{"id":77,"date":"2006-03-08T16:54:38","date_gmt":"2006-03-08T15:54:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=77"},"modified":"2006-03-12T19:15:44","modified_gmt":"2006-03-12T18:15:44","slug":"52-el-anuncio-por-topo-yiyo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=77","title":{"rendered":"52- El anuncio. Por Topo Yiyo"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana\">En el pasillo ya huele a puchero, y Mar\u00eda tuerce el hocico pensando que de nuevo intentar\u00e1n sin \u00e9xito que ella coma un plato de esa sopa de color blanco sucio, como de cocina vieja. <!--more--> Se dice, me vuelvo, llamo desde la calle y digo que tengo clases; vacila y recula, pero sabe que es para nada porque ya escucha el ascensor, que de nuevo se ha parado en su planta. Adem\u00e1s, tiene que decir a la familia que se marcha, y ser\u00e1 hoy, sin falta. Incompleto el amago de volverse sobre sus talones, a\u00fan de espaldas, puede imaginar que ve a su madre llegar de la calle acompa\u00f1ada de Eulalia, que debe tener genes de porteadora, achaparrada y cargada de paquetes; o tal vez a su padre, con uno de los diez trajes impolutos con los que cada d\u00eda cuenta el dinero ajeno. Mar\u00eda avanza decidida por el pasillo hasta situarse cerca de la puerta del piso, no se gira, pero adivina que es su hermano quien la sigue, siempre altivo bajo su disfraz de hippie de dise\u00f1o. Mar\u00eda odia que vaya de l\u00f3gico y de culto; de erudito porque ha le\u00eddo dos o tres cap\u00edtulos de la Odisea, rechaza su dejadez calculada. Se siente rid\u00edcula por andar pensando cosas malas de su hermano sin que todav\u00eda le haya dado motivos, as\u00ed que se gira y le sonr\u00ede. Pens\u00e9 que hoy me iba a ahorrar verte el careto, le dice \u00e9l. Y los buenos sentimientos de Mar\u00eda se atascan en la media sonrisa maliciosa de su hermano, que le aparta la mano de la cerradura y abre con su llave.<br \/>\nPablo entra delante, anunci\u00e1ndose a gritos, ya estoy en casa; vaya la cosa, que gran logro, ha sabido llegar sin perderse, el erudito. Todos salen al pasillo a recibirle con grandes aspavientos. Parece un dictador acogido por sus fieles m\u00e1s cobardes. Ella va detr\u00e1s, cargada con una bandolera repleta de fotocopias, varios libros y una carpeta negra. Rumia lo que lleva rumiando meses, y nadie parece tener intenci\u00f3n de perturbarla en su desequilibrio. Se da cuenta de que Eulalia s\u00ed la mira, mientras sujeta la sopera con los brazos cada vez m\u00e1s temblorosos en espera de un gesto de la due\u00f1a de la casa. Con su belleza nativa y su trenza crespa, la mucama negroide es tan invisible como ella. Nadie se ha sentado. La espalda de su hermano recibe a\u00fan cientos de palmoteos repetitivos, de esos en los que los abrazos se dan m\u00e1s al aire que al que se abraza. Justo cuando piensa que la situaci\u00f3n se va a prolongar eternamente, Mar\u00eda pierde su condici\u00f3n de transl\u00facida.<br \/>\nLa nena ha llegado, a comer. Nada apetece menos a Mar\u00eda que compartir \u00e1gape con aquella tropa de liberales reconvertidos al credo del Monopoly. Sus padres, una pareja progre de finales de los 70\u2019, se han hecho el cuerpo a andar por ah\u00ed con sus vidas acolchadas de lujos superfluos, y reniegan ahora de mover un dedo si eso no reporta beneficios. Su abuela, por su parte, siempre se muestra orgullosa de haberse hecho a s\u00ed misma, de haber llegado hasta donde ha llegado desde la nada. Para ser fieles a los hechos habr\u00eda que a\u00f1adir que ya no se habla con sus dos hermanas porque vendi\u00f3 las finquitas familiares sin repartir beneficios; y con esa comisi\u00f3n hab\u00eda llegado hasta donde hab\u00eda llegado, no precisamente de la nada.