{"id":108,"date":"2007-03-29T19:17:13","date_gmt":"2007-03-29T18:17:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=108"},"modified":"2018-03-01T21:55:03","modified_gmt":"2018-03-01T20:55:03","slug":"85-la-hora-del-te-por-claudia-procula","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=108","title":{"rendered":"85- La hora del t\u00e9. Por Claudia Pr\u00f3cula"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F108&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F108&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">\u201cY con la amarga caricia de su \u00faltima mirada, regres\u00f3 despacio, dejando atr\u00e1s el and\u00e9n, hacia un camino nuevo e insospechado que ni siquiera \u00e9l, con sus propias mentiras, podr\u00eda volver a reinventar. FIN\u201d<!--more--><\/p>\n<p>Como dir\u00edan los ingleses, es La hora del t\u00e9. Marta Garc\u00e9s pasa suavemente sus dedos sobre el teclado y mira fijamente la pantalla. Comienza a imprimir la novela que durante tanto tiempo ha estado creando en su interior y que por fin tiene forma. Esos personajes et\u00e9reos, vol\u00e1tiles, que al principio s\u00f3lo eran barro, tristes figuras amorfas, y ahora, \u00a1al fin existen! Ya tienen vida propia, ya son seres reales, ya subsisten por s\u00ed mismos, son libres. Otra maravilla terminada. Meses de esfuerzo y tes\u00f3n, sentimientos volcados en miles de palabras. Y todo ese lote de folios lo clama en silencio, con la grandeza de las cosas inanimadas, con esa voz imperceptible de los objetos inertes que, justo cuando volvemos la cabeza hacia otro lado, nos susurran mientras de soslayo nos miran. Con la misma mirada que su protagonista lleva clavada en el alma cuando finaliza la novela dando comienzo su nueva vida. Con la misma mirada que Marta observa su creaci\u00f3n y mira el presente y lo venidero. Con la misma mirada penetrante que Eduardo lanza a Marta desde la puerta del gabinete y que no tiene m\u00e1s que un significado, uno, y s\u00f3lo ella conoce.<\/p>\n<p>Ha anochecido bruscamente sobre el coraz\u00f3n de Marta. Sabe demasiado bien lo que ha de suceder pues siempre es lo mismo, sabe cu\u00e1l es su don y su castigo, cu\u00e1l su arma y su tal\u00f3n de Aquiles, y tras su parto, sabe que le arrebatar\u00e1n su hijo como a soltera de familia adinerada, al igual que acontec\u00eda en tiempos pret\u00e9ritos no tan distantes, para entregarlo a otras manos que no son las suyas. Un sudor fr\u00edo comienza a recorrer su frente, un temblor el cuerpo, una inquietud el coraz\u00f3n. Se levanta apresuradamente intentando poner en orden todos sus pensamientos, dici\u00e9ndose que no suceder\u00e1 otra vez. Pero antes de recoger los folios para poder siquiera acariciarlos, Eduardo los hace suyos, los cuadra y alinea, y sale de la habitaci\u00f3n con ellos, con aire petulante, cerrando la puerta de un golpe. Marta se queda all\u00ed, inm\u00f3vil, sinti\u00e9ndose m\u00e1s que una esposa, una simple secretaria. La hora del t\u00e9 se ha vuelto amarga.<\/p>\n<p>Eduardo Baquerizo, su esposo, siempre se encarga de todo, \u00e9l y el asesor, Jos\u00e9 Mar\u00eda Castell\u00f3n. Cada vez que Marta escribe algo, comienza la secuencia: hay que pensar en los cert\u00e1menes en vigor, eso s\u00ed, los m\u00e1s renombrados, porque el nivel y la calidad literaria que posee son elevad\u00edsimos, y no se puede perder el tiempo en concursos de segunda fila. Hay que optar por los importantes, los de prestigio. Y esta novela, tiene trazas de ser la mejor obra de Marta. Jos\u00e9 Mar\u00eda posee una gran visi\u00f3n literaria, a\u00f1os de experiencia lo avalan y grandes editoriales a sus espaldas. Pero su amor por el dinero le convirti\u00f3 hace d\u00e9cadas en un ser demasiado miserable como para considerarle de esos amigos que se cuentan con los dedos de una mano. De todas formas, Eduardo tiene fe ciega en \u00e9l y cree que La hora del t\u00e9 ser\u00e1 un \u00e9xito rotundo.