a la que cabalga en un pueril intento por mostrarse amo y dominador, consciente de que ma\u00f1ana ser\u00e1 \u00e9l el dominado de ocho a tres. Ante mi presencia se gira asustado dejando entrever bajo su sudoroso cuerpo el rostro estoico de una chica del este. No es ella.<br \/>\nSin pausa encaro la puerta de enfrente y la hundo de un feroz puntapi\u00e9. Descubro la figura inerte de un joven reci\u00e9n casado sobre el que una laboriosa rumana aplica una dificultosa felaci\u00f3n. El estado et\u00edlico del chico evita que se inmute por mi irrupci\u00f3n, pero la muchacha deja su esmerada labor y me observa consciente de que no conseguir\u00e1 empalmar a aquel burguesito hijo de papa. Los ojos de la chica no son los que busco.<br \/>\nTres metros m\u00e1s para all\u00e1 la tercera puerta cae del mismo modo. Esta vez un temeroso hijo de Dios bufa mientras sodomiza a una desdichada inmigrante en la seguridad de que la redentora confesi\u00f3n matinal limpiar\u00e1 todos sus pecados dejando su alma impoluta. Al instante el creyente detiene las antinaturales embestidas frente a mis interrogantes ojos. Doy un paso hacia \u00e9l. La chica aparta sus rubios cabellos y se muestra un ser desconocido. Retrocedo.<br \/>\nLa siguiente puerta necesita de dos patadas para vencerse. Dos sudamericanas que ya eran viejas con quince a\u00f1os saltan al un\u00edsono abandonando el mediocre miembro de un obeso empresario hecho as\u00ed mismo. Me retiro seguido por el improperio del analfabeto funcional que, acostumbrado a que su dinero y su porte agresivo le rindan el mundo, se muestra chulo desde su rid\u00edcula pose. Me giro. Gru\u00f1o. Se caga.<br \/>\nEl sudor liga mis cabellos al tiempo que brota de mi rostro empap\u00e1ndolo. Exhalo hast\u00edo cuando de un violento puntapi\u00e9 destrozo la en\u00e9sima puerta. La joven de larga melena oscura me recibe de espaldas sobre la figura masculina esposada a la cama. El tipo se deshace entre la sorpresa y la verg\u00fcenza pero no dice nada. Ella no se inmuta. Observo aquellas formas perfectas sobre las que a\u00fan se distinguen las tumefacciones que caus\u00f3 un cabr\u00f3n difunto. En el silencio llevo un cigarrillo a mis labios. Juega. Lo enciendo. Le gusta jugar. Doy una larga calada. Le gusta jugar a ser una ni\u00f1a desobediente. Apoyo mi nuca contra la pared y espero.<br \/>\nAfrodita se gira con la sonrisa p\u00edcara de qui\u00e9n ha hecho trampas. Los hematomas de su semblante apenas disimulan una belleza animal que hechiza con el mero contacto. Ronronea mientras se incorpora sin pudor. Su mirada infantil se insin\u00faa mientras con la cadencia de la serpiente se contonea voluptuosa aproxim\u00e1ndose. Doy otra calada. El humo irrita unos ojos que son del cuerpo desnudo que est\u00e1 frente a m\u00ed. Frena su sensual rostro a dos cent\u00edmetros del m\u00edo. Noto la combusti\u00f3n de su aliento. Dejo de respirar. Sonr\u00ede. Su maliciosa mirada devora mi alma mientras yo no me inmuto. Nos vamos, digo.<br \/>\nRota la magia, el gesto de Afrodita se encrespa preguntando si me gusta ser el obediente perro de su padre. Muerde. Ataca. Se revuelve. No contesto salvo para decirle que se vista. Me fulmina con la mirada y se gira displicente. Mientras se viste los oigo. Son las pisadas aceleradas de los mastines que cuidan el ganado. Avanzan por el masillo tras el rastro fresco. Doy otra calada.