{"id":110,"date":"2006-03-14T12:43:44","date_gmt":"2006-03-14T11:43:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=110"},"modified":"2006-03-14T12:43:44","modified_gmt":"2006-03-14T11:43:44","slug":"82-tia-dora-por-anton-pavlovich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=110","title":{"rendered":"82- T\u00cdA DORA. Por ANTON PAVLOVICH"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Siempre pens\u00e9 que t\u00eda Dora ten\u00eda que existir y por esto he tratado de encontrar a menudo alguna prueba de ello en nuestro piso de Joaqu\u00edn Garc\u00eda Morato.<!--more-->\u00a0Con cualquier cosa me habr\u00eda contentado, un papel con su firma o un anillo con su nombre grabado.<br \/>\nDe peque\u00f1o ten\u00eda la costumbre de encerrarme en el cuarto trastero para ojear esos calendarios de bolsillo con chicas en bikini que nos pas\u00e1bamos en el colegio. All\u00ed dentro habitaba el viejo ba\u00fal de abuela Eugenia, siempre ajeno al paso del tiempo. No s\u00e9 por qu\u00e9, pero un d\u00eda se me ocurri\u00f3 abrirlo y encontr\u00e9 un mont\u00f3n de \u00e1lbumes. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n uno de ellos por sus pastas de cart\u00f3n rojo bastante desgastadas. Conten\u00eda fotos antiguas de la boda de los abuelos, y de la de mam\u00e1 y pap\u00e1. Pas\u00e9 revista a todas esas fotos hasta que di con una que llam\u00f3 mi atenci\u00f3n. Era una mujer vestida de chulapa y, si no me hubiera fijado con tanto detenimiento, quiz\u00e1 me habr\u00eda pasado inadvertida como otra foto m\u00e1s de mam\u00e1.<br \/>\nAunque se parec\u00eda mucho, supuse que deb\u00eda de ser t\u00eda Dora porque ten\u00eda un lunar en la nariz que mam\u00e1 no ten\u00eda. En la foto lleva un vestido blanco con volantes, salpicado de lunares negros, largo y muy ce\u00f1ido, y un mant\u00f3n sobre el pecho. Tiene la cabeza girada, dejando a la vista un gran mo\u00f1o con el cabello negro bien estirado. A un lado, encima de la oreja, luce una gran rosa blanca, y los labios los lleva muy repintados con un carm\u00edn muy oscuro.<br \/>\nAbuela Eugenia nunca hab\u00eda hablado de t\u00eda Dora. Tampoco pap\u00e1 hablaba de ella ni de nadie. Y menos mam\u00e1, que siempre he cre\u00eddo que la odiaba. Nadie hablaba de nadie. Ten\u00eda que hablar con Abuela Eugenia, pero precisamente aquel d\u00eda se encontraba mal y no se hab\u00eda levantado. Mam\u00e1 me hab\u00eda dicho que no la molestara, as\u00ed que m\u00e1s tarde, en la comida, no s\u00e9 c\u00f3mo tuve el valor de atreverme.<br \/>\n\u2014\u00bfD\u00f3nde vive t\u00eda Dora? \u2014pregunt\u00e9 muy r\u00e1pido.<br \/>\nLos tres cruzaron miradas y enseguida pap\u00e1 respondi\u00f3 como siempre, con otra pregunta:<br \/>\n\u2014\u00a1Qu\u00e9 chiquillo! \u00bfAhora te inventas t\u00edas?<br \/>\nY mam\u00e1 me mir\u00f3 como enfadada y dijo:<br \/>\n\u2014Mejor que no tengas t\u00edas, ni siquiera inventadas.<br \/>\nEllos siguieron hablando sin hacerme caso pero, por m\u00e1s que disimularan, yo sab\u00eda que t\u00eda Dora exist\u00eda. Al terminar de comer me encerr\u00e9 otra vez en el cuarto trastero y volv\u00ed a abrir el \u00e1lbum rojo reci\u00e9n descubierto. Me absorb\u00edan sus fotos como si fueran las monedas de plata de un tesoro. Estaba sentado en el suelo mir\u00e1ndolo cuando entr\u00f3 pap\u00e1, y me asust\u00e9 porque al abrir la puerta o\u00ed gritos que ven\u00edan del sal\u00f3n. Eran de mam\u00e1 y adem\u00e1s lloraba. Pap\u00e1 me cogi\u00f3 del brazo y tir\u00f3 hacia arriba para levantarme, haci\u00e9ndome da\u00f1o. Por un momento pens\u00e9 que hab\u00eda pegado a mam\u00e1, pero me pregunt\u00f3 qu\u00e9 hac\u00eda all\u00ed escondido, y antes de poder disculparme diciendo que tan s\u00f3lo estaba mirando aquel \u00e1lbum, dijo sin m\u00e1s:<br \/>\n\u2014Abuela Eugenia se ha muerto.