<br \/>\nSe acomodan frente a la mesa. Mar\u00eda, lo m\u00e1s lejos posible de su abuela. No se hablan desde hace m\u00e1s de un a\u00f1o, cuando se encontraron por la calle. Entonces Mar\u00eda caminaba del brazo de Alberto, se acerc\u00f3 a su abuela sonriente, dispuesta a presentarle al culpable de que no terminara de aprobar las dos asignaturas que le quedaban de la carrera, pero ella pas\u00f3 de largo, como si no la conociera. Mar\u00eda siempre ha cre\u00eddo que el feo que le hizo se debi\u00f3 a que Alberto es mejicano, y espera que tambi\u00e9n la ignore hoy cuando anuncie su marcha. A pesar de ello, tal vez movida por un raro instinto de protecci\u00f3n, se ha sentado lejos de ella, junto a su madre, siempre m\u00e1s af\u00edn a sus rarezas.<br \/>\nMientras todos alaban los platos que hay sobre la mesa, Mar\u00eda ha viajado en el tiempo. Ha regresado hasta su \u00faltima charla con Alberto, y rememora los detalles del viaje que har\u00e1n juntos a M\u00e9xico, las fotos de los chiquitos a los que dar\u00e1 clase, las condiciones en las que viven. Cada minuto que pasa tiene m\u00e1s claras sus convicciones, y ve idiota darle m\u00e1s vueltas al modo de dar la noticia a su familia. Se ha mentalizado para cualquier escena. Tiene preparadas respuestas para cada uno de los contras que su madre le escupir\u00e1 a la cara en cuanto sepa que va a dejar los estudios, que va a dejar la casa, que va a dejarlo todo para seguir a Alberto en su trabajo de ayuda a Sudam\u00e9rica. Todos se pasan los cuencos con la ensalada, y Eulalia ya ha servido el puchero. Mar\u00eda ha perdido el hilo, no sabe de qu\u00e9 est\u00e1n hablando.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo que se te va?, \u00bfy a d\u00f3nde va a ir si se puede saber?, \u00bfes que ha encontrado una casa donde le pagan m\u00e1s, acaso? La abuela no muestra los mismos toques de refinado comportamiento de su madre, no deja que se le note en el habla su origen pueblerino, pero parlotea mientras introduce pizquitas de pan de centeno en su boca, fabricada a medida. No lo s\u00e9, pero yo ya le he dicho esta ma\u00f1ana que no me puede dejar desatendida hasta que encuentre a otra que aprenda c\u00f3mo funciona la casa. De qui\u00e9n habl\u00e1is, pregunta Mar\u00eda. De Eulalia, chica, pero est\u00e1s dormida o qu\u00e9 te pasa, que dice que se va de la casa\u2026por cierto, la vamos a llamar, anda, para enterarnos bien de qui\u00e9n nos la roba, porque sospecho que puede ser cualquier conocido, claro, para que haya decidido irse la han tenido que tentar con el sueldo.<br \/>\nMar\u00eda se ha quedado de piedra. Nunca hubiera pensado que Eulalia fuese a decir nada antes de que ella hablara con sus padres del tema, pero tras la sorpresa punzante se da cuenta de que se est\u00e1 portando del mismo modo excluyente que tanto abomina. Reconoce que tal vez la revelaci\u00f3n adelantada, pero no precisada, es un modo de presionarla para que se decida a decir de una vez todo cuanto ha de decir. Es un modo de hacerle saber que la decisi\u00f3n es en firme, para ambas.<br \/>\nMar\u00eda interrumpe, \u00bfseguro que es por dinero? Y no sabe cual es la fuerza centr\u00edfuga que le ha revuelto las entra\u00f1as y le ha obligado a abrir la boca. Pues yo dir\u00eda que s\u00ed nena, si no a ver de qu\u00e9 se iba a querer marchar Eulalia, porque en esta casa siempre se la ha tratado como a una m\u00e1s de la familia. Hay que reconocer que muchas mujeres querr\u00edan tener su misma suerte, con la cantidad de ellas que llega cada d\u00eda a Espa\u00f1a y que est\u00e1n tiradas en la calle\u2026 adem\u00e1s Eulalia est\u00e1 perfectamente integrada\u2026\u00bfIntegrada? Mam\u00e1, para empezar, no creo que tengas ni la menor idea de hacia d\u00f3nde se dirige Eulalia una vez sale de casa. \u00bfSab\u00edas que Eulalia es licenciada en Derecho? Mar\u00eda mira a su madre fijamente a los ojos, desafiante. S\u00ed, s\u00ed, s\u00e9 que alguna cosa hab\u00eda estudiado, pero bueno, ya sabemos que las carreras de all\u00ed no las aceptan aqu\u00ed, porque son m\u00e1s f\u00e1ciles y\u2026 Sabes que eso no es cierto. Mar\u00eda se levanta de la mesa, arrastra la silla, su familia la mira incr\u00e9dula. La nena, por lo habitual tan mansa, exaltada as\u00ed por una tonter\u00eda, no debe cuadrarles. Eulalia estar\u00e1 mejor en su nuevo