{"id":164,"date":"2006-03-21T13:32:20","date_gmt":"2006-03-21T12:32:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=164"},"modified":"2006-03-21T13:32:20","modified_gmt":"2006-03-21T12:32:20","slug":"132-bloque-123-de-la-calle-4%c2%aa-por-rodriguez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=164","title":{"rendered":"132- Bloque 123 de la calle 4\u00aa.  Por Rodriguez"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Y la vecina de arriba no dejaba de llorar. Nunca dejaba de llorar, llego un momento en que todos los vecinos del bloque 123 de la calle 4\u00aa pensaron que llorar era su estado<br \/>\nNatural.<font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\"><!--more--><\/font> Siempre llorando. Se quejaba de que su hija hac\u00eda a\u00f1os que no ven\u00eda a verla,<br \/>\nde que tal vez, se hab\u00eda olvidado de ella, de que desde que no ven\u00eda, sus flores estaban marchitas. De que ya no entend\u00eda nada y por m\u00e1s que gritaba desde su ventana a los viandantes que pasaban por ah\u00ed, nunca nadie le saludaba le contestaba, ni si quiera se dignaban a mirarla directamente. Se quejaba de que las pocas pertenencias que ten\u00eda, ten\u00edan ese polvo adherido que adhiere el olvido, se quejaba porque ya no recordaba cu\u00e1ndo dio un abrazo a alguien por \u00faltima vez, se quejaba porque sent\u00eda que le faltaba el aire. Se quejaba.<br \/>\nLa se\u00f1ora de arriba lloraba y se quejaba. Y nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>El nuevo, el del tercero parec\u00eda que no se hac\u00eda a la idea de su nueva independencia, como si le hubiera llegado por sorpresa. Cosa curiosa: Por sorpresa la independencia, a los cincuenta. Se le ve\u00eda inquieto, no paraba mucho en casa, iba y ven\u00eda, como quien no quiere la cosa. No se relacionaba demasiado con los vecinos, pasaba horas sentado al lado de una ni\u00f1a que vest\u00eda de colegiala, en un banco del parque de abajo. La ni\u00f1a le hablaba y le contaba cosas. Sol\u00eda visitarle dos veces por semana de cinco a seis y media. \u00c9l se sentaba al lado y le escuchaba, s\u00f3lo le escuchaba y siempre le acompa\u00f1aba a casa, y a veces iba a verla a la salida de la escuela y le arropaba antes de dormir, se llamaba Elisa.<\/p>\n<p>El estudiante era un caso aparte, viv\u00eda en el segundo. Le gustaba el silencio, consideraba el sitio como el m\u00e1s adecuado que hab\u00eda podido encontrar para dedicarse a su estudio. No piensen, al decirles yo que era un estudiante, que era un muchacho. Era un estudiante perpetuo. Siempre deseando aprender m\u00e1s. Siempre deseando ense\u00f1ar a los que le rodeaban, siempre teorizando sobre todo y no poniendo nada en pr\u00e1ctica, era simplemente eso, un estudiante.<\/p>\n<p>El m\u00fasico era la alegr\u00eda del bloque, sol\u00eda estar con su acorde\u00f3n, en la ventana, tocando canciones francesas de cuando estuvo en Par\u00eds. Era un bohemio. Se hac\u00eda llamar Francois y llevaba un jersey a rayas, y aunque todos sab\u00edan que en realidad era Paco de Teruel.<br \/>\nLe respetaban por sus historias, su melancol\u00eda y su m\u00fasica, que hac\u00eda so\u00f1ar a los vecinos que se acercaban de vez en cuando a la ventana del primero a escucharle. Tan bellas eran sus canciones y sus historias, que a los pocos que dejaban algo en su gorra, les pareci\u00f3 mejor cambiar las monedas por flores.