{"id":144,"date":"2006-03-16T17:48:46","date_gmt":"2006-03-16T16:48:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=144"},"modified":"2006-03-16T17:48:46","modified_gmt":"2006-03-16T16:48:46","slug":"114-el-hijo-del-sombrerero-por-vals-de-mefisto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=144","title":{"rendered":"114- EL HIJO DEL SOMBRERERO. Por VALS DE MEFISTO"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Nunca imagin\u00e9 que la locura de mi padre se debiera \u00fanica y exclusivamente a su empe\u00f1o en fabricar sombreros.<!--more-->\u00a0Algo que no llegu\u00e9 a creer cuando era ni\u00f1o a pesar de escucharlo constantemente entre la gente del barrio. Por el contrario, pensaba que se deb\u00eda m\u00e1s bien a una regresi\u00f3n de su personalidad que, desde que enviud\u00f3 se torn\u00f3 acre y variable. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n le hab\u00eda descubierto en su m\u00e1s absoluta soledad sufriendo espasmos, algo que \u00e9l intentaba ocultar a ojos ajenos por todos los medios, subestimando as\u00ed mi esp\u00edritu inquieto y aventurero. Recuerdo la primera vez que me di cuenta de lo que suced\u00eda. Escuch\u00e9 sonidos jadeantes que bajaban por las escaleras casi como un susurro y decid\u00ed subir los escalones con sumo cuidado, intentando no hacer crujir las escaleras, alertado por ese ruido no concreto que proced\u00eda de la planta alta. Mientras ascend\u00eda imaginaba el origen, esperando encontrar a un hombre apasionado, bajo el cuerpo de una mujer montada a horcajadas, tal y como hab\u00eda visto en alg\u00fan cromo de los que guardaba Sixto en su caj\u00f3n prohibido, y lo que encontr\u00e9 fue una persona que se mov\u00eda de forma compulsiva y con los ojos perdidos en alg\u00fan lugar de su m\u00e1s rec\u00f3ndito interior y que me gritaba que me marchara de all\u00ed. Fue en ese momento cuando yo m\u00e1s ech\u00e9 de menos la presencia de mi madre, quiz\u00e1s inconscientemente so\u00f1\u00e9 que la mujer de mis pensamientos fuera ella y sent\u00ed que, de alguna forma la realidad era una punzada, la de la certidumbre de que los sue\u00f1os no dejan jam\u00e1s de ser sue\u00f1os. Pens\u00e9 en ella y casi la vi, la roc\u00e9 con mi pensamiento, record\u00e9 sus cuentos que, m\u00e1gicos, me transportaban a otros mundos inventados, vestidos de colores y la a\u00f1or\u00e9. Y de nuevo la realidad me devolvi\u00f3 esa imagen, vi ante mi a ese hombre d\u00e9bil que era mi padre, pero que hab\u00eda dejado de ser \u00e9l mismo en el preciso instante en que perdi\u00f3 a quien fue mi madre, una persona que le complementaba y que socarronamente sol\u00eda decirle alborot\u00e1ndole el pelo a mayor cabeza, mayor sombrero, esposo m\u00edo, cada vez que le sal\u00eda algo mal.<\/p>\n<p>No recuerdo un solo momento de sosiego en nuestro taller. Era un lugar que constaba de dos plantas, la baja donde estaba yo atendiendo a la clientela y la alta, en donde mi padre, con ayuda de sus instrumentos, fabricaba con tes\u00f3n y constancia los sombreros de fieltro m\u00e1s elegantes de la capital, de todos los estilos, de copa, de hongo, castore\u00f1os.