{"id":43,"date":"2007-03-15T13:19:48","date_gmt":"2007-03-15T12:19:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=43"},"modified":"2007-03-15T13:19:48","modified_gmt":"2007-03-15T12:19:48","slug":"23-desde-la-lejania-por-ariadna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=43","title":{"rendered":"23- Desde la lejan\u00eda. Por Ariadna"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F43&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F43&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p>Desde la lejan\u00eda que otorga el tiempo puedo rememorarlo todo sin que me hieran mis sentimientos.<!--more-->\u00a0En su d\u00eda fui princesa de Creta, s\u00ed, la famosa Ariadna, hija del rey Minos fui yo, protagonista de una historia tristemente famosa. Ahora, desde la lejan\u00eda que otorga el tiempo, puedo contaros c\u00f3mo sucedi\u00f3 todo realmente, puedo contaros c\u00f3mo fui asesina y doblemente traidora y c\u00f3mo pude vivir con ello.<br \/>\nMi padre era un hombre altivo y poderoso, lleno de rencor que, con la ayuda de algunos dioses, tiraniz\u00f3 Atenas y otras ciudades, imponiendo un pago en sangre, la sangre de mozos y mozas que ven\u00edan a morir enviados por sus padres, deudores de Minos. Siendo yo todav\u00eda muy peque\u00f1a se determin\u00f3 que fuera sacerdotisa del Minotauro, una monstruosa criatura que supuestamente habitaba los subterr\u00e1neos de la isla, a los que se acced\u00eda desde un templo en un lateral del palacio. Dec\u00edan de la criatura que era mitad hombre mitad toro, pero nadie que entr\u00f3 a la caverna sali\u00f3 nunca a contarlo. Ahora s\u00e9 que ah\u00ed resid\u00eda nuestro Miedo, que era \u00e9l quien mataba a toda esa gente, ahog\u00e1ndolos en pesadillas. Desde muy peque\u00f1a me familiaric\u00e9 con esos crueles rituales sacrificiales, mientras oraba, paseaba y aprend\u00eda sobre la vida de dioses y hombres. Sab\u00eda que todos esos muchachos y muchachas de lejanas tierras eran obligados a entrar en el oscuro laberinto y que nunca volv\u00edan a salir. No puedo negar que o\u00eda sus alaridos por las noches, cuando guardada el fuego ritual junto a la entrada; me sent\u00eda aliviada de haber nacido cretense y, adem\u00e1s, princesa, de estar caliente en el templo y no vivir con el yugo del miedo. Alguna noche, me asomaba t\u00edmidamente al subterr\u00e1neo, la oscuridad lo envolv\u00eda todo, mis ojos, in\u00fatiles, se esforzaban por captar algo m\u00e1s que siluetas rocosas, tocaba las paredes h\u00famedas y sent\u00eda el aliento del Hades, caliente y sulfuroso. Era entonces cuando comenzaba a o\u00edr los susurros de las almas de los condenados o, al menos, eso cre\u00eda yo, y sal\u00eda corriendo hacia la seguridad del fuego del templo.<br \/>\nYa no era tan ni\u00f1a cuando conoc\u00ed a Teseo, ten\u00edamos m\u00e1s o menos la misma edad y era bello, como yo, pr\u00edncipe tambi\u00e9n \u00e9l, hijo de Egeo, rey de Atenas. Me pareci\u00f3 verme reflejada en \u00e9l y de golpe comprend\u00ed toda la maldad de lo que estaba haciendo, de mi colaboraci\u00f3n en todas las muertes pasadas y las que estaban por venir. El sentirme segura junto al fuego del templo me hab\u00eda hecho creer que era inmune a la conciencia, pero ella hab\u00eda ido acerc\u00e1ndose a mi coraz\u00f3n hasta alcanzarlo. En ello pensaba mientras paseaba, la noche que Teseo pas\u00f3 en el calabozo junto a sus compa\u00f1eros. Una rendija daba al jard\u00edn y pude o\u00edr sus historias, todos eran j\u00f3venes con un gran porvenir, hijos de granjeros, de pescadores, de personas que nada nos hab\u00edan hecho y que, ahora, se desped\u00edan de la vida, lejos de sus familias y seres queridos. Todos menos Teseo, que vino voluntariamente a enfrentarse al tirano Minos, mi padre. Pero ten\u00eda miedo \u00e9l tambi\u00e9n, su semblante era p\u00e1lido y sus manos no eran firmes, pues pod\u00eda o\u00edr