{"id":24,"date":"2006-02-23T15:41:15","date_gmt":"2006-02-23T14:41:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=24"},"modified":"2018-03-01T21:08:41","modified_gmt":"2018-03-01T20:08:41","slug":"7-amanecer-blanco-por-marina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=24","title":{"rendered":"7- Amanecer blanco.  Por  Marina"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">\u2014Dos, tres de cada diez, esos son los resultados que se est\u00e1n obteniendo en los \u00faltimos a\u00f1os, no son estupendos, pero menos es nada, usted me ha pedido la verdad, lo siendo. Esa es la verdad.<!--more--><br \/>\nMateo le sostuvo la mirada desde sus ojos turbios, entrecerrados; las arrugas de sus muchos a\u00f1os se marcaron a\u00fan m\u00e1s en un rostro desencajado, que luchaba por no derrumbarse. Trag\u00f3 aire y saliva en un doloroso intento de recuperar las palabras que, sab\u00eda, deb\u00eda decir.<br \/>\n\u2014Gracias doctor, volver\u00e9 en unos d\u00edas, cuando ultime mis cosas.<br \/>\nEsta conversaci\u00f3n con el m\u00e9dico hab\u00eda sido el final de una serie de an\u00e1lisis y pruebas a que Mateo se hab\u00eda sometido, alertado por una p\u00e9rdida de consciencia y unas ciertas molestias que hac\u00eda un tiempo le acomet\u00edan. El diagnostico era malo, muy malo; una cirug\u00eda, en cierto modo temeraria, que trataba de salvar \u2013ya lo dijo el doctor, tres de cada diez-. O dejarse morir. Ten\u00eda que elegir.<br \/>\nYa hab\u00eda vivido mucho y la vida no le hab\u00eda tratado mal, tampoco especialmente bien pero \u00e9l no se quejaba. En primer lugar porque de nada serv\u00eda hacerlo y luego porque, de lo que era de verdad importante, seg\u00fan hab\u00eda aprendido a trav\u00e9s de su larga vida, lo tenia todo. Y al pensar en ese todo, sinti\u00f3 unos incontenibles deseos de llorar y lo hizo. Llor\u00f3 durante un rato con profundos sollozos que le estremec\u00edan el pecho, con verdaderas l\u00e1grimas que se demoraban en las profundas arrugas de su rostro de viejo.<br \/>\nEl todo que le pon\u00eda tan triste era Natalia. La que hab\u00eda envejecido a su lado, la que esperaba, en el silencio del patio trasero de su casita del pueblo, a que \u00e9l llegase con los resultados de aquellos an\u00e1lisis. Su Natalia, la que ten\u00eda los ojos de un azul tan p\u00e1lido, que a veces parec\u00edan transparentes. La que le\u00eda en sus labios los mensajes de la vida porque, hac\u00eda tiempo ya, hab\u00eda perdido la facultad de o\u00edr los ruidos del mundo; s\u00f3lo le o\u00eda a \u00e9l, a Mateo, captando sus palabras y sus miradas con la misma fidelidad que si las escuchara. La que ten\u00eda el rostro marchito, cruzado por el rictus de su eterna sonrisa aquiescente, adoptada \u201cpara no desairar\u201d, cuando no llegaba a entender lo que le dec\u00edan los otros. La que cuidaba tan amorosamente de Mateo como de las incontables macetas, verdes y olorosas que abarrotaban el patio. Sin olvidar a Carlota, la gata gris y perezosa que completaba la exigua familia, desde que los hijos se hab\u00edan marchado a formar otros hogares, a vivir sus vidas. La Natalia que ol\u00eda a albahaca y a hierbabuena de tanto mimar su jard\u00edn. La que tej\u00eda aquellos chales inmensos, abigarrados, en los que gustaba envolverse al atardecer y que acentuaban el dulce desmayo de sus ojos y su tez. A veces, alguna de