{"id":57,"date":"2006-03-06T18:50:15","date_gmt":"2006-03-06T17:50:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=57"},"modified":"2006-03-06T18:50:15","modified_gmt":"2006-03-06T17:50:15","slug":"33-rarezas-por-ricardo-reis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=57","title":{"rendered":"33- RAREZAS.  Por  RICARDO REIS."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Estamos tan acostumbrados a existir que los hechos m\u00e1s sorprendentes de la vida nos pasan desapercibidos. S\u00f3lo si nos paramos a contemplar y reposamos la vista sobre lo usual podremos percatarnos de que eso que llamamos rutina tiene poco de repetici\u00f3n, y mucho de recreaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\">.<!--more--><\/font><\/p>\n<p>Despertar. Recordar alg\u00fan sue\u00f1o y sentirme mal o bien. Extra\u00f1arse de lo enrevesado de lo so\u00f1ado y preguntarse por el origen de tanto enmara\u00f1amiento. Sentir que yo soy yo y no otro es algo que solo se puede sentir, no se puede pensar. Si se piensa pierde su tensi\u00f3n, su matiz vertiginoso.<br \/>\nPartir hac\u00eda el trabajo. Arrancar el coche, cilindros, pistones, buj\u00edas, mec\u00e1nica en general, el primer coche del mundo \u00bfCu\u00e1ndo fue? Me agarro al volante y acelero en las curvas para que el coche agarre. El hombre y la m\u00e1quina. Cierto poder me embarga, cierta satisfacci\u00f3n. Enciendo la radio, ondas musicales, acortamiento de las distancias.<br \/>\nYa ves que es posible sorprenderse a cada paso. Sigamos.<br \/>\nUn caf\u00e9. Activaci\u00f3n. Comienzo a despachar clientes. Medio kilo de manzanas, dos de tomates. Rojos, verdes, amarillos, miente el arco iris, los colores son infinitos. Procuro no crisparme con algunas frases desabridas provenientes de clientes malintencionados. S\u00f3lo colores, reparto colores. Tres kilos de naranja para ti, tres de marr\u00f3n para usted. La se\u00f1ora que espera su turno en la puerta enciende un ducados y exhala el humo hac\u00eda la calle procurando no molestar. Viene con el delantal puesto, vive cerca. Su piel ajada y su rictus resignado denotan mala vida. Pasa el mundo entero en una sola ma\u00f1ana, reacciones universales, frases traducibles a cientos de idiomas, semblanzas de todo tipo que se pueden ver en cualquier establecimiento. Aqu\u00ed, en mi tienda, todo pasa. Todo muere y vuelve a nacer de igual manera, con su ciclo perfecto de imperfecciones encadenadas. Cierro el port\u00f3n, me mancho con un poco de \u00f3xido la mano: marr\u00f3n, h\u00famedo, pegajoso. Me limpio con un trapo.<br \/>\nComer. Necesidad convertida en rito para algunos, obst\u00e1culo hacia otra cosa para otros. Cortar, pelar, calentar, guisar, preparar, la historia del hombre es una evoluci\u00f3n que va de lo crudo a lo cocinado, de lo virgen a lo elaborado. Lo que antes era comida sin m\u00e1s ahora puede ser arte culinario, lo que anta\u00f1o fue coger por los pelos y penetrar ahora est\u00e1 repleto de proleg\u00f3menos, de caricias y afectos.<br \/>\n1596. Una fecha. Un a\u00f1o. En este caso el del nacimiento de Ren\u00e9 Descartes. Estoy preparando los ex\u00e1menes de acceso a la universidad para mayores de veinticinco a\u00f1os. Leo, memorizo, y hago cuentas. Ya han pasado 499 a\u00f1os. \u00bfC\u00f3mo concebir la existencia de otros en otro tiempo? Amsterdam, bonita ciudad donde vivi\u00f3 nuestro fil\u00f3sofo cartesiano, all\u00ed escribi\u00f3 sus obras, all\u00ed orient\u00f3 a Europa a pensar con orden y m\u00e9todo. \u00bfC\u00f3mo ser\u00edan los canales por aquella \u00e9poca? Supongo que no habr\u00eda coffe shops por entonces, prostitutas, seguro que s\u00ed, siempre las ha habido. Sacudo la cabeza, leer, memorizar. Quiero aprobar, dejar la tienda, buscar salidas.<br \/>\nObserva las miles de ramificaciones de cada pensamiento, de cada idea, las millones de posibilidades que podr\u00edan haber sido pero que nunca ser\u00e1n. Todas est\u00e1n ah\u00ed, esperando para ser pensadas. \u00bfRaro, verdad? Para volverse loco.