<\/p>\n<p>Un martes por la tarde, hace a\u00f1os surgi\u00f3 un baile improvisado, cuando no eran tan viejos todos. Francois toc\u00f3 valses y polcas. Todos re\u00edan y los vi cantar. Cantaron y cantaron y bailaron sin parar, hasta que el amanecer dej\u00f3 su rastro de color en los alrededores y el cansancio, su rastro de silencio en la fiesta. A Francois le dol\u00edan las manos de tocar, pero tambi\u00e9n le dol\u00eda la mand\u00edbula de tanto re\u00edr. Pens\u00f3 que hubiera sido bonito continuar con las reuniones, los bailes y las cenas con sus vecinos, por mucho que el reuma y los a\u00f1os pretendieran impedirlo, pero s\u00f3lo se quedo en eso, en un pensamiento, luego volvi\u00f3 a la ventana, a sus historias de Par\u00eds y a su melancol\u00eda, cantada para el aire, y nunca hubo nada igual en el bloque.<\/p>\n<p>Pero hoy iba a ser un d\u00eda diferente en el bloque, hoy iba a llegar un nuevo inquilino. Un inquilino anunciado. Esto hac\u00eda ilusi\u00f3n a todos, pero especialmente al del tercero, al nuevo, porque por fin, despu\u00e9s de quince a\u00f1os, iba a dejar de ser el nuevo y todos aprender\u00edan su nombre: Aquilino. Todos tendr\u00edan a alguien desconocido a quien criticar.<br \/>\nComo la esencia de su ser, la raz\u00f3n de su alegr\u00eda era muy simple: por fin iban a dejarle en paz.<\/p>\n<p>Era costumbre en el bloque que cada vez que alguien nuevo llegara, la vecina de arriba preparase un almuerzo de bienvenida, que nunca resultaba ser una fiesta, debido a que \u00e9sta se\u00f1ora s\u00f3lo sab\u00eda llorar y quejarse, pero era una gran cocinera, y todos estaban dispuestos a soportar media ma\u00f1ana con ella, con tal de poder saborear uno de sus platos: su especialidad: \u201cPato a la naranja salteado con cebolla\u201d. Siempre preparaba pato a la naranja, lo preparaba con mimo y dedicaci\u00f3n y nadie en el mundo lo preparaba mejor que ella, por eso los vecinos celebraban siempre ah\u00ed las bienvenidas de inquilinos nuevos, por el pato a la naranja, no por la vecina de arriba, \u201cal fin y al cabo no es tan buena cocinera, s\u00f3lo sabe preparar pato a la naranja y llorar y quejarse\u201d comentaban cuando sal\u00edan de la fiesta de bienvenida, con el buche bien lleno, los dem\u00e1s habitantes del bloque dejando m\u00e1s triste y m\u00e1s sola a la se\u00f1ora de arriba. Eso s\u00ed la dejaban m\u00e1s entretenida, con una monta\u00f1a de platos que fregar y una queja m\u00e1s que a\u00f1adir a su lista interminable de quejas.<\/p>\n<p>De camino abajo imaginaban como ser\u00eda el nuevo \u201c\u00a1ser\u00e1 alto y guapo!\u201d so\u00f1aban unas. \u201cSer\u00e1 sobrio y trabajador &#8211; pensaba su futuro casero- por la cuenta que le tiene&#8230;\u201d Y poco a poco iban coloc\u00e1ndose todos cual batall\u00f3n dispuesto para un ataque frontal contra un enemigo desprevenido, eso s\u00ed, sin armas de fuego, s\u00f3lo su afilada lengua, sus malos pensamientos y sus ganas de vivir la vida de otro, sobre todo mucho de eso: ganas de vivir la vida del otro.<\/p>\n<p>Esperaron y esperaron y siguieron esperando y cuando a media tarde empez\u00f3 a caer la luz y a hacer m\u00e1s fr\u00edo, decidieron regresar a casa porque all\u00ed no llegaba nadie. Quiz\u00e1 ma\u00f1ana tengan m\u00e1s suerte y venga alguien, o quiz\u00e1 no. -Quiz\u00e1 su entierro sea ma\u00f1ana, hemos debido de equivocarnos de d\u00eda- dijo el Casero. Quiz\u00e1 ma\u00f1ana s\u00f3lo llegue el invierno al bloque. &#8211; Quiz\u00e1 no vuelvan a enterrar aqu\u00ed a nadie.- Sentenci\u00f3 Aquilino, despu\u00e9s de todo, no est\u00e1 tan mal ser el nuevo.-<br \/>\nNunca m\u00e1s salieron a recibir a nadie.<br \/>\nAquilino poco a poco dej\u00f3 de visitar a Elisa que se hizo mujer y dej\u00f3 de hablar con \u00e9l.<br \/>\nTodas las flores se marchitaron y el suelo se llen\u00f3 de hojas secas y ramas. Pero en el bloque 123 de la calle 4\u00aa, si escuchas con atenci\u00f3n, puedes escuchar un vals del acorde\u00f3n de Francois y las risas del resto.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y la vecina de arriba no dejaba de llorar. 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