{"id":58,"date":"2006-03-06T18:53:44","date_gmt":"2006-03-06T17:53:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=58"},"modified":"2006-03-08T15:24:55","modified_gmt":"2006-03-08T14:24:55","slug":"34-abriendo-puertas-por-hera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=58","title":{"rendered":"34- Abriendo puertas.  Por  Hera"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">L\u00e1grimas inundaron mis ojos y te abrac\u00e9 sabiendo que a partir de entonces, podr\u00eda hacerlo siempre.<\/span><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Sentada en un banco con mi billete en la mano, bajo la luz c\u00e1lida del mediod\u00eda que lo envolv\u00eda todo, ansiaba el momento de subir al tren. Estaba nerviosa, como si de ese viaje dependiera mi futuro, o al menos, alguna parte importante de mi vida.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\"><!--more--><\/font><\/p>\n<p>Cruc\u00e9 mis piernas y me recost\u00e9 sobre el respaldo. Los pensamientos se suced\u00edan en mi mente como fotograf\u00edas: infancia, adolescencia, juventud\u2026 Gran cantidad de recuerdos brotaban como impulsos el\u00e9ctricos desde el caj\u00f3n de mi memoria. Pensaba en el largo camino recorrido hasta llegar a esa estaci\u00f3n, hasta llegar a tomar la decisi\u00f3n de abandonarlo todo, y me dio un vuelco el coraz\u00f3n, \u00bfo quiz\u00e1s era la raz\u00f3n lo que me oprim\u00eda el pecho en ese momento? De pronto, ten\u00eda la certeza de estar cometiendo un error, de alg\u00fan tipo, algo no encajaba en todo aquello. Una sensaci\u00f3n de ingravidez me embarg\u00f3, por un momento cre\u00ed caer al vac\u00edo desde aquel banco solitario que ofrec\u00eda vistas a la v\u00eda. En ese mismo instante una torpe maleta tropez\u00f3 con mi tobillo, y un lo siento de su elegante propietaria me rescat\u00f3 de la ca\u00edda sin final que estaba experimentando. Viajeros cargados con sus bultos desfilaban delante de m\u00ed al comp\u00e1s del ruido que las maletas con ruedas hac\u00edan sobre el pavimento. Inm\u00f3vil, observ\u00e9 como todos sub\u00edan al tren, parec\u00eda que mi cuerpo no respondiese a las \u00f3rdenes de mi mente, o quiz\u00e1s mi mente no era lo suficientemente convincente, pens\u00e9. El tren parti\u00f3 hacia su destino y pude ver c\u00f3mo se escapaba ante mis ojos. Mis ojos, llenos de una mezcla salina compuesta esta vez de rabia, duda e incomprensi\u00f3n, se desbordaron. A lo lejos el tren perdido; aqu\u00ed cerca, tan s\u00f3lo mis l\u00e1grimas y mi maleta. Reuniendo fuerzas, sin comprender mi propia reacci\u00f3n, me puse en pie y recog\u00ed la maleta. Algo no encajaba antes en mi mente, sin embargo en este momento algo meramente f\u00edsico no encajaba en mi brazo, me faltaba la tensi\u00f3n muscular caracter\u00edstica de cargar un peso. Como anestesiada por lo sucedido, lentamente deposit\u00e9 la maleta sobre el banco, esa c\u00e1rcel de metal que conspir\u00f3 conmigo misma para mantenerme inm\u00f3vil, y me apresur\u00e9 a abrirla. Las cremalleras estaban cuidadosamente aseguradas con un candado. No recordaba haber puesto un candado, pero encontr\u00e9 la llave sin dificultad en el bolsillo de mi abrigo y, en esa atm\u00f3sfera angustiosa, abr\u00ed mi maleta. Nada. No hab\u00eda nada en su interior. Me sent\u00ed desorientada por un momento y cre\u00ed perder el control. \u00bfC\u00f3mo era posible que mi maleta estuviese vac\u00eda? Todo se me antojaba fantasmag\u00f3rico y gris mirase donde mirase. Quise pensar que todo era mentira, que s\u00f3lo era una pesadilla y quise despertar. Y, en efecto, despert\u00e9, como si s\u00f3lo por haberlo deseado hubiera ocurrido.