{"id":113,"date":"2006-03-14T12:55:40","date_gmt":"2006-03-14T11:55:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=113"},"modified":"2006-03-14T12:55:40","modified_gmt":"2006-03-14T11:55:40","slug":"85-el-pueblo-por-rhadamante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=113","title":{"rendered":"85- El Pueblo. Por Rhadamante"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Las mujeres barr\u00edan los portales, y extend\u00edan la ropa blanqu\u00edsima en los tendederos, y desbrozaban los geranios de los maceteros mientras tarareaban las canciones de moda.<!--more-->\u00a0Los hombres, a aquella hora temprana de la tarde, ya hab\u00edan comenzado a llenar los bares, y los ni\u00f1os, que acababan de salir en tromba del colegio, entreten\u00edan su vuelta a casa saltando entre los charcos que hab\u00eda dejado la lluvia el d\u00eda anterior. En cuanto a los viejos, bien, ellos charlaban de sus cosas y jugaban a las cartas en patios y soportales, pues la tarde era hermosa, de las que huelen a oto\u00f1o y a la vez conservan el calor del verano que no termina de irse.<br \/>\nLos coches llegaron de pronto. Dos todoterreno enormes, salpicados de barro, de ruedas grandes como las de un cami\u00f3n, que irrumpieron en la calle principal del pueblo rugiendo como bestias desbocadas a primera hora de la tarde. Giraron a la altura de la vieja cruz de piedra que marcaba el lugar en el que muchos siglos atr\u00e1s un sant\u00f3n hab\u00eda pronunciado uno de sus primeros sermones, y, dando botes sobre el adoquinado maltrecho, se detuvieron junto a la escalinata que conduc\u00eda al ayuntamiento, en la explanada de grava que era la plaza mayor del pueblo.<br \/>\nDel primer coche se apearon un hombre y una mujer j\u00f3venes, y del segundo un anciano recio, de pelo blanco, que se ayudaba de un bast\u00f3n pese a que sus movimientos eran \u00e1giles y resueltos. El joven era alto y transportaba a la espalda un gastado bolso vaquero. La mujer, bonita y casi tan alta como \u00e9l, ten\u00eda el pelo corto, negro, y llevaba una c\u00e1mara de fotos colgada del cuello. El anciano se adelant\u00f3 unos metros, escalera arriba, mientras el joven extra\u00eda de su bolso una libreta y un bol\u00edgrafo y la mujer comenzaba a tomar fotos del lugar. \u201cPor aqu\u00ed, vengan\u201d, les llam\u00f3 desde lo alto.<br \/>\nUna marea de curiosos observaba a los extra\u00f1os. Las mujeres hab\u00edan dejado de barrer los patios y de sacar el polvo a las alfombras, y estiraban el cuello para verlos cruzar la calle; los hombres, atra\u00eddos por el rumor de novedad, se asomaban a la puerta de los bares y les espiaban ce\u00f1udos, deteni\u00e9ndose sobre todo en la mujer, cuya ins\u00f3lita apariencia, pelo corto y chaqueta negra de cuero hasta los pies, les hab\u00eda llamado tanto la atenci\u00f3n; los ni\u00f1os se apelotonaban en torno a ellos como una ruidosa e indeseada comitiva; a diferencia de sus mayores, disfrutaban de su excitaci\u00f3n sin recelos, y se atrev\u00edan a tocarles, libres de todo pudor, e incluso a estirarles de la ropa para regocijo del resto. Pero ninguno de los extra\u00f1os les hac\u00eda caso: el anciano segu\u00eda a la suya, marchando delante todo el tiempo, el joven tomaba notas en su libreta, y la chica, rezagada, eleg\u00eda los mejores encuadres y disparaba sus fotos antes de volver junto a ellos dos.<br \/>\nAscend\u00edan por una calle escarpada y de bordes desdibujados que, seg\u00fan les hab\u00eda explicado el anciano, hab\u00eda sido la columna vertebral del pueblo; en ella se hab\u00edan instalado la mayor\u00eda de las tiendas: fruter\u00edas, talleres, estancos. La chica tom\u00f3 fotos a un par de carteles descoloridos, casi ilegibles, que a\u00fan permanec\u00edan colgados de las fachadas esponjadas de agujeros. Sacudida por un escalofr\u00edo, se arrebuj\u00f3 en su chaqueta. Se hab\u00eda levantado una fr\u00eda brisa que, pese a todo, no molestaba demasiado: quedaba mucha tarde y el sol a\u00fan luc\u00eda con fuerza. Ol\u00eda a \u00e1rboles