{"id":37,"date":"2006-02-27T15:38:49","date_gmt":"2006-02-27T14:38:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=37"},"modified":"2006-02-27T15:38:49","modified_gmt":"2006-02-27T14:38:49","slug":"17-el-coleccionista-de-recuerdos-por-leonardo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=37","title":{"rendered":"17- El coleccionista de recuerdos. Por Leonardo"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Parece como si a\u00fan lo viera ah\u00ed sentado, en una de las mesas del club de ajedrez y bar para ancianos El Oro Negro: siempre al lado de la pared, junto a un caf\u00e9 con leche condensada \u2013su bebida favorita\u2013 y un libro entre las manos.<!--more--> Desde el primer momento me impresion\u00f3 la enorme dignidad con la que, a pesar de su juventud, sobrellevaba su aspecto bohemio: pelo largo y lacio, lentes redondas, chalecos gastados y una larga gabardina con un agujero desesperanzador en la tela del reverso.<br \/>\nSeg\u00fan me cont\u00f3 uno de aquellos d\u00edas, asist\u00eda a la universidad y mataba all\u00ed el tiempo. Hubo una \u00e9poca en la que coincid\u00edamos cada d\u00eda. Durante los tres meses que lo trat\u00e9 discutimos muchas cosas, pero supongo que nunca llegu\u00e9 a entenderlo del todo hasta que acced\u00ed a uno de sus secretos m\u00e1s \u00edntimos. Parte de la semana estuvimos hablando sobre la capacidad de recordar del ser humano, un tema que ya hab\u00edamos utilizado en anteriores encuentros, aunque nunca con la intensidad de aquellos d\u00edas. La cuesti\u00f3n no pod\u00eda ser m\u00e1s sencilla: debat\u00edamos hasta qu\u00e9 punto le era posible a cualquier persona acceder a uno de sus mejores recuerdos.<br \/>\n\u2013Me alegro de que estemos hablando de esto \u2013me dijo\u2013, porque en lo que a ello concierne, he hecho un gran avance personal al que muy seguramente nadie ha llegado. Es uno de mis tesoros, magn\u00edficamente guardado y de muy pocos conocido.<br \/>\nAl otro d\u00eda me recibi\u00f3 con una sonrisa, envuelto en el humo de su pipa. Ten\u00eda un peque\u00f1o papel doblado sobre la mesa, que a veces deslizaba entre los dedos. Me sent\u00e9 frente a \u00e9l y ped\u00ed un caf\u00e9 con leche. Inmediatamente, desenvolvi\u00f3 el papelito y revel\u00f3 las apretadas l\u00edneas que en \u00e9l hab\u00eda escritas:<br \/>\n\u201cCuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, m\u00e1s fr\u00e1giles, m\u00e1s vivos, m\u00e1s inmateriales, m\u00e1s persistentes y m\u00e1s fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho m\u00e1s, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas del todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo.\u201d<br \/>\n\u2013Esto es de Marcel Proust \u2013a\u00f1adi\u00f3\u2013 y puede servir de manifiesto te\u00f3rico de mi peque\u00f1o secreto.<br \/>\nEstaba intrigado, y \u00e9l pareci\u00f3 notarlo. Se levant\u00f3 y dijo:<br \/>\n\u2013Vivo en una pensi\u00f3n cercana, y me gustar\u00eda ense\u00f1arte c\u00f3mo he conseguido construir una compilaci\u00f3n de mis mejores recuerdos.<br \/>\nLlegamos enseguida a aquel piso, que en algunas partes se estrechaba hasta puntos inveros\u00edmiles. Si algo destacaba en \u00e9l era la curiosa mezcla de polvo y de libros. La mayor\u00eda de los muebles, pocos, estaban remendados. Lo mejor era sin duda el balc\u00f3n, que proporcionaba una hermosa vista de la calle Aribau.<br \/>\n\u2013No hay nada como sentarse aqu\u00ed cuando cae la noche \u2013me dijo\u2013, y experimentar uno de los muchos recuerdos que tengo.<br \/>\nBusc\u00f3 entre sus libros y en uno de ellos \u2013creo que eran poemas de Baudelaire\u2013 encontr\u00f3, mezclada entre las p\u00e1ginas, una llave n\u00edtida y dorada. Abri\u00f3 con ella un mueble y no tuve palabras para lo que pude ver: en tres plataformas de madera, se ordenaban en filas toda una serie de peque\u00f1os botecitos, de distintos colores, cada uno de ellos con una etiqueta.<br \/>\n\u2013Habr\u00e1 unos cuarenta \u2013precis\u00f3, poni\u00e9ndose a un lado para que pudiera contemplarlos mejor\u2013, pero ya tengo en mente muchos otros. Escoge el que quieras.