{"id":97,"date":"2006-03-14T11:48:14","date_gmt":"2006-03-14T10:48:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=97"},"modified":"2006-03-14T11:48:14","modified_gmt":"2006-03-14T10:48:14","slug":"70-envejecer-por-luis-iglesias-fouce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/3certamen\/?p=97","title":{"rendered":"70- Envejecer. Por Luis Iglesias Fouce"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Al final, o al principio, aparece una que te parece distinta y sientes que no puedes querer m\u00e1s, amar m\u00e1s. Y no excluyes, sumas. Y de pronto quieres al primero y al \u00faltimo. A la lluvia, al sol, al viento. Quieres a todo y a todos. Hasta a t\u00ed te quieres m\u00e1s.<!--more--><br \/>\nEntonces te juntas o te casas, lo que ella quiera. Y con suerte, en un tiempo, conoces al verdadero amor de tu vida: Tus hijos&#8230;<br \/>\nNo hay nada como un hijo de dos, cuatro, o seis a\u00f1os. Con su llegada pierdes tu condici\u00f3n. Ya no eres el final, el importante, el poseedor del tesoro: la juventud&#8230; Ahora est\u00e1s en medio. Eres un eslab\u00f3n en una cadena. Y recuerdas a tus padres cuando eras ni\u00f1o. Y te sientes bien y mal a la vez. Bien con el recuerdo de aquellos a\u00f1os. Mal por no haber sido mejor con ellos y por no poder parar el tiempo. Que era tuyo. Que bailaba contigo como si nunca fuese a dejar de hacerlo&#8230;<br \/>\nDe pronto alguien se te echa al cuello, te llama papi, te besa y se acab\u00f3 todo. Al rato lo arropas en su camita envidiando su sue\u00f1o suave, f\u00e1cil. \u00a1Que tendr\u00e1n los ni\u00f1os! \u00bfSer\u00e1n el cielo?<br \/>\nQue lastima que no recordemos la ni\u00f1ez. <> \u00a1Chorradas! Puedes recordar una imagen, a una persona, un sabor, un olor; nada.<\/p>\n<p>Envejecer o morir. \u00a1Menuda alternativa! Se crea, o no. Se tenga, o no, esa fe tan deseada, tan sincera que no nos deja ni enga\u00f1arnos a nosotros mismos, el caso, es que desprenderse de un cuerpo que ha estado con nosotros toda la vida y sin el cual no podemos ni vernos, cuando menos, fastidia. Si adem\u00e1s eres de los que crees que ese cuerpo lo es todo, pues mucho m\u00e1s. La muerte no es una idea agradable, est\u00e1 claro. Todos sabemos lo que es: Tu cuerpo deja de vivir y lo queman o se pudre. \u00a1Eso, es seguro!<br \/>\nEs por ello, por lo que toleramos la otra alternativa. \u00bfQuien aceptar\u00eda envejecer si no existiese la muerte? \u00bfAceptamos mejor la muerte porque envejecemos? Quiz\u00e1 la vejez sea eso. El azucar que le ponen al jarabe para que se lo tome el ni\u00f1o. Una ayuda para tragarnos la puta muerte. Pero no olvidemos que detr\u00e1s de una viene la otra. Es como en el chiste de \u00abMuerte o lubumba\u00bb. El pobre misionero, muy dignamente, escoge la muerte. Pero el jefe de la tribu le dice <<\u00a1Si, pero primero, \"lubumba\"!>> En realidad no es envejecer o morir. Es, morir, o envejecer y morir. La vejez puede serlo o no. La muerte, es segura&#8230;<\/p>\n<p>El miedo es, para muchos pensadores, el responsable de nuestro hist\u00f3rico caminar hacia la espiritualidad. Aparece la fe y se disipan los miedos. Nuestros m\u00fasculos vuelven a la vida. Nuestra mente se agiliza. La esperanza motiva a las personas a vivir, a crear, a luchar; a seguir&#8230;<br \/>\nEn el a\u00f1o 1.900 la esperanza de vida en los pa\u00edses ricos era de 40 a\u00f1os, no pasando de 25 o 30 en los pobres. Ven\u00eda un invierno demasiado fr\u00edo o h\u00famedo, cog\u00edan una gripe o un vulgar catarro, y se iban al otro barrio. La muerte viv\u00eda permanentemente a su lado. Husmeando. Esperando \u00abpillar\u00bb algo&#8230; \u00bfC\u00f3mo no iban a temerla? \u00bfC\u00f3mo no se iban a agarrar a una vida despu\u00e9s de ella? La gente se aferraba a sus casas, a sus posesiones, al rinc\u00f3n que les tranquilizaba, que les daba seguridad. Pasaban sus vidas en diez kil\u00f3metros cuadrados. Eran vidas comprensibles pero, desde nuestra mentalidad, miserables.<br \/>\nHoy en d\u00eda la esperanza de vida en los pa\u00edses desarrollados es de 80 a\u00f1os. \u00a1Esto ya da para m\u00e1s! Sin embargo, seguimos con nuestros miedos.<br \/>\nLa vida se nos ha pasado de rosca. A este ritmo nos cuesta vivir. Nos entran ganas de bajarnos, de dejarlo todo con tal de volver a ver las cosas viajando despacio&#8230; Esta carrera infernal provoca miedos: a la vejez, a la soledad, a la muerte&#8230; La ansiedad nos puede, y nos relaja pensar en un fin de semana tranquilo. En pasear por un campo sin ruidos, sin coches. En tumbarnos al sol en una playa sin gente&#8230; Ya no es normal morirse. Y si lo es envejecer. Nos aferramos tanto a la vida que, por primera vez, tenemos miedo a vivir.