{"id":169,"date":"2006-03-22T19:45:57","date_gmt":"2006-03-22T18:45:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=169"},"modified":"2006-03-22T19:45:57","modified_gmt":"2006-03-22T18:45:57","slug":"137-el-purgatorio-en-todas-partes-por-johanna-brahms","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=169","title":{"rendered":"137-El purgatorio en todas partes.  Por Johanna Brahms"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Leticia so\u00f1\u00f3 con una ciudad que mezclaba Goslar y Curitiba, con las calles estrechas y las plazas ancladas en el Medioevo del poblado alem\u00e1n y las vallas en portugu\u00e9s y los murales de la urbe brasile\u00f1a.<!--more--> Leticia buscaba a Witold enfundada en sus guantes y su abrigo, y preguntaba por \u00e9l a los conocidos con quienes se cruzaba. El adagio del Tr\u00edo de Brahms n\u00famero 1 la segu\u00eda por todas partes. Todav\u00eda le parec\u00eda escucharlo cuando despert\u00f3.<br \/>\nLa ventana le daba paso a una luz que aclaraba el azul de las paredes. Leticia reconoci\u00f3 su cama en Maracaibo. Hab\u00eda regresado hac\u00eda tres semanas a Venezuela. A su lado, dorm\u00eda Reinaldo, su marido. Leticia se incorpor\u00f3. Le dol\u00eda la espalda. No recordaba que alguna vez le hubiera molestado en Curitiba. Ya hab\u00edan pasado seis meses de su viaje a Brasil y, sin embargo, Maracaibo le dibujaba con m\u00e1s fuerza todo lo que hab\u00eda dejado en ese pa\u00eds. Extra\u00f1aba amanecer y sentir el cuerpo de Witold, despertarlo y contarle lo que hab\u00eda so\u00f1ado.<br \/>\nAntes, todo pod\u00eda soportarse: la convivencia con Reinaldo, los trabajos de falsificaci\u00f3n, el cargo que le hab\u00edan birlado en la universidad. El quehacer literario la anestesiaba de su vida. Pero conocer el cielo para volver a ese purgatorio resultaba una tortura.<br \/>\nLeticia se levant\u00f3 de la cama y encendi\u00f3 la computadora. Record\u00f3 Goslar y el escalofr\u00edo acentu\u00f3 su dolor de espalda. \u201cD\u00e9jame olvidarte, Witold, as\u00ed como t\u00fa me olvidaste a m\u00ed\u201d, le hab\u00eda dicho en medio del fr\u00edo y de las l\u00e1grimas. \u201c\u00bfQu\u00e9 tiene de malo que te escriba, Leticia?\u201d A\u00fan la abrazaba su acento polaco. \u201cS\u00f3lo lo haces una o dos veces al mes y no quiero ver c\u00f3mo Brasil se degrada cada vez m\u00e1s\u201d. Leticia abri\u00f3 el buz\u00f3n de correo. \u201cEscr\u00edbeme s\u00f3lo si vuelves a sentir que me amas\u201d, hab\u00eda agregado ella esa \u00faltima vez que lo vio, enfrente de la estaci\u00f3n de tren de Goslar, dos d\u00edas antes de volver a Venezuela.<br \/>\nNo hab\u00eda ning\u00fan correo para ella. El silencio de Witold no la ayudaba a olvidar. M\u00e1s bien, calcaba en su mente las ma\u00f1anas que encontraba un mensaje suyo esper\u00e1ndola, con un t\u00edtulo largo y ocurrente, con una introducci\u00f3n rom\u00e1ntica y original, con la relaci\u00f3n de sus ensayos, conciertos, planes y alumnos, con un cierre que la emocionaba. Todo era tan distinto cuando Brasil estaba en su vida. Leticia se ech\u00f3 a llorar, como lo hac\u00eda penitentemente desde que Witold termin\u00f3 con ella en Maracaibo, apenas cuatro meses despu\u00e9s de Brasil. No interrumpi\u00f3 su rutina en Salzburgo, ni en Frankfurt, ni en Goslar, ni en el aeropuerto de Maiquet\u00eda, ni en Maracaibo.