{"id":60,"date":"2006-03-08T15:32:39","date_gmt":"2006-03-08T14:32:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=60"},"modified":"2006-03-08T15:32:39","modified_gmt":"2006-03-08T14:32:39","slug":"36-amistad-en-tiempos-de-hambre-por-dr-rathimen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=60","title":{"rendered":"36- Amistad en tiempos de hambre.  Por Dr. Rathimen"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Era estrecha la calle, la mugrienta farola de luz pajiza daba impresi\u00f3n de que necesitaba higiene en sus fachadas. All\u00e1 por la mitad, por donde m\u00e1s se pon\u00eda cuesta arriba una gran puerta con miles de capas de pinturas y cientos de desconchones, hac\u00edan obligatoria la mirada al interior del que manaba un olor a suciedad a\u00f1eja y a miseria. <font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\"><!--more--><\/font><br \/>\nTodo era inmenso en la casa de vecinos, tras el gran zagu\u00e1n, una galer\u00eda de lozas pintadas de alcaparrosa marcaban el camino a seguir hasta el corral de piedras. Al pasar el patio de columnas rojas con basas y capiteles, que manten\u00edan algunos trozos de azulejos con motivos de caza, dando cierto aire de antigua vivienda de pudientes propietarios se encontraba el pozo, con el brocal encalado, ro\u00f1oso por los parches de suciedad y tenebroso por su profundo cilindro de sillares. Al mirar por su costado pod\u00edan verse entre las llagas de sus piedras cucarachas y tar\u00e1ntulas esconderse entre las grietas.<br \/>\nJusto enfrente, una escalera llevaba a las habitaciones de los vecinos. Una bombilla colgada de un cable negro lleno de moscas, era la \u00fanica luz com\u00fan en la parte alta de la vivienda.<br \/>\nUn largo pasillo con puertas asim\u00e9tricas a ambos lados, proteg\u00edan la intimidad de algunas familias, otras dorm\u00edan con la puerta abierta dejando salir los ronquidos, el olor a vino pele\u00f3n, sudor y calor humano mezclado con aromas de chacinas rancias. Las camas de tubos pintadas de azul cielo, que lograban verse desde el pasillo estaban llenas de ni\u00f1os pelados al cero, y alg\u00fan colch\u00f3n en el suelo donde una mujer se cubr\u00eda con la sabana al o\u00edr pasos por el pasillo, dejando al marido destapado en la calurosa noche.<br \/>\nLa luna iluminaba el patio dejando sombras de arcos g\u00f3ticos reflejados en la pared, cantaban los grillos y las ratas cruzaban por el corral sin miedo a los canijos perros, llenos de pulgas y garrapatas que se cambiaban de rincones rasc\u00e1ndose las orejas.<br \/>\nMiguel se detuvo apoyado en la baranda, mirando el amanecer de luz cobriza, que dibujaba perfiles de aleros y chimeneas bajo la cuadrada torre de Martos, que le daba nombre a la calle. Fij\u00f3 la mirada en un gato que andaba por los tejados. Encendi\u00f3 un cigarro y a los pocos minutos una luz ilumin\u00f3 el pasillo, transparentando la cortina de rayas azules y blancas que hac\u00eda de puerta, un hombre carraspeaba y tos\u00eda, con voz ronca dijo: \u201cya voy Migu\u00e9.\u201d<br \/>\nDescorri\u00f3 la cortina Manuel, delgaducho y bajito con una cicatriz en la mejilla izquierda que llamaba la atenci\u00f3n al mirarle la cara causando sospecha al pensar que se la hizo en alguna pelea. Ten\u00eda los ojos peque\u00f1os y vivarachos, la nariz grande y aguile\u00f1a aparentando ser persona de fuerte car\u00e1cter y decidido a la hora de echar un paso adelante.