{"id":157,"date":"2006-03-21T12:55:18","date_gmt":"2006-03-21T11:55:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=157"},"modified":"2006-03-21T12:55:18","modified_gmt":"2006-03-21T11:55:18","slug":"125-una-ballena-te-saluda-por-hudson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=157","title":{"rendered":"125- Una ballena te saluda. Por Hudson"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">A los diez minutos de dejar el poste con la campana se llegaba a la peque\u00f1a playa de la ensenada.<font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\"><!--more--><\/font> En un tiempo no lejano esta campana se coloc\u00f3 con una turbia finalidad: dar aviso a los contrabandistas que llegaban por mar de que hab\u00eda peligro arriba. Que la ronda de la benem\u00e9rita andaba cerca y que la vieja campana del pueblo y concatenada la de la ermita de Santa In\u00e9s hab\u00edan hecho el primero y el segundo repique. Y el tercero lo daba la campana del cerro. Por este orden. Se tiraba del cordel y un fuerte ta\u00f1ido viajaba como una burbuja de aire por la vertiente escabrosa de piedra volc\u00e1nica. Un sonido agudo y monocorde se demoraba en suspensi\u00f3n algunos segundos.<\/p>\n<p>Antiguamente aquella campana hab\u00eda sufrido incontables desmantelamientos. Las \u00f3rdenes judiciales mandaban arremeter contra todo perjuicio que dificultara la aplicaci\u00f3n de la justicia. Pero incontables fueron tambi\u00e9n las sucesivas instalaciones. Y la campana volv\u00eda a avisar hasta nueva orden. En la actualidad era un bien del patrimonio colectivo que otorgaba al cerro de un distintivo excepcional.<\/p>\n<p>Cuando Marcos y yo tiramos del cordel aquel \u00faltimo verano y serpenteamos por el sendero, con la mirada colocada en la negra arena que se nos aparec\u00eda callada, como muerta, no quer\u00edamos avisar a nadie. Simplemente profanamos el silencio y todos supieron que alguien hab\u00eda pasado por all\u00ed. Por la campana del cerro.<\/p>\n<p>La noche andaba cerca y delante tuvimos pronto la playa: una gran lengua de agua que entraba desde el mar abierto y formaba casi un estanque. Las aguas tranquilas y templadas dotaban al peque\u00f1o h\u00e1bitat de unas condiciones biol\u00f3gicas peculiares que lo hac\u00edan \u00fanico en el planeta. \u00c9ste era uno de los motivos por los cu\u00e1les est\u00e1bamos all\u00ed \u2013el de los invertebrados-.<\/p>\n<p>En la penumbra y, con la ayuda de la luz de gas, montamos una peque\u00f1a tienda de campa\u00f1a en el rinc\u00f3n derecho. Detr\u00e1s nos quedaba la pared pe\u00f1ascosa que ca\u00eda en vertical y enfrente ten\u00edamos la protecci\u00f3n de una hilera de rocas, de distintos tama\u00f1os, ya medio sumergidas en el agua. Piedra-agua-aire. La l\u00ednea del horizonte cerraba el encuadre de ensue\u00f1o.<\/p>\n<p>Sabemos que en la vida hay hechos que marcan el inicio de algo. Aqu\u00ed empez\u00f3 todo, \u00e9ste fue el principio, podemos afirmar. Pod\u00e9is imaginar que la campana que despert\u00f3 aquel atardecer fue el inicio de esta historia que estoy ahora escribiendo. Una primera detonaci\u00f3n que se meci\u00f3 en nuestros o\u00eddos sin desaparecer del todo.