{"id":50,"date":"2007-03-15T13:45:13","date_gmt":"2007-03-15T12:45:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=50"},"modified":"2007-03-15T13:47:50","modified_gmt":"2007-03-15T12:47:50","slug":"31-un-trabajo-pendiente-por-marejada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=50","title":{"rendered":"30- Un trabajo pendiente. Por Marejada"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F50&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F50&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p>Hab\u00edamos machacado a ese tipo a conciencia. <!--more-->No es que no lo mereciera pero, ahora que Clara tra\u00eda la noticia del infarto fulminante que terminaba con su vida apenas media hora despu\u00e9s de iniciado el juicio, flotaba en la redacci\u00f3n un ambiente espeso con cierto regusto almizclado que, por otra parte, pudiera deberse a la poca ventilaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque nadie aqu\u00ed lamentara su muerte, los jefes se preocupaban por la imagen del peri\u00f3dico. Pese a que el citado juicio incluyera varias causas relacionadas con su veloz y supuesto il\u00edcito enriquecimiento, a pesar de que las pruebas presentadas por la acusaci\u00f3n no dejaban lugar a duda sobre los abundantes y frecuentes sobornos con que don L untaba a quien le conven\u00eda, a pesar de la ninguna claridad de sus contabilidades, no era posible seguir picando la carne del muerto sin comprometer nuestra imagen. As\u00ed lo defend\u00eda a gritos el departamento comercial en la reuni\u00f3n de urgencia con el director, subdirectores y fejes de redacci\u00f3n. Clara y yo aprovechamos el barullo para salir a tomar caf\u00e9, un rato antes de la hora acostumbrada. Estaba realmente molesta; el trabajo de meses se nos ir\u00eda al garete si el departamento comercial impon\u00eda su criterio de parar las cosas por el momento. Para ese fin de semana Clara ten\u00eda concertada una entrevista con la se\u00f1ora L, viuda del finado, conocido por sus veleidades amorosas, la cual hab\u00eda accedido bajo ciertas condiciones acordes con las circunstancias. Ahora, era de suponer que la cita se anulase. Una putada.<br \/>\nEl entierro tuvo repercusi\u00f3n en todos los medios de la ciudad, varios de la regi\u00f3n y algunos de tirada nacional, adem\u00e1s de ciertos programas de televisi\u00f3n. La Red era un hervidero. Las bit\u00e1coras y los foros especialmente. El viernes, Clara telefone\u00f3 a la se\u00f1ora L. Por su cara y el insistente pulgar hacia arriba comprend\u00ed que el encuentro segu\u00eda en marcha. Cuando colg\u00f3 el tel\u00e9fono, Clara, sonriente, me dijo que lo ten\u00edamos. No podr\u00edamos publicarlo hasta pasados treinta d\u00edas; por el luto: por guardar apariencia de luto.<br \/>\nLos compa\u00f1eros del departamento t\u00e9cnico nos proveyeron del material necesario. Durante el viaje hasta la ciudad a la que la se\u00f1ora L. se hab\u00eda trasladado con intenci\u00f3n de alejarse del bullicio y la notoriedad en que la repentina muerte de su marido la hab\u00eda situado, Clara y yo preparamos las preguntas, buscando que algunas de ellas nos permitieran desviar la entrevista hacia lo que realmente busc\u00e1bamos: una noticia de portada.<br \/>\nEl coche alquilado cubri\u00f3 el recorrido en el tiempo previsto, con lo que dispusimos de m\u00e1s de una hora para revisar el equipo y tomar un tentempi\u00e9 mientras llegaba el momento de la cita. Elegimos una cafeter\u00eda tranquila del centro para esperar.