{"id":115,"date":"2007-04-02T11:01:08","date_gmt":"2007-04-02T10:01:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=115"},"modified":"2018-03-01T21:50:55","modified_gmt":"2018-03-01T20:50:55","slug":"89-esta-noche-indiscutible-primavera-por-inuk","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=115","title":{"rendered":"89- Esta noche, indiscutible primavera. Por Inuk"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F115&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F115&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Don Rafael dispuso la mesa de caoba con sobriedad. Un sencillo mantel amarillo sin adornos, la enhiesta vela por estrenar y aquella vajilla antigua, elegante y s\u00f3lida, hace a\u00f1os oculta en el primer caj\u00f3n del aparador.<!--more-->\u00a0Dos servicios. Todo en su lugar exacto. Fue a comprobar el estado del pollo en el horno. Destap\u00f3 el papel plateado y, con la mano cubierta por una gruesa manopla antit\u00e9rmica, jal\u00f3 la pata del animal que se resisti\u00f3 a la desgarradura y exhal\u00f3 una humareda compacta. Falta un poco, pens\u00f3. Regres\u00f3 al sal\u00f3n. Prendi\u00f3 la mecha de la vela y baj\u00f3 la luz principal hasta casi extinguirla. La noche borbotaba tras los ventanales del balc\u00f3n. Levant\u00f3 la persiana y sali\u00f3 a probar el aire fresco. Indiscutiblemente, era primavera. Fuera la estaci\u00f3n que fuera, as\u00ed se sent\u00eda Don Rafael esperando la llegada de Araceli cada dos mi\u00e9rcoles, como en una primavera sin doblez.<\/p>\n<p>A las ocho en punto, los fr\u00e1giles nudillos de la mujer golpearon la puerta. Don Rafael se apresur\u00f3 a abrir, recibi\u00e9ndola con la pregunta de rigor: \u00bfcu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que fabricaste amor? Ella sonri\u00f3 como siempre, magnificando cada una de las arrugas de su accidentado rostro. La respuesta es id\u00e9ntica a la de hace quince d\u00edas \u2013contest\u00f3 Araceli; simplemente, no me acuerdo, Rafael. \u00a1Vaya!; tampoco hay novedades en este frente, reconoci\u00f3 el hombre exagerando su pesadumbre; \u00a1adelante!, invit\u00f3; la cena est\u00e1 casi a punto. \u00a1Huele rico desde el portal!, afirm\u00f3 la mujer. Tras abrazarse en el vest\u00edbulo, Don Rafael tom\u00f3 el bolso de aguayo, el Canto General de Neruda y la chaquetilla mojada que ella le tend\u00eda. \u00bfAcaso llueve?, dijo extra\u00f1ado; en toda la tarde he visto una sola nube en el cielo. No s\u00e9; yo me he empapado, pero no me preguntes c\u00f3mo; de pronto, la humedad me alcanzaba los huesos y sent\u00ed un fr\u00edo impropio. \u00a1Un fr\u00edo impropio!, repiti\u00f3 Don Rafael burl\u00f3n; lo que tienes, m\u00e1s bien, es una cabeza impropia de ochenta y tantos a\u00f1os; ni m\u00e1s ni menos; \u00bfte das cuenta, Araceli?; ya se nos olvida hasta la lluvia. \u00a1Corta el rollo, viejo!; a ese paso me vas a deprimir. \u00a1Nada de eso!; \u00a1mira!, si hasta me ha dado por regalarme una botella de vino. \u00a1Por favor!; \u00bfqu\u00e9 celebramos?; hace a\u00f1adas que no te veo probar ni una gota de alcohol; \u00bfa qu\u00e9 se debe semejante relajo?; \u00bfno te pasar\u00e1 recibo tu tensi\u00f3n? \u00a1A la mierda mi tensi\u00f3n y sus alrededores!