<br \/>\nBajaron juntos la escalera, Manuel se amarraba el cintur\u00f3n de material, que le daba dos vueltas a la cintura, mientras se met\u00eda la camisa bajo el pantal\u00f3n.<br \/>\nSac\u00f3 un cubo de agua del pozo y se moj\u00f3 la cara sec\u00e1ndose con el pu\u00f1o, al pasar frente al patio de columnas, Manuel cruz\u00f3 con direcci\u00f3n a una puerta de chapa que hab\u00eda en el hueco de otra escalera, un agujero ciego era el retrete de la parte baja de la casa de vecino, mientras meaba y tos\u00eda, carraspeando dijo: \u201cVamos Migu\u00e9, por el cochino.\u201d<br \/>\nMiguel no dijo nada, pero su sonrisa le cambi\u00f3 la cara.<br \/>\nUn sol de justicia sobre sus cabezas les anunciaba que no eran mas de las doce de la ma\u00f1ana y ya estaban a varias leguas del pueblo, el camino estaba polvoriento.<br \/>\nMiguel, alto y desgarbilado con talante tranquilo y descuidado daba la mitad de pasos que su amigo al tener las piernas muy largas, de ah\u00ed le venia el apodo de \u201cPatas de alambre\u201d. Su contextura era fuerte, bien formado, de grandes mand\u00edbulas, con el pelo canoso y recio que cubr\u00eda su gran cabeza. Siempre andaba rasc\u00e1ndose con sus enormes dedos haciendo honor a sus grandes manos, desali\u00f1ado en el vestir y despreocupado en las atenciones a su compa\u00f1ero, siempre estaba en otro mundo persiguiendo moscas, jam\u00e1s contradec\u00eda a nadie, todo lo aceptaba con talante campechano, asintiendo con movimientos repetidos de cabeza. No pod\u00edas esperar que cumpliera nunca lo pactado, la mayor\u00eda de las veces ni sabia lo que estaban hablando, siempre estaba en sus musara\u00f1as. Su sonrisa era ir\u00f3nica, demostrando que desconfiaba de todo y de todos.<br \/>\nLa conversaci\u00f3n era escasa, sus pensamientos estaban puestos en el mismo fin. Dos sonidos continuos acompa\u00f1aban su caminar: el ruido de la suela del zapato de Miguel que estaba rota y arrastraba por la tierra, y las tripas de Manuel que a veces ten\u00eda que disculparse por verg\u00fcenza diciendo: \u201cesta jernia d`estomago v`acabar conmigo.\u201d<br \/>\nDivisando ya el cortijo de blancas paredes con enredaderas bajo los grandes ventanales. Ten\u00eda dos altas palmeras que se elevaban desde el primer patio de piedras donde estaba la ermita rodeada de jardines bien regados y llenos de flores.<br \/>\nSe desviaron del camino, con la intenci\u00f3n de no ahuyentar a los perros. Estaban cerca del lugar donde les hab\u00eda dicho el porquero de la finca que hab\u00edan tirado un cochino muerto.<br \/>\nLos nervios de encontrar en el lugar al cerdo sin que nadie lo hubiera visto antes, hac\u00edan que Manuel blasfemara hablando s\u00f3lo, maldiciendo a los rulares y guardas del campo, teniendo en su mente a la guardia civil, que nunca los mencionaba ni para maldecidlos por temor a que el aire fuera confidente y tuviera que pasar la noche en el cuartelillo.<br \/>\nLlegaron al arroyo y Miguel fue hacia un matorral guiado por el olfato y la astucia, donde estaba el cerdo muerto. Sin mediar palabras, como dos carniceros expertos cortaron al cerdo en trozos, lanzando al agua las partes blandas y podridas. El animal tenia algunos gusanos incrustados entre los recios pelos rojizos, y trozos mordidos por ratas o tejones que eran abundantes en aquellos pagos de viejos olivares. Extrajeron el jam\u00f3n derecho que estaba apoyado sobre la tierra. Sus navajas ten\u00edan hasta las cachas de madera manchadas de sangre, Manuel las limpiaba en la hierba de la orilla del r\u00edo, mientras Miguel lo hac\u00eda en su pantal\u00f3n oscuro.