{"id":25,"date":"2006-02-23T15:44:48","date_gmt":"2006-02-23T14:44:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=25"},"modified":"2006-02-23T15:44:48","modified_gmt":"2006-02-23T14:44:48","slug":"8-la-sala-de-espera-por-la-rana-de-la-calavera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=25","title":{"rendered":"8- La sala de Espera.  Por La rana de la Calavera"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Aquel mes de enero, todos los martes a las cuatro de la tarde, cualquier persona podr\u00eda haberme encontrado en la sala de espera del Dr. Rovira, una amplia estancia con varias mesitas llenas de revistas, y grupos de sillas azules de dise\u00f1o entre ellas. <!--more--><br \/>\nEl primer d\u00eda, eleg\u00ed sentarme en la silla situada en el rinc\u00f3n a la izquierda de la entrada, de frente a la puerta, era una de las que estaban libres. Me pareci\u00f3 un lugar discreto desde donde observar la entrada con un simple movimiento de cabeza, y poder controlar la aparici\u00f3n de la enfermera para citar al pr\u00f3ximo paciente. Mientras esperaba, decid\u00ed refugiarme en mi libro. En aquella ocasi\u00f3n el libro escogido era Viaje a Salamanca. Una bonita historia de Raffaele Nigro, una especie de \u201ccongreso de la fantas\u00eda\u201d donde los escritores del siglo XX, muertos y vivos (desde Pirandello a Tomasi de Lampedusa, desde Canetti a Calvino, de Brosdskij a Choukri, de la Duras a la Djebar, de Hrabal a Hed\u00e0yat, de Lorca a Dal\u00ed), se reun\u00edan en el Paraninfo de la Universidad para homenajear a Miguel de Unamuno, y all\u00ed relataban sus historias en un intento de reinventar la vida delante del f\u00e9retro que conten\u00eda los restos del propio Unamuno.<br \/>\nUn libro apropiado para ese mes de fr\u00edo por ser de peque\u00f1o tama\u00f1o, me cab\u00eda en el bolsillo del abrigo y apropiado tambi\u00e9n en cuanto al ritmo, eran relatos cortos y pensaba leer una historia en cada espera, y as\u00ed tener un compa\u00f1ero todas aquellas tardes de los martes.<br \/>\nPero en esta vida, una cosa es lo que uno se planifica y otra lo que el destino le depara.<br \/>\nLa primera tarde todo comenz\u00f3 seg\u00fan el plan previsto. Tengo por costumbre, o por defecto, se un \u201cadelantado\u201d y suelo llegar a los sitios unos diez minutos antes de la hora que me fijan. Hab\u00eda calculado un promedio de veinte minutos de retraso en cada visita (calculo hecho sobre la base de que era de los primeros pacientes citados en las horas de tarde, la consulta seg\u00fan me enter\u00e9 comenzaba a las tres y media). Total, mi estimaci\u00f3n de tiempo \u00fatil para leer era de una media hora antes de cada visita. Si ten\u00eda suerte y lograba involucrar a mi imaginaci\u00f3n en la aventura del Paraninfo, mis tardes de los martes no solo estar\u00edan marcadas por el recuerdo del sonido de odiosas turbinas perforando las entra\u00f1as de mi maxilar, del fr\u00edo l\u00edquido que una bonita ayudante irriga sobre mis pobres dientes maltrechos e hipersensibles, y ese cabr\u00f3n de aspirador que intenta adsorberte la lengua en cuanto la mueves.<br \/>\nDeseaba convencerme, como mecanismo de autodefensa, de que cada tarde iba a leer mi relato correspondiente. Intentaba seducir a mi cerebro, convenci\u00e9ndole de que al menos durante media hora, iba a dejar correr mis pensamientos por aquel maravilloso escenario imaginario, el Paraninfo de la Universidad con Unamuno de cuerpo presente. Esa tarde estaba tan inmerso en el relato, que pude o\u00edr como el primero de los ponentes que sub\u00eda al estrado, nada m\u00e1s ni nada menos que a D. Luigi Pirandello, que expresando sus reticencias sobre aquel experimento comenz\u00f3 diciendo:<br \/>\n&#8211; Se debe hacer y se har\u00e1 -dijo como para s\u00ed mismo-. \u00a1Pero la \u00fanica momia que ha resucitado verdaderamente desde que el mundo es mundo, ha sido la de L\u00e1zaro! -una voz grave, engolada, reson\u00f3 rompiendo el silencio.