empleo. Tendr\u00e1 un alta en la seguridad social, mam\u00e1, \u00bfno lo has pensado? El rumor de platos y cubiertos cesa; todos se giran hacia Mar\u00eda, y como si hubiera contado un chiste malo, r\u00eden a destiempo. Esta ni\u00f1a es tonta, pues no va y nos sale idealista, \u00bfpero t\u00fa sabes lo que cuesta dar de alta a una persona para que trabaje en casa? No s\u00f3lo no lo hacemos nosotros, es que nadie lo hace. Se ha levantado una ola de comentarios por lo bajo, con miradas de reojo y sonrisas ir\u00f3nicas. Cuando empieces a ganar t\u00fa el dinero ya te enterar\u00e1s de lo que vale un peine, a ver si te crees que somos ricos. \u00a1Eulalia!, \u00a1Eulalia! Su madre se ha puesto nerviosa, retuerce la servilleta, llama a Eulalia a voces. S\u00ed, se\u00f1ora. Eulalia aparece junto al quicio de la puerta. Si no la conociera, Mar\u00eda pensar\u00eda que ha llorado, pero Eulalia siempre tiene los ojos hinchados, como si derramara l\u00e1grimas de manera constante cuando nadie la ve. A pesar de que es una mujer joven, de no m\u00e1s de 35 a\u00f1os, carga con un rostro macerado por la nostalgia, con unas facciones que conmueven. A su lado Mar\u00eda tiene la sensaci\u00f3n de que si se echara a llorar con todas sus fuerzas no parecer\u00eda m\u00e1s que una pla\u00f1idera barata.<br \/>\nAhora que est\u00e1 toda la familia junta, nos gustar\u00eda que nos contaras qui\u00e9n te contrata. Eulalia abre mucho sus hinchados ojos, y los dirige a un lado y a otro de la mesa. Pero, \u00bfes que Mar\u00eda no les dijo? Ahora todos los pares de ojos de la estancia se posan escrutadores sobre Mar\u00eda. No, \u00bfqu\u00e9 puede saber la nena? Eulalia alza los hombros en se\u00f1al de resignaci\u00f3n. Ella fue qui\u00e9n me dio el empleo. El silencio hace que a Mar\u00eda le zumben los o\u00eddos, sigue sin atreverse a alzar la vista. \u00bfLa nena? La risa inoportuna de antes se convierte en una estruendosa carcajada. Su hermano se atraganta y su abuela comienza a darle golpes en la espalda. Mientras tose, su hermano no recibe c\u00e1lidas palmadas de bienvenida, sino golpes secos, cada vez m\u00e1s fuertes, propinados por la \u00fanica persona de la sala que ni siquiera esboza una sonrisa. La abuela la mira de soslayo. La est\u00e1 juzgando, en silencio, como cuando insinu\u00f3 que toda la solidaridad del mundo que ella pregonaba cab\u00eda en los vaqueros del mejicano.<br \/>\nTiene de nuevo la sensaci\u00f3n de no ser ella quien permanece de pie agarrando el mantel con fuerza. Tiene ganas de tirarles a la cara la verdad, su verdad, de salir corriendo, de dar un portazo. Pero sabe que la ira que la domina es hacia s\u00ed misma, hacia su cobard\u00eda, y por eso no se mueve de d\u00f3nde est\u00e1. No abre la boca. Es de nuevo Eulalia la que habla. Mar\u00eda est\u00e1 trabajando para una asociaci\u00f3n que ayuda a los inmigrantes. Ella me dijo que yo pod\u00eda limpiar all\u00e1 mientras ella y su novio trabajan en M\u00e9xico, y que con el tiempo, quiz\u00e1 necesitara a gente con conocimiento de leyes para la sede de ac\u00e1. La verdad es que me interesa, porque me dan de alta algunas horas, y eso me viene bien por los papeles. Me van a pagar menos, pero bueno\u2026 total me arriesgo. Quiero que sepan que les estoy muy agradecida por todo igual.<br \/>\nEulalia se retira, vuelve a la cocina. Mar\u00eda sigue agarrada al mantel, se siente rid\u00edcula por haber esgrimido ante su madre la excusa de que Eulalia era abogada, porque al fin y al cabo s\u00f3lo ha podido contratarla de fregona, y por cinco horas menos de lo que en realidad va a trabajar. Se siente rid\u00edcula. Tiene la sensaci\u00f3n de que todos sus ideales est\u00e1n vac\u00edos, y de que en verdad caben en los vaqueros de un mejicano. Se sujeta a la mesa con mayor fuerza en medio del silencio, en espera del chaparr\u00f3n, pero no le dicen nada. Nadie dice nada m\u00e1s&#8230; y para esto no estaba preparada. Se sienta. De nuevo el rumor de platos y cubiertos. 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