{"id":33,"date":"2006-02-27T15:27:18","date_gmt":"2006-02-27T14:27:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=33"},"modified":"2006-02-27T15:27:18","modified_gmt":"2006-02-27T14:27:18","slug":"13-letargo-por-tsung-he","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=33","title":{"rendered":"13- LETARGO. Por TSUNG-HE"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">Casi nadie se aventuraba a cruzar las peladas Monta\u00f1as de Kuen-Lun, en las que el viento silba como un afilador y aguza las aristas de sus rocas que destellan al sol como talladas en diamante.<!--more--> La cicatriz blanquecina de un sendero serpenteaba y se adher\u00eda a una de sus laderas, temerosa de precipitarse al vac\u00edo y, tras ascender con fatigas de moribundo, descubr\u00eda un estrecho valle, h\u00famedo y sombr\u00edo, alfombrado en primavera de musgo espeso y mullido del que brotaban \u00e1rboles que contorsionaban troncos y ramas en una silenciosa danza m\u00edstica. Gigantescos l\u00edquenes colgaban de los roquedos como cabelleras de druidas y un verd\u00edn negruzco enlutaba la piedra. S\u00f3lo las crestas m\u00e1s elevadas recib\u00edan la caricia del sol y, desnudas de vegetaci\u00f3n, destacaban brillantes, aceradas, con un fulgor met\u00e1lico y solemne sobre los jirones de niebla.<br \/>\nEn contadas ocasiones, un viajero obligado a atravesar el inh\u00f3spito macizo refer\u00eda su encuentro con alguno de los monta\u00f1eses que habitaban el vallecito semioculto entre sus murallas p\u00e9treas. Eran gentes hura\u00f1as, desconfiadas, que rehu\u00edan el trato y procuraban hasta hurtarse a la vista del forastero, refugi\u00e1ndose bajo la hojarasca apenas detectaban una presencia extra\u00f1a. De menuda estatura, casi enanos, de color renegrido y cabezas abultadas, viv\u00edan entre piaras de cerdos peque\u00f1os y hocicudos.<br \/>\nNadie recordaba el oscuro origen de tan rara tribu ni se explicaba c\u00f3mo habr\u00edan llegado a aquellos parajes casi inaccesibles, aunque por su aspecto parecieran haber brotado de la tierra. Hasta su lenguaje se reduc\u00eda a gru\u00f1idos no muy diferentes de los emitidos por sus animales.<br \/>\nDurante uno de aquellos largos y dur\u00edsimos inviernos de aguaceros helados y tormentas de nieve, un tramo del estrecho camino, ya carcomido, se desplom\u00f3 y con \u00e9l, cualquier posibilidad de comunicaci\u00f3n a su trav\u00e9s. Se buscaron rutas por el llano aun a costa de bordear la cordillera, y ning\u00fan ser humano volvi\u00f3 a perturbar con su paso la silente quietud del valle escondido.<br \/>\nEl tiempo pareci\u00f3 detenerse, s\u00f3lo pautado por el paso de las estaciones, y las ara\u00f1as del aislamiento tejieron su capullo de soledad en torno a la monta\u00f1a, como prepar\u00e1ndola para una incre\u00edble metamorfosis.<br \/>\nEn los d\u00edas que marcaban el final de cada oto\u00f1o, al aparecer los primeros copos de nieve revoloteando como un ej\u00e9rcito de polillas, los escasos habitantes del lugar se sent\u00edan invadidos por una especie de sopor. Con perezosos movimientos escarbaban en el espeso manto de humus y se ovillaban en la oquedad. Quedaban cubiertos por la abundante capa de hojas en putrefacci\u00f3n y, al cabo, una s\u00e1bana de blancura amortajaba el paisaje. Los cerdos, protegidos por su \u00e1spero pelaje, buscaban abrigo en cuevas y hendiduras y tambi\u00e9n pasaban aletargados el terrible invierno.