{"id":74,"date":"2006-03-08T16:44:12","date_gmt":"2006-03-08T15:44:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=74"},"modified":"2018-03-01T21:10:12","modified_gmt":"2018-03-01T20:10:12","slug":"49-vivir-en-la-memoria-por-carlos-cifuentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=74","title":{"rendered":"49- VIVIR EN LA MEMORIA.  Por Carlos Cifuentes"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">\u00a1Por fin en la calle! Hace tres d\u00edas que no he salido para nada, atrapado en casa por esa atm\u00f3sfera densa y viciada propiciada por la mara\u00f1a de ideas que pululan en mi cabeza.<span style=\"font-size: 11pt\"><font color=\"#000000\"><font face=\"Times New Roman\"><!--more-->\u00a0<\/p>\n<p><\/font><\/font><\/span>Necesitaba escapar de esa prisi\u00f3n: que la luz del sol ilumine mis pupilas; que el aire humoso penetre en mis pulmones; que un viento de levante me envuelva y me airee. Necesito contaminarme de realidad para encontrar la senda pantanosa de la ficci\u00f3n por la que encauzar mi novela. Por fortuna pude eludir la vigilancia a la que me tiene sometido esa mujer, esa que dice que me cuida. \u00a1Ja, ja! Y ahora, por fin, estoy en la calle.<\/p>\n<p>Me siento bien en medio de este pl\u00e1cido bullicio que, sin embargo, no consigue distraer el conflicto que se debate en mi. Le sigo dando vueltas y m\u00e1s vueltas a Carlos, el protagonista de mi novela. Intento adivinar como reaccionar\u00e1 cuando descubra que do\u00f1a Ana es realmente su madre. Ella, que ha estado tan cerca de \u00e9l durante su adolescencia y juventud, y que sin embargo ha mantenido una actitud distante, as\u00e9ptica, sin dar muestra alguna por peque\u00f1a que fuera de quien era. Ella sabr\u00e1, en todo caso, por qu\u00e9 lo abandon\u00f3 cuando era un beb\u00e9 y por qu\u00e9 en aquel instante, probablemente, decidiera borrarlo completamente de su mente, de su coraz\u00f3n y de su vida. \u00bfQu\u00e9 poderosas razones pueden llevar a una madre a semejante renuncia? \u00bfCabe en un hijo el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n hacia su madre ante tama\u00f1a semejante afrenta? Carlos: lo m\u00e1s correcto ser\u00eda que perdonases a tu madre y que esta encontrara el hijo que perdi\u00f3 hace tantos a\u00f1os; que el amor consiguiera superar las omisiones y ausencias; que el dolor se convirtiera en abono que haga germinar la felicidad de un encuentro perdurable ya para siempre. Pero tu y yo sabemos, Carlos, que la realidad no suele ser tan generosa; que los corazones se llenan de vac\u00edo, de ignorancia, de odio; que se cierran con siete cerrojos y que entonces se extingue la llama del amor en su interior. Encontrar esas siete llaves y prender nuevamente el fuego, amigo m\u00edo, es tan dif\u00edcil.<\/p>\n<p>En estas disquisiciones andaba cuando me descubro frente al escaparate de alguna librer\u00eda. Es un lugar que me atrae como la flor a la abeja para entregarle ese polen con el que elaborar\u00e1 la m\u00e1s rica miel. As\u00ed ha sido siempre en mi vida y, por qu\u00e9 no, tambi\u00e9n ahora, estoy seguro, me va a ayudar con Carlos. Me adentro en el laberinto de pasillos y estanter\u00edas repletas de libros y m\u00e1s libros que exhiben imp\u00fadicos un t\u00edtulo sugerente salido del crisol del marketing y que desvela subliminalmente