<\/p>\n<p>Todo tiene un nombre. Todo nombre tiene un concepto. A eso me dedico yo: a redactar los conceptos de los nombres. A buscar definiciones a las cosas de este mundo, donde todo debe tener un nombre y un concepto. Por eso he venido aqu\u00ed a la playa de la Campana \u2013as\u00ed la llamo yo- con mi port\u00e1til para redactar 75 entradas para una nueva enciclopedia did\u00e1ctica de la ciencia. Para dar explicaci\u00f3n a unos nombres, que aunque existan por s\u00ed mismos, s\u00f3lo son si un libro los ha definido, les ha dado autoridad para su existencia. Por eso he venido a esta playa que no existe en el mapa por ese nombre, el de la Campana, \u2013de hecho no existe con ninguno, es simplemente una entrada de mar en el perfil de la costa- para dar conceptos a unos nombres para que puedan ser. Por eso he venido aqu\u00ed. Para desde un lugar que no existe, porque no tiene nombre en el mapa, dar significados al mundo. Fuera de este mundo.<\/p>\n<p>Mirando hacia el horizonte casi en la l\u00ednea se vislumbraba un perfil. Por los mapas sab\u00edamos que se trataba de la isla Rosebud, pero por el contorno lo asociabas a una ballena con la cola levantada. A veces es mejor no saber, pens\u00e9. Y ver a una ballena que te saluda, y no se va. Porque a veces es mejor no saber que aquella isla tiene un nombre: Rosebud, como la \u00faltima palabra de Ciudadano Kane. La \u00faltima palabra de una de mis pel\u00edculas predilectas. La palabra que quema en la caldera, grabada en la madera de un trineo y desaparece. En todos los lugares del mundo siempre hay una \u00faltima cosa, la m\u00e1s perdida, la m\u00e1s lejana. Aquella isla tambi\u00e9n era una \u00faltima cosa, all\u00ed desde la playa d\u00f3nde yo estaba. Pero en aquel momento hubiera preferido s\u00f3lo pensar que era una ballena, que me saludaba y que se quedaba all\u00ed para contemplarme desde lo antiguo.<\/p>\n<p>Cuando por la ma\u00f1ana al amanecer asom\u00e9 la cabeza desde la puerta de tela de la tienda, le dije a Marcos mira Rosebud. Una niebla como calima se depositaba sobre su lomo agreste y la imagen se perd\u00eda casi en la nada. No brillaba el sol, aunque luz hab\u00eda. El cielo dormitaba todav\u00eda en el lento despertar. Nos vestimos con los trajes de submarinismo y nos adentramos en el azul relativo del mar a bucear, dej\u00e1ndonos llevar por la transparencia del l\u00edquido y la espectacularidad del paisaje marino que se vislumbraba a trav\u00e9s de la lente. Aunque parezca extra\u00f1o el hecho es que la naturaleza puede llegar a sorprendernos m\u00e1s que la civilizaci\u00f3n. Estas palabras no son m\u00edas, las le\u00ed en un libro, una novela. Y cuando las le\u00ed, las compart\u00ed. Millones de peces segu\u00edan nuestro deslizar abrazados por toda suerte de plantas alargadas que se interpon\u00edan a nuestro paso y ondulantes nos dejaban continuar. La isla fue alcanzada en casi dos horas. Debajo de la base misma de tierra que flotaba sobre el mar no hab\u00eda nada. O casi nada. La isla se sustentaba al suelo marino por una especie de columna lateral de unos tres metros de di\u00e1metro que ca\u00eda en vertical hasta el fondo. Una especie de obelisco de estilo salom\u00f3nico se orientaba hacia el centro de la tierra. Seres de peque\u00f1as dimensiones entraban y sal\u00edan por los orificios y canales. Marcos pon\u00eda la mano sin compasi\u00f3n y recog\u00eda invertebrados y los depositaba en una peque\u00f1a mochila de redecilla que llevaba atada a la cintura. Yo, mientras, hac\u00eda fotograf\u00edas e inventaba los nombres que luego tendr\u00edan su explicaci\u00f3n. Crisomel: Artr\u00f3podo de cuerpo redondo, de color miel. De seis antenas y cuatro ojos en el cefalot\u00f3rax con la presencia de ap\u00e9ndices prensores.