aquellas labores se extend\u00eda, en forma de tapete, hasta las mesitas y los respaldos de los sillones, de modo que parec\u00eda que Natalia se repartiera por toda la casa, o que ella s\u00f3lo fuera un trozo, aunque animado, de aquel hogar. Sin embargo, cuando intent\u00f3 vestir a Carlota como si fuera una mecedora hubo tal desencuentro entre la gata y ella que tuvo que abandonar la idea para siempre. Mateo sufri\u00f3 un verdadero sobresalto cuando se le acerc\u00f3 un d\u00eda, agujas en ristre, manifestando su intenci\u00f3n de tejerle una bufanda, pero Natalia fue discreta, le confeccion\u00f3 una mantita de color gris, de tacto tan suave y caliente, como s\u00f3lo \u2013pensaba el viejo- pod\u00eda haber salido de manos de su mujer.<br \/>\nA\u00fan no entend\u00eda Mateo como ella pod\u00eda transmutarse tan f\u00e1cilmente en abuela cuando, muy de tarde en tarde, llegaban los nietos a visitarles, eran unos ni\u00f1os preciosos y muy, muy traviesos. En sus juegos saltaban por sobre las macetas, el bien m\u00e1s preciado de Natalia, tronchaban ramitas, romp\u00edan tiestos con el bal\u00f3n, persegu\u00edan a la gata\u2026.Todo ese desorden no parec\u00eda importar a su mujer que se dedicaba a hacer para ellos tartas, trufas y empanadas. Les paseaba por todo el pueblo, a fin de que sus vecinos admiraran qu\u00e9 preciosidad de nietos. Y tej\u00eda, a toda prisa, para que los llevaran al marchar, primorosos jerseys o larguisimas bufandas, que met\u00eda satisfecha en la maleta de la despedida, como -recuerdo de la abuela-.<br \/>\nLuego, de nuevo solos, evaluaba los da\u00f1os de su querido jard\u00edn; sujetaba ramas tronchadas, sustitu\u00eda los tiestos quebrados, replantaba lo da\u00f1ado en recipientes m\u00ednimos, que ser\u00edan pronto grandes y lozanas macetas; y llamaba a Carlota a su regazo, tranquilizando sus recelos \u2013ya estas sola de nuevo, son mis nietos gatita y son riqu\u00edsimos-.<br \/>\nMateo sent\u00eda un cari\u00f1o inmenso por aquellos cr\u00edos, sobre todo por el mayor. Aunque comprend\u00eda que estaba feo hacer dist\u00edngos, no pod\u00eda evitarlo, hab\u00eda heredado la tez p\u00e1lida, los ojos azules de Natalia y eso le hac\u00eda su favorito. Pero a\u00fan as\u00ed, cuando marchaban, se acercaba sigiloso, como la gata, al regazo de su mujer y con la excusa de consolarla por la nueva soledad, la ovillaba entre sus brazos con su ternura torpe, hasta acompasarse con el ritmo de su coraz\u00f3n, hasta fundirse en su calor; y as\u00ed quedaban, quietos y en silencio. Luego ella protestaba \u2013\u00a1viejo, viejo tonto!- y Mateo suspiraba y agradec\u00eda ser el due\u00f1o de tanta paz.<br \/>\nEl hombre ahuyent\u00f3 sus lagrimas a manotazos y se dedic\u00f3 a hilvanar el discurso que deb\u00eda soltar a Natalia, porque la decisi\u00f3n ya estaba tomada, pujar\u00eda por formar parte de aquel exiguo tanto por ciento de los que sal\u00edan vivos. S\u00ed, defender\u00eda hasta el final aquella felicidad que se le antojaba inmensa, m\u00e1s ahora que estaba a punto de perderla.<br \/>\nSe hab\u00eda hecho muy tarde, el sol abandonaba su atalaya y dejaba en su hu\u00eda un mundo ceniciento y anaranjado, como el alma de Mateo, de luto y en carne viva. Asomada a la puerta entreabierta estaba Natal\u00eda, hab\u00eda alarma en su mirada azul y un ligero temblor en sus manos antiguas, salpicadas de manchas sombr\u00edas.