<br \/>\nMe percat\u00e9 de que los t\u00edtulos de las etiquetas, escritos a bol\u00edgrafo oscuro con admirable caligraf\u00eda, eran cuando menos bastante curiosos. De una sola mirada repas\u00e9 varios de ellos: Mercado de Badalona (1984\u201386), La plaza de la calle Miret (sobre 1989), Paseos por Can Solei (1984\u201387), La Paz: tardes en casa de la abuela (sobre 1986)&#8230; Finalmente se\u00f1al\u00e9 un bote que estaba algo m\u00e1s all\u00e1 \u2013y que indicaba a\u00f1os m\u00e1s recientes\u2013: Reuniones en el Grupo de Poes\u00eda (1997).<br \/>\nDesenrosc\u00f3 suavemente su tapa. Lo oli\u00f3 durante unos segundos, con los ojos cerrados, y despu\u00e9s me lo pas\u00f3. Se trataba de un perfume de calidad, con un tono acentuado a lim\u00f3n que resultaba muy agradable.<br \/>\n\u2013Ya te dije que hace dos a\u00f1os estuve en el Grupo de Poes\u00eda de la facultad. Nos reun\u00edamos cada martes, para leer poemas y preparar una revista. Todo termin\u00f3 a punto de finalizar el curso, porque quien dirig\u00eda el asunto se enfad\u00f3 y dej\u00f3 de venir. Sin embargo, guardo de aquellos martes por la tarde un grato recuerdo, unos momentos muy buenos cuya intensidad nunca me gustar\u00eda perder. El perfume que acabas de oler es un Trifardi y se lo pon\u00eda una chica que se sentaba siempre a mi lado. Su estela me envolv\u00eda cuando le\u00edamos los poemas, y su olor qued\u00f3 como registro principal de este recuerdo. Me cost\u00f3 mucho identificarlo, al igual que casi todos los recuerdos que puedes observar aqu\u00ed. Han sido muchos d\u00edas por perfumer\u00edas de los centros comerciales, donde se tolera sin molestias que compruebes el g\u00e9nero, y donde con frecuencia es f\u00e1cil sustraerlo.<br \/>\nLo ol\u00ed una vez m\u00e1s. Mientras enroscaba de nuevo la tapa, me anim\u00f3 a que probase otro.<br \/>\nSe\u00f1al\u00e9 La playa de Murcia (1998).<br \/>\n\u2013\u00c9ste \u2013coment\u00f3, mientras dejaba que yo lo destapara\u2013 se refiere m\u00e1s bien a las noches en que recorr\u00eda el paseo, junto al mar, cuando estuve de vacaciones con unos amigos. Cada vez que lo huelo tengo ante m\u00ed aquel cielo casi violeta surcado por la luna, como sacado de una hermosa ilustraci\u00f3n, y debajo las olas serenas, mientras las farolas del paseo iluminaban nuestro pasos. Para componer este olor pens\u00e9 primero en un peque\u00f1o caparaz\u00f3n de ermita\u00f1o, o en una estrella de mar, que desped\u00edan casi a la perfecci\u00f3n la fragancia salada de una playa. Sin embargo, en una visita a los tenderetes de las Ramblas pude encontrar una esencia de algas que me entusiasm\u00f3, porque es el vivo reflejo de aquellos momentos.<br \/>\nEn efecto, el olor a mar y a playa no era tan \u00e1spero como podr\u00eda haberlo sido el de una estrella seca. No pude evitar tener unos momentos m\u00e1s bajo mi nariz aquella fragancia, que a m\u00ed tambi\u00e9n me comportaba ciertos recuerdos. Dej\u00e9 el bote cuidadosamente en su sitio. Mi dedo ahora apunt\u00f3 hacia una etiqueta semejante, aunque algo m\u00e1s audaz: Las noches en casa de Margarita (1995). Su rostro ensay\u00f3 una sonrisa al darse cuenta de mi intenci\u00f3n.<br \/>\n\u2013\u00c9ste es uno de los que m\u00e1s me ha costado encontrar. Margarita era una chica que me dejaba subir a su casa por las noches. No ten\u00eda hermanos y sus dos padres trabajaban. Fueron unas noches absolutamente memorables. Cuando quise encontrar la esencia de su recuerdo, consider\u00e9 diversos olores. Algunos los descart\u00e9 por demasiado vulgares. Otros, como por ejemplo el del azahar que ten\u00eda en su ventana, se confund\u00edan con recuerdos que yo ya hab\u00eda preparado. Finalmente resolv\u00ed que era mucho mejor tener en cuenta el dulce suavizante de sus s\u00e1banas, que tanto acompa\u00f1\u00f3 nuestros abrazos. Durante una temporada recorr\u00ed los supermercados destapando discretamente las botellas de suavizante, hasta que encontr\u00e9 el correcto.