<\/p>\n<p>Esta entrada fue introducida en mi base de datos cuando por la tarde nos dedicamos a clasificar los peque\u00f1os animalitos. Marcos era el que los compartimentaba en una especie de cajas de pl\u00e1stico que ten\u00edan unas peque\u00f1as celdas con agujeros por donde circulaba el agua y que permit\u00eda conservarlos adecuadamente y poder, al cabo de unos d\u00edas, desplazarlos hasta el laboratorio para su estudio. Yo mientras tanto me dedicaba a mi labor creativa con las palabras y a escribir este cuento, por ejemplo. Y tambi\u00e9n a contaros que el crisomel que nos trajimos de la columna de la isla, se escap\u00f3 la primera noche que estuvo en tierra.<\/p>\n<p>Fue esa noche en que la campana del cerro volvi\u00f3 a sonar. Hab\u00eda oscurecido de inmediato y no hab\u00eda luna visible. Marcos y yo nos acostamos temprano en esa penumbra absoluta y estando casi entrando en el sue\u00f1o, la campana me despert\u00f3. Recuerdo que me incorpor\u00e9 de golpe intentando escuchar algo m\u00e1s. Tan s\u00f3lo la percusi\u00f3n de las olas sacudiendo la arena una y otra vez era el sonido que absorb\u00eda el peque\u00f1o habit\u00e1culo de la tienda. Pero yo la hab\u00eda o\u00eddo. Sab\u00eda que alguien andaba arriba, que una mano humana hab\u00eda tirado del cordel y que en aquel momento sus pies pod\u00edan descender hasta la cala. Sent\u00ed ese miedo detenido. Luego otro solitario ta\u00f1ido se apoder\u00f3 del espacio de cielo que nos cubr\u00eda. Marcos abri\u00f3 la cremallera y sali\u00f3 al exterior. Aqu\u00ed no hay nadie, ven dijo intentando abrazarme. Pero yo no quise. Conoc\u00eda sus abrazos. Conoc\u00eda el contorno de sus labios. Lo conoc\u00eda. Sab\u00eda que si lo hac\u00eda no podr\u00eda dejar de hacerlo. Sab\u00eda demasiado de las cosas que ocurren y suceden y se instalan. Como con los mapas ocurre. Que sabes lo que hay y como se llama.<br \/>\nY sab\u00eda tambi\u00e9n que lo mejor de nuestra relaci\u00f3n era que no ten\u00edamos nada pendiente. Hac\u00eda muchos a\u00f1os que \u00e9ramos amigos. Desde el bachillerato en que empezamos a salir hasta segundo de Biolog\u00eda, carrera que empezamos los dos pero que yo abandon\u00e9. Abandon\u00e9 mis estudios, a Marcos, a mi ciudad y vol\u00e9 hasta Roma. De esto hac\u00eda diez a\u00f1os. Estuve en Italia viviendo siete, entrando en el terreno editorial a trabajar con las palabras. All\u00ed inici\u00e9 otras relaciones, todas ellas sin futuro y Marcos se fue a vivir con una chica que conoci\u00f3 en un congreso al cabo de poco y de la cual hac\u00eda tres meses que se hab\u00eda separado. Despu\u00e9s de todo aquello y despu\u00e9s de tantos a\u00f1os sin vernos, el proyecto sobre las enzimas de los invertebrados nos hab\u00eda unido otra vez y all\u00ed est\u00e1bamos en la playa de la Campana.<\/p>\n<p>Pero volviendo a la noche, efectivamente nadie baj\u00f3. La mano humana prefiri\u00f3 desviar su camino y la quietud se apoder\u00f3 de la cala nuevamente. Marcos despu\u00e9s del desaire m\u00edo prefiri\u00f3 hacer guardia fuera, me dijo. Creo que no lo entendi\u00f3. S\u00f3lo o\u00ed su voz de madrugada anunci\u00e1ndome que Crisomel se hab\u00eda fugado. Intu\u00ed la contrariedad de su rostro. Y continu\u00f3:<br \/>\n&#8211; Y Rosebud, se va tambi\u00e9n. Voy en su b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>Y se march\u00f3. Desde la puerta de la tienda de campa\u00f1a, lo vi adentr\u00e1ndose con sigilo hasta desaparecer bajo el agua. Delante de mis ojos s\u00f3lo ten\u00eda nuestra isla en suspensi\u00f3n. All\u00ed estaba. Detenida. De Marcos recuerdo su contorno, su paso resoluto. La campana hab\u00eda cumplido. Hab\u00eda anunciado algo. Entend\u00ed.