{"id":67,"date":"2006-03-08T15:57:28","date_gmt":"2006-03-08T14:57:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=67"},"modified":"2006-03-08T15:57:28","modified_gmt":"2006-03-08T14:57:28","slug":"42-el-restaurante-por-lencobert","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=67","title":{"rendered":"42- EL RESTAURANTE.  Por L&#8217;ENCOBERT"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0Desde hac\u00eda algunos meses en la ciudad tan s\u00f3lo se hablaba del nuevo estaurante. Incluso quienes no lo hab\u00edan visitado, que eran la mayor\u00eda, se refer\u00edan a \u00e9l con una mezcla de misterio y respeto. <font color=\"#000000\"><font face=\"Times New Roman\"><!--more--><\/font><\/font>Estaba ubicado en un callej\u00f3n oscuro de la vieja juder\u00eda, envuelto en piedras milenarias, rodeado de sombras y calles de viejos muros rezumantes de humedad. Si no se conoc\u00eda de antemano su estricta situaci\u00f3n era dif\u00edcil dar con su entrada. En aquella zona de la ciudad las ordenanzas municipales prohib\u00edan toda muestra de reclamos y neones.<\/p>\n<p>El r\u00edo de la rumorolog\u00eda anegaba el mercado y las oficinas bancarias. Se dec\u00eda que al frente del restaurante estaba una viuda, al parecer amante de un gerifalte de la capital, y, todav\u00eda, en edad de merecer, acompa\u00f1ada de tres hijas veinte a\u00f1eras. Pero nadie las hab\u00eda visto excepto quienes eran clientes del lugar. Al mercado acud\u00eda a escoger el genero un hombre alto, con aspecto de extranjero, la cabeza como una bola de billar y una voz aflautada que no parec\u00eda salir de aquel corpach\u00f3n de gimnasta. Los pedidos tambi\u00e9n los recib\u00eda \u00e9l mismo por una puerta trasera de la casa acrecentando as\u00ed las habladur\u00edas sobre aquellas cuatro mujeres.<\/p>\n<p>Ni siquiera los pocos habitantes de la ciudad que, alguna vez, hab\u00edan tenido la suerte de comer all\u00ed se atrev\u00edan a hablar de ello. Un manto de silencio se extend\u00eda sobre todo lo que no fueran los platos catados en aquel lugar. En este tema todo el mundo se hac\u00eda lenguas extendi\u00e9ndose en paneg\u00edricos sobre las delicias de todo tipo que hab\u00edan probado en el restaurante. Los mejores caldos, las carnes m\u00e1s tiernas, la caza mejor oreada y preparada en interminables guisos, los postres m\u00e1s exquisitos y vinos y licores desconocidos hasta entonces. Las mesas siempre estaban reservadas y era una norma de la casa no poder volver al restaurante en una plazo de nueve meses contados desde el d\u00eda de la \u00faltima visita.<\/p>\n<p>La fama del restaurante se iba extendiendo como una mancha de aceite y hasta los repartidores de estrellas de una afamada gu\u00eda gastron\u00f3mica recalaron en aquella peque\u00f1a ciudad provinciana para probar y calificar los platos del local que, en el habla popular, ya era conocido con el mal nombre de \u201cEl Serrallo\u201d. Por los edictos municipales se supo que hab\u00edan adquirido la propiedad de toda la finca y hasta un prestigioso peri\u00f3dico de la capital public\u00f3 un reportaje a cuatro columnas y en p\u00e1gina impar sin que su lectura aclarara el misterio.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas recib\u00ed una llamada de la capital, Un compa\u00f1ero, al que no conoc\u00eda personalmente, ten\u00eda que pasar cerca de la ciudad y le gustar\u00eda cenar en el restaurante. Busqu\u00e9 el n\u00famero de tel\u00e9fono en el list\u00edn sin poder dar con \u00e9l y en informaci\u00f3n me indicaron que en Call 19 no exist\u00eda ning\u00fan tel\u00e9fono. As\u00ed que no tuve m\u00e1s remedio que acercarme a la juder\u00eda para encargar una mesa. Eran las seis de la tarde y me recibi\u00f3, en un peque\u00f1o saloncito, el gimnasta calvo, inform\u00e1ndome que podr\u00edamos cenar el 20 de Junio. Est\u00e1bamos a 10 de Abril y decid\u00ed que si para la fecha concertada el compa\u00f1ero de la capital no estaba disponible no faltar\u00eda alguien que quisiera venir conmigo a degustar los tan ensalzados manjares de la casa.