{"id":109,"date":"2006-03-14T12:41:21","date_gmt":"2006-03-14T11:41:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=109"},"modified":"2006-03-14T12:41:21","modified_gmt":"2006-03-14T11:41:21","slug":"81-%c2%abparentesis%c2%bb-por-arco-iris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=109","title":{"rendered":"81- \u00abPar\u00e9ntesis\u00bb. Por Arco iris"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">El invierno, como cada a\u00f1o, lleg\u00f3 con sus fuertes temporales. Hab\u00eda d\u00edas en los que el viento soplaba tan fuerte, que nadie se atrev\u00eda a salir a la calle, como si el fen\u00f3meno marcase un toque de queda que obligaba a los vecinos a recluirse dentro de sus cuatro paredes.<!--more-->\u00a0Parec\u00eda que ah\u00ed afuera se estuviera librando una mort\u00edfera batalla: el viento silbaba por todas partes como un mar de veloces balas dispuestas a transmutar el calor humano por el fr\u00edo eterno, acompa\u00f1adas por fuertes estruendos provocados por golpes de ventanas y puertas mal cerradas. Todos los vecinos del barrio se conoc\u00edan entre s\u00ed, y entre visillos, observaban la des\u00e9rtica calle expuesta al furioso vendaval, y a lo lejos, una silueta. Al principio, los vecinos no sab\u00edan si calificar la conducta de aquella persona de heroica o de demente, pero tras identificar al se\u00f1or Gregorio, rectificaron todo juicio de demencia.<br \/>\nA pesar de estar acostumbrado a soportar todo tipo de calamidades clim\u00e1ticas, a Gregorio le casta\u00f1eaban los dientes y le temblaban las manos. Ten\u00eda algo m\u00e1s de setenta a\u00f1os pero no padec\u00eda parkinson, simplemente experimentaba un fr\u00edo sobrenatural. Aquel comportamiento de su cuerpo le hizo recordar que hab\u00eda olvidado su abrigo en una cafeter\u00eda donde hab\u00eda estado minutos antes, as\u00ed que, se dio la vuelta rumbo al que hab\u00eda sido su \u00faltimo destino maldiciendo a aquel alem\u00e1n que a menudo le escond\u00eda las cosas, el alzheimer. Los vecinos curiosos, buscando el porqu\u00e9 de aquel cambio de rumbo, pensaron que el se\u00f1or Gregorio hab\u00eda bebido en exceso, y vali\u00e9ndose de esa justificaci\u00f3n un\u00e1nime, se alejaron de los visillos para arrimarse a sus respectivas fuentes de calor.<br \/>\nGregorio asi\u00f3 con fuerza el pomo para que el viento no bailara con la puerta una danza descontrolada, y entr\u00f3 en la cafeter\u00eda. Estaba repleta de gente de todo tipo, desde ejecutivos de traje y corbata, hasta j\u00f3venes estudiantes. Radiadores funcionando por doquier y cacofon\u00eda excesiva regentaban el local en que la entrada de Gregorio pas\u00f3 inadvertida; tan s\u00f3lo se dedic\u00f3 a descolgar su abrigo del concurrido colgador y regresar al exterior. La nueva prenda de grandes bolsillos atenu\u00f3 el fr\u00edo, pero no por eso dej\u00f3 de ser insoportable. Se llev\u00f3 la mano al bolsillo derecho y encontr\u00f3 las llaves de su coche, pues ten\u00eda ganas de llegar hasta \u00e9l, poner la calefacci\u00f3n y aterrizar en su c\u00e1lido hogar lo antes posible.<br \/>\nDe camino al lugar donde ten\u00eda el coche aparcado, Gregorio pensaba en lo afortunado que era y en la suerte que hab\u00eda tenido en la vida. \u00abNunca sabes de qui\u00e9n y d\u00f3nde vas a nacer\u00bb se dijo. Con las llaves en la mano, pens\u00f3 que el mero hecho de entrar en el veh\u00edculo ya ser\u00eda un alivio y en un buen Mercedes como el suyo no se filtraba ni un hilo de viento y si ocurriera, la potencia de la calefacci\u00f3n arrasar\u00eda con todo. Con esos pensamientos, Gregorio adquiri\u00f3 algo de calor, no obstante, apret\u00f3 el paso hacia el coche, que a\u00fan quedaba algo lejos.