<\/p>\n<p>Yo, desde el interior de la tienda que ocupaba un lugar privilegiado en el barrio madrile\u00f1o de Maravillas, observaba el paseo matinal de los hombres de negocios que se dirig\u00edan apresuradamente hacia su lugar de trabajo, con el peri\u00f3dico bajo el brazo y balanceando sus bastones que parec\u00edan as\u00ed cobrar vida. Me fijaba en ellos, en sus sombreros y sab\u00eda a ciencia cierta si el sombrero que llevaban sobre, lo que parec\u00edan ser sus cabezas cuerdas, lo hab\u00eda fabricado mi padre o no. A media ma\u00f1ana, esperaba impacientemente la llegada de mi visita habitual, puesto que era esa hora a la que Clarita se asomaba, como era su costumbre, a ver los sombreros del escaparate y porqu\u00e9 no decirlo, a verme a m\u00ed. No los miraba con anhelo, sino que se pod\u00eda apreciar cierta antipat\u00eda en su mirada, una especie de rebeld\u00eda innata afloraba en ella cada vez que los ve\u00eda. Y es que Clarita revolucinar\u00eda el pa\u00eds; aunque ya se la ve\u00eda venir, qui\u00e9n se iba a imaginar que aquella ni\u00f1a mofletuda con la que yo jugaba, cambiar\u00eda la pol\u00edtica de este estado al conseguir la plena igualdad entre hombres y mujeres. Clarita pegaba su frente al cristal y me hac\u00eda muecas graciosas para entretenerme, inflaba sus carrillos, sacaba la lengua y yo me desternillaba de la risa. Despu\u00e9s, cuando ella ya se hab\u00eda marchado, sal\u00eda yo con un pa\u00f1o de algod\u00f3n viejo a limpiar cuidadosamente esa marca grasienta que dejaba su frente estampada en el vidrio.<\/p>\n<p>Nos junt\u00e1bamos al caer la tarde, ella esperaba a que yo echara el ruidoso cierre de la tienda y jug\u00e1bamos a espachurrar hormigas con un palito que arranc\u00e1bamos de alg\u00fan tierno rosal, a las que, de vez en cuando perdon\u00e1bamos tal final y, crey\u00e9ndonos compasivos, la arroj\u00e1bamos a una perfecta y mullida tela de ara\u00f1a que promet\u00eda ser propia de una gran tejedora. Nos gustaba ver c\u00f3mo asomaba sus dos patas delanteras, cercior\u00e1ndose de que no exist\u00eda ning\u00fan peligro y si la presa se revolv\u00eda, la ara\u00f1a sal\u00eda rauda, la apresaba y la arrastraba hasta el interior de su escondrijo. Clarita y yo nos pregunt\u00e1bamos de qu\u00e9 forma actuar\u00eda la ara\u00f1a en el interior de su red y se nos pasaba el tiempo imaginando m\u00e9todos mortales para esa hormiga desgraciada.<\/p>\n<p>Clarita me contaba que a su madre no le gustaba nada que se juntara conmigo, ya que consideraba que nunca ser\u00eda un buen partido para ella, cuyas pretensiones culturales estaban muy por encima de mis posibilidades, y la amonestaba advirti\u00e9ndola de que al final, yo tambi\u00e9n me volver\u00eda loco, como mi padre e irremediablemente, como todos los sombrereros de este mundo. Ese es nuestro sino, as\u00ed estaba escrito. As\u00ed es que, Clarita y yo jug\u00e1bamos a escondidas, para que nadie nos pudiera observar, detr\u00e1s de una tapia que a veces serv\u00eda de vertedero y en donde encontr\u00e1bamos los tesoros m\u00e1s incre\u00edbles, trozos de cristal que bien serv\u00edan como platos, huesos de restos de comida o metales y con todos ellos so\u00f1\u00e1bamos que \u00e9ramos un matrimonio bien avenido, pero libre. Otras veces nos qued\u00e1bamos mudos pensando, sin ni si quiera mirarnos, hasta que algo nos devolv\u00eda de nuevo a la realidad. Nuestra realidad que era bien distinta a la de otros ni\u00f1os. Nuestra visi\u00f3n distorsionada de las cosas era lo que nos manten\u00eda unidos.<\/p>\n<p>Clarita no era guapa, pero hab\u00eda algo en ella que me atra\u00eda con la fuerza de un im\u00e1n. Era morena y con exceso de bello y yo ve\u00eda en ella a una muchacha, quiz\u00e1s algo andr\u00f3gina. De hecho, creo que ahora, no podr\u00eda concebir mi infancia, ni mi vida, sin ella. A pesar de esta sensaci\u00f3n, la vida nos separ\u00f3. Ella se dedic\u00f3 intensamente a sus estudios de Derecho, mientras que yo, segu\u00ed respirando el mercurio del taller que se agarraba como una lapa a mi cerebro. Cuando estall\u00f3 la guerra civil, Clara, que ya era una mujer, licenciada en Derecho y con un historial pol\u00edtico importante, dej\u00f3 de asomarse al escaparate de la sombrerer\u00eda. Dicen que huy\u00f3 al extranjero sin tan si quiera poder despedirse.