<br \/>\nAs\u00ed que ya no pude preguntar a abuela Eugenia si era t\u00eda Dora quien aparec\u00eda en aquella foto del \u00e1lbum rojo. Los d\u00edas siguientes segu\u00ed escondi\u00e9ndome en el cuarto trastero para repasarlo mientras escuchaba las voces al otro lado de la puerta. Pap\u00e1 hablaba de la Argentina. Mam\u00e1 quer\u00eda encontrar a alguien, pero pap\u00e1 dec\u00eda que no iba a dar tiempo antes del entierro de abuela Eugenia. Yo estaba seguro de que hablaban de t\u00eda Dora. Como mam\u00e1 era muy obstinada, llegu\u00e9 a esperanzarme con la idea de que viniera. Despu\u00e9s de haber descubierto el \u00e1lbum rojo nada me pod\u00eda hacer m\u00e1s feliz que conocer a t\u00eda Dora. Y me dije que mam\u00e1 tendr\u00eda entonces que reconocer la verdad. A t\u00eda Dora me la imaginaba igual que ella, aunque esperaba que fuera m\u00e1s cari\u00f1osa.<br \/>\nPero no la debieron de encontrar.<br \/>\nEl piso de Joaqu\u00edn Garc\u00eda Morato sin abuela Eugenia era diferente. Mam\u00e1 se puso muy nerviosa y me llegaban las voces hasta el cuarto trastero. Hablaban del piso y de una herencia, y mam\u00e1 no hac\u00eda m\u00e1s que repetir que el piso era suyo porque hab\u00eda tenido que cuidar de abuela Eugenia. Eso me confundi\u00f3, ya que pensaba que abuela Eugenia nos hab\u00eda cuidado a todos. Aunque no entend\u00eda mucho lo que dec\u00edan, sab\u00eda que t\u00eda Dora estaba en el centro de aquellas conversaciones.<br \/>\nEl funeral fue a las dos semanas. En la iglesia me fij\u00e9 bien en toda la gente por si acaso aparec\u00eda t\u00eda Dora de inc\u00f3gnito. A la vuelta del funeral, me arm\u00e9 de valor y aquella vez no esper\u00e9 ni a la cena.<br \/>\n\u2014\u00bfT\u00eda Dora nos va a quitar el piso?<br \/>\nPap\u00e1 y mam\u00e1 se miraron como si hubiera dicho algo gordo y mam\u00e1 sali\u00f3 con otra de las suyas:<br \/>\n\u2014\u00a1Le ha dado fuerte con esa t\u00eda Dora!<br \/>\nAquella respuesta me forz\u00f3 a confesarles que hab\u00eda visto una foto de t\u00eda Dora, de joven, vestida de chulapa. Entonces mam\u00e1 se ech\u00f3 a re\u00edr y pap\u00e1 la mir\u00f3 asombrado. A m\u00ed me asust\u00f3, porque no era muy frecuente verla re\u00edr a carcajada limpia. Lleg\u00f3 a hablar entre risas:<br \/>\n\u2014Pero si \u00e9sa soy yo.<br \/>\nY entonces pap\u00e1 mir\u00f3 a mam\u00e1 y empez\u00f3 a re\u00edr tambi\u00e9n.<br \/>\n\u2014En la verbena de San Isidro \u2014dijo Pap\u00e1\u2014. \u00bfTe acuerdas?<br \/>\nAquellas risas hicieron que me sintiera tan rid\u00edculo, que decid\u00ed olvidar el \u00e1lbum rojo. Se qued\u00f3 all\u00ed, junto a los otros, dentro del viejo ba\u00fal.<br \/>\nDurante un buen tiempo no volv\u00ed a abrirlo.