<br \/>\nSeguidamente se llev\u00f3 la mano al bolsillo izquierdo de su abrigo y cogi\u00f3 el paquete de fotograf\u00edas que hab\u00eda recogido aquel d\u00eda. Al abrirlo, aparecieron diversas im\u00e1genes de su nuevo chalet, fotograf\u00edas que hab\u00eda ense\u00f1ado poco tiempo atr\u00e1s a sus amigos de la cafeter\u00eda. \u00abToda la vida viviendo en un piso \u2014pens\u00f3\u2014, ya era hora disfrutar de una jubilaci\u00f3n en un gran chalet\u00bb. En una de ellas aparec\u00eda toda la familia frente la fachada de la nueva casa: mujer, hijos, nietos y dem\u00e1s personas que quer\u00edan a Gregorio, y \u00e9l tambi\u00e9n les quer\u00eda a todos ellos. Ese sentimiento de amor tambi\u00e9n contribuy\u00f3 al calentamiento global de su cuerpo, no obstante, segu\u00eda rumbo a su coche.<br \/>\nPens\u00f3 en cu\u00e1nta suerte hab\u00eda tenido en la vida, pues ten\u00eda todo lo que deseaba, sobretodo, su mujer le amaba mucho y del mismo modo que en sus a\u00f1os mozos. Seguramente ahora estar\u00eda preparando la cena \u00bfqu\u00e9 preparar\u00eda aquella noche? Gregorio pens\u00f3 en los abundantes y no por ello menos sabrosos platos que preparaba su mujer en invierno: \u00bfaquella noche habr\u00eda un cocido caliente? \u00bfUn estofado con una buena salsa? Estaba deseoso por llegar a casa y sentarse a comer en la mesa del sal\u00f3n, junto al fuego. Eso era la recompensa de toda una vida bien vivida. Gregorio cavil\u00f3 sobre lo que le cost\u00f3 reunir el dinero para comprarse la casa. Verdaderamente lo hab\u00eda tenido f\u00e1cil: estudi\u00f3 en un colegio fant\u00e1stico \u2014del que guardaba calurosos recuerdos\u2014, luego pas\u00f3 por la universidad adquiriendo preciados conocimientos, y nada m\u00e1s acabar los estudios superiores, encontr\u00f3 el trabajo de sus sue\u00f1os. Realmente hab\u00eda tenido suerte, adem\u00e1s el lugar donde hab\u00eda trabajado era maravilloso: unas condiciones de horario y sueldo geniales, unos colegas muy simp\u00e1ticos, e incluso un jefe honrado y pr\u00f3ximo a sus empleados. La precariedad laboral y el desempleo, eran temas que por suerte, jam\u00e1s le hab\u00edan preocupado. Aqu\u00e9l trabajo que consigui\u00f3 gracias a su carrera universitaria, le abri\u00f3 otras puertas laborales, adem\u00e1s de valiosos contactos que a\u00fan hoy en d\u00eda conservaba y que jam\u00e1s dudaban en echarle un cable en lo que fuera necesario.<br \/>\nLos amigos de Gregorio eran m\u00e1s calurosos de lo que uno pudiera imaginar. Siempre hab\u00edan estado all\u00ed para ayudarle, aunque tambi\u00e9n Gregorio les ayudaba ocasionalmente. Se respaldaban mutuamente dentro de su grupo de amigos bien consolidado. Con ellos y con su mujer hab\u00eda pasado la mayor parte de su tiempo libre. Record\u00f3 pel\u00edculas buen\u00edsimas vistas en el cine frente a una buena fuente de palomitas; viajes al extranjero para conocer otras culturas, otros mundos; conciertos de m\u00fasica que reten\u00eda en la memoria por el j\u00fabilo que experiment\u00f3; etc. Record\u00f3 lecturas y estudios, museos y exposiciones temporales que frecuentaba, y reconoci\u00f3 que no hab\u00eda perdido el tiempo respecto de cultivarse: la sociedad se lo hab\u00eda permitido y le estaba muy agradecido.<\/p>\n<p>Por fin Gregorio entr\u00f3 en la calle donde le aguardaba su veh\u00edculo, pero a\u00fan ten\u00eda que andar un poco m\u00e1s. Todos esos recuerdos que reten\u00eda con tanto cari\u00f1o le hab\u00edan servido para entrar en calor y soportar mejor el fuerte temporal. Desde que hab\u00eda salido de la cafeter\u00eda no hab\u00eda visto a ninguna persona por la calle. Gregorio guard\u00f3 el paquete de fotos, y tras notar un leve bulto en su pecho, meti\u00f3 la mano en el bolsillo interior pero no era otra cosa que un papel arrugado: se trataba de un recibo de una tienda de ropa que atestiguaba su compra en unos grandes almacenes, de un pijama nuevo de invierno. Ten\u00eda infinitas ganas de estrenarlo y meterse en su cama bajo s\u00e1banas y mantas, junto con su mujer. Pensar en su cama le proporcion\u00f3 algo de calor, pero tambi\u00e9n algo de cansancio: soportar ese viento a contracorriente agotaba mucho.