{"id":132,"date":"2006-03-16T17:04:11","date_gmt":"2006-03-16T16:04:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=132"},"modified":"2006-03-16T17:04:11","modified_gmt":"2006-03-16T16:04:11","slug":"103-el-fantasma-de-los-ojos-azules-por-amanda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=132","title":{"rendered":"103- El fantasma de los ojos azules. Por Amanda"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Alipio Garc\u00eda hac\u00eda la ronda, como cada noche, en el pasillo n\u00famero dos del juzgado del mismo n\u00famero de la localidad de Ojos Claros.<!--more--><\/p>\n<p>El juzgado hab\u00eda sido, hace tiempo, el hospicio de la ciudad, d\u00f3nde los ni\u00f1os mor\u00edan y viv\u00edan con cara de pena. Alipio todav\u00eda recordaba a algunas de sus caras mirando tras la verja. Ahora, pintado en un escandaloso color rojo, dictaba justicia. En realidad lo hac\u00edan los jueces.<\/p>\n<p>Avanzaba por el pasillo con la linterna enfocando los rincones cuando sinti\u00f3 un g\u00e9lido aliento.<br \/>\n\u201cJoder\u201d pens\u00f3 \u201cotra vez se ha jodido la calefacci\u00f3n\u201d. Raudo fue hasta el cuarto de calderas. Todo parec\u00eda normal. \u201cSer\u00e1 el puto termostato\u201d.<br \/>\nCogi\u00f3 el tel\u00e9fono. Una voz somnolienta le contest\u00f3 del otro lado:<br \/>\n-D\u00edgame<br \/>\n-Paco, soy Alipio. El pasillo de abajo est\u00e1 helao. Vente a ver si lo arreglas.<br \/>\n-Co\u00f1o, Alipio. \u00bfPara \u00e9sta gilipollez me despiertas a las dos de la ma\u00f1ana? Ya lo mirar\u00e9 ma\u00f1ana.<br \/>\nAlipio se ech\u00f3 a re\u00edr. Cogi\u00f3 el catre y lo meti\u00f3 en el cuarto de calderas. Al menos dormir\u00eda y no pasar\u00eda fr\u00edo esa noche.<\/p>\n<p>El despertador rompi\u00f3 la noche a las cinco. Hora de hacer nueva ronda. En el pasillo hac\u00eda un calor espantoso. \u201cEst\u00e1 claro\u201d pens\u00f3 \u201cel termostato est\u00e1 como una puta cabra\u201d. Pens\u00f3 volver a llamar al sufrido encargado del mantenimiento, pero sab\u00eda que al d\u00eda siguiente no le dejar\u00eda dormir.<\/p>\n<p>Avanzaba despacio, como cada noche. Al final del pasillo, una sombra negra trasteaba en la pared.<br \/>\n-\u00a1Eh, t\u00fa!- grit\u00f3<br \/>\nLa sombra ni se inmutaba. Alipio a la carrera, porra en mano lleg\u00f3 hasta la sombra. Lentamente, la sombra se gir\u00f3 y dos ojos azules como envueltos en fuego le atravesaron el alma. Alipio, l\u00edvido, no logr\u00f3 articular palabra. \u00danicamente un gru\u00f1ido sali\u00f3 de su garganta. La sombra se march\u00f3 por la pared de enfrente. Estaba claro, hab\u00eda visto un fantasma.<\/p>\n<p>Alipio, corriendo, se encerr\u00f3 en el cuarto de calderas. Agarr\u00f3 el bote de la sal, con la que aderezaba su ensalada, y la esparci\u00f3 haciendo un c\u00edrculo para salvar su vida. Se acurruc\u00f3 dentro de las s\u00e1banas y no volvi\u00f3 a salir de all\u00ed hasta que el sol de la ma\u00f1ana le salud\u00f3 calent\u00e1ndole el moflete de la cara.<\/p>\n<p>El pobre hombre no pudo dormir en todo el d\u00eda. No cont\u00f3 nada a nadie. \u00bfC\u00f3mo explicarlo?. Solo pensaba en la terror\u00edfica noche que le esperaba.<\/p>\n<p>Esa noche sali\u00f3 de casa cargado con una ristra de ajos, una estaca de madera, dos crucifijos y una pistola con balas de plata. Lo de la pistola es lo que m\u00e1s le hab\u00eda costado conseguir. Ah, y un kilo de sal. Nada m\u00e1s entrar se enfundo la ristra de ajos alrededor del cuello y los dos crucifijos, cambi\u00f3 su porra reglamentaria por la estaca de madera y empu\u00f1o la pistola con la bala de plata. Alipo era un hombre valiente que no tem\u00eda ni a su sombra.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, llevaba toda la tarde escribiendo una carta en la que le explicaba al pu\u00f1etero fantasma que \u00e9l era amigo del jefe de polic\u00eda y que si volv\u00eda a verlo iba a ir derecho a la c\u00e1rcel, ya se encargar\u00eda el de denunciarlo.