<br \/>\nReinaldo la vio por el espejo y cerr\u00f3 los ojos. Muy bueno, que sufra, por ad\u00faltera, por sinverg\u00fcenza. Deseaba dormir un poco m\u00e1s, pero su cuerpo estaba despierto. A Leticia se le escap\u00f3 un sollozo, casi un aullido. \u00bfHasta cu\u00e1ndo va a durar el duelo por ese polaco? A Reinaldo le hubiera gustado cambiar de postura, pero su papel de dormido se lo imped\u00eda. Al menos, Leticia ya no se acostaba con Witold y no lo hizo cuando estuvo en Europa. De lo contrario, no hubiera vuelto con esa piel de cera vieja, ni ese cabello desahuciado, ni tres kilos menos, ni esa nueva dieta binaria de caf\u00e9 y dulces. Y lo m\u00e1s importante, no se le hubiera entregado a Reinaldo con esa furia resignada cuando regres\u00f3 del viaje. Despu\u00e9s, el llanto de Leticia en el ba\u00f1o amarg\u00f3 su sue\u00f1o, pero no importaba. El polaco estaba lejos y la hab\u00eda abandonado.<br \/>\nReinaldo volvi\u00f3 a abrir los ojos y sinti\u00f3 que sus pesta\u00f1as rozaban la almohada. \u00bfC\u00f3mo pudo dejar Leticia de quererlo? \u00a1Si \u00e9l la llev\u00f3 de aniversario a la primavera de Par\u00eds! \u00bfNo sue\u00f1an todas las mujeres con ir a Par\u00eds con el hombre que aman? Reinaldo no entend\u00eda c\u00f3mo el invierno les hab\u00eda llegado dos meses despu\u00e9s. A\u00fan pod\u00eda ver con claridad a Leticia preparando la maleta para Brasil. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 empacas tantos su\u00e9teres y bufandas? \u00a1Estamos en pleno verano! Podr\u00edas ir a la playa\u201d. Su esposa le dirigi\u00f3 una mirada de fastidio. \u201c\u00a1En el Hemisferio Sur es invierno, Reinaldo! Y Curitiba no tiene playa\u201d.<br \/>\nReinaldo decidi\u00f3 levantarse, ara\u00f1ado por la rabia. Leticia acudi\u00f3 con brusquedad a una servilleta y busc\u00f3 el peri\u00f3dico en Internet.<br \/>\n\u2013 Hoy vamos a almorzar en casa del t\u00edo Miguel \u2013le dijo despu\u00e9s del buenos d\u00edas.<br \/>\n\u2013 No quiero ir \u2013anunci\u00f3 Leticia, evitando su mirada.<br \/>\n\u2013 Vas a ir \u2013replic\u00f3 \u00e9l alzando la voz\u2013. Ya eludiste todos los compromisos con mi familia cuando te largaste un mes a Salzburgo. Agradezco que te laves la cara antes de salir.<br \/>\nElla desliz\u00f3 la servilleta debajo de sus p\u00e1rpados.<br \/>\n\u2013 Vamos a divorciarnos, Reinaldo.<br \/>\n\u2013 No hay divorcio y no te puedes ir de esta casa. He revisado tus cuentas y gastaste una barbaridad en el dichoso viaje. \u00a1Claro! \u00a1Si te pasaste un mes en un hotel de cinco estrellas! \u00a1A que no pod\u00edas irte a una pensi\u00f3n de ba\u00f1o en el pasillo para ahorrar! Por si no te has dado cuenta, el dinero no te alcanza para otro escape internacional, ni siquiera para alquilar un apartamento aqu\u00ed y mudarte sola. Tus padres no te van a recibir porque ya te quitaron espacio en la casa y no aprueban tu conducta. Y, puesto que no tienes trabajo ni mayor fuente de ingresos, no te queda m\u00e1s remedio que seguir mis reglas.