{"id":47,"date":"2006-03-04T12:56:57","date_gmt":"2006-03-04T11:56:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=47"},"modified":"2006-03-04T12:56:57","modified_gmt":"2006-03-04T11:56:57","slug":"24-yo-te-conozco-por-el-pintor-de-orillas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=47","title":{"rendered":"24-Yo te conozco.  Por El pintor de orillas"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Yo te conozco mi vida, mi prosa, voluptuosa cumbre emancipada. Oh, tus cambios de adem\u00e1n, sinceros, apabullantes y roedores de mi alma lisonjera. Oh, tus nocturnas apariciones, c\u00f3mo quisiera ser t\u00fa. <!--more-->Yo te conozco mi vida, mi prosa. Entre oto\u00f1ales rastrojos de dulzura. Me entregu\u00e9 a ti, te conozco. Por donde anida la cordura jam\u00e1s he intentando pasar de largo, y a pesar de todo, sigo perdiendo el tren en las estaciones. De paso, viajo hacia ti, porque yo te conozco m\u00e1s que nadie. Te espiaba en las sombras de aquellas aulas de t\u00e9mpera donde enfrascados se estremec\u00edan los remolinos de mi pasi\u00f3n ingenua. F\u00e9rreas estructuras me recompensaban a tu paso, porque te conozco y te envidio. Quisiera ser t\u00fa, mostrarme en tu camisa con los pechos erguidos y descompasados, meci\u00e9ndome en ti, quisiera ser t\u00fa y otorgarte la premura inquieta de una flor meliflua que fenece en este d\u00eda marchito. Madrid era tan grande y yo\u2026 yo te conozco. Porque sal\u00eda a pasear cada noche con la insolente esperanza de deslizarme por las alcantarillas como un vertido s\u00f3lido y repugnante. Aparecer as\u00ed, zas, en tu vida, mi prosa, oh, mi amor, mi incomprensible muchacha de piedra. Vetusta y macilenta en sus desvar\u00edos, c\u00f3mo me observabas cuando exasperado callaba ahogando las l\u00e1grimas en un sollozo pueril. As\u00f3mate a mi desapego. Mi ninfa, ot\u00f3rgame a Aix, nodriza sin reproches. S\u00ed, amamantarme sin concesiones y colmar el cuerno despose\u00eddo de frutas y flores sin n\u00e9ctar, Amaltea. S\u00fabeme a las estrellas en tu unicornio primog\u00e9nito pues yo te conozco, tan callada. Pergamino enredado en mis ojos que alimentaba mis fantas\u00edas de ni\u00f1o. Te conozco en los d\u00edas, te observaba, te temo. Pues tus miradas eran venganza que me despojaba del aplomo y me arrojaba contra las paredes de aquella habitaci\u00f3n ensombrecida. Disfrazarme, s\u00ed, de loco, de buf\u00f3n en la noche. Mi testigo la luna opalina, cubrirme el rostro quiz\u00e1s. Asirme fuerte a la muerte, dulce de leche, no s\u00e9 lo que es, desconozco y aborrezco los melindres, mi amor. Atreverme, no puedo, apretar mi gatillo, sucio, saltar al vac\u00edo. Recuerdo paseos anhelantes a orillas del Ganges, entre los mu\u00f1ecos sin vida que flotaban en su negra espesura, deformes, hinchados, henchidos y ufanos en su mortalidad, desmembrados. Oh, n\u00e9ctar de naranja \u00e1cida, sustancial. Recuerdo paseos \u00edntimos, bocanadas frugales a orillas del Sena y mi cuerpo muerto flotando, ufano de tu mano, c\u00f3mo acariciabas mi mejilla est\u00fapida y complaciente, c\u00f3mo sonre\u00edan tus labios farisaicos. Empujar el gatillo, recuerdo, mi fiel asidero, qu\u00e9 r\u00e1pido pasan las horas y el ca\u00f1\u00f3n en la sien es tan fr\u00edo, qu\u00e9 dulce su tacto de hierro, como tu frente, amor m\u00edo, mi amada. Sin detenerme escalar\u00e9 el muro y te susurrar\u00e9 palabras desquiciadas sin remordimiento. Madrid es tan grande. Par\u00eds, tan lejana. Roma incomprensible, encaramarme sin descanso, tal vez, a los arcos floridos de la V\u00eda del Pellegrino, despojarme de sus ventanas y escalinatas, amor m\u00edo. Por ver en tu rostro asomarse una leve sonrisa, que no se aneguen mis p\u00e1rpados con la sal que derraman. Cenar en Via Luigia, recomponernos en una morada siniestra, recompensarnos. Estremecernos y naufragar en el T\u00edber. Viernes me llamar\u00e1s, mi amor, mi verso. Delirio enmascarado por nen\u00fafares ins\u00f3litos, destartalados. Polilla estremecida si me quemo en tus labios p\u00farpura, como la fachada de los incomprensibles cuadros de la ciudad medieval de Gubbio. Mi poetisa adorada. Espuelas en mi costado me desgarran, me asestas tres pu\u00f1aladas y muero en tus brazos, Salom\u00e9 