{"id":112,"date":"2006-03-14T12:54:04","date_gmt":"2006-03-14T11:54:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=112"},"modified":"2006-03-14T12:54:04","modified_gmt":"2006-03-14T11:54:04","slug":"84-no-esperaras-del-favor-ni-temeras-de-la-arbitrariedad-por-saul-march","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=112","title":{"rendered":"84- No esperar\u00e1s del favor ni temer\u00e1s de la arbitrariedad. Por Sa\u00fal March"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">El sargento echa un melanc\u00f3lico vistazo sobre el rostro aterido del cabo, a quien el sue\u00f1o derrota los p\u00e1rpados sobre los abultados globos de los ojos.<!--more-->\u00a0Tiene \u00e9ste, adem\u00e1s, las mejillas encarnadas all\u00ed d\u00f3nde empiezan a crecer peque\u00f1as manchas separadas de vello facial. \u00a1Hay que afeitarse, cabo! Los perfiles minerales de la tropa en revista \u2013el cabo inicia alguna excusa- se recortan en fila contra los sillares de granito del cuartel. De sus narices anchas brota un pavoroso vapor, lo que les da en conjunto un aspecto de grupo escult\u00f3rico representando bestias mitol\u00f3gicas. La mirada oscurecida del sargento le hace saber al cabo que puede retirar a la tropa. En la calle ha empezado a llover. A las doce en punto, la lluvia es tan fina que el paisaje tiene la inquietante apariencia de un sue\u00f1o. Entonces se da la orden de subir a los camiones. En la caja h\u00fameda del cami\u00f3n se mezcla el asomo de lo org\u00e1nico con el precipitado del relente prendido en la ropa de campa\u00f1a. Dentro, todos parecen contentos. No es para menos: una pel\u00edcula. Y encima de romanos. Viajar\u00e1n por la noche en aquellos pesados trastos renqueantes hasta la sierra de Madrid , donde est\u00e1 el rodaje, y all\u00ed les dar\u00e1n 500 pesetas a cada uno por hacer de legionarios y de esclavos. Son \u201cextras\u201d. \u201cExtra\u201d le suena al cabo a la paga de Navidad de la que en el pueblo presume el secretario del ayuntamiento, con quien juega al f\u00fatbol. \u00c9l ya se ve en el pueblo disfrutando del permiso prometido por el coronel tras los tres d\u00edas de rodaje: con un traje cruzado y unos zapatos nuevos que ha visto en un escaparte de una tienda de Madrid. Cuando piensa en los zapatos recuerda el dolor de los pies que sufre a causa de las r\u00edgidas botas, que parecen de madera. \u00a1Jes\u00fas, qu\u00e9 vej\u00edas, hijo m\u00edo, si tu no has gastao m\u00e1s que alpargates! A su madre le comprar\u00e1 una de esas cafeteras italianas que tanto desea. Y a\u00fan debe de sobrarle: a los mandos les han prometido 1500 pesetas los americanos de la pel\u00edcula y \u00e9l se tiene por mando: un sargento, aunque sin pistola. Tal vez le dar\u00e1 hasta para convidar a la hija de la modista. Y la deslumbrar\u00e1 con una foto suya junto a \u201cKir Duglas\u201d, que dicen que es el artista que sale en la pel\u00edcula. A su madre le gusta mucho \u201cKir Duglas\u201d, pero siempre lo confunde con \u201cBurlan Caster\u201d, porque muchas veces salen ambos sin camisa. Embebido en las enso\u00f1aciones de tan insospechada promesa de dicha, le da el alba. El sol despunta ya al otro lado del perfil g\u00e9lido de las monta\u00f1as, que supone su destino inmediato. A juzgar por los rostros at\u00f3nitos de sus conmilitones, ellos tambi\u00e9n sue\u00f1an, pero qui\u00e9n sabe con qu\u00e9. Por fin, emitiendo el estruendo propio de una m\u00e1quina que trabaja con un esfuerzo excesivo, el cami\u00f3n se detiene en un anchur\u00f3n pelado y rocalloso donde las sombras tiemblan. Nada. Ni rastro de los del cine. Ni artistas, ni c\u00e1maras, ni romanos, ni esclavos. S\u00f3lo las \u00faltimas estrellas apag\u00e1ndose. Les hacen bajar y el cabo se apresura a formar su pelot\u00f3n. Los hombres le parecen derrotados y peque\u00f1os, con el mauser colgado precariamente de los estrechos hombros y las manos metidas entre el pantal\u00f3n y la guerrera, buscando el improbable calor de la piel del vientre. Algunos, arriesgando un correctivo, corren a orinar bajo los cercanos pinos de un bosquecillo ralo y oscuro cuyas agujas brillan a la luz sesgada y fr\u00eda de los primeros rayos del sol. Enseguida llega el coronel. Es tambi\u00e9n un hombre menguado, con un bigote gris y la casaca estrecha sobre la panza. Le llama la atenci\u00f3n una esclava de plata en la mu\u00f1eca que se descubre al devolver el saludo al capit\u00e1n de la compa\u00f1\u00eda. Le parece impropia de un oficial de su rango. Desde la segunda hilera de la formaci\u00f3n contempla los cogotes afeitados de la tropa contra la claridad que avanza en el horizonte. El coronel comienza entonces su soflama en un tono paternal pero rudo. Que est\u00e1n en el ej\u00e9rcito espa\u00f1ol. Que all\u00ed se sirve a la patria sin rechistar. El cabo no puede quitarse de la cabeza el prometedor plano-secuencia de su llegada en autob\u00fas al pueblo, con el traje y los zapatos flamantes. Que los sacrificios por la patria deben ser para ellos un orgullo. Su madre, sentada en el zagu\u00e1n, pelando jud\u00edas verdes. Que hay cosas m\u00e1s importantes que el dinero. La obediencia. El honor. Que el ej\u00e9rcito ya les da cama, comida e instrucci\u00f3n. Bajo el brazo, un paquete con la cafetera italiana. Que el ej\u00e9rcito har\u00e1 mejor uso del dinero de la pel\u00edcula, que ellos lo echar\u00edan en tabaco, en vino, en otros vicios disculpables. La hija de la modista, receptiva, coqueta, fingiendo que por ella como si vuelve de una guerra de verdad. \u00a1Ah! Y que nada de molestar a los artistas americanos&#8230;. \u00a1La puta que lo pari\u00f3! Siente de pronto una llamarada en el torrente sangu\u00edneo. Se acuerda de su padre, que presum\u00eda de un conocimiento inici\u00e1tico: en el cine todo es mentira. El cabo piensa entonces que la vida no es menos fraudulenta. Capaz de tanta desilusi\u00f3n como se le supone. Todo es mentira. Se mira los pies. Le palpitan cruelmente dentro de las botas. Ojal\u00e1 pudiera llevar puestas sus alpargatas de cuero.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sargento echa un melanc\u00f3lico vistazo sobre el rostro aterido del cabo, a quien el sue\u00f1o derrota los p\u00e1rpados sobre los abultados globos de los ojos.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/112"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=112"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/112\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=112"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=112"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=112"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}