<\/p>\n<p>Los candelabros juegan una danza imperceptible mientras la mirada de Marta se pierde a trav\u00e9s de los cristales del comedor. Busca, quiz\u00e1, un horizonte donde posar un nuevo personaje y darle alas, o un t\u00edtulo para su pr\u00f3ximo relato, o acaso su mente s\u00f3lo est\u00e1 en blanco\u2026 Vuelve los ojos hacia el cenicero y encuentra su cigarrillo consumido. Cenizas y una colilla humeante que le recuerdan lo f\u00fatil de la existencia. Su novela no ganar\u00e1 ning\u00fan premio y ella lo sabe, no aparecer\u00e1 su nombre, ni recoger\u00e1 ning\u00fan trofeo. Se siente dolorida, exhausta, con la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de haber perdido algo muy suyo y que jam\u00e1s va a volver a recuperar. \u00bfVale la pena tanto esfuerzo y dedicaci\u00f3n en cada l\u00ednea? Tras cada obra llena de genialidad siempre la persiguen el sufrimiento y el dolor, el desarraigo y el profundo desamparo de la tristeza. Las l\u00e1grimas resbalan brillando cual crisoles y no las puede contener, aunque tampoco hace nada por controlar su llanto silencioso y desvalido. No quiere saber nada de lo que se cuece a sus espaldas, pues conoce el fin y los medios. Es consciente de todo: no habr\u00e1 premio, ni fallo a favor, ni saldr\u00e1 su nombre en la prensa, ni le dar\u00e1n reconocimiento alguno. Su esfuerzo ser\u00e1 en vano. Si las l\u00e1grimas no fuesen incoloras, su vestido ya llevar\u00eda largo rato color carmes\u00ed.<\/p>\n<p>Han transcurrido varios d\u00edas de revuelo buscando entre revistas, peri\u00f3dicos, anotaciones de p\u00e1ginas de Internet y direcciones diversas. Alea iacta est. Eduardo y Jos\u00e9 Mar\u00eda, al igual que dos cazadores furtivos que, agazapados tras los matorrales, han hecho diana a su presa prohibida, saborean el placer de lo profano descorchando una de esas botellas que s\u00f3lo se abren en momentos especiales \u00bfy por qu\u00e9 no ahora? Carcajeaban como dos perturbados, haciendo c\u00e1balas, gritando a pleno pulm\u00f3n que La hora del t\u00e9 va a ser un best-seller y que Marta es una artista. Este a\u00f1o hay una nueva convocatoria m\u00e1s importante si cabe que ninguna, el Premio Atlante, con una dotaci\u00f3n econ\u00f3mica tan sumamente fuerte que resulta impronunciable, sin dejar atr\u00e1s la importancia literaria y la influencia medi\u00e1tica.<\/p>\n<p>\u201cBruma\u201d, la perra, refunfu\u00f1a y ladra siempre que un desconocido ronda la puerta, regocij\u00e1ndose de hacer bien su papel de guardiana del hogar. Esta vez es el cartero. Eduardo sale a recoger el correo y lo examina presurosamente para ver si hay algo m\u00e1s importante que recibos y notificaciones bancarias. Y esta vez s\u00ed, por fin ha llegado lo que tanto ansiaba, una carta con membrete del Premio Nacional Atlante, posiblemente con la noticia de estar La hora del t\u00e9 entre los finalistas, de asistir a la cena de gala, de presenciar el momento en el que el jurado pronuncie el nombre de los afortunados. Al menos tiene la esperanza de que ese sea el contenido del sobre, pues no tendr\u00eda sentido que le escribiesen diciendo lo contrario.