<br \/>\nComo en un rel\u00e1mpago, Mateo vio que ese susto de ahora, era apenas nada al lado de lo ten\u00eda que suceder, sinti\u00f3 roto en a\u00f1icos su hogar y la dulce paz de su Natalia. Comprendi\u00f3 que desde el momento que dijera aquello que ten\u00eda que decir, todo habr\u00eda terminado, a\u00fan antes de que la muerte hiciera su labor. Y tom\u00f3 una decisi\u00f3n sabia. La tom\u00f3 con la seguridad de quien sabe lo que quiere. La cogi\u00f3 por los hombros y le habl\u00f3 vocalizando muy despacio, como siempre hac\u00eda, procurando llenarse los ojos de lo que quer\u00eda expresar.<br \/>\n\u2014Cuanto lo siento Nati, ya s\u00e9 que est\u00e1s preocupada pero ha sido el coche, ese dichoso trasto que me ha dejado tirado ah\u00ed, en medio de ninguna parte, he tenido que esperar que alguien parara y me empujara, y ya ves la hora que se me ha hecho.<br \/>\n\u2014Pero, \u00bfqu\u00e9 te ha dicho el m\u00e9dico?, \u00bfhas recogido los an\u00e1lisis?<br \/>\n\u2014Ah, eso\u2026No, no est\u00e1n todas las pruebas, parece que es cosa de la tensi\u00f3n pero a\u00fan tengo que volver dentro de unos d\u00edas a repetirlas; no han salido bien o las habr\u00e1n perdido, que s\u00e9 yo\u2026Mira lo que me preocupa es el coche, le falla el motor, creo que es cosa de la correa \u2026<br \/>\nA medida que Mateo daba detalles sobre el destartalado veh\u00edculo, Natalia distra\u00eda su atenci\u00f3n, fue a la cocina para apartar algo del fuego, llev\u00f3 el abrigo del hombre hasta el perchero, mir\u00f3 de soslayo por la ventana. S\u00ed, \u00e9l la conoc\u00eda bien, no hubiera podido resistir m\u00e1s preguntas sobre el hospital pero pod\u00eda aburrirla con la mec\u00e1nica. Y eso hizo.<br \/>\n\u2014Ve al taller de Antonio, que te busque otro coche, no puedes estar siempre con aver\u00edas y l\u00edos de esos. \u00bfcu\u00e1ndo te dar\u00e1n por fin los resultados?, \u00bfqu\u00e9 ten\u00edas de tensi\u00f3n?<br \/>\n\u2014Tendr\u00e1s que poner menos sal en las comidas y veremos si no me hacen tomar de esa leche que parece aguada, y un r\u00e9gimen y unas pastillas,,, En unos d\u00edas me citar\u00e1n de nuevo. No es nada, Nati, por ahora no te libras de m\u00ed.<br \/>\nLos d\u00edas siguientes, Mateo despleg\u00f3 una gran actividad. Fue a la ciudad de nuevo, llevando una carpeta de papeles amarillos e importantes. Visit\u00f3 a un se\u00f1or notario que le escuch\u00f3, asinti\u00f3 y le hizo firmar otros papeles m\u00e1s blancos que los antiguos y tambi\u00e9n importantes. Lleg\u00f3 a casa con un periquito verde y azul y lo guard\u00f3 en la jaula que colgaba de una p\u00faa en la pared del patio, donde envejec\u00eda un lim\u00f3n, que en su d\u00eda vino a sustituir al otro periquito, muerto silenciosamente una ma\u00f1ana de invierno. Natal\u00eda dijo que la jaula vac\u00eda le daba fr\u00edo y coloc\u00f3 all\u00ed un hermoso lim\u00f3n terso y amarillo, hasta que Mateo trajera otro p\u00e1jaro. Y Mateo lo hab\u00eda olvidado durante mucho tiempo. Pero ahora lo record\u00f3 todo. El nuevo periquito, el alpiste, las zapatillas de los grifos, que goteaban a veces, el aceite para las cerraduras chirriantes y la despensa, que se vio colmada como si fueran a venir los nietos.