{"id":121,"date":"2006-03-14T13:42:50","date_gmt":"2006-03-14T12:42:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=121"},"modified":"2006-03-14T13:42:50","modified_gmt":"2006-03-14T12:42:50","slug":"93-chacarera-del-demonio-amargado-por-baltasar-aguirre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=121","title":{"rendered":"93- Chacarera del demonio amargado. Por Baltasar Aguirre"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">El cuchillo de plata con mango de cuero de vaca perdi\u00f3 un destello bajo la gui\u00f1ada de la luna.<!--more-->\u00a0Bonifacio, que desde el p\u00f3rtico de la casa ve\u00eda y reconoc\u00eda al que a pie cansado se arrimaba, se quit\u00f3 de la boca el palito de madera con el cual hab\u00eda estado arranc\u00e1ndose trozos de carne del asado. De adentro de la casa el griter\u00edo se intensificaba arrullando la extensi\u00f3n de la pampa mojada que se abr\u00eda hasta el horizonte. Bonifacio levant\u00f3 una mano en se\u00f1al de advertencia. El vagabundo se detuvo, sintiendo en la nuca el aliento caliente de su alaz\u00e1n, y asinti\u00f3 con la cabeza. Bonifacio no quer\u00eda ni pod\u00eda exteriorizar expresi\u00f3n humana; deb\u00eda convertirse en un cactus vigilante para que aquel lobo de la llanura no captara su incertidumbre.<br \/>\nEl cuchillo de plata se vaci\u00f3 dentro de su funda y ah\u00ed, oculto, se guareci\u00f3 de la mirada atenta de los astros; pero en su lugar, desde abajo del poncho, el extra\u00f1o sac\u00f3 a relucir una escopeta de dos ca\u00f1ones cuya presencia grit\u00f3 al un\u00edsono con el: \u00a1va la segunda y al centro!, de adentro de la casa. Cuando el viol\u00edn reanud\u00f3 su fren\u00e9tica melod\u00eda, Bonifacio cay\u00f3 de bruces sobre el suelo gris ceniza, perdiendo la vida a trav\u00e9s de un hilo escarlata que se le esfumaba desde el pecho con el pa\u00f1uelo rojo atado al cuello.<br \/>\nLa puerta se abri\u00f3 y desde el vano la mirada turbada de un ni\u00f1o de pocas primaveras se clav\u00f3 en el cuerpo inerte. La escopeta recobr\u00f3 su mutismo tras el poncho, y s\u00f3lo se escuch\u00f3, entre aplauso y aplauso, las pisadas firmes y arenosas del que, como un cabalgador de cometas, avanzaba hacia la milagrosa resurrecci\u00f3n y muerte del alma. Cara a cara, la barba espinosa que se desprend\u00eda de una piel curtida con olor de viento y sol y la tez suave y lozana de los d\u00edas que pasan como a\u00f1os, ambos sonrieron con un candor que nac\u00eda de ra\u00edz.<br \/>\n\u2013Volviste, pa \u2013dijo el que se hab\u00eda cre\u00eddo guacho.<br \/>\n\u2013Y claro \u2013subray\u00f3 el otro, con una media sonrisa y oteando con ojos de halc\u00f3n el interior de la casa\u2013: cuando vi al c\u00f3ndor con las alas rotas me vine.<br \/>\n\u2013\u00bfCon las dos alas rotas?<br \/>\n\u2013Contra el viento del norte \u2013explic\u00f3, sacando del bolsillo un pico de ave carcomido\u2013; cay\u00f3 en picada y bes\u00f3 la alameda con sus plumas. Ah\u00ed me dije que ya hab\u00eda esperado demasiado; no hay que recelar las se\u00f1ales, vengan de quien vengan.<br \/>\nApart\u00f3 al ni\u00f1o con un empuj\u00f3n cari\u00f1oso, dej\u00e1ndole en las manos enflaquecidas las riendas del caballo, y se meti\u00f3 entre los gauchos con la mano cerca del pu\u00f1al. Recorr\u00eda las sombras como un lince, esquivando los ojos rojos del fuego atrapado en los faroles, buscando el \u00e1ngulo exacto para atisbar a su amada del ocaso, aquella que tras la despedida de la tarde y a\u00f1os de sacudir el mismo saco le hab\u00eda negado su coraz\u00f3n por el tah\u00far clandestino que lo hab\u00eda recibido en la entrada.<br \/>\nUn viejo con la piel gastada narraba la historia de un lejano bandolero que hab\u00eda sido excelente bailar\u00edn en Santa Fe. Con la atenci\u00f3n infantil en aquel relato de todos los que le hab\u00edan borrado la cara a golpes, se infiltr\u00f3 hasta el centro del sal\u00f3n, le quit\u00f3 de prepo el viol\u00edn al m\u00fasico principal, y con ese silencio de mortaja, la expectaci\u00f3n terror\u00edfica de la Mujer Crepuscular que lo hab\u00eda reconocido tras aquella m\u00e1scara que le hab\u00eda otorgado el tiempo muerto, aguard\u00f3 a que los cuchillos se desenfundaran.