&#8230;; \u00a1por cierto!; espero que me acompa\u00f1es; no la he comprado para degustarla solo; \u00bfresistir\u00e1n tus achaques una trasgresi\u00f3n as\u00ed?, ironiz\u00f3 el hombre mientras llenaba las dos copas sobre la mesa. Hoy me encuentro a tono para eso y mucho m\u00e1s, asegur\u00f3 Araceli mir\u00e1ndole a los ojos, acudiendo al silencioso brindis. He preparado pollo asado, anunci\u00f3 Don Rafael despu\u00e9s; hoy nada de verduritas a la plancha, frutas, jam\u00f3n cocido y queso fresco; \u00a1vamos a difrutar una bacanal! Si piensas que me voy a achantar, \u00a1ni hablar!; estoy lista para darle una tregua a mi vejez. \u00a1Estupendo!; voy a ver como anda el animal.<\/p>\n<p>Don Rafael, protegido con el mullido guante de cocina, extrajo la bandeja del horno. El olor de las especias le embadurn\u00f3 el olfato presagiando el sabor. Tir\u00f3 del extremo de una pata con suavidad y \u00e9sta se solt\u00f3 sin oposici\u00f3n, como un brazo de plastilina unido a un mu\u00f1eco de metal. \u00a1Perfecto!, exclam\u00f3 satisfecho el hombre. Despres\u00f3 el manjar, sirviendo las alas y dos generosos trozos de pechuga en sendos platos. Roci\u00f3 la carne con granos de ma\u00edz y diminutos pedazos de br\u00e9col y manzana al vapor, regando ampliamente el conjunto con la salsa desprendida en la cocci\u00f3n del pollo. Sobre una tabla de madera dispuso los rect\u00e1ngulos de queso variado y pat\u00e9, con las rodajas de pan tostado y el recipiente con la mantequilla al centro. Coloc\u00f3 todo en una gran charola que sostuvo sin dudar sobre la palma de su mano derecha abierta, manteniendo libre la izquierda para abrir la puerta y regresar al sal\u00f3n. Araceli hab\u00eda prendido una m\u00fasica con ritmo \u00e1rabe que Don Rafael no reconoci\u00f3. Bailaba descalza frente al balc\u00f3n proyectando primavera desde el exterior. El hombre la observ\u00f3 mientras depositaba la comida en la mesa. Luego, se aproxim\u00f3 a ella sigiloso, a\u00f1adiendo su cuerpo a la danza, sin tocar a la mujer, moldeando su figura con un roce de yemas de dedo que les electriz\u00f3. \u00bfHas tra\u00eddo tu propia m\u00fasica?, susurr\u00f3 Don Rafael. \u00a1No!; encontr\u00e9 el disco ah\u00ed encima, contest\u00f3 Araceli; es hermoso abandonarse as\u00ed, \u00bfverdad?; como fabricar amor. \u00c9l asinti\u00f3 con los ojos cerrados, absorviendo el olor sin aderezos de su piel, recordando la primera vez que vio esa espalda, sesenta y tantos a\u00f1os atr\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>&#8230; Funambulista, murmur\u00f3 Don Rafael; me gustaba cuando me llamabas as\u00ed. Fu-nam-bu-lis-ta, repiti\u00f3 ella separando bien las s\u00edlabas; lo hab\u00eda olvidado; la danza me abri\u00f3 el apetito, funambulista; \u00bfcenamos? \u00a1Adelante!, invit\u00f3 \u00e9l. Tomaron asiento lado a lado. Mientras conversaban, intercalaron los aperitivos y el pollo. La vela permanec\u00eda como reci\u00e9n estrenada, sin consumirse apenas. \u00a1Hoy te has esmerado, fun\u00e1mbulo!; todos estos sabores son nuevos para m\u00ed; realmente, como si jam\u00e1s los hubiese catado. \u00bfA qu\u00e9 hora vendr\u00e1 a buscarte tu hijo?, interrog\u00f3 el hombre sonrojado. No deber\u00edas cambiar de tema cuando te adulo; \u00bfa qu\u00e9 tanta verg\u00fcenza?, dijo ella tom\u00e1ndole una mano por encima de la mesa; pero, ya que lo preguntas, te contar\u00e9 que esta noche soy libre; nadie acudir\u00e1 a recogerme; \u00a1tanta preocupaci\u00f3n porque estoy chocha!; \u00a1c\u00f3mo si no pudiera valerme por m\u00ed misma!; \u00bfqu\u00e9 se habr\u00e1n cre\u00eddo?; somos mayores, no trastos viejos; trastos, s\u00ed; viejos, tambi\u00e9n; mas no las dos cosas juntas; \u00a1eso s\u00ed que no!; estoy cansada de que me impidan vivir lo que me resta; \u00bfno te pasa a ti? \u2013 Don Rafael asinti\u00f3 &#8211; \u00a1f\u00edjate en esta cena, por ejemplo!, continu\u00f3 