<br \/>\n\u201cDarme er pap\u00e9 Migu\u00e9, esta taj\u00e1 est\u00e1 ma zana que t\u00fa y que yo.\u201d Se dispuso Manuel a envolver la carne en el papel de estraza aceitoso, que hab\u00eda servido para liar el tocino a\u00f1ejo que compraba su madre.<br \/>\nSilenciosa era la faena sabiendo perfectamente cada uno sus obligaciones.<br \/>\nA pocos metros del r\u00edo, en el respaldo de unas matas verdes, Miguel hac\u00eda un hoyo en la tierra para enterrar la carne bien liada.<br \/>\nTaparon y aplanaron bien el terreno y se abrieron entre los olivos cogiendo ramas y trozos de le\u00f1a, que iban colocando sobre la tierra que cubr\u00eda la carne. Formaron un horno natural y prendieron fuego para cocinar su alimento lentamente.<br \/>\nYa empezaba a caer el sol, m\u00e1s de cinco horas llevaban junto a la candela sin dejar de poner le\u00f1a cuando el rescoldo aflojaba. Si alguien pasaba por el arroyo nunca podr\u00edan sospechar que estaban preparando la cena, pues su alimento bajo tierra se estaba cocinando seguro.<br \/>\nEzo tie que tar ya mas que g\u00fceno, Manu\u00e9, dijo Miguel con voz de chiquillo asustado y hambriento a pesar de su corpulencia, Manuel sin contestarle comenz\u00f3 a apartar el fuego hacia un lado con un trozo de rama de olivo que hab\u00eda afinado en forma de lanza, despu\u00e9s rompi\u00f3 la tierra tostada que cubr\u00eda el alimento y hab\u00eda sido base del fuego.<br \/>\nEl aire era testigo del olor que se impregnaba en el campo, digno del excelente aroma creado en cocinas de cortijos. El asado blanco y jugoso mostraba el aspecto del mejor rosbif. El hueso se hab\u00eda quedado limpio por el codillo al encoger en su tueste, Manuel sujetaba el jam\u00f3n por el hueso pelado como si se tratara del muslo de una perdiz escabechada mientras le quitaba restos de papel de estraza, sobre dos tranquillas clavadas junto a la candela y sujeto por ambos lados, Manuel flame\u00f3 la carne sobre las ascuas que cruj\u00edan chisporroteando, dorando la piel del jam\u00f3n hasta ponerla crujiente y eliminaban cualquier contagio que tuviera el animal.<br \/>\nSus caras iluminadas por el fuego al oscurecer la tarde mostraban la alegr\u00eda de dos ni\u00f1os hambrientos delante del cristal de una confiter\u00eda, Miguel se relam\u00eda los labios sacando la navaja del bolsillo para cortar un trozo.<br \/>\nPero su amigo dijo: Anda y ve a la venta d\u00e8liseo y con estos diez reales compra un kilo de pan y una botella de vino, Migu\u00e9.<br \/>\nA Miguel se le cambi\u00f3 la cara de pronto, su desconfianza hizo que le pasaran por la cabeza los peores presagios, pregunt\u00e1ndose a si mismo.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 no iba \u00e9l? pero a rega\u00f1adientes ya hab\u00eda asumido ir a la venta, era l\u00f3gico que no fuera Manuel, le deb\u00eda dinero a Eliseo.<br \/>\nPero\u2026 \u00bfPor qu\u00e9 no me mand\u00f3 por el vino y el pan, durante la tarde que hab\u00edamos estado sentados mirando la candela?<br \/>\n\u00a1Seguro que lo hace ahora para comerse \u00e9l toda la carne!<br \/>\nDesconfiaba de su amigo, pero se consolaba pensando que al menos comer\u00eda pan y vino.<br \/>\nNervioso y con miedo de enfadar a Manuel no protest\u00f3.