{"id":78,"date":"2006-03-08T16:59:57","date_gmt":"2006-03-08T15:59:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=78"},"modified":"2006-03-08T16:59:57","modified_gmt":"2006-03-08T15:59:57","slug":"53-la-conciencia-por-el-lobo-quirce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=78","title":{"rendered":"53- La conciencia.  Por El lobo Quirce"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Hoy tocaba limpieza de estanter\u00edas; son las de la salita peque\u00f1a, donde se refugia Quirce las m\u00e1s de las veces, para encontrarse as\u00ed mismo, para buscar respuestas a sus inc\u00f3gnitas, a sus dudas. Pero ahora est\u00e1 indolente y se sienta en la butaca confortable, que le recoge con sus c\u00e1lidos y mullidos brazos; estira las piernas y apoya su espalda en el respaldo.<span style=\"font-size: 11pt\"><font color=\"#000000\"><font face=\"Times New Roman\"><!--more-->\u00a0<\/p>\n<p><\/font><\/font><\/span>Es la habitaci\u00f3n de sus sue\u00f1os, peque\u00f1a, c\u00f3moda, de forma ligeramente rectangular y alejada de las zonas de ruidos de la casa: algunos entrepa\u00f1os de libros y revistas, peque\u00f1os armarios con material fotogr\u00e1fico, sus \u00e1lbumes de fotos y m\u00e1s cachivaches personales; revisa las paredes fijando su atenci\u00f3n: cinco, seis, siete; s\u00ed, son siete anaqueles&#8230;, pero tiende a quedarse en el segundo. Mira de nuevo otros estantes, cambia, pero el subconsciente le dirige autom\u00e1ticamente al segundo. No tiene sentido rebelarse y detiene la cabeza, su visi\u00f3n, en ese punto, en esa balda, que contiene tres horrorosas figuras de pasta, simulando el marfil, con dos samur\u00e1is serios e irascibles, vestidos de muerte hasta las cejas, en actitud de marcial combate sin final ya que pese a los a\u00f1os, son incansables, luchan en una batalla eterna, ignorando la derrota, que nunca les llega- tampoco la victoria, por cierto- y entre medias, medroso como Quirce a veces, un pobre pescador, cabizbajo y escorzado, que lleva una bandeja con varios peces mientras que apoya su brazo derecho en un tortuoso cayado, similar a una rama de madera de boj. No est\u00e1n solas las peque\u00f1as estatuas pues quedan flanqueadas por cuatro garbosos retratos familiares, con una capa evidente de polvo encima. S\u00ed, necesitan limpieza y Quirce, despu\u00e9s del descanso, seguro que acomete el tedioso trabajo.<br \/>\nBueno, tendr\u00e1 que limpiar todos los estantes, aunque de momento, s\u00f3lo se fija en el de los retratos y figuras. Desecha las estatuas y se concentra en las fotos; dos son de su sobrina y una de Celia. Pero hay otra m\u00e1s, peque\u00f1a, en formato 14&#215;10, resguardada o protegida en un sencillo marco de madera oscura, pero que no ha podido evitar que envejezca, pues ahora es p\u00e1lida, amarilla; la cubre una buena dosis de polvo, que la hace mate, un poco borrosa; pide a gritos atenci\u00f3n, limpieza.<br \/>\nNo se decide a mover el cuerpo este hombre observador, mir\u00f3n desabrido y lento. Es m\u00e1s, enciende un habanos para saborear el momento, o alargar el asunto con una raz\u00f3n, la de fumar, y lanza el humo suavemente hacia la zona de retratos, originando con este acto, un ambiente todav\u00eda m\u00e1s turbio en su punto de visi\u00f3n inclinada, sin embargo, Quirce empieza a ver m\u00e1s claro. El portarretratos que retiene su vista es el peque\u00f1o, y la foto que contiene -ya lo he dicho- es vieja y desva\u00edda aunque en color, y capta un plano medio de los personajes encuadrados por la c\u00e1mara.