<\/p>\n<p>De cuando en cuando, anocheciendo, algunos d\u00edas grises en los que mi vida se vuelve antigua, como en blanco y negro, cojo una pel\u00edcula, de las que nadie sabe por qu\u00e9 nadie nos pone, y con el culo apoltronado en un oscuro sill\u00f3n, duermo, fumo, lloro, o pienso. En ellas he visto envejecer a Paul Newman, a Katherine Herpburn, a Marlon Brando, a muchos&#8230; Pero sobre todo les he visto j\u00f3venes. Cuando sus cuerpos y sus miradas ten\u00edan m\u00e1s fuerza que la propia vida&#8230; Les aseguro que aquella juventud parec\u00eda eterna. Tiene gracia que algo tan ef\u00edmero nos parezca eterno.<br \/>\nQue miserable es el tiempo. La juventud te parece un timo. La vida un enga\u00f1o sucio, cruel. Al final tienes que ver, que sentir, tu deterioro sin retorno, sin esperanza&#8230; La muerte no es la vida, y la vejez tampoco. Es, otro estado. Una espera casi siempre inc\u00f3moda, sosa y vulgar, en la que comienzas a ver la vida a trav\u00e9s de un velo, desde el otro lado, desde la muerte. Y la gente te ve all\u00ed. Porque la vejez se ve. Y se toca. Y huele&#8230; Y no huele a viejo. Huele a muerte&#8230; Y est\u00e1s solo. \u00a1Siempre solo! La vejez y la muerte son las realidades m\u00e1s solitarias del hombre.<\/p>\n<p>No crean que yo&#8230; A\u00fan me falta. Yo me encuentro en una situaci\u00f3n&#8230; Como les dir\u00eda&#8230;<br \/>\nEl primer contacto que tuve con la vejez fue a los siete a\u00f1os en el vestuario del Club de Campo, aunque en aquel momento no me pareci\u00f3 un encuentro con la vejez, sino con otra cosa. Recuerdo que hab\u00eda terminado mi entrenamiento de tenis, el \u00faltimo que el profesor ten\u00eda por la ma\u00f1ana, y que me duchaba antes de irme a comer a casa. En esto entr\u00f3 el profesor en el vestuario y comenz\u00f3 a desvestirse para meterse en la ducha&#8230; Todav\u00eda me veo all\u00ed mir\u00e1ndole, poni\u00e9ndome los calcetines en aquellos renglones de madera, como si fuese ayer&#8230; Tendr\u00eda unos cincuenta y tantos a\u00f1os y al ducharse, de espaldas, los huevos se le ve\u00edan colgando como dos campanas. Hasta ese d\u00eda cre\u00eda imposible que a alguien se le pudiesen ver los huevos por detr\u00e1s. Que alguien pudiese tener los huevos all\u00e1 abajo, colgando a medio palmo del culo.<br \/>\nMe fui a casa en el autob\u00fas sin dejar de pensar en ello. Toc\u00e1ndome los cojones a cada poco. Sinti\u00e9ndolos bien pegaditos&#8230;<br \/>\nHoy contin\u00fao haci\u00e9ndolo y me fastidia comprobar como cada d\u00eda se separan m\u00e1s. Supongo que una ma\u00f1ana me despertar\u00e9 y los tendr\u00e9 all\u00e1 abajo, como el profesor de tenis&#8230;<\/p>\n<p>A los dieciocho a\u00f1os llegu\u00e9 a Madrid a estudiar. Viv\u00edamos en un piso de estudiantes en la calle Marcenado. Una noche salimos a tomar unas copas y despu\u00e9s de mucho devaneo y mucho alcohol terminamos li\u00e1ndonos con unas mujeres ya creciditas, de esas que aguantaban por ah\u00ed sus carnes hasta las tantas para ver si alg\u00fan jovenzuelo, no muy borracho, les hac\u00eda sus delicias por una noche. Hacia las seis de la ma\u00f1ana las llevamos a nuestro piso&#8230; A\u00fan me veo intentando rodear la inabarcable cintura de aquella diez-lustros argentina, bebiendo ginebra sola y escuchando a Serrat. Hasta aquel d\u00eda solo hab\u00eda besado a chicas de mi edad. Al besar a esta sent\u00ed que su lengua era blanda, muy blanda. La sensaci\u00f3n no me gust\u00f3 nada. Enseguida dej\u00e9 aquella boca para perderme en sus tetas de Amarcord&#8230;<\/p>\n<p>Cada d\u00eda que pasa siento mis cojones m\u00e1s distantes, m\u00e1s lejanos: Lo s\u00e9&#8230; Pero no temo a la vejez. Ni a la muerte. Y mucho menos a la vida&#8230; S\u00e9 que llegar\u00e1 el d\u00eda. Que la carrera de Marat\u00f3n, era en realidad de cien metros. Pero no me importa&#8230; En lo \u00fanico que me aterroriza pensar, es en si tengo la lengua blanda.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al final, o al principio, aparece una que te parece distinta y sientes que no puedes querer m\u00e1s, amar m\u00e1s. Y no excluyes, sumas. Y de pronto quieres al primero y al \u00faltimo. A la lluvia, al sol, al viento. Quieres a todo y a todos. 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