{"id":123,"date":"2006-03-14T15:42:49","date_gmt":"2006-03-14T14:42:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=123"},"modified":"2006-03-15T21:44:36","modified_gmt":"2006-03-15T20:44:36","slug":"95-en-el-rincon-de-las-esperas-por-claudine-chaudron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=123","title":{"rendered":"95- EN EL RINC\u00d3N DE LAS ESPERAS. Por CLAUDINE CHAUDRON"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">\u201c\u00a1Qui\u00e9n te iba a decir, con lo que fuiste, que te ver\u00edas esperando a un hombre de madrugada!\u201d. <!--more--><br \/>\nLa voz de aquel hombre sin rostro son\u00f3 como salida de una cueva: primitiva, rocosa, demasiado oscura, algo h\u00fameda y un tanto cavernosa.<br \/>\nLa mujer dio muestras de desagrado al o\u00edr la ronca voz del cavern\u00edcola, pero no dio respuesta alguna que la obligase a iniciar una discusi\u00f3n sin puerto alguno para la que no hab\u00edan ganas ni eran horas. Simplemente opt\u00f3 por rebullirse en el sill\u00f3n de piel curtido a plazos y ajustarse de nuevo la manta de medio pelo, siempre con tela insuficiente para tapar esos pies que en todos los a\u00f1os de su vida jam\u00e1s pudo calentar, obviando sin m\u00e1s el comentario de aquel drag\u00f3n venido a menos.<br \/>\nEn tinieblas oy\u00f3 el eco del drag\u00f3n bramando y supo que podr\u00eda pasar a su lado sin necesidad de acortarle las cadenas. Se hab\u00eda vuelto a dormir, como era de esperar, algo que ella debiera estar haciendo desde hac\u00eda rato, pero que la angustia, causante de todas sus ciza\u00f1as, le impide.<br \/>\nDesde que el ni\u00f1o dej\u00f3 de serlo, Matilde vive entre el sin-vivir y el alivio, desde que sale hasta vuelve, despu\u00e9s de haberse dejado en \u00e9l la tersura de su piel y la ingravidez de sus pechos, supeditados a fuerzas con las que no se puede negociar.<br \/>\nAhora conoc\u00eda el significado exacto de aquella frase que tanto le impact\u00f3 en su juventud, cuando a\u00fan no ten\u00eda idea exacta de su verdadero significado. La frase de sus ecos que, cre\u00eda recordar, ley\u00f3 en un antiguo libro de hadas, ven\u00eda a decir algo as\u00ed como \u201cSer madre es ser mujer a la que el coraz\u00f3n le brinca fuera\u201d, y aunque en principio pudiera parecer asunto de magia, ten\u00eda poco que ver con hechicer\u00edas y torpes alquimias.<br \/>\nSus ojos, \u00e1vidos de sue\u00f1o e hinchados, van saludando a las horas de una en una, sin tomarles el cari\u00f1o debido ni pretender de ellas la m\u00e1s m\u00ednima compa\u00f1\u00eda.<br \/>\nCuando una tiene los ojos cerrados y sue\u00f1a que duerme, es que el cansancio y el sue\u00f1o han hecho m\u00e1s mella del que una quisiera. No cabe el recurso de resistirse o de hacer ruido, de patalear o de gritar como una loca hasta que los ojos desperecen.<br \/>\nEs extra\u00f1o lo revelador que resulta el silencio, si pones atenci\u00f3n acabas por o\u00edr c\u00f3mo lo cuenta todo. Matilde ya sabe mucho de lo que el silencio calla. Lleva tanto tiempo con \u00e9l que podr\u00eda hacerle veces de confesora. \u201cHasta las siete y media o las ocho puedo escucharte, luego me voy a dormir\u201d, parec\u00eda decirle.<br \/>\nEn tanto, fuera, la calle a\u00falla pasos lejanos y el clinclineo de llaves y la puerta chivata siguen sin dejarse o\u00edr.<br \/>\nNo paraba de preguntarse por d\u00f3nde podr\u00eda parar ese hijo suyo a esas horas de maldades.<br \/>\nSe tapa la boca con todo lo que puede. Intenta no asustarse, no pensar en todo lo malo que la noche trae, pero cuesta mucho conservar la calma cuando se trata de alguien que tanto duele. Son demasiados p\u00e1nicos y la calma se hace inviable para una madre que ha perdido un rastro que seguir para dar con su criatura. Aunque no pudiera verle, si s\u00f3lo pudiera olerle, aunque fuese s\u00f3lo olerle, podr\u00eda al menos intentar engullir garganta abajo ese miedo que le bulle dentro como fumarolas de vapor ardiente, volatilizando la poca sangre que le va quedando en el cuerpo.<br \/>\n\u201cTodos est\u00e1n deseando que llegue el fin de semana y a mi me cuelgan en las v\u00edsperas\u201d, se queja.<br \/>\nNadie hace un gesto para interrumpir, nadie dice nada, nadie hay para gesticular ni decir. Ella sola se dice, ella sola gesticula y ella misma se desdice.<br \/>\nTiene los ojos desorbitados y lo que no puede ver, ni intuir, ni imaginar no mejora las cosas.