<br \/>\nUna ma\u00f1ana, cuando ya todo estuvo listo, dijo a Natalia que hab\u00eda quedado con Antonio, el del taller, en ir a ver un coche seminuevo, que estaba bien de precio. No vendr\u00eda a comer, las cosas de los talleres suelen ser pesadas, as\u00ed que no deb\u00eda ponerse nerviosa si tardaba. Mejor ir a visitar a la vecina para entretenerse\u2026Luego la estrech\u00f3 despacio, la bes\u00f3 junto a los ojos, ah\u00ed donde duermen los a\u00f1os, y antes de que se extra\u00f1ara demasiado, le pellizc\u00f3 la grupa para que ella fingiera enfado y le llamara, como siempre \u2013viejo tonto-.<br \/>\nDespu\u00e9s camin\u00f3 de espaldas, para ver la puerta con su sagradocoraz\u00f3n, el porche encalado, la palmera enana. Y se meti\u00f3 en el inocente coche que hab\u00eda sido tan injustamente denostado y fue hac\u00eda la ciudad.<br \/>\n\u2014Si sale mal, \u00bfpara qu\u00e9 saberlo de antemano? Y, si me libro, \u00bfpara qu\u00e9 asustarla?<br \/>\nYa en el hospital, Mateo se vio rodeado de batas blancas y batas verdes, se sinti\u00f3 tristemente importante, era el objeto de la atenci\u00f3n de todos. Mir\u00f3 las caras que desfilaban a su alrededor y escogi\u00f3 a una mujer que ten\u00eda pechos de matrona y sonrisa triste:<br \/>\n\u2014Necesito que usted me haga un favor.<br \/>\nY despu\u00e9s de hablarle brevemente, entreg\u00f3 a la enfermera, que le mir\u00f3 con ojos asustados, un papel doblado.<br \/>\n\u2014No olvide que es completamente sorda, \u00bflo har\u00e1?<br \/>\nLa mujer domin\u00f3 su asombro, asinti\u00f3 var\u00edas veces<br \/>\n\u2014Tranquilo, har\u00e9 su recado, en cualquier caso.<br \/>\nLuego, alguien se mostr\u00f3 muy interesado en saber la edad de Mateo, la de su mujer, los nombres de sus hijos, de sus nietos\u2026Se durmi\u00f3 dudando si hab\u00eda mencionado al segundo de los cr\u00edos, porque sol\u00eda olvidarlo a veces\u2026..<br \/>\nY tuvo un sue\u00f1o apacible. Estaba tumbado sobre el c\u00e9sped h\u00famedo y oloroso de un prado desconocido, la brisa tibia llenaba sus pulmones y le acariciaba el rostro; a su lado hab\u00eda un estaque peque\u00f1o, lleno de ovas y nen\u00fafares, en la superficie del agua se reflejaba la cara vieja de Mateo, y a su lado, el rostro pecoso y las trenzas pelirrojas de su primera novia; de aquella chiquilla con calcetines que le hab\u00eda hecho perder el sue\u00f1o y el apetito por primera vez. No quer\u00eda moverse para no alterar aquella imagen, pero alguien tir\u00f3 una piedra al estanque y todo se rompi\u00f3 en ondas r\u00e1pidas y conc\u00e9ntricas. Y ya no hab\u00eda c\u00e9sped ni estanque, s\u00f3lo un cielo blanco, demasiado blanco para ser cielo. Porque s\u00f3lo era el techo repintado de una habitaci\u00f3n de hospital.<br \/>\n\u2014\u00a1Mateo, Mateo, despierta, m\u00edrame\u00a1<br \/>\nY all\u00ed, casi encima de \u00e9l, haci\u00e9ndole gustar sus l\u00e1grimas, \u00a1tan saladas!, estaba la cara marchita de Natal\u00eda, sus ojos azules, casi l\u00edquidos, \u00a1tan asustados!, sus manos temblorosas, apretando las a\u00f1osas manos \u00e9l.<br \/>\n\u2014Viejo tonto<br \/>\nY Mateo comprendi\u00f3 que hab\u00eda tenido suerte, que aquello era otra vez la vida. Su maravillosa vida.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u2014Dos, tres de cada diez, esos son los resultados que se est\u00e1n obteniendo en los \u00faltimos a\u00f1os, no son estupendos, pero menos es nada, usted me ha pedido la verdad, lo siendo. 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