{"id":68,"date":"2006-03-08T16:09:40","date_gmt":"2006-03-08T15:09:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=68"},"modified":"2006-03-08T16:09:40","modified_gmt":"2006-03-08T15:09:40","slug":"43-historias-de-un-cafe-por-jay-harland","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=68","title":{"rendered":"43- \u00abHISTORIAS DE UN CAF\u00c9\u00bb  Por JAY HARLAND"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">&#8211; S\u00e9 lo que est\u00e1s pensando. Pero te aseguro que esta vez no lo vas a conseguir.<br \/>\n&#8211; \u00bfEst\u00e1s seguro?<br \/>\n&#8211; Puedes apostar lo que quieras. <span style=\"font-size: 11pt\"><font color=\"#000000\"><font face=\"Times New Roman\"><!--more-->\u00a0<\/p>\n<p><\/font><\/font><\/span><br \/>\n&#8211; \u00bfSeguro?<br \/>\n&#8211; Lo que quieras.<br \/>\n&#8211; En ese caso empecemos.<br \/>\n&#8211; Ya est\u00e1s tardando.<br \/>\n&#8211; \u00bfSeguro que est\u00e1s preparado?<br \/>\n&#8211; Mira&#8230; o empiezas ya o&#8230;<br \/>\n&#8211; Est\u00e1 bien&#8230; tranquilo gallito&#8230; sin amenazas&#8230; olvidas la apuesta&#8230;<br \/>\n&#8211; El perdedor se paga una cena.<br \/>\n&#8211; \u00bfD\u00f3nde diga el ganador?<br \/>\n&#8211; Donde diga el ganador.<br \/>\nSin mediar una palabra m\u00e1s se levant\u00f3 de la mesa y se dirigi\u00f3 hacia la m\u00e1quina de tabaco que se encontraba en el otro extremo del caf\u00e9. No tard\u00f3 m\u00e1s que unos minutos en volver a ocupar la silla vac\u00eda frente al amigo. Completamente serio. Las mand\u00edbulas apretadas. Cubriendo una mortaja de carne, marfil y huesos cualquier resto de sonrisa que sobre sus labios pudiera a\u00fan quedar. El paquete de tabaco fuertemente aferrado, casi con sa\u00f1a neurast\u00e9nica, en su mano derecha. Descansando, la mano izquierda, sobre el mechero que dejase olvidado al levantarse, en la mesa de aquel caf\u00e9 del centro, donde mataban los dos el tiempo, d\u00eda s\u00ed y d\u00eda tambi\u00e9n, al salir del ministerio en el que trabajaban y antes de dejarse arrastrar, como cada noche, hasta la soledad de sus respectivas colmenas.<br \/>\nDiez segundos.<br \/>\nLa mirada fija en la del amigo, cuyo rostro reflejaba una frustrante serenidad. Mientras que a \u00e9l, una fin\u00edsima gotita de sudor comenzaba ya a bajarle por la frente. Aunque, dentro del bar, no hiciese, ni mucho menos, calor.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 van a tomar?<br \/>\nVeinte segundos.<br \/>\nUn mech\u00f3n de fino pelo rubio cay\u00f3 delicadamente sobre la aguile\u00f1a nariz del amigo a causa de la liger\u00edsima brisa que levant\u00f3 la camarera al aproximarse a su mesa. Ni hablar, hombre. Aquello era demasiado. Cualquier otro en sus mismas circunstancias habr\u00eda, cuanto menos, parpadeado. Adem\u00e1s, seguro que le estaba haciendo cosquillas. Aunque permaneciese en sus trece. Imperturbable y digno tras su m\u00e1scara de piel. Resuelto, como s\u00f3lo el pod\u00eda, a no moverse. \u00bfC\u00f3mo era capaz? Pero tambi\u00e9n pod\u00eda \u00e9l. Tampoco \u00e9l estaba dispuesto a hacerlo. No esta vez. No. Esta vez no iba a darle el gusto. Pese a que, as\u00ed se le antojaba a \u00e9l, la gotita de sudor hab\u00eda aumentado exageradamente de tama\u00f1o y, alcanzando la altura de uno de sus p\u00e1rpados, pend\u00eda ya de sus largas pesta\u00f1as. Eso, por no hablar del irritante picor que hab\u00eda hecho aparatosamente su aparici\u00f3n sobre el escenario que