<br \/>\nUn gigante negro y su bate de b\u00e9isbol es el primero en llegar, pero no es hasta que llega el coloso blanco que las preguntas ret\u00f3ricas ocupan un tiempo innecesario. El silencio muestra lo evidente. Dejo que el cigarrillo se desprenda de mis labios y se despe\u00f1e por mi cuerpo. Morder, es tiempo de morder. Los gigantes dudan un segundo, observan a Afrodita y lo entienden, entonces el mast\u00edn negro alza su estaca. Le miro. No me inmuto. Con un bramido seco mi bolsillo derecho escupe algo met\u00e1lico que lo traspasa y va a adosarse en el musculoso pecho del atacante reduciendo su embestida a una convulsi\u00f3n ag\u00f3nica. El segundo c\u00edclope eleva su mano armada pero para cuando su dedo oprime el gatillo su cuerpo ha girado noventa grados con un tercer ojo abierto en la frente. Y el silencio, de nuevo el silencio, es el r\u00e9quiem que acuna los cuerpos muertos.<br \/>\nAfrodita observa excitada mi indolencia con la veneraci\u00f3n de quien reconoce el instinto animal y gusta paladearlo. Vestida, se incorpora y abandona la habitaci\u00f3n para con la desidia de la rendida recorrer el oscuro pasillo. La sigo.<br \/>\nEnciendo otro cigarrillo mientras escucho el frenes\u00ed de unos dioses que festejan alborozados la nueva matanza. Vomitan loas y mezclan mi nombre con todo tipo de lisonjas. Sus ojos rojos por el vino y la sangre juran que no soy hombre sino dios. Doy una calada. Me siento perro.<br \/>\nDescendidas las escaleras entre miradas curiosas y gestos cautos, avanzamos pausados hacia una puerta que promete expulsarnos de este \u00fatero depravado que es el humano. De pronto, una mole tosca y rapada que hace las veces de cancerbero se interpone y ruge. Afrodita sonr\u00ede maliciosa, me mira divertida y se aparta. El guardi\u00e1n de la puerta carga con la ferocidad del ignorante. Falla. Superada su presa se detiene extra\u00f1ado, no entiende como ha podido errar el golpe, no entiende que hace aquella daga alojada en su costillar, no entiende porque se derrumba. El silencio de los testigos congestionados contrasta con el aullar de mis enardecidos dioses. Un trazo de pervertido arrebato queda tatuado en la mirada de Afrodita, que sonri\u00e9ndome, se gira y alcanza la puerta. La sigo. Siempre la sigo.<br \/>\nEn el exterior la noche y su fr\u00edo tienen un sabor especial. Huele a olimpo. Los dioses est\u00e1n aqu\u00ed.<br \/>\nLa traviesa Afrodita baja la cabeza y camina hacia la circunspecta mirada de su padre fingiendo arrepentimiento. Zeus la acoge y antes de marchar me mira y sentencia se\u00f1al\u00e1ndome que en agradecimiento a los servicios prestados me otorga la categor\u00eda de semidios. Eso es todo. Quedo solo.<br \/>\nEnciendo un cigarro y tras dar una calada observo el silencio empeque\u00f1ecedor. Un semidios. Lo he logrado. Ya no soy hombre, soy m\u00e1s que hombre. Ahora soy Heracles el semidios. Inhalo humo. No siento especial alegr\u00eda. Pens\u00e9 que s\u00ed. Deber\u00eda. Sonr\u00edo y doy otra calada para rellenar de tizne el inmenso vac\u00edo que es mi interior. Quiz\u00e1 sea un est\u00fapido pero ahora no termino de entender est\u00e1 necesidad m\u00eda de negarme e intentar ser lo que no nac\u00ed. \u00bfLe pasar\u00e1 al perro que no desear\u00e1 ser perro? \u00bfO s\u00f3lo le pasa al hombre? Un dios. Deseaba ser un dios y ahora que lo soy me pregunto si ellos me crearon a m\u00ed o yo los cree a ellos. No s\u00e9. \u00bfImporta? Lo \u00fanico que s\u00e9 es que la p\u00e9rdida de la fe en Dios supone que el hombre queda s\u00f3lo con su naturaleza, y al homo sapiens no le gusta su naturaleza.<br \/>\nAhora ya no ladro porque no es propio de dioses, aunque me aterroriza intuir que podr\u00eda hacerlo.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta es noche de perros. Perros como yo. Yo no ladro, pero muerdo. 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