<\/p>\n<p>Al abrir los ojos me ceg\u00f3 la luz de mi l\u00e1mpara de lava, que proteg\u00eda mis noches de la oscuridad absoluta, y su movimiento me hipnotiz\u00f3 durante unos instantes, segu\u00ed con la vista esas bolitas que en su estrecha libertad ascend\u00edan hacia la parte superior, para un rato despu\u00e9s descender pl\u00e1cidamente hacia el foco de calor. Normalmente, cuando tengo una pesadilla y despierto, la grata sorpresa de la mentira vivida alivia todo terror psicol\u00f3gico, y me secuestra una sensaci\u00f3n de incertidumbre que pide como rescate un inventario de lo que es real y lo que ha sido sue\u00f1o. Y yo se lo entrego, sin m\u00e1s. Despu\u00e9s, cuando t\u00fa te despiertas, te cuento mis on\u00edricas aventuras, ambos re\u00edmos y nos hacemos mil preguntas sobre la complejidad de la mente, el significado y funci\u00f3n de los sue\u00f1os. Pero esa noche no estabas a mi lado. Un vac\u00edo colosal inund\u00f3 la habitaci\u00f3n a la vez que un leve escalofr\u00edo tom\u00f3 prestado mi cuerpo para advertirme una vez m\u00e1s de tu ausencia. Eran tan escasos los d\u00edas en que amanec\u00edamos juntos\u2026 De nuevo la soledad, amante ingrata, me acompa\u00f1aba. Cerr\u00e9 los ojos con la esperanza de que al volver a abrirlos habr\u00eda despertado de otro sue\u00f1o, esperanza por los vagos trazos de posibilidad dados por la forma de despertar del anterior. Como era evidente, segu\u00eda sola en mi cama, pero continu\u00e9 con los ojos cerrados. Quer\u00eda volver a ese sue\u00f1o, retomar el camino a la estaci\u00f3n, y ser due\u00f1a por un momento del gui\u00f3n que se redacta mientras duermo. Caminar\u00eda decidida a la estaci\u00f3n en la que tantas veces te abrac\u00e9 y te susurr\u00e9 un yo tambi\u00e9n justo antes de que pudieses decirme te quiero, simplemente porque sab\u00eda que lo dir\u00edas. Esto siempre dibujaba la misma sonrisa en tu cara, y tus ojos brillaban como la primera vez que lo hice, a pesar de repetirme en mi haza\u00f1a de leer tus pensamientos hasta la saciedad. Muchas veces lo hab\u00edas intentado t\u00fa, con malos resultados, puede ser que mi mente no fuese tan sencilla de leer. Quiz\u00e1s ahora no me sentar\u00eda en ese mismo banco, donde hemos discutido la \u00faltima vez que fui a despedirte, hace ya un mes. Insist\u00edas en que fuese contigo, y rechac\u00e9 la oferta, como tantas otras veces que lo propon\u00edas. Simplemente no te acompa\u00f1o porque no he tra\u00eddo equipaje, brome\u00e9. Pero no te hizo gracia. Sab\u00edas que no te acompa\u00f1aba por mi miedo, para m\u00ed justificado, de atarme a tu vida. La dependencia puede llegar a ser muy dolorosa si perdiese la droga que me ofertaban sus besos, me aseguraba a m\u00ed misma. Al menos, manteni\u00e9ndome en mi burbuja plagada de rutinas, podr\u00eda refugiarme en mi trabajo, o en cualquier otra cosa, por trivial que fuese, si alg\u00fan d\u00eda no regresaras a mi vida. Esto te incomodaba, lo sab\u00eda, pero lo repet\u00ed una vez m\u00e1s para que pudieras entender mi negativa. Tu contraataque fue previsible, y se clav\u00f3 en m\u00ed como se clava la verdad ante una excusa endeble. Nunca ser\u00e1s feliz si vives con miedo, dijiste, el placer de haberlo intentado, aunque fracase finalmente, ser\u00e1 probablemente mayor satisfacci\u00f3n que el vivir enjaulada para que el dolor pase de largo. Como una ni\u00f1a caprichosa a la que acaban de negar una nueva mu\u00f1eca, indignada de puertas afuera, me levant\u00e9 y camin\u00e9 hacia la salida. Tan s\u00f3lo me gir\u00e9 a unos metros de ti para decirte nunca lo entender\u00e1s. T\u00fa te levantaste y con un adem\u00e1n de desagrado terminaste con la situaci\u00f3n. Desde entonces no hemos hablado. Decidido, en el nuevo gui\u00f3n, me sentar\u00eda en otro banco. Cuando la elegante se\u00f1ora de la maleta se acercase, apartar\u00eda cuidadosamente mi pierna cruzada para evitar el tenue dolor del choque, me levantar\u00eda y subir\u00eda a ese tren, dejando mi maleta vac\u00eda a un lado, pues en mi nuevo sue\u00f1o no necesitar\u00eda equipaje que demostrase mi decisi\u00f3n. Todo ser\u00eda sencillo, tan s\u00f3lo necesitaba verte de nuevo y desentra\u00f1ar el amasijo de emociones que me embargan todos estos d\u00edas desde aquella hu\u00edda de lo evidente. El tren se pondr\u00eda en marcha, en uno de sus asientos descansar\u00eda una chica que tras haber rajado la cubierta de su burbuja, o tras haber atravesado las rejas de su jaula, habr\u00eda dejado en tierra orgullo y miedos. Mi orgullo y mis miedos. Quedar\u00edan sepultados en la maleta abandonada, asegurados con aquel candado brillante y desconocido de mi sue\u00f1o. La llave ya no estar\u00eda en mi bolsillo, sencillamente porque all\u00ed d\u00f3nde iba, no necesitar\u00eda recuperar nada de lo que custodiaba. Por una vez, me alejar\u00eda en un horizonte de v\u00edas f\u00e9rreas, de esperanzas renovadas, de entrega, de posibilidad, de ti.