<br \/>\nUna infusi\u00f3n. Az\u00facar no, sacarina. Tintineo, dejar la cucharilla sobre el plato y sorber. Quema. Calor. Necesito un abrazo. Carolina se fue, le dieron una beca para estudiar en el extranjero. Su olor se qued\u00f3, todav\u00eda no consigo desprenderme de \u00e9l, por mucho que aspire en otras pieles, su aroma persiste como una maldici\u00f3n. El enamoramiento es algo totalmente sensorial: pupilas dilatadas, un olor que se inserta en nosotros, el tacto multiplica su sensibilidad, cualquier sonido parece m\u00fasica y todo nos sabe a gloria. Tambi\u00e9n pasar\u00e1. As\u00ed como se sacia el hambre y se desvanece el sue\u00f1o. En cambio, esta sensaci\u00f3n de extra\u00f1eza, este estar aqu\u00ed sin saber como ni porqu\u00e9 no tiene salida, no tiene por donde escapar. El dolor, la tristeza, el cansancio, la alegr\u00eda, se localizan, proceden del hipot\u00e1lamo, de los m\u00fasculos, del sistema nervioso o de quien sabe que partes del cuerpo. Tienen origen, sabemos cuando nacen y cuando mueren. Pero lo raro, lo extra\u00f1o, lo que no sabemos explicar, eso que no duele ni causa sufrimiento, es a\u00fan peor. Porque no es sublimable, porque no podemos contarlo.<br \/>\nSuena el timbre. Mi amigo. Me siento mal, me acuerdo de Carolina, \u00e9l se sienta frente a m\u00ed, puedo contarlo. Sentir la extra\u00f1eza de las palabras saliendo por la boca, la ruta del sonido, la cueva del o\u00eddo; no puedo contarlo, es incomunicable, incompartible.<br \/>\nF\u00edjate bien, el mundo cambia a cada momento, t\u00fa no eres el mismo que empezaste a leer este cuento, algo en ti ha cambiado, una milim\u00e9trica parte, un tono nimio, algo imperceptible, pero pensable al fin. Sino como se explica esa sensaci\u00f3n de renovaci\u00f3n y renacimiento que nos inunda cuando una vez le\u00edda la \u00faltima p\u00e1gina de un libro, cerramos la tapa y respiramos henchidos para palpar nuestro nuevo yo. Como se explica sino el cambio que se produce en la mirada cuando se vuelve de un viaje. Como explicar esa sensaci\u00f3n de empeque\u00f1ecimiento que aborda al que pasa los d\u00edas sin tomar el plato principal de la vida. Bien consumi\u00e9ndonos, bien expandi\u00e9ndonos, vamos cambiando a cada instante. No te extra\u00f1es, o mejor s\u00ed. Quiz\u00e1 no ser\u00eda recomendable asimilar como naturales todas estas cosas, todos estos detalles, por que si as\u00ed fuera, ya no ser\u00eda extra\u00f1o, ya no sorprender\u00eda y acabar\u00eda formando parte del lado superficial de la normalidad.<br \/>\nHora de volver al trabajo. La tarde espera. Promete una puesta de sol, un paseo por el parque y una cena con amigos. Hago caja, billetes y monedas, papel y metal. El s\u00edmbolo. Nada sin dinero. Cien, cincuenta, veinte. Surto mi cartera, nunca se sabe. Esta vez no me mancho la mano al cerrar el port\u00f3n, la memoria, el aprendizaje, aquello de no tropezar dos veces. Se despide el d\u00eda ofreciendo un crep\u00fasculo de tonos rojizos y anaranjados. Respiro hondo. La belleza. El sol, dios que perdi\u00f3 su trono, ejemplo para el fuego. Al fin, la oscuridad, comienzan a encenderse las farolas. El verde del parque se tiende ante mis pies, los ni\u00f1os gritan, las madres tambi\u00e9n y yo cierro los o\u00eddos. Un banco, tablas de madera, un grabado: Mario y Luisa, 10-11-2003. Esa man\u00eda por dejar constancias, por pasar a la eternidad. La vanidad. \u00bfQu\u00e9 hubiera sido del arte sin la conciencia de la mortalidad? Me recojo entre mis propios brazos, hace fr\u00edo. \u00bfExistieron de verdad las glaciaciones? \u00bfCu\u00e1ndo ser\u00e1 la pr\u00f3xima? \u00bfQui\u00e9n la vivir\u00e1? Comienzo a andar, las palmeras parecen paraguas gigantes, un ni\u00f1o lanza una pelota que llega hasta mis pies, la recojo, sopeso su redondez y la lanzo. Jugar, prepararse para la vida, aprender a re\u00edr, a obedecer, a comprender, a repeler, a tantas cosas, y cuando por fin creemos saber algo, se acaba el tiempo. Lo han dicho tantos poetas, tantos fil\u00f3sofos; aun as\u00ed, cada vez que se piensa es inevitable esa sensaci\u00f3n: la de extra\u00f1eza.<br \/>\nComo estar\u00e1s comprobando, cualquier lugar puede ser el id\u00f3neo para darse un ba\u00f1o de rarezas. Y es que lo imperceptible no est\u00e1 en las cosas, est\u00e1 en nosotros, en la manera de graduar nuestro discurrir.