<br \/>\nEl aire viciado de humo en la diminuta habitaci\u00f3n, la capa de polvo que acaricia el retrato -lo protege- y los dos metros que separan aquel suceso y los ojos de Quirce, parece que no son nada, pero hay una distancia, la que paraliza al hacendoso hombre en su butaca: la foto en que se fija tiene ya veinticinco a\u00f1os&#8230; \u00a1Toda una vida!<br \/>\nLa nimia distancia visual ha abierto un boquete en su memoria encriptada, tan segura hasta ese momento y este Juan espa\u00f1ol, llamado Quirce se pone nervioso; s\u00f3lo fuma sentado en su sill\u00f3n amigo y&#8230; piensa. Piensa motivado por la propia limpieza que no inicia, cautivado por la foto tan antigua. As\u00ed, en lo que ha consumido su pitillo- unos minutos-, ha pasado por su frente, por su memoria, un largometraje peculiar, el de su propia vida; bueno, para \u00e9l ha sido media, y plagada de todo. \u00bfQu\u00e9 ha dado de s\u00ed, Quirce? \u00bfPor qu\u00e9 mira esa foto tan embobado? Lo cierto es que hay algo m\u00e1s que tiempo entre observador y observado, sabiendo, adem\u00e1s, que se trata del mismo personaje: S\u00ed, puede ser, hay hasta envidia, pero&#8230; \u00bfQui\u00e9n envidia a qui\u00e9n?<br \/>\nEl tipo de la foto, alto, barbudo y con aspecto despreocupado, lleva un tabardo de piel de borrego con su rizada lana blanquecina en su interior, que se adivina porque sale hacia fuera, a modo de cuello protector. Tiene mucho pelo, ya el borrego como el sujeto de la foto y a \u00e9ste se le ve la cara: tiene fr\u00edo y se le nota en las facciones, m\u00e1s al contrario, fue un d\u00eda feliz y c\u00e1lido, el que recuerda la fotograf\u00eda y lo cierto es que este joven, ten\u00eda la mirada brillante, segura y limpia, que dirig\u00eda hacia su compa\u00f1era, vestida con atuendo semejante -incluido un chaquet\u00f3n de cordero- y que tambi\u00e9n le miraba, le daba la mano.<br \/>\nQuirce sigue observando la peque\u00f1a foto, pero ya no ve; por su mente discurren encadenadas fotos fijas, fotos movidas, escenas, algunas personas, vivencias, aventuras; quiere condensar una vida, su vida, como si fuera su deporte preferido, pero sigue observando. En la foto hay tambi\u00e9n un tercer personaje; siempre hay una tercera persona -vestida de blanco y en actitud solemne-, pero no, no es la novia, sino el cura, celebrando el rito con casulla inmaculada. La foto capta un celebrante, la penumbra del ambiente, la luz mortecina de unos velones; capta el aire fr\u00edo, congelado, casi cristalino, pero s\u00f3lo son hechos borrosos, sensaciones evanescentes. \u00c9l s\u00f3lo recuerda los ojos de su compa\u00f1era, el calor de su mano, su aroma a espliego y algunos susurros al o\u00eddo, nada m\u00e1s.<br \/>\nAhora s\u00ed, se levanta y desempolva el retrato con una suave gamuza que tiene el oficio de absorber las part\u00edculas de polvo. La gu\u00eda, recorriendo el contorno del portarretratos y aplica el aliento sobre el cristal, para facilitar la limpieza. Bru\u00f1e con cuidado la cubierta, el pie, la parte trasera; con meticulosidad, con atenci\u00f3n, hasta cumplir el cometido, ya que ahora, a los ojos de este hombre, la foto est\u00e1 m\u00e1s n\u00edtida, hasta reluce&#8230;, pero sigue viendo lo que ve\u00eda en la atm\u00f3sfera turbia de humo. En s\u00ed mismo es una foto, con dos personajes principales, pues el resto&#8230; son forillos.