{"id":87,"date":"2006-03-10T18:46:19","date_gmt":"2006-03-10T17:46:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=87"},"modified":"2006-03-10T18:46:19","modified_gmt":"2006-03-10T17:46:19","slug":"62-mestizaje-prohibido-por-diego-nogales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=87","title":{"rendered":"62- MESTIZAJE PROHIBIDO. Por DIEGO NOGALES"},"content":{"rendered":"<p>El eco de los vocer\u00edos de los \u00faltimos borrachos reverberaba por las desertadas calles. El fresco roc\u00edo, \u00e1vido de cuerpos vivos, se dirig\u00eda directamente hacia los huesos. Zito se contorne\u00f3 con sus propios brazos mientras permanec\u00eda oculto, agazapado entre las \u00faltimas sombras de la noche vencida.<!--more--><br \/>\nZito, el valiente Samas, se sent\u00eda algo menos valeroso tras pasar algunas horas de la noche en Tarrabar. Desde su privilegiado escondite hab\u00eda podido comprobar la degeneraci\u00f3n en la ciudad de los infames y depravados Octos. Tan s\u00f3lo el recuerdo de Mika le hac\u00eda pensar a Zito que aquello no supon\u00eda una locura. Ella le hab\u00eda convencido de que su pueblo necesitaba de su habilidad. Ning\u00fan guerrero pod\u00eda conseguir nada con los Octos. Todo estaba en sus manos.<br \/>\nAgachado sobre un tejado, Zito ech\u00f3 una nueva ojeada a la calle. La llovizna de la ma\u00f1ana brillaba sobre el adoquinado de piedra, unos adoquines negros, gruesos y abultados, imperfectos como el resto de la escabrosa ciudad.<br \/>\nDurante la m\u00ednima expedici\u00f3n hasta el borde del tejado, percibi\u00f3 Zito el entumecimiento de sus m\u00fasculos. Su acechanza se hab\u00eda prolongado durante varias horas y sus piernas parec\u00edan haber perdido la flexibilidad. Su camuflaje se deb\u00eda a que s\u00f3lo en el amanecer pod\u00eda un Samas aventurarse entre las calles de esa ciudad. Tarrabar viv\u00eda como una ciudad nocturna. Sus habitantes, los Octos no pod\u00edan habitar de d\u00eda. La luz del sol les da\u00f1aba profundamente. Los que osaron salir durante el d\u00eda hab\u00edan perecido indefectiblemente.<br \/>\nToda aquella existencia cercana y paralela supon\u00eda una paradoja. Mientras los Octos perseveraban en su involuci\u00f3n, los Samas progresaban sostenidamente, compatibilizando a la perfecci\u00f3n un desarrollo tecnol\u00f3gico con el mantenimiento de sus tierras de labranza, de sus ganados y sus pastos. Dentro de su equilibrio, los apacibles Samas siempre hab\u00edan estado a salvo, hasta hoy.<br \/>\nZito todav\u00eda recordaba el d\u00eda en que uno de aquellos asesinos apareci\u00f3 una ma\u00f1ana, pod\u00eda pasar por uno m\u00e1s, paseando tranquilamente en el soleado d\u00eda. Pero al final a los Octos les pod\u00eda el hambre. Aquel engendro no pudo disimular por mucho tiempo su procedencia. La pacifica ma\u00f1ana en que el Octo apareci\u00f3 todo se ti\u00f1\u00f3 de sangre. Cuando la Guardia hubo actuado, aquel sanguinario hab\u00eda dado muerte a una docena de Samas. Mientras se deten\u00eda al Octo, \u00e9ste parec\u00eda emborrachado, extasiado por el sabor la sangre. Al principio nadie comprendi\u00f3 que aquel Octo hubiera podido visitarles a plena luz del d\u00eda. Hasta que el propio Zito se atrevi\u00f3 a explicar su procedencia.<br \/>\nPorque claro, juzgar a una civilizaci\u00f3n entera siempre constituye una labor arriesgada. Siempre se plantea el problema de las excepciones. Zito era fruto de una de las raras excepciones, al igual que su segundo hermano, el asesino que apareci\u00f3 aquel mal d\u00eda.<br \/>\nLa madre de ambos se llamaba Lasca y nunca pas\u00f3 por una Sama mod\u00e9lica. Todo el mundo se enter\u00f3 de sus aventuras con los Octos. Las malas lenguas aseguraban que aquella mujer pose\u00eda una sangre tan corrompida que ni los Octos pod\u00edan com\u00e9rsela, por eso la aceptaban entre ellos como a una m\u00e1s.<br \/>\nLasca presum\u00eda en el pueblo de convivir con los Octos. Todos escuchaban aterrorizados sus orgullosos relatos sobre las descarriadas noches en Tarrabar y le reprochaban su actitud, aunque nadie pod\u00eda controlar su libertad.<br \/>\nEn las lujuriosas noches de Tarrabar, Lasca acab\u00f3 encintada de un Octo que la adopt\u00f3 como suya.<br \/>\nZito era el tercer y ultimo reto\u00f1o del alumbramiento m\u00faltiple.<br \/>\nPor eso Zito estaba all\u00ed aquella noche, subido a un tejado en mitad de Tarrabar. Su sangre era mitad de Sama mitad de Octo. \u00c9l nunca comparti\u00f3 la forma de vida de los Octos, no le atra\u00edan sus costumbres nocturnas, ni sus gustos perversos, en cuanto pudo sali\u00f3 de la ciudad para ir a vivir con los Samas.