<\/p>\n<p>El compa\u00f1ero capitalino aplaz\u00f3 su visita y una noche calurosa y con la Luna en todo su esplendor atravesamos las puertas del restaurante. Era un hombre de unos treinta y cinco a\u00f1os, alto, moreno y atractivo. Sus ojos verdes taladraban el espacio y su porte era el de un hombre avezado a la vida y sus aventuras. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el dedo me\u00f1ique de su mano izquierda. Estaba encorvado como un gancho y lo adornaba un peque\u00f1o anillo con la bandera espa\u00f1ola en el sello.<\/p>\n<p>El restaurante era peque\u00f1o, tan s\u00f3lo cinco mesas. Se hab\u00edan respetado los viejos muros de piedra y de ellos colgaban cortinajes ex\u00f3ticos y multitud de grabados er\u00f3ticos japoneses. Una luz tenue transmit\u00eda una suave sensaci\u00f3n de paz y tranquilidad. La due\u00f1a era una mujer guapa, una hembra madura, quiz\u00e1s cercana a los cincuenta a\u00f1os, con un porte elegante y unos ojos negros de mirada profunda.<\/p>\n<p>Nos tom\u00f3 la comanda que ella misma aconsej\u00f3 ya que desconoc\u00edamos en que consist\u00edan aquellos platos de extra\u00f1os nombres y, como aperitivo, dej\u00f3 sobre la mesa dos copas anchas con un extra\u00f1o liquido bicolor verde y rosa junto a unos platillos que conten\u00edan extra\u00f1os pasteles y croquetas de sabor agridulce. M\u00e1s tarde vendr\u00edan las ensaladas gelatinosas, los fiambres especiados hasta el l\u00edmite, los pescados limpios y sin espinas con rellenos ex\u00f3ticos, aves de corral con sabores desconocidos, redondos de carne que sorprend\u00edan al abrirlos. Todo ello regado con blancos y tintos sin etiqueta en la botella y con un bouquet tan exquisito que me extra\u00f1\u00f3 no conocerlos. Con el caf\u00e9 y los habanos nos sirvi\u00f3 sendas copas de un aguardiente de elaboraci\u00f3n casera que iba infundiendo vida mientras paseaba nuestras venas.<\/p>\n<p>Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n no ver mujeres entre los comensales. Las \u00fanicas mujeres eran la due\u00f1a y sus hijas. Estas eran tres bellezas, iguales en su belleza y diferentes en su figura. Una era morena como la madre, con ojos claros y pechos prominentes. La otra era una pelirroja con la cara alegrada por las pecas y una sonrisa alegre. Y la tercera era una rubia con aspecto de n\u00f3rdica, de largas piernas y sonrisa de desd\u00e9n. Durante la cena se colocaron en un rinc\u00f3n del comedor. La morena acariciando su cuello con un viol\u00edn, la pelirroja con un chelo entre sus piernas y la rubia lamiendo una flauta travesera y comenzaron a desgranar melod\u00edas de Mozart, Vivaldi y Bach.<\/p>\n<p>Entre la m\u00fasica, la bebida, la comida, los manteles de hilo, las copas tintineantes, los platos de lujosa porcelana y la visi\u00f3n de aquellas damas rodeadas de im\u00e1genes er\u00f3ticas con los ojos rasgados ya comenzaba a estar mareado. Mi compa\u00f1ero hizo un intento de acercamiento a alguno de los cuatro ases de aquella rara baraja de la vida pero fueron en vano. Salimos con la intenci\u00f3n de tomar el aire y acudimos para tomar la espuela al bar de la estaci\u00f3n, el \u00fanico que abr\u00eda toda la noche. Cuando ya est\u00e1bamos en la puerta del hotel mi compa\u00f1ero se dio cuenta que hab\u00eda olvidado el encendedor, un Dupont de oro, en el restaurante. Est\u00e1bamos a una manzana de mi casa y al d\u00eda siguiente yo ten\u00eda que madrugar as\u00ed que nos despedimos all\u00ed mismo ya que \u00e9l, en un par de d\u00edas, tomar\u00eda posesi\u00f3n de su nuevo y lejano destino. Aqu\u00e9lla noche, a pesar del banquete y el exceso de alcohol, hice, hasta cuatro veces, el amor con mi pareja, cosa pr\u00e1cticamente imposible a mis cuarenta y cinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pasaron los meses y la fama del restaurante fue acrecent\u00e1ndose. Los estrictos comisarios gastron\u00f3micos le otorgaron dos de sus famosas estrellas y cantidad de lujosos autom\u00f3viles, venidos de todo el pa\u00eds, aparcaban cada noche en el aparcamiento cercano a la juder\u00eda. Mis ganas de volver a aquel lugar crec\u00edan con el paso del tiempo. No se si me empujaban all\u00ed los exquisitos manjares o el halo misterioso que rodeaba a aquellas cuatro bellezas. Un d\u00eda, mientras tramitaba la hipoteca para adquirir una nueva vivienda, lo coment\u00e9 con el director del banco, interesado como media ciudad en conocer aquel lugar, y le propuse acudir juntos a una cena puesto que mi plazo de nueve meses ya hab\u00eda prescrito. As\u00ed que, otra noche tambi\u00e9n de Luna llena, cuando ya el aire fr\u00edo de la sierra comenzaba a desnudar los \u00e1rboles, volv\u00ed a verme, con nuevo acompa\u00f1ante, en aquel lugar.