{"id":52,"date":"2007-03-15T13:53:02","date_gmt":"2007-03-15T12:53:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=52"},"modified":"2018-03-01T21:54:33","modified_gmt":"2018-03-01T20:54:33","slug":"32-que-blanca-es-la-nieve-por-lobos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=52","title":{"rendered":"32.- Qu\u00e9 blanca es la nieve. Por Lobos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F52&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F52&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p>Un fr\u00edo d\u00eda de diciembre, Avelino decidi\u00f3 llevar unos capones a la feria de El Espinar para sacar algunos cuartos. Despu\u00e9s de venderlos, subi\u00f3 a la posada \u201cEl Forastero\u201d, donde, como otras veces, se solaz\u00f3 con la brasile\u00f1a.<!--more-->\u00a0Cuando baj\u00f3 eran m\u00e1s de las seis. Se dio prisa y mont\u00f3 en la vieja \u00abOrbea\u00bb; la noche no tardar\u00eda en ech\u00e1rsele encima. Quer\u00eda recorrer el mayor tramo posible sin los escollos de una noche necesitada de luna. Hasta llegar a la cuesta del Rebolledo, todo fue a pedir de boca, pero el cielo comenz\u00f3 a aborrascarse, se levant\u00f3 \u201cel gallego\u00bb, y comenz\u00f3 a traer ventiscas de nieve. S\u00f3lo hab\u00eda andado unos cinco kil\u00f3metros, le quedaban todav\u00eda nueve para llegar al pueblo, y ya los copos iban tapando la vereda y la luz se encapotaba deprisa. \u00c9l, para no extraviarse, hac\u00eda grandes esfuerzos por seguir dentro de las roderas dejadas por los carros. A partir de all\u00ed, el carril serpenteaba entre vallejas y altozanos cubiertos de estepas, rebollos, matorrales, brezos y robles. La boca oscura de la noche termin\u00f3 de tragarse la luz del d\u00eda; menos mal que la dinamo era nueva y se ajustaba bien a la rueda. El foco alumbraba lo justo para no salirse del camino poco transitado. El viento cambi\u00f3, ahora le ven\u00eda del noroeste y le azotaba la cara. Par\u00f3, se cal\u00f3 el pasamonta\u00f1as y se enguant\u00f3 las manoplas de piel de cabra, hechas por su mujer. Cada vez le costaba m\u00e1s avanzar; la oscuridad y la niebla iban ganando terreno a la luz del foco. Se baj\u00f3 de la bici, porque crey\u00f3 o\u00edr un ruido detr\u00e1s, y se qued\u00f3 a oscuras. \u00ab\u00bfAlguien anda por ah\u00ed?\u00bb, grit\u00f3. Le contest\u00f3 el eco: \u201cpor ah\u00ed\u201d. Tras estar a la escucha unos segundos, volvi\u00f3 a subir a la bici y sigui\u00f3 la marcha. El foco luc\u00eda intermitentemente, debido a la falta de ritmo continuo de la dinamo. Mir\u00f3 el reloj de bolsillo: \u00ablas siete menos cuarto; a este paso, no estoy en casa ni para las nueve\u00bb, calcul\u00f3. \u00abLa culpa la tiene esta necesidad m\u00eda de ir a beber vino de otras carrales, y cuidado que la brasile\u00f1a lo tiene bueno\u201d. No entend\u00eda c\u00f3mo la mayor\u00eda de los hombres del pueblo se contentaban toda su vida con la mujer a la que ve\u00edan, d\u00eda tras d\u00eda, noche tras noche. \u201cLa mi Eugenia se va a empezar a preocupar. Andar\u00e1 preparando la cena: unas patatas con un trozo de liebre que sobr\u00f3 de la caza del otro d\u00eda. Con qu\u00e9 ganas las voy a pillar. Eso de tener una mujer que te espere con la cena preparada y la lumbre encendida es