{"id":42,"date":"2007-03-15T13:14:02","date_gmt":"2007-03-15T12:14:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=42"},"modified":"2007-03-15T13:14:02","modified_gmt":"2007-03-15T12:14:02","slug":"22-huesos-de-cristal-por-e-topic-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=42","title":{"rendered":"22- Huesos de cristal. Por E-topic"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F42&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F42&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p>No tendr\u00eda m\u00e1s de diecis\u00e9is a\u00f1os. Llevaba un brazo en cabestrillo. Se plant\u00f3 delante de la mesa cuando casi todo el p\u00fablico se hab\u00eda marchado ya y se puso a rebuscar en una bolsa que le colgaba del hombro.<!--more-->\u00a0Hice amago de ayudarla, pero pens\u00e9 que le pod\u00eda molestar, como a los tartamudos cuando les terminas las palabras.<br \/>\n\u2015Compr\u00e9 un ejemplar de \u201cProdigios de barro\u201d, \u00bfme lo firma? \u2015se coloc\u00f3 un bol\u00edgrafo en la boca antes de tenderme el libro, a la vez que estiraba el cuello para alcanzarme el boli. Le dije que no lo necesitaba y saqu\u00e9 mi pluma.<br \/>\n\u2015\u00bfTe gusta la antropolog\u00eda? \u2015le pregunt\u00e9.<br \/>\n\u2015Bueno, s\u00ed; pero este libro en particular.<br \/>\n\u2015Tu nombre&#8230;<br \/>\n\u2015Me llamo Natalia.<br \/>\nLe devolv\u00ed el libro. Me interes\u00e9 por su brazo mientras ella le\u00eda la dedicatoria con cara de estar contemplando un hechizo de Harry Potter. Se lo hab\u00eda fracturado la semana anterior, me dijo, una ma\u00f1ana que la recibi\u00f3 con efusivos abrazos un agente literario que hab\u00eda le\u00eddo algunos de sus cuentos. Mi perplejidad la empuj\u00f3 a describirme a grandes rasgos lo que era la osteog\u00e9nesis, enfermedad que ella sufr\u00eda y a la que parec\u00eda haberse acostumbrado despu\u00e9s de quince a\u00f1os de convivencia. Aunque sus huesos no son de cristal como todo el mundo cree sino estructuras de vidrio finas como hilos de ara\u00f1a, dijo, y lanz\u00f3 una carcajada.<br \/>\n\u2015Vidrio de p\u00e9sima calidad. Reciclado \u2015dijo.<br \/>\nMe turb\u00f3 su talante resuelto y el trato animoso que manten\u00eda con su deficiencia, pero mucho m\u00e1s lo hizo la coincidencia \u2015si acaso lo era\u2015 de que durante las \u00faltimas semanas yo hubiera estado investigando en un grupo ind\u00edgena de Centroam\u00e9rica un asunto relacionado precisamente con esa enfermedad.<\/p>\n<p>Al ni\u00f1o le practicaron dos incisiones en los om\u00f3platos, en la zona donde el hueso est\u00e1 m\u00e1s a flor de la piel. Le injertaron dos esquirlas de las alas de la Greta cubana, la mariposa de cristal, incrustadas en sendas raspaduras y limadas despu\u00e9s para moldearlas al hueso. Finalmente, le cosieron la piel con hebras de lino. Las heridas cicatrizaron y el ni\u00f1o, fr\u00e1gil, quebradizo y con las extremidades a siempre entablilladas, comenz\u00f3 a mejorar. El cristal de sus huesos se relaj\u00f3 y su esqueleto acab\u00f3 por resistir con flexibilidad las embestidas de la vida silvestre. Hasta que olvid\u00f3 su enfermedad.<br \/>\nLa pr\u00e1ctica se usaba para fines tan diversos como la impotencia, o la esterilidad, o contra fiebres incurables, o en cualquier trastorno para el que se desconociera un remedio alternativo. Si no daba resultado, el fracaso se achacaba al desmerecimiento del paciente y no a lo inapropiado del tratamiento: a unos no les hac\u00eda efecto alguno, otros mor\u00edan por inconcebibles mutaciones de su enfermedad inicial \u2015quiz\u00e1s por las infecciones del propio m\u00e9todo\u2015, y unos cuantos consegu\u00edan sanar con resultados sorprendentes, e incluso abrumadores.<br \/>\nNos cost\u00f3 lograr que el ni\u00f1o \u2015hombre ya con hijos propios\u2015 nos dejara tomarle unas muestras de sangre, pero la insistencia \u2015y golpes y empujones\u2015 de sus mujeres ante los regalos que les ofrec\u00edamos consigui\u00f3 que aceptara el intercambio.