<\/p>\n<p>Cuando me hice mayor casi perd\u00ed la fe en t\u00eda Dora. Hab\u00eda llegado al convencimiento de que lo de t\u00eda Dora no hab\u00eda sido m\u00e1s que un juego t\u00edpico de la edad. Pero la casi certeza se torn\u00f3 en duda el d\u00eda que apareci\u00f3 por casa una prima de mam\u00e1, que ella me present\u00f3 como la t\u00eda Josefina. Ven\u00eda a pasar unos d\u00edas a Madrid porque ten\u00eda a su marido hospitalizado. Lo cierto es que intent\u00e9 sacarla alg\u00fan parecido con mam\u00e1, y tal vez necesitaba encontr\u00e1rselo para acabar de convencerme de que t\u00eda Josefina era la aut\u00e9ntica t\u00eda Dora. Para aclarar todo tan s\u00f3lo habr\u00eda tenido que mostrarle aquella foto del \u00e1lbum rojo, pero mam\u00e1 me hubiera dejado como un lun\u00e1tico: a esa edad, y todav\u00eda con aquellas tonter\u00edas de t\u00eda Dora. As\u00ed que me guard\u00e9 mucho de hacerlo y, como necesitaba dotarla de existencia, de una manera inconsciente la reemplac\u00e9 por aquella t\u00eda del pueblo, Josefina. Ella se march\u00f3 al cabo de unos d\u00edas y, a partir de entonces, viv\u00ed con la esperanza de que en cualquier descuido ellos hablaran de Dora en vez de Josefina.<br \/>\nPero nunca fue as\u00ed.<br \/>\nPocos a\u00f1os m\u00e1s tarde desaparecieron pap\u00e1 y mam\u00e1, y con ellos tambi\u00e9n esos silencios que me hab\u00edan revelado la existencia de t\u00eda Dora. Entonces volv\u00ed a recurrir, incluso con m\u00e1s frecuencia que de peque\u00f1o, a visitar las hojas del \u00e1lbum rojo, que hab\u00eda conservado dentro del ba\u00fal. Tal vez eso me ayud\u00f3 a sobrellevar la soledad de aquel piso.<br \/>\nY a fuerza de mirar la foto de aquella chulapa acab\u00e9 convenci\u00e9ndome de que no era mam\u00e1.<\/p>\n<p>Lali siempre se ha preguntado c\u00f3mo pude vivir tanto tiempo solo en el piso. Claro que yo nunca le he hablado de t\u00eda Dora. S\u00f3lo habr\u00eda faltado que lo hubiera tomado como una de mis majader\u00edas. Fue la vida de casado lo que me hizo olvidarla, de manera que con el paso de los a\u00f1os lo \u00fanico que me qued\u00f3 fue el recuerdo de aquel nombre. Durante los dos embarazos de Lali no me cans\u00e9 de repetir mi capricho con la misma obstinaci\u00f3n de un ni\u00f1o:<br \/>\n\u2014Si es una ni\u00f1a le pondremos Dora.<br \/>\nPero los dos fueron varones.<br \/>\nAhora que se han hecho mayores y se han ido de casa, Lali es m\u00e1s que nunca mi t\u00eda Dora. Los \u00e1lbumes que un d\u00eda encontr\u00e9 en el viejo ba\u00fal siguen all\u00ed. Se han a\u00f1adido otros muchos de las comuniones y bodas de los chicos, y de nuestros viajes. A\u00fan as\u00ed, s\u00e9 que lo de t\u00eda Dora ha sobrepasado el l\u00edmite de cualquier ilusi\u00f3n infantil.<br \/>\nY me he pasado media vida intentando olvidarla sin conseguirlo.<br \/>\nLali me coment\u00f3 ayer que hab\u00eda llamado una se\u00f1ora desde la Argentina. Dijo que volver\u00eda a llamar hoy. Esta ma\u00f1ana, bien temprano, he entrado en el cuarto trastero y he abierto el ba\u00fal para desenterrar el \u00e1lbum rojo. Hac\u00eda muchos a\u00f1os que no lo abr\u00eda. He ido derecho a esa foto, la de mam\u00e1 vestida de chulapa y, no s\u00e9 por cu\u00e1nto tiempo, he estado contemplando aquel lunar en la nariz que ella nunca tuvo.<br \/>\nAhora s\u00f3lo espero esa llamada.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre pens\u00e9 que t\u00eda Dora ten\u00eda que existir y por esto he tratado de encontrar a menudo alguna prueba de ello en nuestro piso de Joaqu\u00edn Garc\u00eda Morato.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/110"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=110"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/110\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=110"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=110"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=110"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}