<br \/>\nA las 19 horas, un hombre ataviado con uniforme de servicio nos dio la bienvenida e, inmediatamente despu\u00e9s, la se\u00f1ora L nos recibi\u00f3 con luto riguroso pero con una abierta sonrisa. La seguimos hasta una estancia amplia y luminosa, presidida por una gran puerta corredera de cristal que daba acceso a la piscina, cuyo c\u00e9sped, primorosamente atendido, se rodeaba de buganvillas, clem\u00e1tides, rododendros y otras variedades de flores y \u00e1rboles desconocidos para m\u00ed. Antes de comenzar con la entrevista, la se\u00f1ora L. nos ofreci\u00f3 un peque\u00f1o refrigerio por el que pasamos mediante una conversaci\u00f3n intrascendente pero amena. Mientras Clara se interesaba por la pospuesta inauguraci\u00f3n de su joyer\u00eda, yo tiraba fotograf\u00edas.<br \/>\nApenas hab\u00edan transcurrido diez minutos del comienzo de la entrevista cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono port\u00e1til de la se\u00f1ora L. Se disculp\u00f3 con cortes\u00eda por el descuido de no haberlo silenciado mientras, elegante, d\u00e1ndonos la espalda, atravesaba la estancia camino de la peque\u00f1a mesa desde la que sonaba. Cuando lo tuvo en su mano, cort\u00f3 la llamada y se gir\u00f3 lentamente antes de caer al suelo desvanecida. Ambos reaccionamos de inmediato; mientras yo ped\u00eda una ambulancia Clara conten\u00eda con un pa\u00f1uelo la peque\u00f1a hemorragia de la frente, fruto de la ca\u00edda, y aflojaba alg\u00fan bot\u00f3n de su camisa tratando, creo, de facilitarle la respiraci\u00f3n. En unos segundos, alertado por el ruido, el hombre de mediana edad que nos abriera la puerta entr\u00f3 en la estancia. Unos minutos despu\u00e9s llegaron los servicios m\u00e9dicos. Cuando la se\u00f1ora L. estuvo bien atendida, decidimos marcharnos, no sin antes dejar nuestra tarjeta al hombre uniformado y el aviso de que volver\u00edamos a la ma\u00f1ana siguiente para interesarnos por su estado. Luego hicimos una llamada al peri\u00f3dico para explicar lo ocurrido, avisar de la necesidad de prolongar nuestra estancia y asegurarnos de que los gastos ser\u00edan cubiertos por la empresa.<br \/>\nEl hotel recomendado por uno de los fot\u00f3grafos del peri\u00f3dico result\u00f3 ser, tal como asegurara, un lugar acogedor con un precio razonable que no despertar\u00eda las iras de la direcci\u00f3n. Despu\u00e9s de acomodarnos, salimos a pasear en busca de un restaurante agradable. Mientras recorr\u00edamos el paseo del centro, la conversaci\u00f3n de Clara se ce\u00f1\u00eda al asunto L: fechas, n\u00fameros, nombres\u2026 detalles varios. Yo pensaba en que hac\u00eda un par de meses que no nos acost\u00e1bamos.<br \/>\nEmpezamos a hacerlo dos o tres semanas despu\u00e9s de que se incorporara a la redacci\u00f3n, un jueves destinado, como de costumbre, a la cerveza del Heartbreak Hotel y a las quejas sobre nuestros jefes y salarios. Conversamos coincidiendo en ciertos gustos y preferencias, tomamos un par de chupitos y dos cervezas -las m\u00edas sin alcohol-, bailamos un par de canciones y al rato me dijo: \u201cDame una vuelta en la moto\u201d. Le dej\u00e9 mi casco, cerr\u00e9 mi cazadora de cuero y me ajust\u00e9 los guantes; me tap\u00e9 la cara con el pa\u00f1uelo y, sin despedirnos de nadie, salimos a carretera sobre mi Sporter 1200. Durante los 70 kil\u00f3metros que nos distanciaban de la sierra, Clara luchaba contra el fr\u00edo y el viento pegando su pecho contra mi espalda y apretando mi cadera entre sus muslos. Unas veces