<br \/>\nA Gregorio le hubiera gustado poder ense\u00f1arles a sus ya difuntos padres, su nueva casa. Seguro que estar\u00edan muy orgullosos de \u00e9l, pues cuando era peque\u00f1o, sus padres ya cre\u00edan que no iba a llegar a ning\u00fan lugar, \u00abafortunadamente, estaban en un error\u00bb se dijo \u00e9l. En su vida se hab\u00eda sentido muy querido tanto por sus ascendientes como por sus descendientes, hasta sus nietos, que crec\u00edan a una velocidad incre\u00edble.<\/p>\n<p>Desde que hab\u00eda salido de la cafeter\u00eda hasta los momentos en que se encontraba, su fr\u00edo se hab\u00eda reducido considerablemente gracias al poder de la mente. Gregorio no daba cr\u00e9dito a su experiencia: el calor que hab\u00eda provocado el hecho de recordar sus momentos felices y calurosos, hab\u00eda salido todo de su psique, pues el viento segu\u00eda soplando y silbando, el fr\u00edo segu\u00eda hel\u00e1ndole algunos huesos, pero Gregorio ya no lo percib\u00eda, m\u00e1xime si ya se encontraba frente al coche, el \u00fanico Mercedes que hab\u00eda aparcado en todo el barrio.<br \/>\nLa sorpresa lleg\u00f3 cuando, antes de entrar en el veh\u00edculo, Gregorio vio c\u00f3mo ven\u00eda corriendo un hombre hacia \u00e9l, gritando. El hecho de correr le deb\u00eda quitar algo de fr\u00edo, pero aquel hombre no actuaba por placer, ni por amor al deporte. La cara del reci\u00e9n llegado parec\u00eda un libro abierto en el que las palabras \u00abodio\u00bb, \u00abviolencia\u00bb e \u00abincomprensi\u00f3n\u00bb aparec\u00edan destacadas en negrita. Sin pensarlo dos veces, le dio un empuj\u00f3n a Gregorio.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Adem\u00e1s de ser un viejo in\u00fatil para la sociedad y un inc\u00edvico, es usted un ladr\u00f3n! \u2014acus\u00f3 el nuevo personaje\u2014 Ahora d\u00e9me mis llaves del coche y vuelva al estercolero de donde ha salido.<br \/>\n\u2014\u00bfC\u00f3mo se atreve&#8230;? \u2014dijo Gregorio aterrado\u2014 \u00a1Es mi coche!<br \/>\n\u2014D\u00e9me mis cosas y l\u00e1rguese ahora mismo si no quiere salir mal parado.<\/p>\n<p>Gregorio al principio no supo a qu\u00e9 se refer\u00eda, pero cuando el reci\u00e9n llegado le entreg\u00f3 una chaqueta llena de agujeros, de descosidos y de otras taras, lo vio claro: en la cafeter\u00eda hab\u00eda tomado un abrigo equivocado. Gregorio se desvisti\u00f3 y devolvi\u00f3 la prenda con todo lo que conten\u00edan sus bolsillos. \u00ab\u00bfEn qu\u00e9 estar\u00eda yo pensando?\u00bb pens\u00f3 a la vez que se desped\u00eda con una disculpa. Se fue por donde hab\u00eda venido; exactamente se dirig\u00eda otra vez y como de costumbre, a mendigar a la cafeter\u00eda y a ser el objeto de pena de todos aquellos vecinos que le observaban entre visillos; vecinos que por conveniencia, emit\u00edan sentencia \u2014falsa pero firme\u2014 de embriaguez, para as\u00ed autojustificar su omisi\u00f3n y seguir imp\u00e1vidos entre visillos mientras Gregorio, un vagabundo, libra una feroz batalla contra el viento y contra el fr\u00edo, cuando no sue\u00f1a con haber tenido otra oportunidad, cuando no vive un par\u00e9ntesis en un texto caduco y atroz que debe ser reescrito con car\u00e1cter urgente.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El invierno, como cada a\u00f1o, lleg\u00f3 con sus fuertes temporales. 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