a los espectros de j\u00f3venes anteriores a \u00e9l. Yo sab\u00eda que ese miedo era lo que alimentaba al monstruo, que lo absorb\u00eda hasta matar. Tom\u00e9 entonces la decisi\u00f3n de traicionar a mi padre y a mi pueblo y as\u00ed intentar liberar mi alma del peso de la culpa. No os equivoqu\u00e9is, yo no traicion\u00e9 por amor a Teseo, no lo hice por amor f\u00edsico sino por amor a los hombres, por amor a la vida, el amor m\u00e1s puro que nadie pudo imaginar. Llam\u00e9 a Teseo por la rendija y le susurr\u00e9 que le ayudar\u00eda, que me esperase tras la primera piedra de la caverna, mientras sus compa\u00f1eros se adelantaban por el laberinto. Me daba cuenta del horror que implicaba esto, pero no hab\u00eda elecci\u00f3n, era necesario un \u00faltimo sacrificio pues no pod\u00eda salvarlos a todos, solo a uno, a Teseo, hijo de Egeo, rey de Atenas.<br \/>\nA la ma\u00f1ana siguiente baj\u00e9 a la playa, sola, donde me encontr\u00e9, tejiendo una red de pescar, a D\u00e9dalo, respetado anciano y antiguo maestro m\u00edo, la persona con m\u00e1s conocimiento t\u00e9cnico que exist\u00eda en toda Grecia. Su hijo, \u00cdcaro, hab\u00eda sido gran compa\u00f1ero de juegos hasta que el destino nos llev\u00f3 por distintos caminos. Me sincer\u00e9 con \u00e9l, le cont\u00e9 la culpa que me ro\u00eda las entra\u00f1as y llor\u00e9 a su lado. \u00c9l medit\u00f3 largamente mi ruego de auxilio y, sonri\u00e9ndome, me dio su bendici\u00f3n y un largo rollo de cuerda fina y resistente. \u201cAta un cabo a la entrada y el otro al condenado, le servir\u00e1 para volver en la oscuridad, tras enfrentarse a lo que sea que est\u00e1 ah\u00ed abajo\u201d. He sabido que esta ayuda que me prest\u00f3 la pagaron cara tanto \u00e9l como \u00cdcaro, pues mi padre, Minos, se veng\u00f3 de ellos. Pero entonces no pens\u00e9 en ello, no me preocupaba su destino, sino el de Teseo y el m\u00edo propio.<br \/>\nEsper\u00e9, nerviosa, a la noche y cuando lleg\u00f3 realic\u00e9, por \u00faltima vez, el rito de sacrificio frente a la entrada de la caverna, avivando el fuego junto al que pasaban llorosos y suplicantes, los j\u00f3venes cautivos. Todos menos Teseo que miraba altivo a mi padre, ret\u00e1ndolo. Cuando entraron tuve que continuar con el ritual de purificaci\u00f3n del templo como si nada fuese a suceder. Mientras, sacerdotes y vigilantes iban abandonando el lugar dej\u00e1ndome, de nuevo, guardiana del laberinto; guardiana y traidora. Entr\u00e9, pues, y di a Teseo la cuerda y una vieja espada, su cara reflej\u00f3 la decepci\u00f3n de quien espera monedas de oro y recibe guijarros. Supe entonces que morir\u00eda, que no iba a vencer a su propio Miedo y que yo tambi\u00e9n morir\u00eda por haber intentado traicionar a mi padre. Por eso me lo invent\u00e9. \u201cT\u00f3malo \u2013 le dije \u2013 pues me lo ha dado el Demiurgo, \u00c9l hizo el laberinto y a su mortal criatura y \u00c9l se ha apiadado de mi coraz\u00f3n enamorado. Toma esta cuerda y esta espada, vence al monstruo y ll\u00e9vame a tu tierra\u201d. Entonces se alej\u00f3 decidido hacia la profunda oscuridad, a enfrentarse a s\u00ed mismo.<br \/>\nYo sal\u00ed y esper\u00e9, y me enfrent\u00e9 yo tambi\u00e9n a mi miedo. En cada mirada de mi padre, en cada una de sus palabras tem\u00eda descubrir sus sospechas. Por la noche no dorm\u00eda y por el d\u00eda procuraba que nadie me viera, pas\u00e9 as\u00ed tres d\u00edas y, al cuarto, un Teseo sucio y d\u00e9bil sali\u00f3 de la cueva. Temblaba \u00e9l y temblaba yo cuando le escond\u00ed en mis aposentos, y all\u00ed me cont\u00f3 que, al final del laberinto, hab\u00eda un foso, un gran vac\u00edo al que se precipit\u00f3 en la oscuridad, pero no lleg\u00f3 a caer al fondo pues la cuerda lo sujet\u00f3 y qued\u00f3 suspendido en el aire, a salvo. All\u00ed quedo un rato mientras olores sulfurosos sub\u00edan hacia \u00e9l, fue entonces cuando empez\u00f3 a sentirlo, cuando tuvo que cerrar los ojos y girarse hacia la fr\u00eda pared, incapaz de mirar al Miedo de frente. El aire, pesado, le ahogaba, la oscuridad le cegaba y esos alaridos indescriptibles le paralizaban. Se abraz\u00f3 a la espada del Demiurgo y le invoc\u00f3, fue entonces cuando apret\u00f3 los dientes y la lanz\u00f3 contra la invisible presencia, pudiendo, por fin, sacar fuerzas para alzarse.