<\/p>\n<p>Estuve toda la ma\u00f1ana trabajando con las definiciones, observando los artr\u00f3podos y adecuando el lenguaje m\u00e1s preciso para ser fiel a la realidad. Pasaron las horas sin ninguna vuelta. Siempre hay un instante fugaz, d\u00f3nde ves el peligro. D\u00f3nde sientes que algo anda mal. Cog\u00ed una linterna acu\u00e1tica, me puse el equipo y me lanc\u00e9 sin demora hacia la isla. Estuve buceando un par de horas. No hab\u00eda ni rastro de Marcos, ni \u00e9l, ni ning\u00fan objeto que llevase encima.<\/p>\n<p>Os pod\u00e9is imaginar la noche c\u00f3mo transcurri\u00f3. No consegu\u00ed dormirme con plenitud. Imaginaba la mano de Marcos abriendo la cremallera y salud\u00e1ndome dici\u00e9ndome que lo sent\u00eda, que hab\u00eda perdido la noci\u00f3n del tiempo. Imaginaba un crisomel enorme mir\u00e1ndome fijamente con sus penetrantes cuatro ojos y despareciendo despu\u00e9s bajo las rocas. Pas\u00e9 la noche d\u00e1ndole vueltas a mi cerebro, buscando las palabras adecuadas para organizar mi nuevo mundo sin Marcos. Las palabras se perd\u00edan en los t\u00faneles del pensamiento carentes de sincron\u00eda. Me era dif\u00edcil definir ese abandono. Llegu\u00e9 a desear pensar en el abrazo que rechac\u00e9. Pero no quer\u00eda volver a sentir que lo quer\u00eda. Y no apareci\u00f3. No volvi\u00f3.<\/p>\n<p>Por la ma\u00f1ana desmont\u00e9 la tienda, embal\u00e9 los utensilios de buceo, abr\u00ed las cajas y devolv\u00ed los animalitos al mar. Dej\u00e9 todo en el rinc\u00f3n derecho de la cala a resguardo, me cruc\u00e9 el port\u00e1til en bandolera y sub\u00ed hacia el cerro. En diez minutos la campana brillaba ante mis ojos, pas\u00e9 por su lado y tir\u00e9 del cordel una sola vez. Sin mirar la playa, sin mirar a Rosebud que no se iba y all\u00ed estaba salud\u00e1ndome, supongo. Sin mirar atr\u00e1s. Mirando solamente el poste donde paraba el coche de l\u00ednea que me acercar\u00eda a la ciudad mientras avisaba de la desaparici\u00f3n de Marcos a la polic\u00eda.<\/p>\n<p>Marcos no apareci\u00f3. Marcos no volvi\u00f3. Nadie ha sabido m\u00e1s de \u00e9l. La campana marc\u00f3 la hu\u00edda. Me es dif\u00edcil definir ese ausentarse hasta desaparecer. Quiero pensar que en alg\u00fan rinc\u00f3n del mapa est\u00e1 buceando y recogiendo muestras para la investigaci\u00f3n que alg\u00fan d\u00eda tendr\u00e1n un nombre y un concepto. En alg\u00fan \u00faltimo lugar est\u00e1. Buscando. En alg\u00fan \u00faltimo lugar que existe y que tiene nombre. O que no lo tiene, como la playa de la Campana que hizo sonar por la vertiente el principio de esta historia.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A los diez minutos de dejar el poste con la campana se llegaba a la peque\u00f1a playa de la ensenada.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/157"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=157"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/157\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=157"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=157"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=157"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}