<br \/>\nAquel Quirce era lobo joven, tenaz, vestido con piel de cordero, pero con virtudes del lobo ib\u00e9rico: duro, voluntarioso, pele\u00f3n si es menester, ambicioso por abrirse camino, a\u00fan a dentelladas, pero tambi\u00e9n generoso, solvente, solidario, y sobre todo, con el firme apoyo de la mejor compa\u00f1era de la manada; era la ecuaci\u00f3n del \u00e9xito asegurado, el mejor equipaje para un viaje largo, pero seguro&#8230; y con destino cierto.<br \/>\nPor un momento, el fr\u00e1gil limpiador descansa la mirada y deposita con precauci\u00f3n el retrato en el estante donde estaba, pero&#8230; se extra\u00f1a. Ha cambiado algo la foto pues el joven lobo ya no mira a la compa\u00f1era de aventuras, le mira a \u00e9l. Quirce retrocede y se refugia en el amable sill\u00f3n, buscando fuerzas, quiz\u00e1 sentido, pero no puede evitar la mirada del retratado, su altivez, su orgullo; tambi\u00e9n la reprimenda. Le habla fuerte, le increpa, pero incluso a\u00f1ade argumentos de esperanza&#8230;, y le envidia:<br \/>\n\u2013 Igual son para m\u00ed veinticinco a\u00f1os, Quirce. Es un camino ancho y pl\u00e1cido, pero tiene estrecheces, accidentes. T\u00fa me miras, Quirce, me observas, me admiras&#8230; y me envidias. Eso mismo me pasa a m\u00ed contigo. El joven lobo ha peleado, ha sufrido. Tambi\u00e9n ha bebido del \u00e9xito, se ha realizado y siempre ha utilizado la esperanza y el resultado eres t\u00fa, sentado en la seguridad de esa butaca, feliz en el fondo, saboreando un habanos y utilizando la memoria para medirme, sopesarme, para juzgar veinticinco a\u00f1os de vida, de t\u00fa vida. S\u00ed, Quirce, yo tambi\u00e9n te envidio porque eres mi proyecto de futuro, eres mi realidad.<br \/>\nHab\u00eda pasi\u00f3n en el mudo mon\u00f3logo del joven; saltaban chispas de calor, entra\u00f1ables. No parec\u00eda que la distancia fuera tan grande y es que, realmente, el espacio es relativo. Todav\u00eda manten\u00eda la mirada el tipo de la foto, y continu\u00f3 habl\u00e1ndole&#8230;<br \/>\n\u2013 \u00a1Vamos, Quirce! La larga distancia que nos separa es la misma que hay desde tu sill\u00f3n est\u00e1tico hasta la ilusi\u00f3n de cada d\u00eda. No te ofusques, no te rindas y menos, ante un enemigo imaginario -el pesimismo- o quiz\u00e1s la tristeza, que tambi\u00e9n es intangible. No busques combatir contra la nada, pues es segura la derrota. Contin\u00faa Quirce, no te pares en este momento. Piensa en el joven lobo que te habla desde el fijo retrato, piensa en su voluntad, sus ganas de pelea, su ambici\u00f3n, sus sue\u00f1os&#8230;, piensa en ti, Quirce, y no te desanimes.<br \/>\nEl hombre solt\u00f3 la gamuza inconscientemente y soport\u00f3 por \u00faltima vez, la mirada profunda del joven lobo, con intenci\u00f3n de absorber alg\u00fan h\u00e1lito de vigor, de confianza. Se levant\u00f3 de nuevo, con intenci\u00f3n de limpiarle m\u00e1s profundamente, de llegar a su interior, de descubrir sus entra\u00f1as, pero el tipo del retrato no le dej\u00f3 continuar:<br \/>\n\u2013 \u00a1Venga, Quirce!, f\u00edjate en mi mano. \u00bfQu\u00e9 agarra?, mejor dicho, que sostiene o en qu\u00e9 se apoya. Ah\u00ed tienes el secreto de t\u00fa esperanza&#8230; que es mi ayuda, mi confidente, pero t\u00fa sigues teni\u00e9ndola ah\u00ed al lado, en el sof\u00e1 de la habitaci\u00f3n contigua, reposada y segura, bella, leyendo