muy grande. Ella es la madre de mi hijo, esto otro es un desahogo, que un d\u00eda acabar\u00e1. El chaval estar\u00e1 tumbado encima del esca\u00f1o o de la tr\u00e9bede. Le gusta el calorcito que suelta. Cinco a\u00f1os ya tiene el mocoso, c\u00f3mo pasa el tiempo\u201d. Ces\u00f3 de cavilar; crey\u00f3 o\u00edr pisadas y se par\u00f3. \u00abHabr\u00e1 sido el viento\u00bb, se dijo. La nieve comenzaba a agarrarse al pasamonta\u00f1as, y los pantalones h\u00famedos se pegaban a las pantorrillas, pero el tabardo aguantaba bien el fr\u00edo. Oy\u00f3 de nuevo un crujido de ramas, se volvi\u00f3 r\u00e1pido, levant\u00f3 la parte delantera de la bici con una mano y con la otra gir\u00f3 la rueda. La luz alcanz\u00f3 a distinguir lo que crey\u00f3 ser las patas de un animal o las piernas de un hombre; sinti\u00f3 miedo. Se toc\u00f3 la cartera con el dinero de venta de los pollos. \u00bfMe habr\u00e1 seguido alguien desde el pueblo? \u00bfY si es una manada de lobos hambrientos? Le vinieron a la memoria las historias de lobos contadas alrededor de la lumbre.<br \/>\nSiempre hab\u00eda o\u00eddo que era dif\u00edcil que se atreviesen con el hombre, a no ser que estuvieran muy hambrientos; s\u00ed circulaban casos de mujeres y ni\u00f1os atacados. Continu\u00f3 la marcha aguzando el o\u00eddo para captar por d\u00f3nde caminaba el animal o los animales, o el hombre o los hombres. Cuando crey\u00f3 haberlo sentido, gir\u00f3 r\u00e1pido la bici y ech\u00f3 a correr hacia donde los supon\u00eda, lanzando improperios. Los juramentos chocaron en la majada y los repiti\u00f3 el eco. En su loca carrera, se enred\u00f3 en un brezo, cay\u00f3 al suelo aparatosamente y sinti\u00f3 un dolor agudo en la mu\u00f1eca izquierda. Se levant\u00f3, fue a agarrar la bici y not\u00f3 que la mano no le obedec\u00eda. \u00abLo que me faltaba\u00bb, se dijo. Con la derecha rasg\u00f3 un trozo de camisa y la vend\u00f3. Aunque sinti\u00f3 alivio, no pod\u00eda cargar peso sobre ella. La meti\u00f3 en el bolsillo de la pelliza, a la altura de las sisas, y agarr\u00f3 el manillar con la sana. La nieve cubr\u00eda ya las m\u00faltiples rodadas. Las ramas m\u00e1s finas de las estepas, brezos, rebollos y matorrales empezaban a combarse, y la ventisca hac\u00eda dificultosa la marcha. Comenz\u00f3 a subir la cuesta de Valdemilano, maltrecho. Intu\u00eda que lo segu\u00edan, a ratos haciendo ruido, para ponerle nervioso, a veces por detr\u00e1s, por la parte lateral donde el arbolado era m\u00e1s espeso, y otras, los supon\u00eda delante, estudiando el terreno propicio para atacar.<br \/>\n\u00abNo puedo pararme, tengo que mantener el paso. Mi mejor aliado es el foco de la bici, mientras luzca, se mantendr\u00e1n a distancia\u00bb. Hab\u00eda momentos de casi total oscuridad al conducir cuesta arriba con una sola mano. Procur\u00f3 mantener un paso m\u00e1s vivo, pero sinti\u00f3 que esto lo agotaba; pens\u00f3 que se lanzar\u00edan contra \u00e9l cuando lo vieran sin fuerzas. Otra vez el recuerdo del hogar vino a su mente: \u00abLas patatas con la liebre estar\u00e1n a punto, humeantes. Publio esperar\u00e1 con ansiedad verme traspasar el umbral, que lo coja en brazos y lo lance al aire o lo monte a loilo, que le gusta tanto. Va a salir clavado a m\u00ed, y seguro que tan trabajador