despu\u00e9s de haberme dado la vida. Despu\u00e9s de la dicha de asumir mis demonios con un hilo de saliva que ahora se adormece reseca en la comisura de mis labios hu\u00e9rfanos. Dame tiempo para ser perezoso enredado en tus s\u00e1banas, la \u00faltima vez, date tiempo, aband\u00f3nate en la esquina de la estancia, abandona mis manos, la \u00faltima vez, que pueda sentir como escapan mojigatas las frases de abulia con que obsequias mi entrega, oh, Artemis, tu ciervo devorado espera impaciente a que des la se\u00f1al, pues soy yo quien me asesto el \u00faltimo mordisco por infligirme la pena de admirar tu virginal desnudez. Me desangro ignoto en el bamboleo de tus entra\u00f1as. Relami\u00e9ndome las pezu\u00f1as ignoraba cu\u00e1l era el sentido de tus miradas ciclot\u00edmicas. Quise ser t\u00fa, mi princesa de sangre, asimilar tu cuerpo y tu costado, desposeerme, amordazarme. Entrar en tus piernas en silencio, dar un portazo final para despertar de esta duermevela feroz. Quisiera ser t\u00fa y no puedo. No puedo esforzarme en balde y dejar el encantamiento sagrado al delirio del vendaval. No puedo observar como las chimeneas eyaculan el humo fecundo de mi tristeza sin inventar p\u00e9rfidas excusas que se vuelvan contra m\u00ed, oh, Roxana. Diva incombustible y mordaz, tan inteligente y tan insensata en tu desprecio. Bailando para m\u00ed bajo la lluvia, sobre el barro de una huerta en la que cultivaba mi incertidumbre. Y dio sus frutos. Regarte y verte crecer, atraparte en una burbuja opaca, sin temor a represalias. Oh, mi ni\u00f1a con voluntad de mujer, mi triste sonata para piano, oh, mi rom\u00e1ntica muerte acech\u00e1ndome en las escaleras del recibidor, petit madame. Yo te conozco como nadie, alquimista, en la mezcolanza de los sentidos abrumados. Peque\u00f1a dama cruel. Ser Ares en este instante, oh, mi Afrodita, enraizarme en la tierra de leche donde ten\u00edan cabida nuestros imprudentes adulterios que eran castigados sin remisi\u00f3n. Echar abajo los muros que separan la muchacha de la hembra, echarlos abajo y retozar en sus ruinas, hacerme presa de los escombros. Recuerdo paseos \u00ednfimos, algazaras brutales a orillas del limbo y mi cuerpo enmudecido temblando, ufano de tus pechos exquisitos, c\u00f3mo acariciabas mi espalda desnuda y yerta, c\u00f3mo sonr\u00eden ahora mis dedos homicidas. Empujar el gatillo, recuerdo, mi fiel acantilado, qu\u00e9 r\u00e1pido pasan los segundos y el ca\u00f1\u00f3n en la piel est\u00e1 tan vac\u00edo que hay que llenar, qu\u00e9 dulce su espasmo de acero, como tu vientre oscuro, c\u00f3mo late, amor m\u00edo, mi amada, c\u00f3mo muero. Quisiera ser t\u00fa desde mi oscuridad eterna, pues yo te conozco como nadie en la vida te ha conocido, te observaba, te asimilaba. Te adoraba y ahora agarras mi cuello inerte para alzarlo sin aspavientos, mansa e impert\u00e9rrita, imperturbable en los siglos, ni\u00f1a esculpida en el bronce podrido de mis d\u00edas. Bals\u00e1micas son las horas en que llego a fenecer en tus manos, inerte, atenazado por el silbido de las gaviotas que andan buscando su orilla en esta ciudad que nunca tuvo mar. Viajar en tu nave, nodriza m\u00eda. Espantar a las aves que intentan anidar en mi frente maltrecha. Hambre de pobre, pan fermentado en el calor de un cuarto oscuro que te entrego sin condiciones. Por ver tu silueta dibujarse en las amarillentas cortinas de un hotel encarnado, la \u00faltima vez. Bailando para m\u00ed, meciendo el talle de tu figura c\u00f3mplice. M\u00e1rmol indiferente que hiela mi sangre derramada por las alcantarillas como un vertido l\u00edquido y reverberante. Aparecer as\u00ed, zas, en tu silla de madera destartalada, mi desvar\u00edo, desaliento de los antiguos dioses, mi incomprensible mujer, mi Eneida. Vetusta y macilenta en tus desvar\u00edos, c\u00f3mo me observas cuando callo exasperado, ahogando las l\u00e1grimas en un sollozo pueril. Quisiera ser t\u00fa, pues yo te conozco, te he conocido siempre, como nadie en la vida lo ha hecho.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo te conozco mi vida, mi prosa, voluptuosa cumbre emancipada. Oh, tus cambios de adem\u00e1n, sinceros, apabullantes y roedores de mi alma lisonjera. 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