<br \/>\nAquella noche era la primera en que volv\u00eda a Tarrabar desde hac\u00eda muchos a\u00f1os, y todos sus m\u00fasculos estaban atenazados por la repugnancia y el espanto. Sin embargo trataba de controlarse. Ten\u00eda una misi\u00f3n. La primera parte de aquella misi\u00f3n culmin\u00f3 cuando su hermano mayor fue detenido y ajusticiado. Ahora el mismo deb\u00eda concluir con la problem\u00e1tica actitud de su madre.<br \/>\nZito recordaba perfectamente donde naci\u00f3. Una l\u00fagubre casa alta de dos pisos que nunca tuvo iluminaci\u00f3n, ni hogar con chimenea, ni camas con colchones de lana como en el pueblo de los Samas. All\u00ed todo era frialdad de piedra, como el resto de las casas, como el resto de las almas de Tarrabar.<br \/>\nUna vez que la luz del d\u00eda se col\u00f3 entre todas las esquinas de la ciudad, arrasando con los restos del \u00faltimo fest\u00edn, Zito se atrevi\u00f3 a abandonar su escondrijo. Descendi\u00f3 hasta la calle y anduvo hacia su casa con presteza, tratando de ignorar unas at\u00e1vicas y enga\u00f1osas sensaciones de a\u00f1oranza que le recordaban los tiempos en que viv\u00eda un ni\u00f1o Octo y correteaba por aquellas mismas calles, jugando y ri\u00f1endo con otros ni\u00f1os Octos y con sus propios hermanos. Ahora su hermano mayor, aquel asesino inmundo ya estaba muerto, tan s\u00f3lo quedaba Matos y ten\u00eda la misi\u00f3n de acabar con \u00e9l.<br \/>\nMientras pensaba en su hermano, llego a la puerta de su antiguo hogar. Matos deb\u00eda estar reposando de su reciente borrachera. Zito ascendi\u00f3 por la escalera hasta llegar a la planta de los dormitorios y se acerc\u00f3 a la habitaci\u00f3n de Matos, un chico de diecisiete a\u00f1os en el que predominaba claramente el lado Octo.<br \/>\nZito ten\u00eda que evitar que alg\u00fan d\u00eda Matos saliera de Tarrabar en direcci\u00f3n al pueblo de los Samas y cometiera los mismos asesinatos que su hermano mayor. Una vez dentro de la habitaci\u00f3n, donde emanaba un profundo hedor a sangre y alcohol, Zito se acerc\u00f3 a la cama donde roncaba su hermano. Matos permanec\u00eda con la ventana abierta, sin miedo a la afecci\u00f3n solar puesto que a \u00e9l no le afectaba. Su hermano mayor le acarici\u00f3 las gre\u00f1as y su rostro de piel seca a la vez que le hund\u00eda con firmeza en el pecho un pu\u00f1al. El coraz\u00f3n de Matos dej\u00f3 de latir de inmediato.<br \/>\nAquello era por el bien de los Samas y por su amada Mika. Alg\u00fan ligero sentimiento de remordimiento se removi\u00f3 inquieto en las entra\u00f1as de Zito mientras trataba de justificarse en aquella frase. Y todav\u00eda faltaba lo peor.<br \/>\nSali\u00f3 de la habitaci\u00f3n de Matos y pas\u00f3 de la iluminaci\u00f3n matutina a un pasillo angosto y oscuro, con el paso m\u00e1s inseguro se condujo hasta el dormitorio de su madre.<br \/>\nCuando abri\u00f3 la puerta de la habitaci\u00f3n, encontr\u00f3 a su madre tumbada sobre la cama. Ella era la culpable del pecaminoso y execrable mestizaje que hab\u00eda creado a los dos Octos \u2013 Samas asesinos, \u00fanicamente \u00e9l hab\u00eda aprendido de la superioridad moral de los Samas.<br \/>\nSu madre sonri\u00f3 cuando \u00e9l se acerc\u00f3, su rostro estaba demacrado, todav\u00eda descompuesto por la trasnochada. Pese a ello la mujer se incorpor\u00f3 para recibir a su hijo en sus brazos. \u00c9ste se dej\u00f3 abrazar. Entre los dos, solamente la hoja del acero pronunci\u00f3 unas filosas palabras. Zito muri\u00f3 un poco entre los brazos de su madre. Llor\u00f3, pero era lo necesario. La paz de los Samas estaba en sus manos que esa ma\u00f1ana se manchaban con sangre de su sangre.<br \/>\nZito regres\u00f3 al pueblo una vez terminada su misi\u00f3n. Mika anim\u00f3 como pudo a su amado, su acto supon\u00eda una valent\u00eda y renuncia necesaria. Sin embargo, para los dirigentes Samas no todo hab\u00eda acabado con aquel acto. Los promotores del plan consideraban desde el principio que Zito supon\u00eda el final de la pesadilla. Su mitad Octo en cualquier momento pod\u00eda exponerse, o transmitirse a su posible descendencia. Cuando Zito comparec\u00eda ante los sabios administradores y manifestaba el fin de su misi\u00f3n, la guardia actu\u00f3 implacable sobre \u00e9l y le dio muerte. La fobia hab\u00eda terminado para siempre. Acabar con la duda se sab\u00eda en beneficio de todos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El eco de los vocer\u00edos de los \u00faltimos borrachos reverberaba por las desertadas calles. El fresco roc\u00edo, \u00e1vido de cuerpos vivos, se dirig\u00eda directamente hacia los huesos. 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