su interior m\u00e1s \u00edntimo con la intenci\u00f3n que el lector alargue la mano, lo tome, lo abra, lo hojee y deslice su mirada por las l\u00edneas de tinta para quedarse prendado de aquellas palabras que con tanto tino puso all\u00ed el autor. Irremediablemente el veneno entra en el cuerpo por los ojos y el ant\u00eddoto al mismo no es otro que rascarse el bolsillo. Yo he de amar a una piedra, Canciones de amor en Lolita\u2019s Club, Memorias de mis putas tristes, La promesa del Angel, La sombra del viento, &#8230; Inspirando este aroma de papel y tinta siento la fuerza de todas las historias y personajes que estos vol\u00famenes guardan; siento un estado de excitaci\u00f3n y energ\u00eda propios de un semental.<\/p>\n<p>Y , \u00bfeste t\u00edtulo? Vivir en la memoria. No es solo sorpresa lo que me produce, tambi\u00e9n confusi\u00f3n. Tomo el libro y le miro a la cara. Carlos Cifuentes: no se quien eres amigo pero algo debemos tener en com\u00fan si en alg\u00fan momento pensaste el mismo t\u00edtulo que yo para una novela. Con ansiada curiosidad abro el libro buscando el inicio del cap\u00edtulo primero.<\/p>\n<p>\u201cMomentos hay en la vida en los que el alma reclama un balance del camino recorrido. Los recuerdos se convierten entonces en argumentos para un debe o un haber. Sin embargo una vida, nuestra vida, es m\u00e1s que unos pocos cientos de recuerdos retenidos por una fr\u00e1gil memoria que acogi\u00f3 unos episodios y desterr\u00f3 otros. Estos que pretendimos enterrar en el tiempo conforman tambi\u00e9n nuestra existencia, y tarde o temprano saldr\u00e1n de los subterr\u00e1neos para reclamar nuestra paternidad.\u201d<\/p>\n<p>Estoy aturdido. Me froto los ojos incr\u00e9dulo. Vuelvo a leer el mismo p\u00e1rrafo, lentamente, escuchando el eco de esas palabras que retumban en mi interior. Es incre\u00edble. Abro al azar cualquier otra p\u00e1gina esperando encontrar en ella la evidencia que no deseo admitir. Y leo:<\/p>\n<p>\u201cCuando mi padre enviud\u00f3 contrat\u00f3 a una institutriz para que se hiciera cargo de mi. Al verla por primera vez me hizo estremecer aquella mirada dura y helada de sus preciosos ojos azules en aquel rostro de \u00e1ngel. Al instante comprend\u00ed con mi corto entendimiento de ni\u00f1o que alguna turbia historia manten\u00eda el coraz\u00f3n de aquella mujer en el dolor y el odio. Yo iba a ser testigo de ello. Es m\u00e1s, yo iba a sufrirlo, estaba seguro.\u201d<\/p>\n<p>Se me han parado los pulsos. No se qu\u00e9 pensar. Las palabras coinciden punto por punto con las que yo he escrito en mi novela. Compruebo que la primera edici\u00f3n es de 1.993, y esta que sostengo en las manos es la s\u00e9ptima y pertenece a este mismo a\u00f1o. No tengo una explicaci\u00f3n para esto.<\/p>\n<p>&#8211; Carlos Cifuentes, \u00bfqui\u00e9n eres? \u2013 me encaro con \u00e9l sobre la portada del libro -. \u00bfC\u00f3mo fuiste capaz de escribir mi novela incluso antes que yo? O acaso es &#8230; \u00bfsoy yo quien est\u00e1 escribiendo la tuya al dictado?<\/p>\n<p>Siento la necesidad vital de conocer qu\u00e9 sucede con Carlos, c\u00f3mo ser\u00e1 la relaci\u00f3n con do\u00f1a Ana despu\u00e9s de ese reencuentro entre madre e hijo, qu\u00e9 nuevos rumbos tomar\u00e1 su vida. Tengo que saberlo. Aunque bien se que ello supone que ya nunca acabar\u00e9 mi novela: otro lo hizo por mi.