<br \/>\nEn estas tesituras se encontraban mis neuronas cuando otra voz, esta vez terrenal, me interrumpi\u00f3 aquella escena inmejorable.<br \/>\n&#8211; Perdone\u2026 \u00bfUsted es la primera vez que viene? -me pregunt\u00f3 susurrante, un hombre que hacia unos instantes se hab\u00eda sentado a mi lado izquierdo.<br \/>\nGir\u00e9 la cabeza para responderle, y en esas d\u00e9cimas de segundo tuve una impresi\u00f3n extra\u00f1a, no fue su f\u00edsico lo que me sorprendi\u00f3, fue su compostura.<br \/>\n&#8211; Si, a esta hora. Respond\u00ed brevemente.<br \/>\nAquella forma de estar sentado, con la espalda encorvada, y su cabeza girada hacia mi ladeada, hac\u00eda que su mirada profunda se cruzara con la m\u00eda desde un plano inferior. Permanec\u00eda con las manos juntas, unas manos blancas con finos y largos dedos entrelazados, unas peque\u00f1as mu\u00f1ecas perdidas en los enormes pu\u00f1os de una camisa de color blanco. Vest\u00eda un traje color tierra y una corbata en tonos verdosos.<br \/>\nCalcul\u00e9 que su edad superaba los ochenta a\u00f1os.<br \/>\nDesde aquella ocasi\u00f3n siempre que estuve con \u00e9l le vi con la misma ropa, fui consciente de ello cuando tuvimos nuestro tercer encuentro, y eso hizo que me fijara m\u00e1s detenidamente. Siempre vest\u00eda igual, pero impecablemente arreglado, limpio y planchado, ol\u00eda como un ni\u00f1o reci\u00e9n lavado, me record\u00f3 a esas colonias frescas, infantiles, con aromas de lavanda.<br \/>\nAquella tarde mantuvimos una leve conversaci\u00f3n, palabras de cortes\u00eda, yo procuraba volver a mi libro pero despu\u00e9s de unos minutos volv\u00eda a interrumpirme, siempre de forma muy educada y en voz baja, para pasar desapercibido por el resto de personas que esperaban en la sala de espera.<br \/>\nLa enfermera se asom\u00f3 a la puerta, pronunci\u00f3 mi nombre. Me levant\u00e9 y me desped\u00ed de \u00e9l con un:<br \/>\n&#8211; Hasta otro d\u00eda\u2026<br \/>\nEl martes siguiente, unos minutos antes de las cuatro, siguiendo mi plan, me acomod\u00e9 en el mismo lugar de la sala de espera. Un par de personas ocupaban sillas en lugares opuestos e hicieron un leve gesto de saludo, cuando dije- Buenas tardes\u2026<br \/>\nAbr\u00ed mi libro y me introduje de nuevo en el Paraninfo de la Universidad, Pirandelo hab\u00eda terminado la exposici\u00f3n de su relato, lo que hab\u00eda generado m\u00faltiples aplausos entre la audiencia, pude ver como el pr\u00edncipe Tomasi di Lampedusa, emocionado, se levantaba de su asiento y se dirig\u00eda al encuentro con Pirandelo, felicit\u00e1ndole con un efusivo abrazo por su relato. Borges tambi\u00e9n romp\u00eda el silencio. &#8211; \u00a1Jam\u00e1s un narrador deber\u00eda consentir que el cine lo embridara! \u00a1S\u00f3lo la narrativa es para el lector el lugar de la libertad de reinventar! \u2013a\u00f1adi\u00f3 en voz alta y pidi\u00f3 la palabra para ser \u00e9l el siguiente orador.<br \/>\nMe encontraba inmerso en la historia de Boiardo y la caja de los tesoros, cuando sent\u00ed que a mi lado se acababa de sentar alguien, me hice el despistado pero por el olor supe de quien se trataba.