<br \/>\nEl viejo, sabio de labios hostigados por epopeyas de jinetes, se puso de pie en tren de alarma y extendi\u00f3 los brazos:<br \/>\n\u2013\u00a1Ac\u00e1 no! \u00a1Vayan a romper otro lugar; en mi casa no!<br \/>\n\u2013No joda, tata \u2013dijo el reci\u00e9n llegado\u2013. Este malevo s\u00f3lo quiere dedicarles a estos rapaces una chacarera que aprendi\u00f3 despu\u00e9s de perder el alma y creerse muerto.<br \/>\nEl viejo, sin querer recular ante un p\u00fablico tan nutrido, avanz\u00f3 unos pasos sobre el crujiente piso de madera con el sonoro roce met\u00e1lico a foro derecha de varios pu\u00f1ales canallas que emerg\u00edan desde sus tinieblas de demonios enjaulados.<br \/>\n\u2013\u00bfY c\u00f3mo es esa m\u00fasica que dice conocer? \u2013pregunt\u00f3.<br \/>\n\u2013Los orientales la llaman redenci\u00f3n.<br \/>\n\u2013\u00bfRedenci\u00f3n? \u2013intervino la mujer, sin poder ya callarse la ansiedad.<br \/>\n\u2013S\u00ed, do\u00f1a \u2013respondi\u00f3 el pampeano\u2013, y empieza as\u00ed: seguro le gusta.<br \/>\nCarraspe\u00f3, sonri\u00f3 y en sus ojos fulgur\u00f3 un brillo de otro mundo. Acomod\u00f3 el viol\u00edn sobre su hombro izquierdo y comenz\u00f3 a tejer el viento. \u00a1Primera! El resero del bombo, mirando hacia todos los flancos, intervino en la melod\u00eda como llamado por un valor superior: el arte de su m\u00fasica. El Homero criollo regres\u00f3 a su asiento y se abastion\u00f3 tras los bandoleros que deseaban la sangre del jinete. \u00a1Y viene la segunda! Saltando sobre el cenit de la melod\u00eda incontable cantidad de veces provoc\u00f3 un desdoblamiento metaf\u00edsico en el ardor celestial de los oyentes. Ubic\u00f3 con la mirada a la Mujer Crepuscular; sabore\u00f3 con delicia esa sonrisa de flor ingenua que se deleitaba con los ara\u00f1azos de las cuerdas; y al grito: \u00a1que llegue el guiso con la tercera!, arroj\u00f3 el viol\u00edn al suelo, sac\u00f3 la escopeta y le perfor\u00f3 el cuello<br \/>\nEl silencio cay\u00f3 como un tel\u00f3n de plomo. Las miradas de los inmigrantes it\u00e1licos, apartados en un rinc\u00f3n con sus rayas al medio y sus jarras de mate cocido, se clavaron en la sangre que de a poco fue desbord\u00e1ndose entre las grietas de la madera hasta lamer las patas de la silla donde la Mujer Crepuscular hab\u00eda estado sentada.<br \/>\n\u2013Vean, mal\u00f3n de salvajes \u2013grit\u00f3 el redentor\u2013: le quit\u00e9 lo que me quit\u00f3.<br \/>\nEl ni\u00f1o, apenas escuch\u00f3 el gemido mortal de los que no pod\u00edan retener el odio, sali\u00f3 al exterior y se larg\u00f3 al campo pelado sobre el alaz\u00e1n en busca de una distancia segura para observar la casa. Algunos disparos de armas cortas se escucharon y reverberaron en la inmensidad de la b\u00f3veda nocturna. Pronto lleg\u00f3 el d\u00eda, y el ni\u00f1o sigui\u00f3 con la vista la procesi\u00f3n de gauchos que cargaban una carreta con los cad\u00e1veres de la querella. Se les apenc\u00f3 como un buitre al acecho sin dejarse ver y aguard\u00f3 a que los enterraran. No hubo cruces de palos remendadas para aquellos hombres sin nombre.<br \/>\nEntrada la noche, una mano ensangrentada emergi\u00f3 de la tierra y busc\u00f3 con temor y reverencia el auxilio de las estrellas. El calor de otra piel se aferr\u00f3 a sus dedos.<br \/>\n\u2013Ac\u00e1 estoy, pa.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cuchillo de plata con mango de cuero de vaca perdi\u00f3 un destello bajo la gui\u00f1ada de la luna.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/121"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=121"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/121\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=121"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=121"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=121"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}