era el l\u00f3bulo de su oreja izquierda. Justo debajo del pendiente. Tan intenso era. Tan penetrante. Que casi pod\u00eda decirse que la sent\u00eda palpitar con furia al lado de su cr\u00e1neo. Como si se quejara, pobrecita, de la falta de cortes\u00eda que mostraba para con ella al ignorarla. Era, ciertamente, insoportable. \u00bfCu\u00e1nto tiempo hab\u00eda pasado ya? \u00bfY si s\u00f3lo&#8230;? Maldito picor, \u00bf por qu\u00e9 ten\u00eda que aparecer justo ahora? Era enloquecedor. Y en su mano estaba hacerlo desaparecer. S\u00f3lo un leve movimiento bastaba. \u00bfQu\u00e9 importaba? Lo mandar\u00eda todo al cuerno. Total, s\u00f3lo era una est\u00fapida cena. La tercera, en lo que iba de mes. No. Aguarda. Un momento. No, esta vez. Esta vez parec\u00eda que no todo estaba perdido. Se hab\u00eda cobrado una clara ventaja respecto al amigo. Deb\u00eda aprovecharla. Iba a aprovecharla. A\u00fan cuando s\u00f3lo desease arrancarse la oreja de un manotazo para desembarazarse del molesto picor. Aguantar\u00eda. Como aguantaba, frente a \u00e9l, el amigo. El amigo. La gravedad de que hac\u00eda gala su rostro le resultaba flagrante. Era casi antinatural. Como si no estuviera hecho de carne y s\u00ed de pura roca. \u00bfC\u00f3mo lo hac\u00eda? Aunque, el c\u00f3mo, importaba poco aquella vez. Porque la ventaja era suya. Lo ten\u00eda todo a su favor. Elegir\u00eda el sitio m\u00e1s caro. Esta vez, no se iba a dejar avasallar. No le iba a dejar que se saliera con la suya. Le iba a bajar los humos a Don Perfecto. Capear\u00eda, con gallarda maestr\u00eda, el temporal desatado en el interior del caf\u00e9. No se dejar\u00eda hollar por menudeces tales como una gota de sudor inoportuna (.. te vas a enterar&#8230; te vas a enterar cuando termine con Don Perfecto&#8230; te aseguro que no vas a ser capaz de volver del lugar donde pienso mandarte&#8230;) Era capaz. Pod\u00eda hacerlo. Pod\u00eda aguantar. \u00c9l no era menos que el amigo. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 se empecinaba el tiempo en su castradora lentitud? Ning\u00fan tic tac llegaba a sus o\u00eddos. Iba a aguantar. A\u00fan cuando las palmas de las manos empezaban a exudar una delgada capita de sudor: sobre el paquete de cigarrillos, una; sobre el mechero, la otra; y dibujasen, sobre la superficie de la mesa, las yemas de sus dedos, cinco peque\u00f1os c\u00edrculos de vaho. \u00bfPor qu\u00e9 no se habr\u00eda aflojado el nudo de la corbata?<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 va a ser?<br \/>\nSilencio.<br \/>\nLa camarera, cansada y aburrida, opt\u00f3 por abrir sus libretita, a la espera de que alguno de los dos imb\u00e9ciles que ten\u00eda delante se decidiera a hablar. Aquel insignificante gesto tuvo, no obstante, tama\u00f1as consecuencias. Y es que, una servilleta de papel, inici\u00f3 un vuelo raso que, desde una mesa vecina, y describiendo en el aire una curiosa par\u00e1bola, fue a posarse sobre los labios del amigo.<br \/>\nVeintis\u00e9is segundos.<br \/>\nEl cabr\u00f3n ni siquiera parpade\u00f3. Ni un solo m\u00fasculo de su cara tembl\u00f3. Aquello resultaba desmoralizante. Ah\u00ed segu\u00eda. Manteniendo, impert\u00e9rrito, su posici\u00f3n. La rigidez de su rostro pareci\u00f3 hacerse, si cabe, m\u00e1s pronunciada. Hier\u00e1tico, todo \u00e9l, en realidad. Como si de una pieza m\u00e1s del mobiliario se tratara. Incomprensiblemente sereno. \u00bfY sus ojos? Esos ojos cuyas pupilas ten\u00eda clavadas en las propias. \u00bfAcaso no se estaban riendo? Capaz era. Lo conoc\u00eda bien.