<\/p>\n<p>&#8211; Buenas tardes, don Carlos. \u00bfYa tiene su novela?<br \/>\n&#8211; Si, gracias. \u00bfCu\u00e1nto es?<br \/>\n&#8211; Dieciocho con cincuenta.<br \/>\n&#8211; Se\u00f1orita, perdone. Usted me conoce, \u00bfverdad?<br \/>\n&#8211; Claro que si don Carlos. Nos visita usted a menudo.<br \/>\n&#8211; Gracias, muy amable.<\/p>\n<p>No puedo aguantar hasta llegar a casa. Entro en una cafeter\u00eda que hay en la esquina; me acomodo junto a un gran ventanal y pido un poleo. Abro el libro y voy a buscar directamente el cap\u00edtulo siete pues los seis anteriores conozco perfectamente su contenido.<\/p>\n<p>&#8211; Buenas tardes don Carlos. Su poleo.<br \/>\n&#8211; Buenas tardes. Gracias.<\/p>\n<p>Curioso, tambi\u00e9n aqu\u00ed me conocen. Pero lo que me interesa ahora es Carlos. Me enfrasco en una afanosa lectura, devorando l\u00edneas, p\u00e1rrafos, p\u00e1ginas. Con suma facilidad mi mente evoca las im\u00e1genes de aquellas palabras. Pasan ante mi raudas y veloces pero con di\u00e1fana claridad, como si hubieran estado ah\u00ed, ocultas en alg\u00fan oscuro rinc\u00f3n de la memoria, testigo de episodios vividos en alg\u00fan tiempo a la espera de ser rescatadas. Palabras, recuerdos, de los que no soy consciente pero que provocan en m\u00ed sensaciones, sentimientos contradictorios de alegr\u00eda y dolor como el de quien recupera el cad\u00e1ver desaparecido de un ser querido. En estos casos, ya no hay lugar para la esperanza.<\/p>\n<p>Levanto los ojos de la lectura por un momento para descansar la vista. Mi mirada se pierde entre los transe\u00fantes a trav\u00e9s del ventanal, meditando las palabras que do\u00f1a Ana dirigi\u00f3 a su hijo:<\/p>\n<p>\u201c &#8211; Carlos: para amar es preciso tener coraz\u00f3n. Pero cuando el coraz\u00f3n te lo han destrozado ya no te queda capacidad para amar ni siquiera a un hijo, y mucho menos si este es fruto de aquel que te lo destroz\u00f3. Y tu, te pareces tanto a \u00e9l.\u201d<\/p>\n<p>Me encontr\u00e9 con mi cara reflejada en el cristal. Vi un hombre octogenario, delgado, de pelo cano y escasa barba; que escond\u00eda tras unas grandes gafas de pasta unos ojos azules, vivarachos en otro tiempo pero ya cansados; de profundos surcos sobre un rostro muy curtido, heridas de guerra de miles de batallas disputadas a la vida; &#8230;<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oh Dios, no!<\/p>\n<p>Tras el cristal apareci\u00f3 aquella mujer que me ten\u00eda prisionero, aquella misma que dec\u00eda que me cuidaba. Ja, Ja. Y me ha visto. Maldici\u00f3n. Cierro el libro y apresuradamente intento salir de la cafeter\u00eda.<\/p>\n<p>&#8211; Pap\u00e1, pap\u00e1. Espera. Por favor, que alguien detenga a ese anciano.<\/p>\n<p>Unas manos fuertes y robustas siento como me aprisionan el brazo.<\/p>\n<p>&#8211; Usted, su\u00e9lteme! \u00bfQu\u00e9 se ha cre\u00eddo?<br \/>\n&#8211; Gracias se\u00f1or \u2013 dijo la bruja aquella a mi captor-. Es un anciano enfermo, ya sabe \u2013 e hizo un gesto as\u00ed como si yo estuviera loco-.<br \/>\n&#8211; Yo no estoy loco. Y usted no es mi hija.<br \/>\n&#8211; Ya basta pap\u00e1. Ya me tienes m\u00e1s que harta; esta es la tercera vez que te escapas esta semana. Si no pones de tu parte no tendr\u00e9 m\u00e1s remedio que internarte en una residencia.