<br \/>\nUn amigo, Meseguer, a sueldo de una multinacional desde hac\u00eda varios a\u00f1os, me ayud\u00f3 en la investigaci\u00f3n. Despu\u00e9s de unos an\u00e1lisis sobre las muestras lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que la invasi\u00f3n externa originada por las c\u00e9lulas de la mariposa hab\u00eda fagocitado las elementos \u00f3seos, m\u00e1s fr\u00e1giles, y hab\u00edan sido sustituidas por las de la membrana, m\u00e1s flexibles, amalgam\u00e1ndose con la dureza del hueso vivo. Se multiplicaban por escisi\u00f3n; una progresi\u00f3n binaria que en pocos d\u00edas invad\u00eda la totalidad del esqueleto.<\/p>\n<p>Entabl\u00e9 con Natalia una relaci\u00f3n que apenas colisionaba \u2015si acaso de refil\u00f3n y siempre por mi parte\u2015 con la distancia de treinta a\u00f1os que nos separaba. Ella sufr\u00eda con optimismo insultante las disminuidas posibilidades de sus quehaceres: ni bici, ni baloncesto, ni saltos, ni abrazos, ni un mal tropez\u00f3n; y para colmo me animaba a m\u00ed cuando me ve\u00eda cara de pena al descubrirla con el torso vendado o apoyada en una muleta con un tobillo fracturado. Me sent\u00eda est\u00fapido ante sus consuelos. Creo que gran parte del j\u00fabilo que desprend\u00eda lo rescataba de las inmersiones que hac\u00eda en sus mundos interiores, en los que se perd\u00eda tardes enteras y de los que sal\u00eda ilesa y con ideas para escritos fant\u00e1sticos, a veces incomprensibles para m\u00ed.<br \/>\nUn d\u00eda se me ocurri\u00f3 hablarle del experimento de la mariposa y del ni\u00f1o ind\u00edgena. Mostr\u00f3 un vivo inter\u00e9s, indag\u00f3 todo tipo de detalles y me pregunt\u00f3 finalmente si lo pod\u00edamos probar con ella. Total, si no funciona me quedar\u00e9 igual, dijo. A partir de \u00e9ste cada nuevo encuentro insist\u00eda en lo mismo, as\u00ed que habl\u00e9 con Meseguer para recabar su opini\u00f3n.<br \/>\nLa idea le parec\u00eda una locura; esa fue su opini\u00f3n. Una cosa era la investigaci\u00f3n antropol\u00f3gica, la teor\u00eda&#8230;, y otra muy distinta insertarle a una jovencita unas membranas de mariposa en los huesos. Por supuesto, el rechazo ser\u00eda inmediato, con lo que la posibilidad de \u00e9xito era nula. Aparte de que pod\u00eda sobrevenirle cualquier tipo de infecci\u00f3n. Aunque con los medios de la cirug\u00eda moderna y la legi\u00f3n de antibi\u00f3ticos que atiborraba el mercado, eso no supon\u00eda un grave peligro.<br \/>\nA pesar de las escasas expectativas, Natalia, tan fr\u00e1gil y de tan parad\u00f3jica fortaleza, insisti\u00f3 para que nos pusi\u00e9ramos en marcha lo antes posible. Quer\u00eda hacerlo por su cuenta y riesgo, sin consultar la opini\u00f3n de sus padres: no quer\u00eda aventurarse; quiz\u00e1s no consiguiera convencerlos. Asum\u00ed impl\u00edcitamente la responsabilidad y me puse en contacto con un cirujano conocido de Meseguer. \u00c9ste se desentendi\u00f3 del tema en cuanto me dijo el nombre del especialista.<br \/>\nEl cirujano, reticente, y m\u00e1s incr\u00e9dulo que mosqueado, acab\u00f3 cediendo a mis requerimientos y se olvid\u00f3 de sus escr\u00fapulos cuando le met\u00ed mil euros en el bolsillo. La operaci\u00f3n no present\u00f3 ninguna dificultad. Durante varios d\u00edas, Natalia no pareci\u00f3 sentir nada. De hecho un par de semanas despu\u00e9s se le astill\u00f3 el hombro cuando su perro, grande como un tigre y aparente devorador de conejos, fue a lamerle la cara y apoy\u00f3 ambas patas sobre ella.