<br \/>\nPuso el papel d\u00f3nde le vio la noche pasada y se encerr\u00f3 en el cuarto de calderas con un c\u00edrculo de sal alrededor de su cama.<br \/>\nSe pas\u00f3 la noche acurrucado y leyendo un libro que hab\u00eda encontrado en la biblioteca \u201cEl fantasma de Canterville\u201d.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente ten\u00eda las ideas m\u00e1s claras. Tras leer el libro, sab\u00eda varias cosas respecto a los fantasmas, primero que eran unos pringadillos y segundo que se pod\u00eda comunicar con ellos.<\/p>\n<p>Fue hasta el pasillo y se encontr\u00f3 una nota debajo que claramente dec\u00eda: Se\u00f1or, prefer\u00eda no hacerlo.<\/p>\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<\/p>\n<p>El fantasma de los ojos azules, hab\u00eda sido un discreto fantasma. Algo joven, todo hay que decirlo. En vida fue un ni\u00f1o. All\u00ed muri\u00f3 hac\u00eda muchos a\u00f1os de pena y desnutrici\u00f3n. Casi no recordaba nada de su vida anterior. Jam\u00e1s dio miedo a nadie. Solo robaba algo de comida que dejaba bajo las almohadas de los ni\u00f1os que menos com\u00edan, cuando aquello era todav\u00eda un hospicio. Los chicos le adoraban. Pero luego se marcharon y todo se llen\u00f3 de un bermell\u00f3n asqueroso.<br \/>\nAdem\u00e1s de robar comida, cuidaba de un dibujo que hab\u00eda hecho en vida de su madre, no sab\u00eda bien ni c\u00f3mo lo hizo, pero sab\u00eda que ese dibujo daba sentido a su vida. Dibujo que por supuesto, hab\u00eda desaparecido. Dibujo, que andaba buscando desde la llegada de los tipos de los papeles y el color rojo.<br \/>\nY ahora ese guardia amenazaba con echarlo, a \u00e9l. Al \u00fanico fantasma del edificio. Desde luego el prefer\u00eda no marcharse y eso iba a hacer.<\/p>\n<p>Sin embargo, se sab\u00eda un fantasma limitado. Nunca hab\u00eda tenido la necesidad de transformarse en nada ni dar miedo, pero estaba seguro que en el pueblo ten\u00eda que haber otros fantasmas que entendiesen de eso y hasta es posible que estuviesen dispuestos a echarle una mano para echar al guardia ese que le hab\u00eda amenazado. As\u00ed que ni corto ni perezoso, sali\u00f3 una noche a la calle en busca de aquellos que le ense\u00f1asen a dar miedo.<\/p>\n<p>Deambulo por las calles con tan mala suerte que no encontr\u00f3 m\u00e1s que uno. Un se\u00f1or que acababa de morir hac\u00eda unos minutos en la estaci\u00f3n de autobuses y que en seguida march\u00f3 hac\u00eda un asqueroso haz de luz que lo llen\u00f3 todo.<\/p>\n<p>A su vuelta encontr\u00f3 una nueva carta, en un nuevo tono. En esa carta el hombre le dec\u00eda al fantasma que buscaba una forma de convivencia, que le perdonase su primera misiva, que estaba convencido que podr\u00eda ayudarle a encontrar la paz que tanto buscaba. Que, en definitiva, fuese a hablar con \u00e9l para buscar una soluci\u00f3n a su situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El fantasma decidi\u00f3 ir al cuarto de calderas a hablar con ese sujeto que apenas le dejaba en paz.<br \/>\nEran las tres de la ma\u00f1ana. Silencio. Entr\u00f3 en el cuarto cruzando la pared, con tan mala suerte que fue a parar dentro de la caldera d\u00e1ndose un quemazo morrocotudo.<br \/>\n-Huy- grit\u00f3<br \/>\nAlipio abri\u00f3 los ojos. Llevaba todo el d\u00eda prepar\u00e1ndose para ese momento. Toda su concentraci\u00f3n fall\u00f3 y apenas pudo balbucear un bienvenido, antes de caer desmayado.<\/p>\n<p>Viendo que el hombre no aguantaba su presencia, le dej\u00f3 una nota al lado del bocadillo.<\/p>\n<p>\u201cEstimado desmayado:<\/p>\n<p>Busco desesperadamente a mi madre. No s\u00e9 si est\u00e1 viva o muerta. No s\u00e9 su nombre ni nada. Creo recordar que cuando era peque\u00f1o viv\u00eda en el palacio de los Marssage pero poco m\u00e1s puedo decirte. Si est\u00e1 muerta me gustar\u00eda ir a visitar su tumba. \u00bfPodr\u00eda usted, en su infinita bondad, ayudarme?