<\/p>\n<p>Abr\u00ed de nuevo los ojos. Me incorpor\u00e9. No s\u00e9 si el sue\u00f1o original tendr\u00eda algo que ver contigo, o simplemente, como suele suceder, ha sido un producto ambiguo de diferentes pensamientos durante el d\u00eda, pero la idea de transformarlo a mi gusto e incluirte me sorprendi\u00f3 intentando dormir y so\u00f1ar. Los recuerdos asaltaron mi mente, entremezcl\u00e1ndose con la realidad paralela que estaba creando. Nunca nada se me hab\u00eda revelado tan claro. Ahora siento la necesidad de tenerte cerca, a la que tanto hac\u00edas referencia cuando nuestras conversaciones se prolongaban hasta altas horas de la noche despu\u00e9s de una cena de despedida, en las que yo sol\u00eda disponer de tu interminable paciencia restando importancia a nuestros sentimientos, como escudo frente a la temible proposici\u00f3n de acompa\u00f1arte en un viaje tan s\u00f3lo de ida. Ahora siento que quiero abrir las puertas de mi vida y dejarte entrar por completo, permitirme pasear por el laberinto de tus ojos, perderme en \u00e9l y ni siquiera desear dar con la salida. Pasear, bailar y re\u00edr como tantas veces hemos hecho, y besarte, pero ya no m\u00e1s como una amarga despedida. No sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes, escuch\u00e9 en alguna ocasi\u00f3n. Otro escalofr\u00edo sacudi\u00f3 mi cuerpo al recordar esa frase. Ha pasado un largo mes, en el que no he tenido noticias tuyas, despu\u00e9s de aquella \u00faltima discusi\u00f3n a modo de despedida. Al principio pens\u00e9 que estar\u00edas molesto por lo ocurrido, siempre has detestado que te deje con la palabra en la boca, pero confiaba en una llamada telef\u00f3nica en la que ambos actuar\u00edamos como si no hubiese ocurrido nada. Pasados unos d\u00edas llegu\u00e9 a ver el tel\u00e9fono como un despiadado enemigo que s\u00f3lo sonaba para disparar balas de decepci\u00f3n al no escuchar tu voz. No era propio de ti terminar las cosas as\u00ed, aunque supuse que al fin la paciencia se hab\u00eda agotado en tu coraz\u00f3n condenado a vivir exiliado del que ama. En mi l\u00ednea de ni\u00f1a caprichosa ni siquiera me reconoc\u00eda a mi misma mi error, han sido muchos a\u00f1os evitando esas palabras que en mi interior regurgitaban de la misma forma que t\u00fa las pronunciaste, muchos a\u00f1os en que he estado silenci\u00e1ndolas a voluntad. S\u00e9 que podr\u00eda haber telefoneado yo, pero me sedujo m\u00e1s la idea de aplicar mi gran remedio contra el dolor, ponerlo a prueba al fin. Empec\u00e9 a desconectar de todo lo que me recordase a ti, mi trabajo se convirti\u00f3 en mi \u00fanica vida. No funcion\u00f3 de la forma que yo pensaba, como puedes ver. Tras un largo d\u00eda de trabajo me acost\u00e9 y so\u00f1\u00e9 que perd\u00eda un tren. Revoluci\u00f3n mental.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed estaba sola, sentada en mi cama, despu\u00e9s de so\u00f1ar dormida, despu\u00e9s de so\u00f1ar despierta, despu\u00e9s de divagar sobre el amor y sentir que te hab\u00eda perdido\u2026 pensando en que no deseaba nada m\u00e1s en ese momento que decirte lo siento. Fue entonces cuando son\u00f3 el timbre de mi puerta y adivinaste por primera vez lo que iba a decirte.<\/p>\n<p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>L\u00e1grimas inundaron mis ojos y te abrac\u00e9 sabiendo que a partir de entonces, podr\u00eda hacerlo siempre.Sentada en un banco con mi billete en la mano, bajo la luz c\u00e1lida del mediod\u00eda que lo envolv\u00eda todo, ansiaba el momento de subir al tren. 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