<br \/>\nCon el correr de las horas el hambre le hace agujeros, pero ahora que adopt\u00f3 la postura id\u00f3nea en la que, por mucho bascular, las cabezadas no le tronchar\u00edan el cuello, pens\u00f3 por un momento en no atender las exigencias de su est\u00f3mago, pero el hambre no admite rebajas que competan a sus dominios y pronto tuvo que abandonar sus comodidades para acallar el atronar de sus tripas con los escasos reposos que ofrece un somero vaso de leche caliente.<br \/>\nEn su pretensi\u00f3n de no dejarse sorprender por alguna llamarada que salga de la cueva, camina con sigilo por ese pasillo que conduce justo a la guarida. Pasa junto a la puerta, surcando la pared igual que una lagartija, mira una vez y otra, esmerada en sus cautelas, como si le viese por primera vez despu\u00e9s de toda una vida vi\u00e9ndole. El drag\u00f3n sigue durmiendo, doblegado a su sue\u00f1o de siglos. Y adem\u00e1s, si despertara, tal vez pudieran llegar a una especie de acuerdo por el que no tener que hacerse da\u00f1o. No parece que el drag\u00f3n sea tan fiero. Tampoco tiene aspecto. Le falta en el dorso el armaz\u00f3n de escamas y esas crestas como de campos reci\u00e9n arados. Puede incluso que no muerda, incluso puede que lo \u00fanico que deba temer del interior de esa habitaci\u00f3n sean las pelusas que pueda haber debajo de la cama. Hasta puede que el drag\u00f3n no exista. Ella mejor que nadie lo debe saber que le domestic\u00f3 y despu\u00e9s casi le ha criado a sus pechos, o al menos le ha dado un nido c\u00e1lido en el que poder roncar y al que poder volver. Y ahora que lo piensa, es probable que no entendiera la vida sin \u00e9l, acostumbrada como est\u00e1 a su inocua compa\u00f1\u00eda. Todo podr\u00eda ser, pero por el momento sus urgencias la conducen inexcusablemente a un vaso de leche caliente, y \u00e9l seguir\u00eda siendo drag\u00f3n, aunque s\u00f3lo fuese por esta noche en la que los miedos la combaten con la furia de mil ej\u00e9rcitos.<br \/>\nSon demasiadas noches peleando con los mismos miedos y a las mismas horas. Matilde est\u00e1 cansada de vivir en el permanente sobresalto y de sobrevivir cada fin de semana a las trifulcas de los desasosiegos que siempre le han podido. Le tienen tomada la medida y siempre se da una nueva ocasi\u00f3n para volver a vencerla, bajo un murmullo ahogado que pone los pelos de punta. M\u00e1s le valdr\u00eda no dejarse ver, pero ellos siempre la encuentran.<br \/>\nDe nuevo la calle atrapa su atenci\u00f3n con un nuevo sonido que parece salido del mism\u00edsimo escobero. El sonido lejano, hace poco raqu\u00edtico, va acrecent\u00e1ndose y haci\u00e9ndose m\u00e1s imponente. Es un grupo de gente que no se toma la molestia de bajar la voz, que primero se acerca para enseguida pasar de largo. No se ha o\u00eddo el estruendo del portal, as\u00ed que tampoco en \u00e9ste cargamento le ven\u00eda la mercanc\u00eda. Habr\u00e1 que seguir esperando, sin nada que hacer e intentando que no cunda la desesperaci\u00f3n, lo que de por s\u00ed ya supone una ardua tarea.<br \/>\nBebiendo la leche, se embebe en pensamientos que no le traen buenos presagios. \u201cNo entr\u00e9is todos a la vez que tantos no cabemos\u201d parece decirles. Luego termina de tomarse el vaso de leche con una calma de sacrilegio y enseguida regresa con el mismo sigilo a sus antiguos acomodos.<br \/>\nYa instalada en su sill\u00f3n, con la manta echada por encima de la que le siguen sobresaliendo los pies, el sopor de la leche caliente causa su efecto y hace que cierre los ojos por primera vez en la noche, asent\u00e1ndola en un bienestar que por nada del mundo cometer\u00eda la locura de quebrantar. \u201c\u00a1Qu\u00e9 bien sienta dormir cuando se tiene tanto sue\u00f1o!\u201d.<br \/>\nCon todo hecho y tan poco por hacer, la cabeza vuelve a darse al pensamiento. Ahora es el turno de ese drag\u00f3n con el que mantiene antiguos pleitos, pero puesta a encontrar razones por las que salieran a relucir agravios se dio cuenta que llevaban tanto tiempo enterrados que los motivos que los causaran variaron ostensiblemente o simplemente desaparecieron en las flaquezas de la memoria. Lo cierto es que el drag\u00f3n no era mal hombre para ser drag\u00f3n y ya era tiempo de confiscar razones que mantuviesen los pleitos abiertos. Despu\u00e9s de todo, ella hab\u00eda contribuido tanto o m\u00e1s a romper el cristal de la ventana por la que se col\u00f3 el fr\u00edo.