<br \/>\nAquel suavizante produc\u00eda un marcado olor a rosas. Cuando lo devolv\u00ed a su lugar \u2013entre La pensi\u00f3n de Salamanca (1995) y Viaje a Zaragoza (1996)\u2013 me dispuse a se\u00f1alar muchos otros, que \u00e9l coment\u00f3 detenidamente. As\u00ed, Paseos por Can Solei (1984\u201387) estaba compuesto por esencia de eucalipto, al parecer lo que m\u00e1s abundaba en el parque donde iba con sus padres. Ensayos (1994) ol\u00eda a esencia de pino, y hac\u00eda referencia a las tardes que pas\u00f3 en un pueblo escuchando a un grupo de m\u00fasica formado por amigos suyos. Olimpiadas (1992) deb\u00eda su t\u00edtulo a la \u00e9poca en que se produjo ese recuerdo, que en realidad tuvo lugar en un merendero cruzado por un r\u00edo y envuelto en una vegetaci\u00f3n frondosa, en donde se destacaba el olor a romero. Las ma\u00f1anas de quinto (1989) le requiri\u00f3 tambi\u00e9n meses de trabajo para encontrar el ambientador que se utilizaba en su clase y le desplazaba directamente hacia aquellos \u201cfrescos d\u00edas\u201d. El Ateneo (1992) consist\u00eda en el aroma de los geranios del lugar donde le concedieron un premio gracias a una redacci\u00f3n. Con incienso de c\u00e1\u00f1amo consigui\u00f3 la esencia de La casa de Ricardo (1995), donde se reun\u00eda con algunos amigos para fumar marihuana.<br \/>\nEntonces me di cuenta de que deb\u00eda marcharme. Le agradec\u00ed que me hubiera ense\u00f1ado aquella colecci\u00f3n, y que por un momento me hubiese hecho part\u00edcipe de sus recuerdos. Cerr\u00f3 de nuevo el mueble con la llave, y antes de despedirme me dijo que cuando yo lo deseara pod\u00eda volver a contemplar su colecci\u00f3n, pues seguramente habr\u00eda sido enriquecida con nuevos recuerdos. Sin embargo, con la llegada de los ex\u00e1menes no me qued\u00f3 m\u00e1s remedio que dejar de aparecer por El Oro Negro. Cada vez lo vi con menor frecuencia, e incluso termin\u00e9 por no tener ning\u00fan contacto con \u00e9l. Imagino que ahora su colecci\u00f3n constar\u00e1 por lo menos de un centenar de peque\u00f1os botes, cada uno con el color de un momento ya pasado.<br \/>\nSin embargo, muchas veces pienso en aquel mueble, y a\u00fan recuerdo la vibraci\u00f3n especial con la que sal\u00ed de su piso, la cual se mantuvo hasta que termin\u00e9 las clases por la tarde. Me dirig\u00ed r\u00e1pidamente a casa, y en el cuarto rebusqu\u00e9 a conciencia entre mis cajones. Cuando casi no albergaba ninguna esperanza, di finalmente con lo que quer\u00eda encontrar: un frasco de colonia estrecho, oblongo, con el tap\u00f3n y la parte superior de pl\u00e1stico gris metalizado, y en el vidrio el nombre de Aca Joe escrito en letras blancas \u2013aunque estuve tentado de ponerle una etiqueta encima\u2013. Lo destap\u00e9 y una vez m\u00e1s ol\u00ed aquella fragancia limpia con su caracter\u00edstica dulzura \u00e1cida. Enseguida pude verme con los polos que sol\u00eda vestir en mi primer a\u00f1o de facultad, caminando por Consejo de Ciento antes de que empezara la clase de lat\u00edn. Tuve tambi\u00e9n a mi alcance el tono ins\u00f3lito que todav\u00eda guardaban para m\u00ed aquellos muros y las hojas de los \u00e1rboles que asomaban por encima en el color gris de la ma\u00f1ana, un tono que por entonces ya hab\u00eda perdido y que sin ning\u00fan motivo hab\u00eda pensado irrecuperable hasta aquel d\u00eda.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Parece como si a\u00fan lo viera ah\u00ed sentado, en una de las mesas del club de ajedrez y bar para ancianos El Oro Negro: siempre al lado de la pared, junto a un caf\u00e9 con leche condensada \u2013su bebida favorita\u2013 y un libro entre las manos.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/37"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=37"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/37\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=37"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=37"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=37"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}