{"id":32,"date":"2006-02-27T15:18:24","date_gmt":"2006-02-27T14:18:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=32"},"modified":"2006-02-27T15:18:24","modified_gmt":"2006-02-27T14:18:24","slug":"12-nihil-por-nobody","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=32","title":{"rendered":"12- Nihil.  Por NoBody"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Al abrigo de cuatro paredes, desesperando a las palabras, yac\u00eda el cad\u00e1ver de un hombre vivo. Era Eduardo Montesinos y su \u00fanico refugio era negarse a vivir. Ante el m\u00e1s aterrador vac\u00edo un \u00fanico movimiento restaba: vaciarse de s\u00ed mismo.<!--more--> Andaba camino de lograrlo. Depresi\u00f3n. Hay que darle nombre. Curanderos con t\u00edtulo otorg\u00e1ndote f\u00f3rmulas m\u00e1gicas del buen vivir por 50 euros a la hora. Para los m\u00e1s avispados, se trata de ir tan solo a la secci\u00f3n de autoayuda de una librer\u00eda cualquiera y comprar la paz interior por 10 euros. Si la cosa se pone jodida, pastillas contra el mal del alma en una farmacia. Si se pone realmente jodida, una adicci\u00f3n cualquiera es la \u00fanica v\u00eda posible. Pero Eduardo no pod\u00eda acudir a los mercachifles del dolor. No era escasez de cash, era sobreabundancia de an\u00e1lisis, su puta man\u00eda de despejar la inc\u00f3gnita en toda ecuaci\u00f3n vital. El mundo acababa desnudo, desprovisto del sentido que nunca tuvo y \u00e9l, como buen \u00faltimo hombre, era incapaz de generar un nuevo sentido por s\u00ed mismo, ni siquiera estaba capacitado para abandonarse a la estupidizaci\u00f3n de repetir cada ma\u00f1ana ante el espejo: eres el mejor, eres el mejor, eres el mejor, &#8230; Hiperconciencia, mala compa\u00f1era. A\u00fan queda otra v\u00eda, el sinsentido.<\/p>\n<p>Era Eduardo Montesinos y su vida era una mierda; lo que le diferencia del resto es que \u00e9l era consciente de ello. Personas. No puede escupirles a la cara y gritarles el asco que le dan, el asco que se da. Atrapado en la mierda, nada a contracorriente. Indigno gesto heroico cuando la corriente te lleva hacia ti y t\u00fa te alejas porque te espanta nadar libre en el oc\u00e9ano. Una persona llama pasadas algunas horas desde que se levantara temprano aquella ma\u00f1ana de S\u00e1bado &#8211; horas que se hacen cortas, horas interminables de sufrimiento &#8211; Unas cervezas. Una buena forma de sentirse solo es estar acompa\u00f1ado: el ruido es buen compa\u00f1ero, no permite que te escuches. Eduardo sabe perfectamente que la vida se ha llenado de ruido para evitar que la gente tome conciencia de su asquerosa existencia. A diferencia de la mayor\u00eda, \u00e9l utiliza el ruido de un modo selectivo. Es un buen momento para ubicarse entre tres extra\u00f1os conocidos en la infancia, hablar de cualquier tema sin conocimiento de causa, mostrar emociones fingidas, intereses inventados, &#8230; Toda esa impostura es parte del mismo juego, todos jugamos, unos se aprovechan de las reglas, otros las sufren, algunos se rebelan, &#8230; Nadie gana. Sentado entre todos, hablan y hablan hasta que su hablar se convierte en un ruido insoportable. Su cabeza estallar\u00e1. Hay que huir. Excusas: el lenguaje que todo el mundo habla, el que todo el mundo entiende. Regreso a casa por el camino largo. Se detiene en cada uno de sus pensamientos, los recrea, los vivencia, compulsivamente, una y otra vez, su cabeza gira entorno al mismo eje. El sinsentido es la \u00fanica salida.<\/p>\n<p>\u00c9l era Eduardo Montesinos y su relaci\u00f3n amorosa hab\u00eda fracasado. Esa es una causa com\u00fan de diversos males an\u00edmicos, demasiado com\u00fan, pero \u00e9l sab\u00eda perfectamente que una cosa es el detonante y otra el explosivo. Curiosa asociaci\u00f3n, el inconsciente trapichea con tan endemoniada concatenaci\u00f3n de ideas. Ella, llena de lenguaje bifurcado, le hizo entrar en un estado de esquizofrenia ag\u00f3nica, zozobrando a la deriva, funambuleando por la delgada l\u00ednea que separa realidad de lenguaje. Ella, aparentemente \u00fanico sentido de la vida, dej\u00f3 de serlo en el mismo momento