<br \/>\nComo creo que usted soporta mal mi presencia, puede seguir usando el sistema de las cartas en el rinc\u00f3n d\u00f3nde estaba su retrato. Yo, por mi parte, intentar\u00e9 no importunarle m\u00e1s.<br \/>\nSu amigo\u201d<\/p>\n<p>Alipio, cuando despert\u00f3, no pod\u00eda creerse lo que le\u00eda. El chico s\u00f3lo buscaba a su madre. Recordaba que de peque\u00f1o le contaron la historia de una mujer que muri\u00f3 en ese mismo palacio, pero no lo ten\u00eda del todo claro. Ten\u00eda que conseguir m\u00e1s informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed que dedic\u00f3 dos d\u00edas a hablar con los viejos del lugar y con el concejal de cultura para esclarecer la historia del fantasma del palacio de los Marssage.<br \/>\nEfectivamente, contaba la leyenda que hubo en tiempos una mujer desgraciada cuyo marido se fug\u00f3 con otra, ella se volvi\u00f3 loca y sali\u00f3 en su busca. En ese tiempo el hijo de ambos, no se sabe bien c\u00f3mo, fue a parar al orfanato y all\u00ed muri\u00f3. Cuando su madre regres\u00f3 sin marido se dio cuenta que tambi\u00e9n hab\u00eda perdido el hijo. Se encerr\u00f3 en su casa, y seg\u00fan dice, todav\u00eda vive all\u00ed. Leonor se llamaba. No sab\u00eda nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>As\u00ed que le dejo colgada la historia en el lugar mismo lugar d\u00f3nde otras veces le hab\u00eda dejado las cartas y por primera vez en mucho tiempo, pudo dormir tranquilo.<\/p>\n<p>El fantasma de los ojos azules, al leer la nota, decidi\u00f3 salir hacia ese palacio en busca de su madre.<\/p>\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Leonor hab\u00eda permanecido una eternidad sentada a la p\u00e1lida luz del ventanal que daba a la calle mayor. Con su viejo vestido negro de luto, sentada, esperaba. No sab\u00eda bien qu\u00e9, pero segu\u00eda esperando.<\/p>\n<p>Era una noche clara, la luna brillaba enorme en el horizonte. Hac\u00eda calor. El fantasma lleg\u00f3 al palacio, que parec\u00eda una casucha vieja y destartalada. Los muebles tapados con s\u00e1banas blancas y monta\u00f1as de polvo en los rincones.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Leonor levant\u00f3 la frente al ver una sombra aproximarse. Era el demonio que ven\u00eda a llevarse su alma por los pecados cometidos. Lo sab\u00eda.<\/p>\n<p>-Ll\u00e9vame, demonio. Ll\u00e9vame.<\/p>\n<p>A la luz de la luna, Leonor era m\u00e1s hermosa todav\u00eda.<\/p>\n<p>-\u00bfMam\u00e1?- pregunt\u00f3 el fantasma.<\/p>\n<p>Mam\u00e1, que bella palabra de los labios de un hijo. Ten\u00eda raz\u00f3n, era como su querido hijo Pelayo, igualito. Con ese pelo al viento, y esa mirada de pillo. Pero su hijo hab\u00eda muerto, de eso estaba segura.<br \/>\nEn un momento de turbaci\u00f3n mir\u00f3 sus manos, como atravesaban el sill\u00f3n. Ella tambi\u00e9n estaba muerta.<\/p>\n<p>Pero qu\u00e9 importaba. Hab\u00eda recuperado lo que m\u00e1s quer\u00eda su hijo, y pod\u00eda disfrutar una eternidad a su lado.<\/p>\n<p>En cuanto al viejo Alipio. Fue feliz, comi\u00f3 perdiz. O eso dicen. Hasta que una noche sin saber bien c\u00f3mo ni por qu\u00e9 desapareci\u00f3 del cuarto de calderas del juzgado. Dicen que un fantasma con una ristra de ajos en el cuello ronda el pasillo n\u00famero dos del juzgado. Pero eso, eso ya es otra historia.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alipio Garc\u00eda hac\u00eda la ronda, como cada noche, en el pasillo n\u00famero dos del juzgado del mismo n\u00famero de la localidad de Ojos Claros.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/132"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=132"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/132\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=132"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=132"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=132"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}