<br \/>\nDe s\u00f3lo imagin\u00e1rselo vestido de drag\u00f3n prefer\u00eda no hacer mueca de sonrisa, temiendo que si se echaba a re\u00edr ser\u00eda incapaz de parar, despertar\u00eda a la bestia y nada deseaba menos que v\u00e9rselas de madrugada con aquel drag\u00f3n cabreado, con el que a\u00f1os antes concret\u00f3 una mala boda, sin dote que la bendijera.<br \/>\nEst\u00e1 empezando a amanecer y la luz arrastra consigo un algo de tranquilidad y calma poco fundamentadas, pero reconfortantes. Parece que todo mejore con las claras del d\u00eda, que los males se alivien por una extra\u00f1a magia que reblandece cuanto toca, arrinconando los pesares hacia horas en las que las gargantas se oxidan por el exceso de saliva, por un beneficio m\u00ednimo o de forma completamente gratuita.<br \/>\nLos sonidos rutinarios volvieron a tomar las calles. Ya quedaba poco tiempo para distinguir el sonido de la puerta, aunque la condenada sonaba como si lanzasen una tapa de alcantarilla al asfalto. No hab\u00edan sido pocas veces las que aquel estruendo inmisericorde la hab\u00eda despertado en mitad de la noche desvel\u00e1ndola hasta el alba.<br \/>\nMatilde hab\u00eda acomodado su cara en su mano, recostada con el codo sobre el brazo del sill\u00f3n, y el sue\u00f1o se le vino encima con las caricias a\u00f1oradas de una almohada emplumada.<br \/>\nEstaba ya profundamente dormida cuando aquel portazo, que m\u00e1s parec\u00eda un ca\u00f1onazo de salutaci\u00f3n al sol, la despert\u00f3 y la quejumbre de los escalones termin\u00f3 por despabilarla del todo.<br \/>\nConoc\u00eda aquellos pasos como si le hubiesen pateado dentro.<br \/>\nDe pronto le entraron las urgencias. Salt\u00f3 del sill\u00f3n como catapultada por alg\u00fan resorte y se dio tanta prisa en llegar a la cama que no se percat\u00f3 de llevar las zapatillas y la bata puestas, hasta notar que no percib\u00eda el calor de los pies siempre incandescentes de su marido que le hab\u00edan salvado tantos inviernos.<br \/>\nBajo ning\u00fan concepto permitir\u00eda que su hijo la sorprendiera mont\u00e1ndole una nueva guardia y en la cama aguant\u00f3, en bata y con zapatillas, mientras le escuchaba hurgando la cerradura.<br \/>\nTanto traj\u00edn dio lugar a que un hijo se escamase y a que un drag\u00f3n descamado despertara de su letargo, que emiti\u00f3 un gru\u00f1ido de protesta como para echarle el pan de lejos, aunque a Matilde apenas le roz\u00f3 los o\u00eddos.<br \/>\nA continuaci\u00f3n, se escuch\u00f3 la puerta abrirse e, instante seguido, cerrarse. Los pasos clandestinos y el ruido de llaves pusieron identidad al caco. Por muy silencioso que sea y muy oscuro que est\u00e9, para alguien que siempre est\u00e1 ah\u00ed y ve todo, no resulta dif\u00edcil adivinar lo que lleva dentro: el sinsabor de otra noche in\u00fatil. Encerr\u00f3 su desencanto en la habitaci\u00f3n y luego lleg\u00f3 silencio.<br \/>\nMatilde estim\u00f3 prudente esperar a que dejasen de o\u00edrse los manejos de su hijo desvisti\u00e9ndose y cayendo en la cama a plomo, para ella levantarse. Justo estaba haciendo adem\u00e1n de hacerlo cuando el drag\u00f3n se le anticip\u00f3.<br \/>\nLa visi\u00f3n descorazonadora de un drag\u00f3n en calzoncillos no era precisamente la \u00faltima visi\u00f3n que una mujer desease ver plasmada en sus ojos, sin embargo fue la que tuvo.<br \/>\nSe incorpor\u00f3 descalzo, me\u00f3 sin ganas y de vuelta a la cama se asegur\u00f3 que el ladr\u00f3n guardase cierto parecido familiar. \u00c9l tambi\u00e9n se preocupa aunque nunca dec\u00eda nada.<br \/>\nEl escaso tiempo de la micci\u00f3n desganada le dio oportunidad para recomponer la figura de una bendita dormida, sin bata y sin zapatillas.<br \/>\nYa todo est\u00e1 en su sitio y Matilde puede dormir tranquila, con el v\u00e1stago enclavado en los hemisferios de su ombligo, hasta que la noche se lo arrebate o hasta que el silencio le vuelva a hablar en el rinc\u00f3n de las esperas, con la vida sin tragar sobre un sill\u00f3n convertido en nido, circundado por urracas y sin huevo que empollar.<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u00a1Qui\u00e9n te iba a decir, con lo que fuiste, que te ver\u00edas esperando a un hombre de madrugada!\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/123"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=123"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/123\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=123"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=123"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=123"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}