en el que dej\u00f3 de ser misterio. Aletheia, Physis, Logos, &#8230; La Verdad se muestra como una luz cegadora cuando se destapa ante la conciencia; una vez te habit\u00faas a ella, respiras el horror al vac\u00edo: el alumbramiento ha dado paso a la oscuridad, la luz es la noche. La \u00fanica verdad es que no somos nada. A\u00fan peor, somos la Nada. En este pensamiento se hallaba inmerso al ver una ferreter\u00eda, justo a su altura, en la acera de enfrente. Cruza la calle, entra taciturno, no saluda, cree que le va a temblar la voz cuando se vea obligado a hablar, coge lo necesario, lo muestra al dependiente, este le cobra. \u201cBien\u201d piensa, \u201dno he tenido que soltar palabra\u201d. Su casa. Sigue las instrucciones una a una. Mientras trabaja, no piensa, y eso le reconforta. Quedan pocas horas. El sinsentido es ya el \u00fanico sentido posible.<\/p>\n<p>Su nombre era Eduardo Montesinos y se hab\u00eda prometido a s\u00ed mismo no entrar jam\u00e1s a un centro comercial. Odiaba la idea de confinar el ocio y el abastecimiento de las necesidades, b\u00e1sicas o no, en un recinto pensado como un circuito cerrado para consumidores compulsivos descerebrados: Siempre los asociaba a campos de concentraci\u00f3n. Ahora se ve\u00eda ah\u00ed, con un carro de la compra lleno, y no pod\u00eda evitar esbozar una media sonrisa ir\u00f3nica. Observaba fr\u00edamente a todas las personas que se cruzaban a su paso, sabi\u00e9ndose poseedor de la conciencia de mundo de la que ellos carec\u00edan. Esto le alentaba. \u00c9l hab\u00eda visto al mundo, hab\u00eda visto a la Vida, la hab\u00eda mirado fijamente a los ojos, de t\u00fa a t\u00fa, pero hab\u00eda perdido el pulso, no estaba a su altura, y, s\u00fabitamente, donde hab\u00eda habido cierto orgullo, todo se torna desesperaci\u00f3n. En ese instante, siente odio hacia todos ellos, los odia intensamente, siente aversi\u00f3n por su ignorante felicidad. Aunque, secretamente, los envidia.<\/p>\n<p>Todos sus conocidos creen saber c\u00f3mo era Eduardo Montesinos, una imagen perfecta de la bondad, la honestidad, la amistad, &#8230; y todos esos valores que se supone que debe tener una buena persona, un referente, forjado a fuego y hierro candente, de las relaciones sociales. Ser\u00e1 porque hablaba poco. Todos cre\u00edan en \u00e9l, pero nadie se hab\u00eda asomado a su alma, nadie hab\u00eda visitado su infierno. \u00c9l hab\u00eda renegado de casi todos ellos, de un modo discreto, sin hacer ruido. No se sent\u00eda capaz de quitarse las cadenas, no ten\u00eda destreza emocional para ello.<\/p>\n<p>Se dice a s\u00ed mismo \u201cSoy Eduardo Montesinos y&#8230;.\u201d pero ya es incapaz de pensar. Todos sus m\u00fasculos se tensan. Un sudor fr\u00edo recorre su frente. Est\u00e1 paralizado en una inmensa cola de hipermercado un S\u00e1bado por la tarde. Nota, detalladamente, cada arrebato de su cuerpo, su sistema nervioso actuando paso a paso, todos sus componentes en movimiento: c\u00e9lulas, neuronas, conexiones neuronales, impulsos el\u00e9ctricos, materia gris, m\u00fasculos&#8230; Un movimiento. Solo un movimiento. Algunas im\u00e1genes se agolpan en su mente, cortan el impulso. No cede al chantaje del miedo. Aprieta. Detonaci\u00f3n. Muerte&#8230;.<\/p>\n<p>Los programas cortan su emisi\u00f3n para dar la noticia: \u201c&#8230;al parecer se trata de Eduardo Montesinos y habr\u00eda hecho detonar aproximadamente 1 Kg. de explosivo que llevaba pegado a la cintura. Fuentes policiales no hallan indicios de una posible conexi\u00f3n de esta persona con redes terroristas&#8230;.\u201d.<\/p>\n<p>Herminia, sobresaltada ante la noticia, se pregunta: \u201c\u00bfQu\u00e9 sentido tiene hacer algo as\u00ed? \u00bfQu\u00e9 motivos impulsan a tal atrocidad?\u201d.<\/p>\n<p>Jacobo, casi sin inmutarse, responde: \u201c\u00bfSentido?\u201d.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al abrigo de cuatro paredes, desesperando a las palabras, yac\u00eda el cad\u00e1ver de un hombre vivo. Era Eduardo Montesinos y su \u00fanico refugio era negarse a vivir. 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