<br \/>\nDescans\u00f3 durante la tarde, mientras yo procuraba controlarme, \u00e9l ya hab\u00eda pasado su prueba y ahora ven\u00eda la m\u00eda. Si me quedaba morir\u00eda a manos de mi padre, seguramente lo mereciese por haber matado y por haber traicionado, pero era joven, quer\u00eda vivir y decid\u00ed huir con Teseo. Contempl\u00e9 por \u00faltima vez el palacio en el que me cri\u00e9, imponente sobre una colina, contempl\u00e9 los olivares que se extend\u00edan a sus pies, contempl\u00e9 las azules aguas del mar, los barcos, las gentes. Y as\u00ed, se hizo de noche.<br \/>\nBajamos a la playa por caminos sin transitar y robamos una barca con la que alcanzamos el otro lado de la isla. All\u00ed esperaba un barco ateniense, peque\u00f1o y ligero, de velas negras. No s\u00e9 c\u00f3mo se sinti\u00f3 mi padre al ver lo que hab\u00eda pasado, al notar la muerte de su monstruo en las entra\u00f1as de su palacio, al no verme y comprender, o creer comprender. S\u00f3lo s\u00e9 c\u00f3mo me sent\u00eda yo mientras respiraba el aroma de alta mar en el barco ateniense: sola.<br \/>\nAl poco tiempo llegamos a Naxos, \u00edbamos a pasar all\u00ed unos d\u00edas mientras reparaban unas filtraciones en el casco del barco. La isla era peque\u00f1a y se parec\u00eda a Creta, all\u00ed donde mirases hab\u00eda olivos, laureles y encinas, p\u00e1jaros y lagartos, pero no gente, nadie habitaba all\u00ed. Teseo y yo pase\u00e1bamos juntos los primeros d\u00edas, \u00e9l, crecido por su haza\u00f1a, yo, meditabunda, pero no ten\u00edamos de qu\u00e9 hablar y termin\u00e1bamos el paseo en un inc\u00f3modo silencio. Alguna vez intent\u00f3 acercarse, abrazarme, y yo le alejaba castamente. Entonces tom\u00e9 la decisi\u00f3n, no ir\u00eda a Atenas a compartir mi vida con alguien a quien no quer\u00eda, me quedar\u00eda en Naxos y vivir\u00eda junto a mi conciencia culpable. Le escrib\u00ed unas l\u00edneas dici\u00e9ndole que no le amaba, que le ayud\u00e9 por compasi\u00f3n y que le deseaba lo mejor, se las dej\u00e9 en su lecho en el barco y me volv\u00ed a la isla, sinti\u00e9ndome traidora por segunda vez. Me pregunto qu\u00e9 fue lo que le impuls\u00f3 a decir que me hab\u00eda abandonado en Naxos, que nunca me quiso y que s\u00f3lo me utiliz\u00f3, imagino que su orgullo herido. Venci\u00f3 a su miedo en Creta pero cay\u00f3 presa de su orgullo en Naxos; por eso no se acord\u00f3 de cambiar las velas de su embarcaci\u00f3n y su anciano padre, Egeo, rey de Atenas, vio en su color negro el color de la muerte de su amado hijo y, desesperado, se arroj\u00f3 al mar.<br \/>\nYo aprend\u00ed a vivir con mi memoria, a dormir a la intemperie y alimentarme de los frutos de la tierra. Aprend\u00ed a vivir conmigo misma y mi culpa, hasta que Dionisos, amo y se\u00f1or de Naxos, liber\u00f3 mi alma mortal de sus tormentos, pudiendo, al fin, serenarme y volver a mirar, desde la lejan\u00eda que otorga el tiempo, a mis recuerdos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde la lejan\u00eda que otorga el tiempo puedo rememorarlo todo sin que me hieran mis sentimientos.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/43"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=43"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/43\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=43"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=43"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=43"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}