la mujer; \u00bfpor qu\u00e9 nos hacen sentir culpables si nos desfasamos con la comida?; al final lo que consiguen es que una termine por detestar la salud&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Eso es\u00a1 &#8211; se entusiasm\u00f3 Don Rafael; \u00bfpreparo caf\u00e9 o bajo a comprar m\u00e1s vino? Las dos cosas, dijo Araceli; hoy no quiero privarme de nada. El hombre se abrig\u00f3 antes de salir. Una vez en la calle, salud\u00f3 a la frescura extendida en la noche. Indiscutiblemente era primavera. La calle aparec\u00eda como un espacio despojado de aliento. Puro silencio. Pura soledad. De regreso a casa, con una botella en cada mano, se sinti\u00f3 bien despierto a pesar de la hora. Sin embargo, no recordaba la cara del dependiente que le acababa de atender. Era extra\u00f1o. Desde hac\u00eda meses hab\u00eda comprobado que olvidaba los acontecimientos m\u00e1s recientes con suma facilidad. Por contra, el pasado surg\u00eda con un tes\u00f3n impropio, invadiendo un espacio que no le correspond\u00eda. Cuando se lo coment\u00f3 a Araceli, en su \u00faltima cita dos semanas atr\u00e1s, ella confes\u00f3 que le suced\u00eda igual. Pero Don Rafael sab\u00eda que no se trataba de lo mismo. Una cosa es sufrir l\u00f3gicas p\u00e9rdidas de memoria, pens\u00f3 el hombre; otra muy distinta, sentir como el ayer te va enredando en su empalagosa telara\u00f1a, te va reduciendo a un tiempo inexistente, sazonando todo presente con un ali\u00f1o de imposibilidad; \u00a1y las alucinaciones!; \u00a1eso me asusta de veras!; ni siquiera a Araceli se lo he contado; \u00bfqu\u00e9 dir\u00eda ella?; \u00bfqu\u00e9 me estoy volviendo loco?; quiz\u00e1 sea cierto; siempre fui propenso a la demencia; lo seguro es que tengo p\u00e1nico; esta noche no; los miedos se esfuman en presencia de Araceli; me sostiene como nadie, me insufla realidad&#8230; Don Rafael subi\u00f3 los dos tramos de escaleras con inusitada agilidad. Frente a la puerta de la casa se detuvo en seco, buscando las llaves en los bolsillos de abrigo y pantal\u00f3n. Sin embargo, no las necesit\u00f3. La puerta estaba entornada. Entr\u00f3, hallando a la mujer sentada en el suelo del sal\u00f3n iluminado por una docena de velas. El hombre no recordaba contar con tal suministro de parafina en su haber. Tampoco recordaba tener las pinturas de teatro con las que Araceli jugueteaba sobre sus brazos y piernas desnudos. \u00a1Qu\u00edtate la ropa, funambulista!; \u00a1ver\u00e1s que es divertido!, asegur\u00f3. Don Rafael obedeci\u00f3. \u00a1T\u00fambate!, indic\u00f3 ella. \u00c9l fundi\u00f3 la calidez de su espalda con la tibieza del suelo. Cerr\u00f3 los ojos y se dej\u00f3 hacer. Araceli memor\u00f3 aquel cuerpo-lienzo en cada trazo de negro y color, sabiendo que armaba una obra, consciente de cerrar el c\u00edrculo de una historia que les pertenec\u00eda \u00fanicamente a ellos dos. Tras varias horas trabajando, la mujer dio por finalizado el cuadro. \u00a1Mira que bello est\u00e1s, fun\u00e1mbulo! El hombre se incorpor\u00f3 entonces, escrut\u00f3 la pintura sobre \u00e9l y dijo: ahora ven t\u00fa. Los dos sab\u00edan que se trataba de una invitaci\u00f3n para fabricar amor.