<\/p>\n<p>La due\u00f1a no dio indicios de reconocerme y, una vez tomada la comanda, comenz\u00f3 el ritual poniendo sobre la mesa un par de copas que parec\u00edan modeladas sobre sus pechos, esta vez con un liquido rojo y negro junto con los habituales entrantes. El se\u00f1or Letona de Garc\u00eda-L\u00f3pez, director del banco, estaba extasiado ante lo que all\u00ed ve\u00eda y ambos \u00edbamos saboreando con verdadera gula todos aquellos manjares.<\/p>\n<p>El plato estrella, uno de los m\u00e1s aconsejados por los expertos gastron\u00f3micos, era el soded y consist\u00eda en una perdiz gelatinosa rellena de carne y frutas ex\u00f3ticas. De s\u00fabito el tenedor de plata qued\u00f3 paralizado entre el plato y mi boca mientras mis ojos, horrorizados, contemplaban el trozo de carne que iba a llevarme a la boca. Engarzado a las p\u00faas del tenedor ten\u00eda un trozo carnoso, como una peque\u00f1a salchicha ganchuda adornada con un anillo hecho con fresa y lim\u00f3n que simbolizaba la bandera espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Las tres beldades interpretaban una pieza mozartiana mientras, trag\u00e1ndome las ganas de vomitar, todav\u00eda tuve fuerzas para sacar la placa con mi mano izquierda empu\u00f1ando la pistola con la otra mano. Exig\u00ed al resto de comensales que dejaran de comer y rogu\u00e9 al Sr. Letona de Garc\u00eda-L\u00f3pez que llamara a mis compa\u00f1eros a la Comisar\u00eda. Todo el mundo me miraba con ojos de incomprensi\u00f3n menos aquellas cuatro mujeres.<\/p>\n<p>En el posterior registro de la casa qued\u00f3 al descubierto el secreto de los buenos manjares de aquel restaurante. En sus c\u00e1maras frigor\u00edficas aparecieron, debidamente troceados, infinidad de retos humanos. Cerebros, est\u00f3magos, corazones, manos, codos, rodillas, test\u00edculos, penes, dedos y un largo etc\u00e9tera de piltrafas. Todo ello, convenientemente adobado y macerado, serv\u00eda para confeccionar los exquisitos platos que all\u00ed se degustaban.<\/p>\n<p>En uno de los pisos superiores una habitaci\u00f3n con una descomunal cama bajo un rojo dosel aterciopelado y rodeada de espejos serv\u00eda de banco de experimentos. All\u00ed llevaban a los pobres incautos que ca\u00edan en sus fauces y despu\u00e9s de saciarse hasta el infinito los dorm\u00edan con cualquier filtro y proced\u00edan a despedazarlos para obtener sus condimentos gastron\u00f3micos. En un peque\u00f1o armario congelador encontr\u00e9 algunos de sus secretos. Un recetario del horror donde anotaban como macerar orejas, la receta de las croquetas de test\u00edculos y gelatina de esperma o el ragout de cuello as\u00ed como peque\u00f1os frascos rotulados como esperma, esponjas de flujo vaginal, pelos de pubis, sangre de diversas clases: en vivo, de deg\u00fcello, menstrual&#8230;, pesta\u00f1as, u\u00f1as, etc. Entend\u00ed todo cuando frente al espejo le\u00ed en uno de los platos de fina porcelana el nombre del restaurante : SITNAM AL, entonces pude ver el verdadero significado de aquel exquisito y renombrado restaurante.<\/p>\n<p>Con este macabro hallazgo se aclararon un sinf\u00edn de desapariciones que hab\u00edan sido denunciadas en todo el pa\u00eds. Pero por razones que desconozco todo aquello se silenci\u00f3 a la prensa y a la poblaci\u00f3n. Al cabo de un tiempo los rumores desaparecieron y ahora en Call 19 hay una mercer\u00eda.<\/p>\n<p>Yo escribo todo esto desde una Casa de Reposo, que es como ahora llaman a los Manicomios, y donde nadie entiende que tan s\u00f3lo coma las verduras que yo mismo cultivo en un peque\u00f1o huerto y no beba m\u00e1s agua que la que yo mismo vierto en mi vaso directamente del grifo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Desde hac\u00eda algunos meses en la ciudad tan s\u00f3lo se hablaba del nuevo estaurante. 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