<br \/>\n-Buenas tardes se\u00f1or Velasco \u2013me dijo, con su caracter\u00edstica voz.<br \/>\n-Buenas tardes\u2026-le respond\u00ed, sin mucho \u00e9nfasis.<br \/>\nMir\u00e9 el reloj\u2026 las cuatro y cuarto. La misma hora que el otro d\u00eda \u2013pens\u00e9. \u00a1Conoce mi nombre! Claro, oy\u00f3 pronunciarlo a la enfermera el d\u00eda pasado \u2013reflexion\u00e9.<br \/>\n&#8211; Mi nombre es Severino Conde, perdone que le moleste -continu\u00f3 susurrando, mientras ladeaba su cabeza para acercarse a m\u00ed- veo que continua con su libro.<br \/>\nLa voz de la enfermera pronunciando de nuevo mi nombre, son\u00f3 como la campana de un ring de boxeo y puso final a la conversaci\u00f3n reci\u00e9n iniciada.<br \/>\nEsa tarde se me pas\u00f3 como si no hubiera existido, no recordaba las fresas perforadoras, no recordaba ni mi regreso a casa. Mi cabeza se hab\u00eda quedado embotada con una pregunta \u00bfqui\u00e9n co\u00f1o era el tal Severino? Quien era aquel anciano que llegaba siempre veinte minutos mas tarde que yo, se sentaba a mi lado, y no me dejaba continuar mi libro. Su hora de llegada tambi\u00e9n me desconcertaba, pues las horas de mi dentista eran de treinta en treinta minutos, a horas en punto y a y media.<br \/>\nEstuve toda la semana d\u00e1ndole vueltas a estas cuestiones, deseaba que llegara el siguiente martes para preguntarle al dentista, quer\u00eda conocer qui\u00e9n era aquel personaje. Pero por otro lado, una curiosidad morbosa me dec\u00eda que esperara, que era un hombre muy educado y que pod\u00eda ser interesante conocer su misterio.<br \/>\nEse martes llegu\u00e9 a mi hora habitual, acababa de entrar en faena viendo a Borges relatando como Astolfo a la grupa de Hipogrifo alcanz\u00f3 la isla de Morgana en la cara oculta de la luna, y como gracias a la rapidez de su caballo alado sustra\u00eda aquellos tesoros , oros, gemas, platas y perlas\u2026<br \/>\n-Buenas tardes se\u00f1or Velasco -O\u00ed que dec\u00eda desde la puerta, la voz de siempre.<br \/>\nEsa tarde yo era \u00e9l \u00fanico paciente esperando en la sala. Don Severino, caminando lentamente, atraves\u00f3 la estancia y se sent\u00f3 a mi lado como siempre, de reojo examin\u00f3 la portada de mi libro y sin darme apenas tiempo a saludarle, directamente me pregunt\u00f3 \u00bfde qu\u00e9 trata su libro?<br \/>\nTarde unos segundos en responderle, de nuevo consigui\u00f3 sorprenderme, mir\u00e9 mi reloj y solo eran las cuatro, esta vez se hab\u00eda adelantado a su hora de llegada habitual. Estuve a punto de no responder pero no pude, mi curiosidad por el personaje y mi educaci\u00f3n no me dejaron hacer lo que por otra parte era mi deseo.<br \/>\n&#8211; Es una historia interesante, el autor nos relata una especie de congreso de escritores vivos y muertos que se re\u00fanen en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, delante del f\u00e9retro de don Miguel de Unamuno, para, a trav\u00e9s de sus relatos, reinventar un mundo capad de generar otros mundos\u2026<br \/>\n&#8211; Yo conoc\u00ed a don Miguel de Unamuno \u2013me interrumpi\u00f3. S\u00ed, le conoc\u00ed en Salamanca en el a\u00f1o treinta y cinco, cuando regres\u00f3 como rector, nos dio una conferencia en la Universidad pontificia donde yo estaba haciendo un curso para el doctorado en teolog\u00eda \u2013continu\u00f3 con voz emocionada- Don Miguel, era un hombre profundamente religioso y eso le cost\u00f3 posteriormente el destierro.