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que fabricaste amor?, pregunt\u00f3 Don Rafael a la mujer al otro lado de la puerta. Esta misma noche, contest\u00f3 Araceli, entrando medio cuerpo en la casa para besarle en los labios una vez m\u00e1s; hasta la pr\u00f3xima, funambulista. \u00a1Adi\u00f3s! Don Rafael persigui\u00f3 la figura de Araceli mientras desaparec\u00eda al final de la escalera. Despu\u00e9s regres\u00f3 al sal\u00f3n. Contempl\u00f3 a trav\u00e9s de la cristalera. Amanec\u00eda. La habitaci\u00f3n iba incorporando, con cautela, los primeros hilos de luz. El hombre los acogi\u00f3 inm\u00f3vil, atendiendo a la transformaci\u00f3n del cuadro impreso en su piel. Los surcos se remarcaban con la claridad matinal, los contornos se dulcificaban, los contrastes ganaban en pureza y pulcritud, los colores en intensidad, el negro en hondura. De pronto, descubri\u00f3 la chaquetilla de lana verde lechuga colgada en la percha. Nunca antes la hab\u00eda olvidado, pens\u00f3; \u00bfse habr\u00e1 dejado tambi\u00e9n el Canto General y el bolso de aguayo? Fue a comprobar al vest\u00edbulo. Efectivamente, as\u00ed era. Midi\u00f3 el cansancio que la vigilia proporcionaba a su cuerpo y decidi\u00f3 acostarse de inmediato. Sin embargo, el parpadeo rojo en el contestador autom\u00e1tico desvi\u00f3 su atenci\u00f3n del sue\u00f1o. \u00a1Pero, si no ha sonado el tel\u00e9fono!, reflexion\u00f3; apenas sal\u00ed en todo el d\u00eda&#8230; Descolg\u00f3. La esperada voz le anuci\u00f3 que ten\u00eda un mensaje. \u00bfHola?&#8230;; bueno, en fin; espero no haberle sobresaltado con esta llamada a deshora; es media noche y&#8230;; el caso es que no me coge el tel\u00e9fono; quiz\u00e1 le despert\u00e9 pero no lleg\u00f3 a tiempo; en fin&#8230;; no quer\u00eda dejarle esta noticia grabada&#8230;; sin embargo&#8230;; llevo todo el d\u00eda tratando de comunicar con unos y otros; me eternizar\u00eda si insistiera hasta hablar personalmente con cada uno; \u00bfentiende?&#8230;; estoy nervioso, agotado, deshecho; no me convence lo que voy a hacer&#8230;; \u00a1en fin!; \u00a1adelante!; \u00a1oh!, lo siento; deb\u00ed haberme identificado primero; probablemente me haya reconocido; soy Gabriel, el hijo mayor de Araceli; espero que diculpe que se lo diga as\u00ed; \u00a1s\u00e9 cu\u00e1nto quer\u00eda a mi madre!; ella falleci\u00f3 esta tarde; hacia las tres; un infarto en la calle; no ha sufrido en absoluto; es un consuelo; el entierro ser\u00e1 ma\u00f1ana a las, bla, bla, bla. Don Rafael devolvi\u00f3 el auricular a su sitio. Sacudi\u00f3 su cabeza. Abri\u00f3 la puerta del balc\u00f3n, permitiendo la entrada a la indiscutible primavera. Desnudo como estaba, se sent\u00f3 en el suelo, ocupando el lugar en el que hac\u00eda un rato hab\u00eda fabricado amor con Araceli. Volvi\u00f3 a sentir sus tactos, sus fluidos, sus presentes y sus besos. Escuch\u00f3 de nuevo sus susurros, sus jadeos, sus no promesas. Se transport\u00f3 una vez m\u00e1s a su interior, sabi\u00e9ndose seguro entre su protectora piel. Todo aquello acababa de suceder y \u00e9l, Don Rafael, pod\u00eda recordarlo. Se sonri\u00f3. \u00bfQu\u00e9 otra prueba necesitaba? Adem\u00e1s, la chaqueta, el libro, el bolso&#8230; El hombre se dirigi\u00f3 al dormitorio, previendo lo que all\u00ed encontrar\u00eda. Sin sobresaltarse, anegado de paz, se acerc\u00f3 a la cama donde \u00e9l mismo yac\u00eda. Tap\u00f3 su cuerpo r\u00edgido con la s\u00e1bana, dejando al descubierto el relajado rostro. Yo tampoco he sufrido, pens\u00f3 satisfecho; seguramente, un paro cardiaco tambi\u00e9n; como ella; nos hemos seguido los pasos hasta el final. Se dio media vuelta, abandonando tras de s\u00ed ochenta y tantos a\u00f1os de vida propia. Debo apurarme, se dijo; pronto llegar\u00e1n todos y no deseo ver como me dan por muerto.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Don Rafael dispuso la mesa de caoba con sobriedad. 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