<\/p>\n<p>Marta no cabe en s\u00ed de gozo, \u00a1su novela finalista! \u00a1Qu\u00e9 gran sorpresa! Posiblemente en esta ocasi\u00f3n su deseo se haga realidad y su sue\u00f1o tangible. Ahora da comienzo una cuenta atr\u00e1s de cinco d\u00edas, para el esperado acontecimiento en los salones del hotel Gran Emperador Augusto, c\u00e9lebre por los eventos literarios que se dan lugar en \u00e9l, y al que habr\u00e1 de asistir con Eduardo, pues \u00e9ste siempre le impone ser su acompa\u00f1ante. Ciertamente abriga la esperanza de ganar ese premio porque sabe que la novela lo vale, que los personajes, esos hijos nacidos de su imaginaci\u00f3n poseen vida por s\u00ed mismos, no son s\u00f3lo letras sino seres humanos encarcelados en una encuadernaci\u00f3n, cual flores que se guardan entre las hojas de un libro, con apariencia ajada y la esencia de un pasado fresco y oloroso. Apenas cinco d\u00edas para imaginar el momento, para saborear el anhelado instante&#8230;<\/p>\n<p>\u201cY el ganador del primer premio es para el libro La hora del t\u00e9\u2026\u201d S\u00f3lo unos segundos bastan para que el coraz\u00f3n de Marta se acelere como un corcel trotando por praderas infinitas. \u201c\u2026presentado con el seud\u00f3nimo \u00abMarta Garc\u00e9s\u00bb cuyo autor es don Eduardo Baquerizo. Hace entrega del premio el Ministro de Cultura Excmo. Sr. \u2026\u201d. No da cr\u00e9dito a lo que oye. Su libro ganador y su nombre como seud\u00f3nimo. \u00a1Dios, otra vez no! Un inmenso dolor le traspasa el pecho cual daga emponzo\u00f1ada. Ahora su coraz\u00f3n ha dejado de latir. Marta advierte en el aire la desintegraci\u00f3n de todos sus personajes, siente c\u00f3mo se difuminan y mueren, mueren como ella ha muerto nuevamente, qued\u00e1ndose hu\u00e9rfanos de madre al igual que sus otros hijos imaginarios. Eduardo siempre le robar\u00e1 todo lo que escriba porque sus novelas nunca tuvieron \u00e9xito y no soporta el talento de ella frente a su mediocridad literaria. Jos\u00e9 Mar\u00eda, el asesor literario, ahora comenzar\u00e1 su labor para hacer de las suyas y convertir La hora del t\u00e9 en ejemplar indispensable en librer\u00edas y centros comerciales. Y Eduardo, a su vez, seguir\u00e1 humillando a Marta, porque jam\u00e1s ser\u00e1 capaz de reconocer su envidia. Por eso la amedrenta, enclaustra y suplanta, por eso recoge uno y mil premios que no le corresponden, como antes hicieron tantos escritores con grandes mujeres a la sombra de su pluma.<\/p>\n<p>Y por eso Marta, sentada, observando su instante sustra\u00eddo, jam\u00e1s sabr\u00e1 qu\u00e9 hubiese podido sentir en lo mas profundo de su ser, si hubiesen pronunciado su nombre, si hubiese subido al estrado a recoger el premio. Y en cambio ahora s\u00f3lo le queda volver a la oscuridad, y llorar l\u00e1grimas amargas, tan amargas como la impotencia de no poderse reinventar.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cY con la amarga caricia de su \u00faltima mirada, regres\u00f3 despacio, dejando atr\u00e1s el and\u00e9n, hacia un camino nuevo e insospechado que ni siquiera \u00e9l, con sus propias mentiras, podr\u00eda volver a reinventar. FIN\u201d<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3,2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/108"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=108"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/108\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":293,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/108\/revisions\/293"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}