<\/p>\n<p>Ahora s\u00e9 que mi padre no estaba loco, no hab\u00eda perdido la cabeza como todo el mundo cre\u00eda, sino que estaba enfermo. Su enfermedad era consecuencia del envenenamiento al inhalar el mercurio con el que fabric\u00e1bamos el pa\u00f1o, acumulaba sedimentos que da\u00f1aban su cerebro y le afectaban al sistema nervioso. Su organismo estaba lleno de esa da\u00f1ina sustancia, como todos los sombrereros de este mundo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s supe, que yo s\u00ed estaba loco, adem\u00e1s de enfermo como mi padre. Lo supe cuando, un d\u00eda, Sixto vino a contarnos su experiencia amorosa y fugaz con una mujer enana. Form\u00e1bamos un grupo de muchachos, todos en corro escuchando las palabras de ese chico m\u00e1s mayor que nos hablaba de esa experiencia como algo sobrenatural. Todos re\u00edan obscenamente menos yo, que sent\u00eda cierta compasi\u00f3n por esa breve mujer que tantas veces hab\u00eda visto pasar por delante de la sombrerer\u00eda, alguien que me parec\u00eda especialmente dulce, am\u00e9n de sus sonrisas que me dedicaba a trav\u00e9s del vidrio, luciendo una coleta tan larga que casi la arrastraba por el suelo, una ni\u00f1a envejecida, una infantil vieja, con unas piernas casi imperceptibles, un cuerpo encogido, una cabeza desproporcionada. Y no pod\u00eda entender c\u00f3mo aquellos seres pod\u00edan re\u00edr tan grotescamente mientras yo me hund\u00eda en la pena de la compasi\u00f3n. Todos pensaban que ese comportamiento era claramente consecuencia de los estragos que en m\u00ed provocaba mi oficio.<\/p>\n<p>Y toda esta historia que aqu\u00ed relato y todos los personajes que hay en ella, mi padre, mis miedos, Sixto, Clara, los muchachos, y tambi\u00e9n la enana, \u00a1toda! desfila de forma fugaz en mi mente, como una pel\u00edcula, como im\u00e1genes m\u00f3viles que me asaltan cuando mi propia alma sabe que es lo \u00fanico que ahora puedo hacer, recordar a mis seres queridos, mientras no quito ojo a los soldados del pelot\u00f3n de fusilamiento que me apuntan con sus armas mientras yo mantengo mis brazos en alto. No he querido vendarme los ojos. Prefiero llevarme esta imagen en mi retina. Quiz\u00e1s alg\u00fan d\u00eda pueda cont\u00e1rselo a alguno de ellos. Me han dicho que me fusilan por mis v\u00ednculos a ideas progresistas, por desear la rep\u00fablica como forma de estado y por loco, \u00a1por loco! El R\u00e9gimen cree que todos los sombrereros, terminan tarde o temprano, locos, que somos un peligro para la sociedad.<\/p>\n<p>Y si lloro l\u00e1grimas que me nublan la vista no es por miedo, que no le temo a la muerte sino a la ignorancia, lloro por la tristeza que me causa pensar que no volver\u00e9 a ver a Clarita para demostrarle que tampoco estoy tan loco.<\/p>\n<p>Cuando sonaron los disparos que llegaron a m\u00ed como un recuerdo, ca\u00ed al suelo, ol\u00ed la p\u00f3lvora y evoqu\u00e9, por \u00faltima vez, a Clara Campoamor.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca imagin\u00e9 que la locura de mi padre se debiera \u00fanica y exclusivamente a su empe\u00f1o en fabricar sombreros.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/144"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=144"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/144\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=144"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=144"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=144"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}