{"id":29,"date":"2006-02-27T15:05:44","date_gmt":"2006-02-27T14:05:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=29"},"modified":"2006-02-27T15:05:44","modified_gmt":"2006-02-27T14:05:44","slug":"9-una-entrevista-mas-por-zurn","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=29","title":{"rendered":"9- Una entrevista m\u00e1s.  Por Z\u00fcrn"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Dedico una hora entera a acicalarme. Ante el espejo pongo especial atenci\u00f3n a los dientes, no vaya a ser que lo estropee todo un incompetente resto de cruas\u00e1n.<br \/>\nLuego hago un repaso general <!--more--> Uno: Los zapatos, resplandecientes. Dos: La camisa, sin manchas de maquillaje. Tres: La americana, sin hilillos ni pelos. Mis puntos d\u00e9biles parecen estar controlados. Soy especialmente observadora con los detalles por si el entrevistador es una mujer. Nuestros h\u00e1biles ojos son capaces de localizar hasta la pel\u00edcula capilar en una chaqueta blanca.<br \/>\nAh, importante: las u\u00f1as, tambi\u00e9n est\u00e1n bien, estupendo.<br \/>\nEscojo el gran bolso cruzado para no llevar el portafolio de pl\u00e1stico en la mano. Si consigo este empleo me comprar\u00e9 uno de cuero y ya nunca temer\u00e9 ofrecer una mano sudada.<br \/>\nLlegar\u00e9 demasiado pronto, lo s\u00e9, pero abandono la casa para poder localizar la calle sin agobios, por si me pierdo.<br \/>\nUna vez all\u00ed descubro que no hay ascensor. De nuevo tendr\u00e9 que presentarme con el aliento entrecortado y no hay cosa que m\u00e1s me desconcentre. La primera fisura en la coraza de autoestima puede ser fatal. Me imagino all\u00ed plantada, una desempleada que respira con dificultad, y ellos del otro lado: el de las acolchadas sillas giratorias.<br \/>\nMe niego a caer en la trampa. Afortunadamente el tiempo sigue de mi parte, as\u00ed que me siento en el descansillo de la quinta planta s\u00f3lo un instante, hasta acompasar mi respiraci\u00f3n. Pero ocurre lo m\u00e1s inoportuno, alguien abre la puerta, precisamente entonces, y me ve ah\u00ed sentada en su descansillo. Mal, mal\u2026<br \/>\nPoco importa, me siento dispuesta a remontar la desventaja.<br \/>\nMe invita a entrar y sentarme en el min\u00fasculo sof\u00e1 de la antesala a esperar que mi cita est\u00e9 disponible. Primera t\u00e1ctica de desarme que comparte toda entrevista, con una media de retraso entre diez y quince minutos. El tiempo de la partida de Tetris que el entrevistador empieza cuando se le anuncia nuestra llegada. Ni siquiera la juega con agrado, es algo burocr\u00e1tico.<br \/>\nEn este caso, son unos doce minutos durante los cuales pasa gente que me sonr\u00ede y yo les devuelvo un gesto cort\u00e9s (un tanto esp\u00e1stico). Tan s\u00f3lo desear\u00eda estar sentada a un nivel m\u00e1s alto. Si me hubiesen contactado con m\u00e1s antelaci\u00f3n, me habr\u00eda te\u00f1ido las ra\u00edces.<br \/>\nDiez minutos m\u00e1s tarde ocurre lo de siempre. Ya nadie parece verme y se termina el privilegio de las sonrisas. Por el pasillo avanza con decisi\u00f3n una ejecutiva que, por supuesto, pasa de largo ignorando mi disposici\u00f3n a saludarle. Se dirige al escritorio de la recepcionista y entabla una conversaci\u00f3n cargada de signos de complicidad. Aficionadas, esa tambi\u00e9n me la conozco. Seguro que ni siquiera os ca\u00e9is bien.<br \/>\nPor fin vienen a buscarme y abandono el mundo de Lilliput para estrechar la peque\u00f1a mano de una mujer rubia de pelo corto que viste un traje negro.<br \/>\nHe tenido suerte, no parece mala persona. De haber tenido boca, creo que me habr\u00eda sonre\u00eddo, como me indica el amable arco de sus cejas. Esa carencia en su fisonom\u00eda me desconcierta, pero hago todo lo posible porque no se note, me atrever\u00eda a decir que con bastante \u00e9xito. Podr\u00eda jurarse que no es la primera vez. Cierto es que me las he visto en peores, como la del hombre desorejado o aquella del perro labrador.<br \/>\nMientras le acompa\u00f1o por el pasillo recuerdo los pliegues a ambos lados de sus ojos, otro indicador de su buen talante. Desgraciadamente, dichos pliegues se estiran por completo al instalarnos en su despacho. La entrevista ha comenzado.<br \/>\nMe acuerdo de aquello tan bonito que le\u00ed una vez a prop\u00f3sito de los buenos conversadores, algo as\u00ed como que un buen interlocutor no es el que tira buenas bolas sino el que devuelve las malas del contrario. En este caso me va a tocar jugar al front\u00f3n, as\u00ed que respiro hondo y me dispongo a empezar el partido.