<br \/>\nPasadas unas semanas, las incisiones de la espalda se curaron y se fueron borrando las se\u00f1ales. Todo indicaba que el injerto hab\u00eda fracasado: ning\u00fan parecido con lo que le hab\u00eda sucedido al chico ind\u00edgena. Unos d\u00edas despu\u00e9s y sin m\u00e1s fracturas de por medio \u2015ella se mov\u00eda con tanto cuidado como un fantasma\u2015 comenz\u00f3 a sentir picaz\u00f3n en los dos cortes ya sanados. Nos comunic\u00e1bamos por tel\u00e9fono \u2015yo andaba entonces fuera de la ciudad\u2013 y las molestias fueron aumentando hasta que tuve que volver para examinarla. Con temor pude apreciar sendos bultos a cada lado de su columna vertebral. Pasaron los d\u00edas y la cosa no mejor\u00f3, antes al contrario, cada d\u00eda la inflamaci\u00f3n era m\u00e1s patente, y, por primera vez, vi a Natalia asustada.<br \/>\nAcudimos al cirujano y cort\u00f3 la epidermis esperando, como yo, ver supurar de la hendidura un borbot\u00f3n de pus. Del primer corte surgieron unos pliegues arrugados de papel cebolla, apelmazados. Con unas pinzas, los despleg\u00f3 con cuidado: ten\u00eda aspecto de papel celof\u00e1n arrugado. El m\u00e9dico dijo que hab\u00eda que amputar aquella especie de absurdo tumor \u00f3seo y curar las heridas. Yo pens\u00e9 que ten\u00eda raz\u00f3n; pero Natalia se empe\u00f1\u00f3 en que no: implor\u00f3 que le dej\u00e1ramos las aberturas para que el celof\u00e1n no estuviera tapado por la piel. El cirujano se empe\u00f1\u00f3 en que no lo har\u00eda sin el consentimiento expreso de un familiar. Con ayuda de las s\u00faplicas de Natalia y de otro manojo de billetes que le solt\u00e9 pens\u00f3 que bien se podr\u00edan amputar de igual manera en cualquier otro momento m\u00e1s adelante, as\u00ed que decidi\u00f3 resta\u00f1ar los bordes de las heridas para que no se produjera ninguna infecci\u00f3n previsible y me orden\u00f3 una cura escrupulosa hasta que el hueso se acomodara a la piel seca y aceptara la abertura de forma natural. Cuando la herida san\u00f3, aquellos mu\u00f1ones transparentes se hab\u00edan ido plegando contra la piel y parec\u00edan adaptarse entre la carne y la ropa. Volv\u00ed a mi trabajo al otro lado del mar con la promesa de que si le suced\u00eda algo raro me llamar\u00eda de inmediato.<\/p>\n<p>Pasaron los meses, y la fragilidad de Natalia se troc\u00f3 en ligereza: apenas pesaba unos pocos kilos, aunque sus abrazos eran apretados y s\u00f3lidos, como si sus huesos fueran de titanio hueco y sus m\u00fasculos m\u00e1s fibrosos. Los ap\u00e9ndices de su espalda crec\u00edan, invisibles a los dem\u00e1s, plegados siempre bajo la ropa, y se extendieron hasta alcanzar la cintura. Me escrib\u00eda a menudo, contenta de que sus fracturas casi hubieran desaparecido a pesar de hacer una vida pr\u00e1cticamente normal; y me enviaba cuentos que yo apenas intu\u00eda, en los que transformaba sensaciones en visiones, colores y formas; y a m\u00ed eso me confund\u00eda y me maravillaba porque no sab\u00eda si estaba mirando un cuadro o leyendo un cuento.<br \/>\nUn d\u00eda me lleg\u00f3 un correo en que me ped\u00eda, por favor, que fuera a verla, que ten\u00eda algo importante que mostrarme, algo que no era posible describirlo por escrito. No era nada grave, su salud no peligraba, pero insisti\u00f3 tanto y se la ve\u00eda tan excitada que, despu\u00e9s de hablar con ella, arregl\u00e9 las cosas para ausentarme del trabajo y visitarla.<br \/>\nLa recog\u00ed tras de un largo viaje, y nos alejamos en el coche hacia las afueras del pueblo. Un r\u00edo brav\u00edo y atronador hab\u00eda excavado un precipicio profundo en cuyo fondo rug\u00edan las aguas contra los pe\u00f1ascos. A unos metros del borde, con el sol de la ma\u00f1ana brillando en las matas cubiertas de roc\u00edo, Natalia se quit\u00f3 la camisa, se acerc\u00f3 al precipicio y salt\u00f3. Corr\u00ed tras ella, aterrado. Cuando mir\u00e9 hacia el fondo la vi ascender con los brazos abiertos y unas alas vibrando a sus espaldas, remolinos transparentes como los de una lib\u00e9lula. Se detuvo ante m\u00ed, en el vac\u00edo, una virgen crucificada y radiante, con un zumbido de colibr\u00ed rode\u00e1ndola.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No tendr\u00eda m\u00e1s de diecis\u00e9is a\u00f1os. Llevaba un brazo en cabestrillo. 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