<br \/>\nVuelta a casa. La ducha. El agua caliente corriendo por mi espalda. Placer. Jab\u00f3n, frotarse el cuerpo, hoy con rapidez, no hay tiempo. Otras veces, las velas, el incienso, sales de ba\u00f1o; de nuevo, la necesidad convertida en ceremonia, en gusto para los sentidos. Se acaba el aseo, toca elegir la ropa. Haciendo gala de mi condici\u00f3n masculina me devano los sesos para combinar un par de colores que conviertan mi vestimenta en un conjunto armonioso. Pantal\u00f3n negro, camisa amarilla. Todo para descubrir despu\u00e9s que estos colores se matan, que no casan. Habr\u00eda jurado que estos dos colores estaban de moda hace dos a\u00f1os. Pero la moda es- ya lo dijo Cort\u00e1zar- as\u00ed de vers\u00e1til, as\u00ed de arbitraria. O se lleva o no se lleva. Es muy sencillo, f\u00e1cil de comprender, pero no por ello deja de ser irritante. \u00bfCabe rareza mayor que la de concebir que lo que hace cierto tiempo resultaba agradable a la vista ya no lo sea? Como explicar al resto del mundo que a m\u00ed me gusta llevar pantal\u00f3n negro y camisa amarilla desde la primera vez que prob\u00e9 esa combinaci\u00f3n y que seguramente dentro de veinte a\u00f1os me seguir\u00e1 gustando. \u00bfEs que no cabe la constancia de gusto en la ropa? \u00bfNo cabe ser fiel a un estilo como se es fiel a cierta tendencia literaria, cierto estilo art\u00edstico o cierta ideolog\u00eda? \u00bfCOMO NO SENTIRSE EXTRA\u00d1O?<br \/>\nUn restaurante. Lugar de reuni\u00f3n. Aqu\u00ed se encuentran la gula y el preludio de la lujuria, que no es otra cosa m\u00e1s que el vino. Dar las buenas noches, repartir besos y apretones de manos. Comienza la conversaci\u00f3n, un trago, pasan los minutos y no paro de o\u00edr las frases de siempre, los mismos chistes f\u00e1ciles, las mismas preguntas. Aperitivos, otro trago. Dejo de escuchar, solo oigo: murmullos, palabras inconexas, el ardor de los que se pisan al hablar. Humo, cigarrillos, las mejillas se van sonrosando. Vuelvo a estar entre ellos y levanto mi copa para brindar por esta noche que se ofrece plena para dejar de pensar. La ebriedad, tan recomendada por S\u00e9neca y tan vituperada por m\u00e9dicos y campa\u00f1as publicitarias, es hoy mi salvaci\u00f3n, mi v\u00eda de escape, la \u00fanica forma posible de pertenecer a la masa y compartir la visi\u00f3n nict\u00e1lope de los que abarrotan las discotecas. En otras ocasiones, despu\u00e9s de otras cenas, he optado por no diluirme, por seguir concentrado en mi propio ser, sosteniendo la copa vac\u00eda en mi mano como quien aguanta la propia lucidez. Entonces, cuando esto ocurre, cuando se miran con frialdad los cuerpos que danzan y sudan mientras uno se mantiene inm\u00f3vil y seco, sobreviene la extra\u00f1eza para conminarme dulcemente a volver a casa. Pero esta vez, fue la parte achispada de mi cuerpo la que me invit\u00f3 a reunirme con el sue\u00f1o.<br \/>\nCreo que ya te habr\u00e1s dado cuenta de que esta historia no resulta extraordinaria. Todo el mundo tiene o acaba por tener un trabajo, todo el mundo se enamora y desenamora, pasea por parques y sale a cenar con amigos. Lo singular, lo espec\u00edfico de la vida de cada cual lo pone la mirada que empleamos para observarnos a nosotros mismos y a los dem\u00e1s. No basta con ver, hay que mirar. Lo raro, lo extra\u00f1o, aquello que puede exaltarnos y hacernos sentir \u00fanicos y hasta asomados a un abismo hay que buscarlo, no se presenta sin m\u00e1s.<br \/>\nMi cama. Por fin el descanso. El mareo se va desvaneciendo. Dulce sopor. Entrega al sue\u00f1o. REM. Una imagen se instala en mi mente, s\u00f3lo veo piezas que caen y van encajando unas con otras cuando llegan al suelo, yo soy el encargado de ir coloc\u00e1ndolas en la posici\u00f3n adecuada para que cuando tomen contacto con otras piezas encajen perfectamente. Las hay que parecen eles, otras son crucetas, las que m\u00e1s, una especie de serpientes como las de las se\u00f1ales de tr\u00e1fico que indican curvas. Mucha tensi\u00f3n, no paran de caer piezas. Despierto sudado, todav\u00eda no es de d\u00eda, respiro aliviado y recuerdo el sue\u00f1o. Entre fascinado y extra\u00f1ado me acomodo de nuevo para retomar el descanso. Ma\u00f1ana ser\u00e1 otra partida.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estamos tan acostumbrados a existir que los hechos m\u00e1s sorprendentes de la vida nos pasan desapercibidos. 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