<br \/>\nReinaldo dio un portazo con la amenaza de irse a desayunar con Antonella, su amante. Leticia lo prefer\u00eda as\u00ed, que la dejara tranquila con el purgatorio. Al abrir el cl\u00f3set, encontr\u00f3 que la ropa le recordaba a Witold: \u00c9sta fue la chaqueta con que viaj\u00e9 a Brasil; \u00e9ste, el primer pantal\u00f3n que me quit\u00f3; llevaba esta franela cuando me decepcion\u00f3 en Maracaibo, esta blusa presenci\u00f3 nuestro \u00faltimo encuentro en Goslar.<br \/>\nLa prensa tambi\u00e9n le machacaba a Brasil. \u201cEn R\u00edo de Janeiro ya se prendi\u00f3 el Carnaval\u201d \u201cBrasil venci\u00f3 a Rusia con gol de Ronaldo\u201d \u201c\u00bfSabes todo lo que puedes hacer en Brasil?\u201d Demasiadas cargas se sumaban al fardo que Leticia llevaba a lo largo de los d\u00edas.<br \/>\nEn la casa del t\u00edo Miguel, la recibieron con una alegr\u00eda sarc\u00e1stica. \u201c\u00a1Mijita, por fin volviste! \u00a1Ya parec\u00eda que ibas a abandonar a tu marido!\u201d El clan la observaba: t\u00edos, primos, abuelas, ni\u00f1os. Leticia no soportaba a esa familia inmensa. Ella era hija \u00fanica; su mam\u00e1, tambi\u00e9n, y su padre ten\u00eda s\u00f3lo una hermana que viv\u00eda en Valencia. Ella notaba que inquir\u00edan en su ropa, su aspecto, su piel.<br \/>\n\u2013Te cay\u00f3 mal Austria, Leticia. Est\u00e1s tan delgada \u2013coment\u00f3 una t\u00eda\u2013. Tienes las mejillas chupadas y eso te resalta la nariz. Dile a Reinaldo que te regale una cirug\u00eda para tu cumplea\u00f1os.<br \/>\nWitold le acariciaba el rostro cuando estaban en la cama de Curitiba.<br \/>\n\u2013 Me gusta tanto tu nariz. Parece mediterr\u00e1nea \u2013y sus dedos de pianista recorr\u00edan su perfil.<br \/>\n\u2013 Ay, Leticia \u2013intervino una prima\u2013. A tu pelo le han ca\u00eddo cien a\u00f1os de soledad. Le hace falta un corte m\u00e1s moderno y unos reflejos de otro color.<br \/>\nCuando se abrazaban, Witold se sumerg\u00eda en su cabello. \u201c\u00a1Me fascina! \u00a1Es tan salvaje!\u201d Leticia se re\u00eda cuando \u00e9l se lo mojaba en la ducha. Reinaldo nunca le tocaba nada superior al busto ni inferior a las rodillas. Era raro sentir una mano ajena en su cabeza. Ser\u00eda por eso que Witold no lograba desprenderse de ella.<br \/>\n\u2013 Yo dir\u00eda que tambi\u00e9n se tiene que sacar las cejas, para que se le vean m\u00e1s arqueadas. Est\u00e1n muy gruesas \u2013a\u00f1adi\u00f3 su cu\u00f1ada.<br \/>\nWitold le le\u00eda el rostro con su don de concertista. Entend\u00eda su fisonom\u00eda y su alma. \u201cTus cejas son naturales, \u00bfverdad? Prom\u00e9teme que no te las vas a sacar, aunque en Maracaibo te digan lo contrario\u201d.<br \/>\nEra duro soportar el purgatorio de la familia de Reinaldo y padecerlo de vuelta en la casa, a solas, cuando revisara otra vez el correo y lo encontrara vac\u00edo, cuando llorase en la biblioteca y Reinaldo encendiese el televisor para fingir que no lo ha notado, y continuar\u00e1 en la noche, cuando Leticia se ponga la piyama y recuerde que Witold no la dejaba usar ropa para dormir. Luego, se mirar\u00e1 en el espejo y le preguntar\u00e1 por qu\u00e9 Witold no volvi\u00f3 a encontrar su cabello salvaje, ni su nariz mediterr\u00e1nea, ni le pidi\u00f3 m\u00e1s promesas. \u00bfPor qu\u00e9 no le parec\u00ed bonita si yo estaba tan feliz de verlo en Maracaibo y en Goslar? Tan feliz como cuando cruc\u00e9 la selva para amarlo en Brasil.