<br \/>\nVeintisiete.<br \/>\nPero ah\u00ed segu\u00eda. Con el aplomo que le caracterizaba. Fr\u00edo. Draconiano. Como si la cosa no fuera como \u00e9l. Ajeno, en todo momento, a la at\u00f3nita mirada de la camarera. A los ruidos varios del caf\u00e9. Sus grises pupilas fijas en las pupilas marrones que lo desafiaban. Daba la impresi\u00f3n de que nada m\u00e1s existiese para \u00e9l. S\u00f3lo \u00e9l, y la profundidad de aquellos ojos vidriosos dentro de los cuales parec\u00eda haberse perdido.<br \/>\nVeintiocho.<br \/>\nY esa maldita servilleta. \u00bfC\u00f3mo olvidarse de ella? Desliz\u00e1ndose, con una suavidad exquisita, casi m\u00edstica (como el tiempo&#8230; como el tiempo&#8230; empe\u00f1ado, el muy canalla, en no avanzar&#8230; ali\u00e1ndose con el enemigo&#8230; como hechizado por la quietud que emanaba del rostro del amigo&#8230;), desde sus carnosos labios, hasta el pronunciado ment\u00f3n, y qued\u00e1ndose all\u00ed, suspendida peligrosamente sobre al abismo que ante ella se abr\u00eda, como temerosa de caer, agarrada al hoyuelo que part\u00eda en dos, graciosamente, la barbilla del amigo, y movi\u00e9ndose, movi\u00e9ndose con pasmosa lentitud, como si quisiera, tambi\u00e9n ella, dejar constancia del let\u00e1nico gotear de instantes hacia la eternidad. Era como si una mano invisible la acariciara. No podr\u00eda decirse, por obra de qu\u00e9 prodigio. Y \u00e9l, presa del sortilegio, se sent\u00eda ebrio. Ebrio por la belleza, siempre latente, de las cosas banales y peque\u00f1as. Pese a que no lo ignoraba. Tan hermoso era. Pese a que era consciente de que no exist\u00eda tal mano. De que lo que hac\u00eda moverse a la servilleta no era sino la contenida respiraci\u00f3n del amigo. El cual, permanec\u00eda a\u00fan m\u00e1s serio. Como un reo en espera de sentencia.<br \/>\n&#8211; \u00bfHola? Espet\u00f3 una vez m\u00e1s la camarera. Sin tratar de disimular ahora el creciente malestar que tal situaci\u00f3n provocaba en ella. \u2018El cliente siempre tiene raz\u00f3n\u2019, dicen. Quien lo dijo, seguro que no hab\u00eda trabajado nunca tras una barra, aguantando y ahuyentando cretinos de todas las raleas, hora tras hora. D\u00eda y noche. Ni hab\u00eda hecho turnos dobles, como ella, aquel d\u00eda. Ni ten\u00eda que hacer la caja, como ella, aquella noche. Por no hablar de lo que esperaba en casa. As\u00ed que era por esto que hab\u00edan insistido tanto. Era por esto, que se los hab\u00edan encasquetado a ella. La nueva. \u2018Clientes habituales\u2019, le hab\u00edan dicho. Inocente. Inocente.<br \/>\nVeintinueve.<br \/>\nLos ojos le escoc\u00edan tanto o m\u00e1s que la oreja. Como suelen escocer cuando mantienes durante un tiempo la mirada fija en un punto y te empe\u00f1as en no parpadear. La gotita de sudor de las pesta\u00f1as amenazaba con caer, de un momento a otro, en el interior del ojo. Por no hablar de la servilleta. Justo en medio del careto del amigo. Agarr\u00e1ndose, como si en ello le fuera la vida, a los tres tristes pelos de su barba de tres d\u00edas.<br \/>\nVeintinueve y medio.