<br \/>\nCuando los primeros rayos del sol primaveral desgarraban las nubes, ung\u00edan las cimas de acero y entibiaban el aire; cuando la corteza helada empezaba a fundirse, empapaba la tierra y resbalaba al fin en innumerables arroyuelos, pendiente abajo, y las hierbas atravesaban la ra\u00edda alfombra invernal con sus diminutas lanzas verdes, los cerdos comenzaban a removerse, enderezaban las orejas y sal\u00edan de sus refugios con un trotecillo vacilante, hozaban en la tierra y pon\u00edan al descubierto los oscuros cuerpecillos de sus amos.<br \/>\nAlgunos presentaban excrecencias como tub\u00e9rculos animados que poco a poco se desprend\u00edan adquiriendo su propia autonom\u00eda. Era, al parecer, su modo de reproducirse. Otros, en cambio, aparec\u00edan inm\u00f3viles y arrugaditos como pasas, pues no hab\u00edan logrado sobrevivir al invierno. Entonces sus animales cumpl\u00edan con la tarea de hacerlos desaparecer, en un extra\u00f1o c\u00edrculo simbi\u00f3tico, de modo que nadie hubiera acertado a determinar qui\u00e9n criaba a qui\u00e9n.<br \/>\nPasaron muchos, much\u00edsimos a\u00f1os. En cada despertar primaveral, los movimientos de aquellos seres se ralentizaban, se hac\u00edan m\u00e1s y m\u00e1s perezosos, hasta que, en uno de ellos, cesaron por completo; sus gru\u00f1idos ininteligibles desembocaron en la mudez m\u00e1s absoluta y sus extremidades se redujeron y anquilosaron paulatinamente. S\u00f3lo conservaron su rara propiedad de reproducirse bajo tierra mediante gemaci\u00f3n.<br \/>\nEn un proceso inverso al de esa especie de simios que, a trav\u00e9s de milenios, sin que a\u00fan se sepa c\u00f3mo ni con qu\u00e9 finalidad, alcanz\u00f3 la humanidad, en estas criaturas se realiz\u00f3 una involuci\u00f3n, otro capricho m\u00e1s de la extravagante Naturaleza: sus extra\u00f1as caracter\u00edsticas y la total falta de relaci\u00f3n con el mundo exterior terminaron por reducirlas al estado vegetal, si es que alguna vez hubo en ellas algo m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Al menos, \u00e9sta es la leyenda sobre el origen del \u201cshintao\u201d, especie de trufa gigante de forma y tama\u00f1o que recuerdan a un reci\u00e9n nacido en posici\u00f3n fetal, a la que los chinos atribuyen propiedades casi m\u00e1gicas. Eran buscados, como ocurre en Europa, por cerdos adiestrados, de la raza aut\u00f3ctona de las monta\u00f1as, descendiente de aqu\u00e9lla de largos hocicos y pelaje oscuro.<br \/>\nSu escasez y las dificultades de acceso a su lugar de crianza, \u2013un determinado lugar entre las Monta\u00f1as de Kuen-Lun-, los hicieron muy apreciadas entre los emperadores y miembros de la nobleza m\u00e1s selecta de la Ciudad Prohibida. En textos antiguos se describe su sabor, que iba tomando cambiantes matices en el paladar, desde el levemente dulz\u00f3n de la carne \u00bfporcina?, hasta el delicado y oloroso de los bosques umbr\u00edos, el puro de la nieve y el picante y especiado del misterio de su origen. La sensualidad oriental le otorgaba enloquecedores poderes afrodis\u00edacos, preparado de cierta manera de la que, por desgracia, no ha quedado f\u00f3rmula escrita. Los primeros que se recolectaban eran ofrecidos en los templos a los dioses de la tierra.<br \/>\nDurante la Revoluci\u00f3n Cultural el presidente Mao prohibi\u00f3 su b\u00fasqueda y consumo, por representar un s\u00edmbolo de los privilegios de una elite corrupta. Los mitos sobre el \u201cshintao\u201d han despertado la curiosidad de Occidente y, aunque algunas empresas extranjeras han manifestado inter\u00e9s comercial, todos los intentos de aclimataci\u00f3n y cultivo fuera de su h\u00e1bitat natural han resultado infructuosos. En la actualidad, una comunidad de monjes establecida en el lugar vela por la preservaci\u00f3n de esta rara especie\u00bb.