<br \/>\n&#8211; No, eso no. Por favor. Me por tar\u00e9 bien.<br \/>\n&#8211; Y ahora, vamos para casa.<\/p>\n<p>De camino a casa imagino el sal\u00f3n de una de esas residencias, repleto de ancianos, todos ellos con una vida ya vivida que apenas recuerdan y que confunden con la realidad. Ancianos que fueron hombres de negocios, artistas, trabajadores de la construcci\u00f3n, operarios de fabricas, amas de casa, incluso marqueses, esposos y esposas, padres y madres, puede que abuelos y abuelas tambi\u00e9n. Y que hoy est\u00e1n ah\u00ed, apartados en alg\u00fan rinc\u00f3n oscuro de la memoria, tan oscuro como el suyo propio, reclamando salir a la luz. Pero en estos casos, ya no hay esperanza. Solo olvido y esperar que el olvido se consuma. No, definitivamente, no quiero ir a uno de esos sitios.<\/p>\n<p>Al llegar a casa mi guardiana, esa que dice que me cuida, me trae un vaso de leche caliente con galletas y unas pastillas. Me siento a leer mi novela.<\/p>\n<p>\u201cMuchos a\u00f1os hace ya que me desterr\u00e9 de este lugar que ignor\u00f3 mi existencia, que despreci\u00f3 mi perd\u00f3n y cari\u00f1o, que me neg\u00f3 el amor. Hoy vuelvo, con el coraz\u00f3n estrujado por la pena, con rosas en las manos que adornar\u00e1n tu sepultura, con una oraci\u00f3n en los labios implor\u00e1ndole al Alt\u00edsimo su misericordia para con tu ofensa. Siempre fuiste mi madre, por m\u00e1s que me negaras ese derecho; siempre te llev\u00e9 conmigo, a pesar tuyo, aunque me acompa\u00f1\u00f3 el dolor de tu desprecio; siempre esper\u00e9 en ti, por m\u00e1s que pasara el tiempo. Y ha tenido que ser cuando ya la vida te abandonaba, para no darme la oportunidad de agradec\u00e9rtelo, para no tener que sufrir un beso y un abrazo, que por fin te has decidido a ser mi madre y decirme: Carlos, hijo m\u00edo, perd\u00f3name.\u201d<\/p>\n<p>Los ojos se me llenan de l\u00e1grimas. Me levanto, voy a la c\u00f3moda y de un caj\u00f3n, entre la ropa, saco un cuaderno de ni\u00f1o. Las p\u00e1ginas amarilleadas por el tiempo sostienen fr\u00e1giles trazos de tinta ya viol\u00e1cea. Entre ellas, una foto, de una mujer de preciosos ojos azules y rostro de \u00e1ngel. La contemplo unos minutos, en silencio, sin pensar nada, sin que ning\u00fan recuerdo aflore. La vuelvo a guardar en el cuaderno y este en la c\u00f3moda. En el bur\u00f3 recojo los papeles de mi manuscrito, abro la parte de abajo y all\u00ed los dejo, junto con otros manuscritos de la misma novela que corrieron igual suerte. Tomo el libro para dejarlo en la estanter\u00eda junto con otros libros, junto con otros ejemplares de esta misma novela que, al parecer, he ido almacenando durante estos a\u00f1os. En un estante llama mi atenci\u00f3n una placa de color dorado sobre madera de caoba. Me acerco, la tomo en mis manos y leo:<\/p>\n<p>PREMIO DE NOVELA EL OTO\u00d1O DORADO 1993<br \/>\nPRIMER PREMIO<br \/>\nOtorgado a<br \/>\nDon Carlos Cifuentes Robles<br \/>\nPor su novela<br \/>\nVIVIR EN LA MEMORIA<br \/>\nEn Madrid, a 10 de Octubre de 1993.<br \/>\nFundaci\u00f3n Para La Difusi\u00f3n<br \/>\nDe Las Letras Y La Cultura Iberoamericana<\/p>\n<p>Dejo la placa en su sitio. Me voy a cenar.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a1Por fin en la calle! 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