{"id":136,"date":"2006-03-16T17:13:24","date_gmt":"2006-03-16T16:13:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=136"},"modified":"2006-03-16T17:13:24","modified_gmt":"2006-03-16T16:13:24","slug":"107-ventanas-encendidas-por-lucia-margota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=136","title":{"rendered":"107- VENTANAS ENCENDIDAS. Por Luc\u00eda Margota"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">\u00abDe tarde en tarde alguna r\u00e1faga<br \/>\nhac\u00eda circular sobre el paisaje<br \/>\njirones dormidos de bruma\u00bb.<br \/>\nKnut Hamsun.<!--more--><\/p>\n<p>La carretera que atraviesa Corvel secciona al pueblo con su trazado recto y deja ocultos, a ambos lados, las calles fr\u00edas de este remoto puerto de monta\u00f1a donde s\u00f3lo el humo de las chimeneas parece dar se\u00f1ales de vida.<br \/>\nPero para nosotros era distinto, nacimos all\u00ed. Dimos los primeros pasos y los primeros gritos entre sus calles polvorientas, de espaldas al tumulto, en la plaza de piedra donde las madres y los ni\u00f1os, siempre escasos, se citaban en consolador centro de reuni\u00f3n. Crecimos al amparo del bosque de mata baja, duros y s\u00f3rdidos; y entre las pe\u00f1as abruptas de aquellos roquedos invent\u00e1bamos juegos propios de una infancia como las dem\u00e1s. Era un juego como otro cualquiera, la vara de un avellano o la vieja cachava de fresno a modo de improvisado fusil serv\u00edan para entablar controvertidas batallas en el paisaje aislado del p\u00e1ramo o en la vuelta de la esquina, junto a nuestras casas. Dan y yo crecimos as\u00ed y fuimos los \u00fanicos que, desde las desvencijadas aulas de la antigua escuela llegamos tambi\u00e9n a compartir los barracones del campamento en el ej\u00e9rcito.<br \/>\nAl entrar en Corvel, la primera casa que uno se encuentra es la de Dan. Puedes pasar cientos de veces delante del pueblo sin encontrar nada de particular en su cuadrado armaz\u00f3n, revocada de blanco, con sus dos enormes ventanas asomadas a la carretera infinita. Pero para quienes hemos vivido all\u00ed, las dos ventanas iluminadas representan no solo la llegada de la media tarde sino la \u00edntima certeza de que estamos en casa, en Corvel, nuestro hogar. M\u00e1s adelante, algunas de las misiones militares a las que fuimos destinados sirvieron para estrechar m\u00e1s a\u00fan nuestros lazos y, adem\u00e1s, para perfeccionar aquella t\u00e9cnica nuestra que empez\u00f3 como un c\u00f3mplice juego infantil. Era una de nuestras estrategias preferidas&#8230; Mano abierta en alto y cuenta atr\u00e1s, \u00a1el pulgar dentro y el pu\u00f1o al pecho! Era la se\u00f1al convenida para que la patrulla saltase por sorpresa sobre la trinchera sin cesar de ametrallar al enemigo desprevenido. Constitu\u00edamos una unidad de choque de primera l\u00ednea, experta en abrir v\u00edas de avance a las tropas all\u00e1 donde lo complicado de la situaci\u00f3n lo imped\u00eda y Dan era todo un veterano en estas lides.<br \/>\nFue hace algunos a\u00f1os en el oriente asi\u00e1tico, form\u00e1bamos parte de la avanzadilla y, parapetados a lomos del refugio enemigo, deb\u00edamos eliminar el fuego artillero que martilleaba el \u00fanico acceso a la pista de tierra, arteria principal que permitir\u00eda el aterrizaje de nuestras tropas. En el campamento enemigo los soldados se relajaron en el puesto al caer la tarde, se acercaba el momento id\u00f3neo para el ataque. Un silencio tenso precedi\u00f3 la espera hasta que, como oficial responsable, alc\u00e9 el brazo en alto con los dedos extendidos&#8230; \u00a1Tres, dos, uno y el pulgar al pecho! Como en otras ocasiones, Dan salt\u00f3 con el arma en ristre sobre las cabezas de los distra\u00eddos soldados, pero su dedo no apret\u00f3 el gatillo. Fueron tan s\u00f3lo unas mil\u00e9simas de segundo las que permaneci\u00f3 colgado en el aire con la mirada fija en el campamento, en las dos ventanas encendidas del puesto vig\u00eda que se cruzaron en su salto, pero suficientes para que su cuerpo cayera muerto, acribillado por el precioso tiempo de una duda. No llor\u00e9, no podemos hacerlo quienes cuajamos todas las l\u00e1grimas en un disparo, pero recuerdo su rostro pl\u00e1cido, su semblante feliz de ni\u00f1o. Yo s\u00e9 con lo que se top\u00f3 en aquel salto, Dan vio las ventanas de su casa de Corvel&#8230; A\u00fan hoy no puedo evitar un estremecimiento al recordarlo.<br \/>\nLos a\u00f1os transcurridos y los m\u00e9ritos otorgados me llevaron a desempe\u00f1ar mis funciones militares desde un despacho del ej\u00e9rcito en la capital, no muy lejos de mi localidad natal, a donde suelo retornar con mi familia por vacaciones. Puedes seguir miles de veces la recta irregular que atraviesa el pueblo sin que nada te llame la atenci\u00f3n&#8230; Pero cuando uno llega a Corvel, la primera casa con sus dos grandes ventanales iluminados te da la bienvenida y parece decirte que llegaste a casa&#8230;<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abDe tarde en tarde alguna r\u00e1faga hac\u00eda circular sobre el paisaje jirones dormidos de bruma\u00bb. 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