{"id":155,"date":"2006-03-21T12:36:54","date_gmt":"2006-03-21T11:36:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=155"},"modified":"2006-03-21T12:36:54","modified_gmt":"2006-03-21T11:36:54","slug":"123-vainas-y-campina-por-malocki","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=155","title":{"rendered":"123- Vainas y campi\u00f1a.  Por Malocki"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Romeo est\u00e1 harto de los ultracuerpos. Telefonea a Julieta. \u00bfHas visto ya la pel\u00edcula? Se encuentran en un bar c\u00e9ntrico.<font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\"><!--more--><\/font> Charlan acodados a la sucia barra. \u00c9l bebe red bull. Qu\u00e9 est\u00e1 pasando, Julieta. Ella, cerveza. Romeo observa las tapas, la calle, ojea a la clientela. Acerca sus labios a los de Julieta. Desliza la lengua. Sus torpes movimientos precipitan la cebada contra el suelo. El estallido los separa. Miran al suelo. La Capuleto arquea las cejas. En la pel\u00edcula besas mejor. Los veroneses han rodado su primera cinta porno. Con la escasa retribuci\u00f3n, \u00e9l se paga la reforma del ba\u00f1o. \u00bfPero y ella? Julieta act\u00faa entusiasmada. Cuando, frente a la c\u00e1mara, Romeo irrumpe en ella, la joven siente el asalto en tropel de los ultracuerpos. \u00c9l, su cabeza ocupada en los azulejos de la ducha, percibe como un ruido secreto el movimiento de esas vainas extra\u00f1as. Corten, corten, corten. Por orden del director, Montesco abandona el cuerpo de Capuleto para explorar su piel con las manos, rastrearla con nariz, labios, ojos. Esta vez, las violentas caricias alumbran el tr\u00e1nsito por Julieta de un torrente de im\u00e1genes de otra \u00e9poca. Aparecen moteles americanos de los sesenta, los dada\u00edstas en Z\u00farich, el primer hombre en Saturno, la plaza de la Bastilla, la Guerra de los Treinta A\u00f1os; S\u00f3crates condenado, los pogromos en Rusia, la sangre siempre derramada en los campos de Polonia, el Tigris y Babilonia. Julieta, Julieta, cuyo placentero abandono permite a Romeo rastrear en sus ojos el trasiego y la veloz concurrencia de las estampas. \u00c9l hace su trabajo. La voluptuosa incontinencia de ella es su pena. \u00bfHas visto ya la pel\u00edcula?, le repite tras el beso detenido y la cerveza derramada y la acusaci\u00f3n de la amada. El paroxismo de Julieta permanece, desde hace meses, entre los pobres decorados. Tras la experiencia cinematogr\u00e1fica, Romeo recorre en la soledad de la casa a Julieta. Te quiero. Ella permanece absorta. No, no la he visto. En su desamparo, Romeo no entiende a\u00fan aquella invasi\u00f3n de tiernas c\u00e1scaras en el cuerpo de la Capuleto ni su extasiado viaje en el tiempo. Julieta pide ahora un vodka. S\u00ed, toda la exaltaci\u00f3n se ha esfumado. Llevan meses de zozobra. Viven los peores momentos desde que, cuatrocientos a\u00f1os atr\u00e1s, se prometieran un c\u00e9lebre amor eterno. Con la pornograf\u00eda y el cine ha llegado a m\u00ed la delicada penumbra. El granero aislado por la ventisca, el ta\u00f1ido de unas campanas, un griter\u00edo an\u00f3nimo. La penumbra. La agitaci\u00f3n y el sosiego. Julieta ha sentido el gozoso extrav\u00edo de una prostituta sagrada de lengua callada y a\u00f1orante cuerpo. Frente a todos esos testigos del cinemat\u00f3grafo, los ultracuerpos se han movido como insolentes zorros salvajes dentro de la muchacha. Romeo telefonea a Julieta desde una cabina p\u00fablica. Se citan en un bar c\u00e9ntrico. Durante la espera, siente el agotamiento y el hartazgo. Juega y pierde en la tragaperras. Al lado de las vainas, los conflictos del pasado son pa\u00f1os menores. Los celos de Romeo cuando ella comparte lecho con Lord Byron. Su rabia en la Verona convertida en fort\u00edn del imperio austriaco, donde Julieta practica el amor libre. Las l\u00e1grimas de ella cuando Romeo se lo monta de \u00e1cido y loas al freak power y no aparece por casa durante semanas. Pero la suplantaci\u00f3n de sus afectos por las conchas extraterrestres no tiene precedentes. Est\u00e1 trastornado. Hace un tiempo que ella dej\u00f3 la convivencia. Animado por la cafe\u00edna y la glucoronolactona de la bebida, Romeo se suelta. \u00bfQu\u00e9 co\u00f1o te dan esas vainas, Julieta? No es eso. A Montesco le sobrepasa la dimensi\u00f3n solitaria de los acontecimientos. En su nuevo piso de cincuenta metros, Julieta invoca con insistencia a los ultracuerpos. Frente al espejo del ba\u00f1o o en la salita o tumbada junto al balc\u00f3n, con acordes de la psicodelia de fondo, sus caricias conjuran las vainas y la fren\u00e9tica sucesi\u00f3n de fotogramas. Julieta ha encontrado la penumbra. La agitaci\u00f3n y el sosiego. Una regi\u00f3n aislada por los vientos. El ta\u00f1ido de unas campanas. Los afilados gritos de unos ni\u00f1os en la campi\u00f1a. Nada. No est\u00e1 pasando nada, Romeo. Julieta paga y, apresurada, se marcha. Siente el gozoso extrav\u00edo de una prostituta sagrada de lengua callada y a\u00f1orante cuerpo. Entre las d\u00e9biles sombras del anochecer, advierte la llamada de las vainas. En la penumbra, Julieta pasea por calles desiertas su agitaci\u00f3n y sosiego. Como zorros salvajes. Romeo la ve abandonar el bar, ensimismada. Julieta est\u00e1 flipada, piensa. Aplasta el red bull con una mano mientras ojea a la clientela. Juega a la tragaperras y gana. Sonr\u00ede. Teobaldo, ponme un cubalibre.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Romeo est\u00e1 harto de los ultracuerpos. Telefonea a Julieta. \u00bfHas visto ya la pel\u00edcula? 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