<br \/>\nG\u00fceno, pero j\u00farame por to tus muertos que no lo pruebas hasta que yo guerba Manu\u00e9, dijo con voz tenebrosa y asustada.<br \/>\n&#8212; No comer\u00e9 n\u00e1 esconfiao, tenemos carne pa los dos, y pa llevarle un cacho pata a la Consuelo. Anda, sal corriendo, que antes de media hora est\u00e9s de guerta.<br \/>\nMigu\u00e9 se meti\u00f3 la mano en el bolsillo, arrebat\u00f3 la moneda de diez reales y la apret\u00f3 en su pu\u00f1o afianz\u00e1ndola con fuerzas, sin perder un minuto ech\u00f3 a correr por entre los olivos camino de la venta de Eliseo.<br \/>\nManuel no se apartaba m\u00e1s de un paso de la carne, mir\u00e1ndola con deseos de morder alg\u00fan trozo, la luz de la candela a\u00fan le daba mejor aspecto al asado. Estaba serena la noche, las calles de los olivos iluminadas por la penumbras de la luna le daban paz al campo en el Sur de Espa\u00f1a.<br \/>\nDe vez en cuando entre los acebuches de la orilla del riachuelo se mov\u00edan patos o animales carn\u00edvoros atra\u00eddos por el olor, Manuel con destreza de buen cazador permanec\u00eda sin hacer ruido.<br \/>\nImpacientado por la tardanza de su amigo, para matar el tiempo tiraba piedras al arroyo asustando a los animales que se arrastraban por la orilla.<br \/>\nSus tripas sonaban m\u00e1s que nunca mirando la apetitosa cena.<br \/>\nHac\u00eda m\u00e1s de dos horas que su amigo fue a comprar, ya empezaba a preocuparse. En un acto involuntario, sin pensarlo, impulsado por el hambre hizo que faltara a su palabra, sac\u00f3 la navaja del bolsillo y cort\u00f3 una loncha de jam\u00f3n. Sin saborearla siquiera se la trag\u00f3 mientras cortaba otra con destreza. De pronto un olivo comenz\u00f3 a moverse, de entre sus ramas con un ruido estrepitoso Miguel se desplomaba clavando el pecho y la boca en los surcos arados.<br \/>\n\u00a1Pero que haces ah\u00ed arriba hombre de Dios! dijo Manuel con el trozo de carne en la boca.<br \/>\n&#8212; Yo shabia que no me poia fiar de ti Manu\u00e9, pa la prosima ve, yo no voy a comprar na, que lo sepas. Tir\u00e1ndole la moneda de diez reales a los pies de Manuel.<br \/>\nEn silencio sentados sobre la tierra junto a las cenizas, sin pan ni nada para beber, les fue cambiando el semblante. Mataron el hambre y agrandaron su amistad.<br \/>\nPasada la media noche con los est\u00f3magos llenos, abandonaban el arroyo dejando all\u00ed los ruidos de tripas de Manuel y la desconfianza de Miguel, los dos amigos volvieron al pueblo caminando tranquilos sin hablar, disfrutando de la madrugada en el campo andaluz. Los bolsillos de Miguel estaban llenos de asado liados en papel de estraza para sorprender a su novia Consuelo.dera\u2026\u201d<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era estrecha la calle, la mugrienta farola de luz pajiza daba impresi\u00f3n de que necesitaba higiene en sus fachadas. All\u00e1 por la mitad, por donde m\u00e1s se pon\u00eda cuesta arriba una gran puerta con miles de capas de pinturas y cientos de desconchones, hac\u00edan obligatoria la mirada al interior del que manaba un olor a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/60"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=60"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/60\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=60"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=60"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=60"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}