<br \/>\nSus palabras sal\u00edan con un ritmo, que no me dejaba espacio para la respiraci\u00f3n, parec\u00eda como si no quisiera darme opci\u00f3n a interrumpirle, y as\u00ed prosigui\u00f3 con su historia, hasta que fui citado por la enfermera.<br \/>\n\u00a1Joder! Que tarde\u2026 resumiendo, me acababa de contar que hab\u00eda sido cura, que hab\u00eda estudiando teolog\u00eda en Salamanca, que durante la guerra colg\u00f3 la sotana y se pas\u00f3 al ejercito republicano, que escap\u00f3 por Portugal y regres\u00f3 a Espa\u00f1a por Galicia, que lo hizo el d\u00eda que se enter\u00f3 que los nacionales hab\u00edan fusilado a su padre en Zamora, de donde era natural, y que \u00e9l hab\u00eda jurado vengar esa muerte. Todo esto en los diez minutos que estuve con \u00e9l. Esa noche no pude dormir, y durante toda la semana esperaba con impaciencia la pr\u00f3xima cita. Ahora los papeles se hab\u00edan invertido, yo era el que iba a comenzar a hacer las preguntas.<br \/>\nEn la siguiente cita, llegue como siempre, esta vez sin mi libro, me sent\u00e9 en mi silla de siempre y comenc\u00e9 a ojear una revista. Cinco minutos despu\u00e9s lleg\u00f3 don Severino, me salud\u00f3, se sent\u00f3 a mi lado y esta vez fui yo el que impaciente inici\u00f3 la conversaci\u00f3n.<br \/>\n-Por favor, don Severino, contin\u00fae, que pas\u00f3\u2026<br \/>\n-Haremos una cosa \u2013me respondi\u00f3- como no quiero que nos interrumpa la enfermera, vaya a la recepci\u00f3n, hable con ella y anule su hora, le espero en la cafeter\u00eda de la esquina, seg\u00fan se sale a la derecha, en la mesa del rinc\u00f3n tomando un caf\u00e9, all\u00ed continuaremos hablando. Dicho esto, se levant\u00f3 y abandon\u00f3 la sala sin esperar mi respuesta. Yo no sal\u00eda de mi asombro, \u00e9l daba por aceptada su proposici\u00f3n, y yo no pod\u00eda hacer tal cosa, esa tarde estaba citado para probarme una pieza que ten\u00eda que haber llegado del laboratorio prot\u00e9sico.<br \/>\nDecid\u00ed quedarme y continu\u00e9 ojeando la revista, hoy que no hab\u00eda tra\u00eddo mi libro, resulta que era el mejor d\u00eda para leer y lo estaba desaprovechando.<br \/>\n&#8211; Perdone se\u00f1or Velasco \u2013interrumpi\u00f3 la enfermera- tengo que decirle que tenemos que anularle la visita que ten\u00eda programada para hoy, acaban de llamar desde el taller prot\u00e9sico para decirnos que no han salido bien las pruebas, y que las tendr\u00e1n dentro de dos o tres d\u00edas.<br \/>\n-Est\u00e1 bien, entonces \u00bfme puedo ir? O tengo que quedarme para alguna otra cosa \u2013contest\u00e9.<br \/>\n&#8211; Puede irse, las pruebas las haremos el pr\u00f3ximo martes a la misma hora ya se la hemos reservado.<br \/>\n-Perd\u00f3n se\u00f1orita\u2026 \u00bfpuedo preguntarle una cosa?<br \/>\n-Por supuesto \u00a1d\u00edgame, se\u00f1or Velasco!<br \/>\n-Este paciente que acaba de salir, Don Severino Conde \u00bfquien es?<br \/>\n-Perd\u00f3n\u2026 ahora\u2026 no ha salido nadie.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquel mes de enero, todos los martes a las cuatro de la tarde, cualquier persona podr\u00eda haberme encontrado en la sala de espera del Dr. Rovira, una amplia estancia con varias mesitas llenas de revistas, y grupos de sillas azules de dise\u00f1o entre ellas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/25"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=25"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/25\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=25"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=25"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=25"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}