<br \/>\nNot\u00f3 un leve temblor en la comisura de la boca. No. Not\u00f3 que le presi\u00f3n que ejerc\u00eda sobre su rostro iba cediendo. No. Que la mortaja que sobre \u00e9l pusiera se deshac\u00eda. No. Pod\u00eda hacerlo. Eres capaz. Not\u00f3 que ca\u00eda. Mant\u00e9n la concentraci\u00f3n. Que comenzaba a caer irremisiblemente. Puedes hacerlo. Los sonidos del bar comenzaban a reverberar aqu\u00ed y all\u00e1. \u00c1nimo. Atray\u00e9ndolo. Puedes hacerlo. El tin tin de las monedas al caer el la caja. No. El ruido de la m\u00e1quina de caf\u00e9. No. Las conversaciones de las mesas contiguas. No. El sonido que hac\u00eda la camarera al pasar las hojas de su cuaderno mientras mascullaba algo entre dientes. No. La puerta abri\u00e9ndose. Conc\u00e9ntrate. La puerta cerr\u00e1ndose. Mant\u00e9n la mirada. Pasos acerc\u00e1ndose&#8230;<br \/>\nTreint&#8230;<br \/>\nLa mirada fija en sus oj&#8230;<br \/>\nLa m\u00fasica&#8230; \u00bfNo era&#8230;.?&#8230; S\u00ed&#8230; Lou Reed&#8230; su voz era inconfundible&#8230;. \u00bfY la canci\u00f3n?&#8230; Sweet Jane&#8230; Vaya. No. Aquella m\u00fasica le tra\u00eda tantos recuerdos. Vuelve. La de juergas que se hab\u00eda corrido con lo colegas de entonces bajo la aterciopelada cadencia de aquellos acordes tan suyos. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de ellos? Vuelve. Diez a\u00f1os es mucho tiempo. Casi da v\u00e9rtigo pensarlo&#8230; Mant\u00e9n la mira&#8230;<br \/>\nLos vasos. El humo. El ambiente viciado. Alguien golpeando la ventana desde fuera&#8230;<br \/>\nDemasiado. Era demasiado. Lo supo todo perdido. Era hora de reconocer la derro&#8230;<br \/>\nDe repente, una sonora carcajada estall\u00f3 en mitad del caf\u00e9, al tiempo que el amigo, dirigi\u00e9ndose alternativamente, a la camarera y a \u00e9l, no sin antes quitarse la servilleta de la cara y retirarse, con un soplido, el molesto mech\u00f3n de pelo de su ganchuda nariz, dec\u00eda con suficiencia:<br \/>\n&#8211; Tomar\u00e9 un americano&#8230; por cierto&#8230; me debes una cena, pringaete&#8230; \u00e9l uno con leche&#8230; ah, y ya puedes secarte el sudor&#8230; Don No Tardo Ni Medio Minuto En Re\u00edrme&#8230;<br \/>\n&#8211; Vamos&#8230; no vale&#8230; era imposible no re\u00edrse con esa servilleta pegada en medio de la cara&#8230; bastante he aguantado&#8230;. t\u00fa&#8230; porque no pod\u00edas verte&#8230; bastante he&#8230;<br \/>\n&#8211; No dir\u00e1s que ha sido cosa m\u00eda&#8230;. lo de la servilleta, digo&#8230; tambi\u00e9n puedes rascarte la oreja, por cierto&#8230; y ofr\u00e9cete un cigarrito, \u00bfno?&#8230; si es que queda alguno entero&#8230; qu\u00e9 forma de apretar, chico&#8230; con que el sitio m\u00e1s caro&#8230;.<br \/>\nNo pudo evitar fruncir el ce\u00f1o ante las \u00faltimas palabras del amigo. \u00bfC\u00f3mo&#8230;? Pero antes de que pudiera siquiera terminar de formularse tal pregunta, que acab\u00f3 perdi\u00e9ndose en alg\u00fan remoto conf\u00edn de su cabeza, se vio reclamando para s\u00ed la atenci\u00f3n de la camarera:<br \/>\n&#8211; Venga&#8230; d\u00edselo t\u00fa&#8230; estar\u00e1s conmigo en que era imposible&#8230; hay que ser de piedra para no re\u00edrse con tal&#8230;<br \/>\nElla, se limit\u00f3 a encogerse de hombros y, d\u00e1ndose la vuelta, se dirigi\u00f3 hacia la barra, mientras pensaba, al tiempo que gritaba, \u2018Americano y con leche\u2019, en lo rara que era la gente y las risas de los dos amigos retallaban de nuevo, esta vez, entreveradas con las del resto de los camareros, que hab\u00edan observado, expectantes, el discurrir de toda la escena, en el interior del caf\u00e9. Faltaban a\u00fan muchas horas para el cierre.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211; S\u00e9 lo que est\u00e1s pensando. 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