con firmeza, otras dej\u00e1ndose reposar mientras sent\u00eda bajo ella el paso del asfalto. Cuando llegamos al pueblo, nos registramos en un peque\u00f1o hotel. Pasada ya la media noche, tuvimos que contentarnos con algo de queso y jam\u00f3n, una ensalada y unos botes de cerveza. Comimos sobre la cama, mirando la sierra a trav\u00e9s de la ventana. Pudimos haber continuado riendo y vaciado el mueble bar, o haber dado un paseo nocturno por los alrededores. Pero nos tocamos. El brazo, las rodillas, una caricia en la cara, las manos mesando el pelo, una mirada con brillo\u2026 Amanecimos abrazados, su cabeza sobre mi pecho, cuando son\u00f3 la alarma de mi tel\u00e9fono port\u00e1til y, al momento, la llamada de recepci\u00f3n anunciando que eran las ocho. Aunque apenas dormimos cinco horas, ambos nos despertamos despejados. Compartimos una ducha sin prisas y el desayuno en el mirador del hotel. Clara accedi\u00f3 a que yo pagara la cuenta s\u00f3lo cuando hube aceptado su cena para esa misma noche. A la media hora, de regreso en la ciudad, tom\u00e1bamos juntos un caf\u00e9 antes de entrar en la redacci\u00f3n. La cena prometida supuso nuestro segundo amanecer a medias. Durante dos a\u00f1os las cosas funcionaron a la perfecci\u00f3n. Despu\u00e9s, compartir\u00edamos desayuno un par de veces al mes.<br \/>\nPero hac\u00eda dos que no nos acost\u00e1bamos. En este momento, paseando por el centro de la ciudad tras la indisposici\u00f3n de la se\u00f1ora L, Clara se centraba exclusivamente en el suceso que acab\u00e1bamos de presenciar. Su instinto period\u00edstico ten\u00eda todas las alertas activadas en c\u00f3digo rojo. A m\u00ed, personalmente, poco me importaba. Para m\u00ed, este trabajo no significaba nada m\u00e1s que la oportunidad de pasar un par de d\u00edas fuera de la ciudad a cuenta del jefe, disfrutando de los restaurantes, las terrazas y algunas cervezas que ya me encargar\u00eda yo de disfrazar entre los gastos. Un par de d\u00edas fuera de la ciudad. Con Clara. Aunque debo reconocer que parte de mis esperanzas se diluyeron cuando ella pidi\u00f3 dos habitaciones individuales. Algo debi\u00f3 ver el recepcionista en mi cara para d\u00e1rnoslas con ba\u00f1o compartido. Clara no puso inconveniente y yo lo celebr\u00e9 por dentro. Lo celebr\u00e9 de nuevo al ver que el cerrojo de su puerta quedaba abierto.<br \/>\nNos sentamos en un banco del paseo. Clara hablaba apasionadamente, elucubrando causas de la indisposici\u00f3n de la se\u00f1ora L, entre las que inclu\u00eda variopintas opciones escalonadas seg\u00fan su criterio. Causas probables como ca\u00edda de tensi\u00f3n, bajada de az\u00facar o lipotimia. Causas notorias como enfermedad, colapso emocional&#8230; Finalmente, tras haber anotado en su libreta \u201cinformes m\u00e9dicos\u00bb, Clara destapaba el apartado de elucubraciones, donde ten\u00edan lugar las amenazas de los socios de su marido, de sus enemigos, de redes de corrupci\u00f3n que alcanzar\u00edan altas instancias\u2026 Y era entonces, cuando barajaba las opciones m\u00e1s arduas, que sus ojos retomaban ese brillo tan particular que yo conoc\u00eda con detalle y hab\u00eda disfrutado tantas veces en cualquier situaci\u00f3n que despertara su entusiasmo. Disminuy\u00f3 la intensidad de su pasi\u00f3n cuando repar\u00f3 en que ten\u00eda su mano sobre mi muslo y nuestras caras estaban, tal vez, excesivamente juntas.