<br \/>\n(De la Enciclopedia del Jamisonnian Institute of Scientifical Research).<\/p>\n<p>Y sin embargo, si en ellos habit\u00f3 alguna vez una chispa divina, un \u00e1tomo de la Suprema Voluntad; si en sus arcanos designios estuvo alguna vez destinarlos a algo m\u00e1s noble y elevado que servir de delicatessen en las mesas y los t\u00e1lamos imperiales; si s\u00f3lo fue su mala suerte la que hizo que el Cromagnon les tomara la delantera, es posible que ese min\u00fasculo germen latente subsista a\u00fan, como los granitos de polen que impregnaban las vendas de las momias antiguas, como las semillas de trigo encontradas en el pu\u00f1o de la princesa egipcia, muerta y enterrada hace miles de a\u00f1os, que consiguieron brotar a la vida atravesando los abismos del tiempo, de la destrucci\u00f3n y de la nada.<br \/>\nQuiz\u00e1 aguarden un milagro, una resurrecci\u00f3n. Tal vez su destino fuese reservarse hasta que la est\u00fapida raza humana haya cumplido su ciclo y complete su proceso hacia la autodestrucci\u00f3n. De ah\u00ed que se hayan resistido a adaptarse al \u201ccultivo\u201d (\u00a1qu\u00e9 inapropiado e irrespetuoso el t\u00e9rmino!), que permanezcan en el \u00fatero protector de sus monta\u00f1as, esperando, esperando\u2026<br \/>\nEntonces, ese d\u00eda, despu\u00e9s que las decenas de hongos ardientes hayan elevado sus sombrerillos sobre el solar calcinado de las ciudades; cuando, varios siglos despu\u00e9s, se desvanezca la nube de polvo que anuble el sol, y lluvias m\u00f3rbidas aneguen de nuevo las cubetas de los lagos, secos hasta sus cimientos; cuando extra\u00f1as mutaciones en la materia org\u00e1nica originen nuevas especies, y la tierra vomite ej\u00e9rcitos de hormigas y del mar salgan peces anfibios, entonces, s\u00f3lo entonces, los \u201cshintao\u201d despertar\u00e1n de su letargo y tal vez recordar\u00e1n, con una especie de memoria at\u00e1vica, que una vez fueron algo m\u00e1s que una l\u00ednea fallida de la evoluci\u00f3n.<br \/>\nO mejor no. Sin el lastre de las err\u00f3neas experiencias pasadas, iniciar\u00e1n a lo largo de milenios su lento caminar \u2013uno m\u00e1s de los que la Tierra ha sido mudo testigo- y crear\u00e1n quiz\u00e1s otras formas de comunicaci\u00f3n en idiomas que ahora no podemos ni imaginar y otras formas de expresar la belleza con notas inauditas y colores ultraespectrales.<br \/>\nNinguno de nosotros estar\u00e1 all\u00ed cuando esto suceda, pero nos hemos impuesto como misi\u00f3n protegerlos de la ambici\u00f3n, la avaricia y el exterminio. Y qui\u00e9n sabe si nuestros constantes rezos y c\u00e1nticos y palabras de paz se infiltren bajo la tierra y lleguen a sus sentidos, atrofiados por siglos de autismo, y puedan renacer con un alma m\u00e1s pura, m\u00e1s piadosa y m\u00e1s compasiva que los hombres a los que sustituir\u00e1n&#8230;<\/p>\n<p>Yo, el monje Tsung-He, as\u00ed lo creo y \u00e9ste es mi desaf\u00edo.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Casi nadie se aventuraba a cruzar las peladas Monta\u00f1as de Kuen-Lun, en las que el viento silba como un afilador y aguza las aristas de sus rocas que destellan al sol como talladas en diamante.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=33"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=33"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=33"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=33"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}