concentrada, disfrutando los renglones encadenados de una novela con argumento. Incorp\u00f3rate, asoma la cabeza por el quicio de la puerta y&#8230;obs\u00e9rvala: No hay indicios de tensi\u00f3n, de tortura; se acepta tal como es, con la seguridad acumulada de los a\u00f1os gastados, pero vividos contigo, formando un proyecto. Ella tiene su historia, fabricada con tes\u00f3n, con ganas, como muchas historias vividas, como la tuya, pero no exige&#8230;, no quiere dar un salto en el vac\u00edo. S\u00ed, se acepta tal cual, en la creencia de que sigue caminando contigo. No te rindas, Quirce. Coge su foto, que est\u00e1 en el anaquel de enfrente, justo detr\u00e1s de tu querencioso sill\u00f3n, y l\u00edmpiala. Coloca un momento su retrato en la mesa camilla, donde apoyas tus tristes codos y f\u00edjate en ella. Ahora, echa un vistazo a la otra, la que te obsesiona. \u00bfVes?, me agarra la mano y me habla con su mirada, me susurra su apoyo, su amor, con las pupilas; la sonrisa de su boca me habla tambi\u00e9n y ya entonces me dec\u00eda de un trayecto largo, que pensaba emprender conmigo: \u00bfveinticinco a\u00f1os?&#8230; \u00a1Por qu\u00e9 no cincuenta!, si realmente lo quieres. Ahora, f\u00edjate en la otra, la de la mesa. \u00bfVes?, la misma mirada, la misma sonrisa&#8230;, el mismo di\u00e1logo contigo, que invita a otro trayecto&#8230;, tan largo, duradero y \u00bfpor qu\u00e9 no?, tan fruct\u00edfero. Est\u00e1 al lado, Quirce, en la salita, leyendo un libro. Puedes hablarle al retrato, puedes hablarle a ella, pero despierta. Acaba la faena que iniciaste hace unas horas. Eres lento en la limpieza, eres terriblemente lento y melanc\u00f3lico. No dejar\u00e9 de mirarte hasta que espabiles y limpies el retrato de la mesa, con cuidado, con cari\u00f1o, hasta que penetre en ti su intenci\u00f3n, su pensamiento.<br \/>\n\u00a1Vamos, Quirce!, mu\u00e9vete ya. El tiempo apremia y todav\u00eda tienes pendiente el retrato de mi izquierda, el de Celia, tu hija peque\u00f1a&#8230; y luego, como penitencia, limpiar\u00e1s los dos de abajo, el de Irene y el de Elena, tus otras hijas&#8230; \u00a1Cu\u00e1nto te envidio, Quirce!<br \/>\nEl tibio hombre de la gamuza hizo caso al joven lobo y termin\u00f3 el trabajo que se hab\u00eda propuesto. Puso especial cuidado en la limpieza y brillo de las fotos de sus hijas y si bien es cierto que con ellas no hubo di\u00e1logo, si derram\u00f3 unas gotas de cari\u00f1o en el trapo, para dar m\u00e1s consistencia a los retratos; frotaba con este l\u00edquido especial los marcos, los cristales, que adquir\u00edan m\u00e1s vigor, m\u00e1s templanza, tambi\u00e9n m\u00e1s claridad, por supuesto, la que manaba hacia \u00e9l en el contacto y que fue veh\u00edculo transmisor de un nuevo aliento, un recobrado vigor, una ilusi\u00f3n.<br \/>\nAl salir de la peque\u00f1a habitaci\u00f3n, Quirce gir\u00f3 su cuerpo por instinto, como un c\u00e1nido, y observ\u00f3 otra vez m\u00e1s el retrato de su boda; estaba limpio, bien colocado, pero ahora el joven lobo ten\u00eda otra postura: miraba, de nuevo, los brillantes ojos de la compa\u00f1era.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy tocaba limpieza de estanter\u00edas; son las de la salita peque\u00f1a, donde se refugia Quirce las m\u00e1s de las veces, para encontrarse as\u00ed mismo, para buscar respuestas a sus inc\u00f3gnitas, a sus dudas. 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