<br \/>\nMe encantaba verla as\u00ed, disfrutando de cada cosa en grado m\u00e1ximo; incluso y especialmente aquellas que s\u00f3lo ten\u00edan lugar dentro de sus enso\u00f1aciones. Se recompuso en un momento, ligeramente contrariada por descubrirse en ese estado mientras yo la contemplaba con deleite, se levant\u00f3 del banco y comenz\u00f3 a caminar, segura de que yo la seguir\u00eda. Elegimos para cenar, Clara eligi\u00f3 para cenar, un coqueto restaurante italiano con manteles de cuadros rojos, un intenso olor a or\u00e9gano y peque\u00f1as mesas de madera presididas por una solitaria pero bella flor alumbrada levemente por un candil peque\u00f1o.<br \/>\nApenas hablamos de regreso al hotel. Clara rehus\u00f3 mi propuesta de tomar una copa y me dio las buenas noches con un beso en la mejilla despu\u00e9s de lavarnos juntos los dientes en nuestro ba\u00f1o compartido. Quedamos para el desayuno y cerr\u00f3 su puerta sin llave. Ma\u00f1ana visitar\u00edamos a la se\u00f1ora L. interes\u00e1ndonos por su estado.<\/p>\n<p>Pero eso ser\u00e1 ma\u00f1ana.<br \/>\nY ma\u00f1ana podr\u00eda ocurrir cualquier cosa.<\/p>\n<p>Que Clara no cierre la puerta, que la se\u00f1ora L. haya muerto de un soponcio o descubramos un esc\u00e1ndalo del carajo, de esos que duplican la venta durante tres d\u00edas y hace que tu jefe no te ponga dificultades la pr\u00f3xima vez que pidas hacer un trabajo fuera de la ciudad. Puede tambi\u00e9n que no ocurra nada y haya que prolongar la estancia un d\u00eda m\u00e1s para regresar al menos con una entrevista de las de publicar el domingo a doble p\u00e1gina, una con fotos de la se\u00f1ora L. leyendo un cl\u00e1sico en el sof\u00e1 de su portentoso sal\u00f3n, ofreciendo golosinas a sus tres coker spaniel como reci\u00e9n sacados de un anuncio (o listos para entrar en \u00e9l) y, por supuesto, una muy sentida con el retrato del fallecido en su rinc\u00f3n predilecto de la casa, esa que apenas pisaba entre viajes, negocios y viajes de negocios. O tal vez ma\u00f1ana nos metamos en el m\u00e1s grande l\u00edo de nuestra vida si Clara tira correctamente del hilo y nos topamos con corruptos, mafiosos o ambas cosas.<br \/>\nPero eso ser\u00e1 ma\u00f1ana.<br \/>\nY ma\u00f1ana puede ocurrir cualquier cosa.<br \/>\nYo dej\u00e9 las botas junto a la cama, me puse un pantal\u00f3n de algod\u00f3n y una camiseta sin mangas. Cog\u00ed una cerveza del mini bar y encend\u00ed un cigarro negro. Puse a cargar las bater\u00edas de la c\u00e1mara, el ordenador port\u00e1til y el tel\u00e9fono m\u00f3vil. Mordisque\u00e9 una chocolatina mientras le\u00eda un par de cap\u00edtulos de uno de los libros que llevaba en rueda y al rato me tumb\u00e9 en la cama. Encend\u00ed el moderno televisor y baj\u00e9 las luces. Me qued\u00e9 dormido viendo una de esas pel\u00edculas de serie B en blanco y negro en las que fumar est\u00e1 bien visto y el malo tiene m\u00e1s de perdedor que de mal tipo. Aquel en concreto se encontraba como yo: solo y cansado en una habitaci\u00f3n de hotel vac\u00eda, con un trabajo pendiente por delante que, como el m\u00edo, pudiera ser la noticia de ma\u00f1ana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00edamos machacado a ese tipo a conciencia.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/50"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=50"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/50\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=50"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=50"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=50"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}