<br \/>\nPrefiere que vaya al grano y empiece por la trayectoria, deduzco; as\u00ed que me entrego a un discurso concienzudo y apasionante en el que me presento como una persona abnegada, con ambici\u00f3n pero estable en sus compromisos. Le hablo de mi \u00faltimo trabajo: de mis responsabilidades y mis m\u00e9ritos, del buen trato con el resto de compa\u00f1eros y de lo que aport\u00e9 a la empresa.<br \/>\nOrgullosa, le narro tambi\u00e9n mis primeras experiencias en diversos sectores de la profesi\u00f3n. Entre ellos, los tanteos hasta dar con mi verdadera vocaci\u00f3n que \u2013a\u00f1ado\u2013 espero poder ejercer en el seno de su compa\u00f1\u00eda.<br \/>\nFin de la primera etapa y mirada impasible de la mujer.<br \/>\nSilencio. Hilvano una peque\u00f1a broma para distender el ambiente pero no hay manera de saber si le ha hecho gracia. Como toda respuesta baja la vista y toma unas notas en su cuaderno.<br \/>\nEntretanto, toqueteo un enganch\u00f3n de la falda y distraigo la mirada por la habitaci\u00f3n. Se trata de un despacho corriente, pero tiene algo que resulta inc\u00f3modo. Est\u00e1 todo demasiado ordenado, no parece cre\u00edble que alguien trabaje ah\u00ed.<br \/>\nRedescubro su rostro atento a mi fisgoneo. Supongo que espera alg\u00fan comentario. Suelto lo primero que se me ocurre \u201cBonito mobiliario\u201d y tiro del enganch\u00f3n.<br \/>\nSupongo que es el momento de abordar el \u00e1rea de los idiomas y la inform\u00e1tica. Esta vez adopto un tono m\u00e1s informal, al fin y al cabo ya vamos conoci\u00e9ndonos mejor y no quiero parecer una persona fr\u00eda. Pruebo a crear complicidad hablando de lo dif\u00edcil que resulta para nuestra generaci\u00f3n \u2013pues tenemos aproximadamente la misma edad\u2013 mantenerse al d\u00eda de las actualizaciones de los programas.<br \/>\nO no\u2026 quiz\u00e1s sea m\u00e1s joven que yo \u00bfse habr\u00e1 ofendido? El caso es que me mira sin parpadear, luego iza levemente la ceja izquierda.<br \/>\nEs m\u00e1s o menos a esta altura de la entrevista que empiezo a pensar que se me est\u00e1 yendo de las manos. Siempre por debajo de la mesa, sigo tirando del enganch\u00f3n y abordo el tema de mis aficiones. Me gusta la lectura, bueno ya sabe, a todo el mundo le gusta leer en el metro y todo eso, pero es que a m\u00ed me gusta de verdad. A veces hasta leo el mismo libro dos veces y nada de novela hist\u00f3rica con intriga facilona\u2026 bueno \u00bfno le gustar\u00e1 Dan Brown, verdad? Es decir, no tengo nada contra \u00e9l, me gusta. Creo que todo el mundo tiene derecho a acceder a la cultura. Me encanta el C\u00f3digo da Vinci, no lo he le\u00eddo pero\u2026 los colores de la portada, se han convertido en un s\u00edmbolo en el metro\u2026 todo el mundo\u2026 Me encanta, s\u00ed. Y el deporte, tambi\u00e9n me gusta el deporte. Ya sabe, mens sana in corpore sano, jeje, y si adem\u00e1s se pueden perder unos kilitos, bueno a usted no le hace falta, claro, usted est\u00e1 estupenda, pero bueno, yo tengo tendencia a engordar \u00bfsabe?&#8230; y\u2026 tambi\u00e9n me gusta lo normal, salir con mis amistades, no hay como una agradable charla con una cerveza en buena compa\u00f1\u00eda. Bueno, aunque tampoco pasa nada por no hablar, claro. Para decir tonter\u00edas mejor callarse, ya se sabe, jeje. Bueno y, con beber pasa lo mismo\u2026<br \/>\n\u2026 aplic\u00e1ndome el cuento decido callarme.<br \/>\nElla se pasa una mano por los cabellos, se recoloca en el asiento, sin dejar de mirarme (con estupefacci\u00f3n)<br \/>\nEl partido debe terminar, est\u00e1 muy claro. S\u00f3lo queda una cosa: hablar de mis expectativas salariales.<br \/>\nMe aclaro la garganta y restriego mis manos h\u00famedas por la falda. Evito mirar esa explanada de carne suya all\u00ed donde deber\u00eda haber una boca.<br \/>\nMe cuesta admitir que me siento intimidada pero lo cierto es que rebajo en un veinte por ciento la suma que hab\u00eda calculado en un principio.<br \/>\nAnte mi cifra, sus pesta\u00f1as se juntan dos veces, en un gr\u00e1cil y r\u00e1pido aleteo \u00bfincredulidad tal vez, o sequedad del ambiente?<br \/>\nMe aclaro la garganta nuevamente. Brutos, a\u00f1ado t\u00edmidamente, acompa\u00f1ando la palabra con un gallo estridente.<br \/>\nA continuaci\u00f3n le tiendo la mano, que sigue mojada y me la estrecha sin ning\u00fan reparo, obsequi\u00e1ndome con el pliegue de los ojos.<br \/>\nMe acompa\u00f1a a la salida y me despide con un nuevo pliegue. La puerta se cierra tras de m\u00ed y me quedo un momento inm\u00f3vil. Me lo han vuelto a hacer, me digo.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dedico una hora entera a acicalarme. Ante el espejo pongo especial atenci\u00f3n a los dientes, no vaya a ser que lo estropee todo un incompetente resto de cruas\u00e1n. 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