y a fresco. La hierba del valle y la nieve de las estribaciones monta\u00f1osas que lo rodeaban destellaban en un contraste magn\u00edfico y espectacular. \u201cDebi\u00f3 de ser un pueblo precioso\u201d, dijo la chica. Hab\u00eda terminado de tomar varias fotograf\u00edas a los restos desmoronados de la iglesia y a la campana cubierta de \u00f3xido que asomaba entre ellos. \u201cLo fue\u201d, dijo el anciano; no a\u00f1adi\u00f3 ni una palabra m\u00e1s, pues, como ella y su compa\u00f1ero hab\u00edan podido comprobar, no era particularmente hablador. La chica se gir\u00f3 para echar un vistazo a la cuadr\u00edcula de calles sembradas de escombros que hab\u00edan dejado m\u00e1s abajo. Imagin\u00f3 las casitas encaladas y a las mujeres que llamaban a sus hijos para merendar desde balcones salpicados de flores, a los ancianos paseando por las callejuelas empinadas y a los hombres que disfrutaban del ruido y el humo de los bares; por un instante, hasta crey\u00f3 sentir a un pu\u00f1ado de ni\u00f1os que correteaba a su lado y le zarandeaba la ropa. \u201cQu\u00e9 sensaci\u00f3n extraordinaria\u201d, pens\u00f3, mientras regresaba junto a sus compa\u00f1eros.<br \/>\nAlcanzaron un rect\u00e1ngulo de terreno ahogado por las zarzas y los espinos. A su lado, junto a varias casas mantenidas milagrosamente en pie, hab\u00eda un muro, de unos tres metros de altura y diez de largo, agujereado por cientos de impactos. \u201cAqu\u00ed reunieron a los hombres \u2013les explic\u00f3 el anciano\u2013. Mi hermano y mi t\u00edo estaban entre ellos. Fue por la tarde. Una tarde tan luminosa y espl\u00e9ndida como la de hoy\u201d. La mujer tom\u00f3 instant\u00e1neas del muro desde diferentes \u00e1ngulos. Vio que en uno de los agujeros un p\u00e1jaro hab\u00eda construido su nido. Advirti\u00f3 que a su compa\u00f1ero no le hab\u00eda pasado inadvertido el detalle, lo que la afirm\u00f3 en la idea de que el nido encajado en la brecha y rodeado de impactos de bala bien podr\u00eda convertirse en la imagen central del reportaje. El joven levant\u00f3 la vista de su libreta. \u201cSigo sin entenderlo \u2013anunci\u00f3\u2013. El pueblo estaba aislado, ninguna carretera importante pasaba por \u00e9l; tampoco era rico, ni representaba enclave estrat\u00e9gico alguno. En cierto sentido, no era m\u00e1s que una aldea, hermosa pero insignificante, perdida en medio de las monta\u00f1as. \u00bfPor qu\u00e9, entonces?\u201d. La pregunta no iba dirigida a nadie en particular y el anciano no la contest\u00f3. Se limit\u00f3 a darle la espalda al muro y a decir: \u201cSigamos. Pronto anochecer\u00e1\u201d.<br \/>\nAlcanzaron el punto m\u00e1s alto del pueblo. Desde all\u00ed las vistas eran magn\u00edficas. El anciano se sent\u00f3 en un reborde rocoso. \u201cEs como si no estuvi\u00e9ramos solos\u201d, le confi\u00f3 el joven a la mujer. \u201cYo siento lo mismo desde que llegamos\u201d, dijo ella. Se sonrieron. El chico anot\u00f3 algo en la libreta, y la chica plasm\u00f3 sus \u00faltimas sensaciones en varias instant\u00e1neas m\u00e1s: los dep\u00f3sitos de grano reducidos a cascotes, las calles cubiertas de verde que la naturaleza casi hab\u00eda terminado de recuperar. Un ave silb\u00f3 a lo lejos. La humedad y el fr\u00edo empezaban a calar la ropa. \u201cMarch\u00e9monos\u201d, dijo el anciano poni\u00e9ndose en pie. \u201cDejemos a los muertos descansar\u201d.<\/p>\n<p>FIN<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las mujeres barr\u00edan los portales, y extend\u00edan la ropa blanqu\u00edsima en los tendederos, y desbrozaban los geranios de los maceteros mientras tarareaban las canciones de moda.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/113"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=113"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/113\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=113"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=113"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=113"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}