<br \/>\nY seguir\u00e1 triste cuando se quede dormida y sue\u00f1e con un Witold que le haga el amor o la ignore, un Witold en Maracaibo, en Goslar, en Curitiba o en lugares forjados por sus pesadillas, cuando la atormente el adagio del primer tr\u00edo de Brahms.<br \/>\nYo era feliz antes de que ella fuera a Brasil, pensaba Reinaldo en la madrugada, arropado por el insomnio, sintiendo la lejan\u00eda de la espalda de Leticia a su espalda y recordando c\u00f3mo el \u00e9xito literario la volv\u00eda seductora.<br \/>\n\u2013 Mira, Reinaldo, lo que dicen de mi libro en el peri\u00f3dico \u2013y entraba ella con la hoja desplegada y se sentaba en sus piernas para mostrarle el art\u00edculo. Reinaldo acariciaba sus \u00e1ngulos\u2013. Eres tan inculto que no puedes ni siquiera leer lo que escriben de tu esposa en la prensa.<br \/>\nYo no quiero una esposa penitente, concluy\u00f3 Reinaldo por la ma\u00f1ana, cuando volvi\u00f3 a o\u00edrla llorar. Me desespera ese mea culpa. Deseo a la mujer con quien conoc\u00ed la primavera en Par\u00eds, la que encontraba tranquila escribiendo y con un caf\u00e9 preparado al despertarme, la que protestaba cuando la ignoraban los medios de la ciudad y desnudaba su picard\u00eda con los \u00e9xitos.<br \/>\nReinaldo la sorprendi\u00f3 ante la computadora. A Leticia le falt\u00f3 tiempo para enjugarse las l\u00e1grimas. Reinaldo se arrodill\u00f3 y sujet\u00f3 sus muslos.<br \/>\n\u2013 Mi vida, yo te quiero perdonar. No quiero maltratarte, no quiero recriminarte m\u00e1s por lo del polaco. Deseo que nuestro matrimonio se arregle y borremos todo a partir de Brasil.<br \/>\nLeticia record\u00f3 cuando caminaba con Witold hacia el castillo de Goslar. El peso de verlo tan cambiado la hizo detenerse. Hab\u00eda un patio grande cubierto de grama que sosten\u00eda unos c\u00famulos de nieve sucia, derretida.<br \/>\n\u2013 \u00bfNo te interesa conocer el castillo, Leticia? \u00bfQu\u00e9 quieres, entonces?<br \/>\n\u2013 Quiero que todo vuelva a ser como antes.<br \/>\nWitold mir\u00f3 hacia la nieve.<br \/>\n\u2013 Eso no es posible \u2013respondi\u00f3.<br \/>\nLeticia apart\u00f3 el rostro de Reinaldo y se aferr\u00f3 a su pa\u00f1uelo.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leticia so\u00f1\u00f3 con una ciudad que mezclaba Goslar y Curitiba, con las calles estrechas y las plazas ancladas en el Medioevo del poblado alem\u00e1n y las vallas en portugu\u00e9s y los murales de la urbe brasile\u00f1a.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/169"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=169"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/169\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=169"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=169"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=169"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}