o m\u00e1s. Eso de tener descendencia que contin\u00fae con la hacienda da mucha seguridad. No entiendo a aquellos que s\u00f3lo piensan en trabajar, y en el pueblo hay unos cuantos. Cuando se mueran, se morir\u00e1n del todo. Yo no, yo seguir\u00e9 en la sangre de mi hijo, que ocupar\u00e1 nuestro hogar, y mis tierras no quedar\u00e1n bald\u00edas ni sus frutos se los llevar\u00e1 un extra\u00f1o. Y me dar\u00e1 nietos, que seguir\u00e1n los pasos de sus abuelos, y as\u00ed generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n; eso es muy grande, es lo mejor que tiene la vida; la descendencia, sobre todo para los que trabajamos en el campo. Las tierras, cuyos frutos vemos crecer, se tocan con las manos, se aran, se siembran, se recolectan; \u00e9l, mi hijo, que llevar\u00e1 mi apellido, el apellido de mi padre, de mi abuelo, de todos nuestros antepasados, heredar\u00e1 las tierras, el ganado, los aperos, las cuadras&#8230; Algunos eso no lo entienden, todo el d\u00eda ahorrando, \u00bfpara qu\u00e9?, \u00bfpara qui\u00e9n? Comen garbanzos todos los d\u00edas del a\u00f1o, por llenar la hucha, pobres hombres. Yo tendr\u00e9 esta debilidad por las mujeres, pero el alimento que no falte a los m\u00edos. Ellos me aprecian&#8230; Eugenia quiz\u00e1 ya ha pensado tocar las campanas, como siempre que se mete la niebla y alg\u00fan pastor no ha vuelto a una hora conveniente\u00bb. Sinti\u00f3 remordimientos por haberle echado una bronca, a punto estuvo de pegarla, fue la \u00fanica vez que le alz\u00f3 la mano -al final la mirada de animal indefenso y asustado de ella lo contuvo. A \u00e9l los animales siempre le han producido l\u00e1stima y respeto, no como a otros que por menos de nada ya est\u00e1n a varazos con las vacas o dan una patada al perro que les lame la mano-, y todo por no haber vendido los corderos a m\u00e1s dinero de lo que hubiera imaginado a unos tratantes, una tarde en que \u00e9l estaba fuera. \u00abA partir de ahora me comportar\u00e9 mejor con ella y no la volver\u00e9 a re\u00f1ir por tan poca cosa; es la madre de mi hijo. A veces los hombres no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos o estamos en situaci\u00f3n de que se nos vaya\u00bb. No sinti\u00f3 remordimientos por enga\u00f1arla con la brasile\u00f1a; eso a ella no le hac\u00eda ning\u00fan da\u00f1o, sobre todo si no se enteraba. \u00c9l segu\u00eda cumpliendo con su deber conyugal en casa, atendiendo el ganado, trabajando los pagos. Un chasquido de ramajes lo asust\u00f3. Se dio la vuelta, pero no vio nada. \u201cMe quieren volver loco\u201d, se dijo, y les ech\u00f3 un juramento al tiempo que las piernas le flaqueaban. Estaba molido; decidi\u00f3 descansar unos segundos, arrim\u00f3 la espalda contra un roble, meti\u00f3 la mu\u00f1eca rota por debajo de la barra, sostuvo la bici con el antebrazo y giraba la rueda con la otra mano. Sab\u00eda que en esa posici\u00f3n no lo atacar\u00edan. El fr\u00edo era demasiado intenso, por lo que volvi\u00f3 a ponerse en camino. Le quedaba poco para subir al altozano y, desde all\u00ed, s\u00f3lo cuatro kil\u00f3metros para traspasar el umbral, darse un calent\u00f3n en la hornacha y alegrar el coraz\u00f3n del ni\u00f1o y de su mujer. Espoleado por estos pensamientos, atac\u00f3 con nuevos br\u00edos el \u00faltimo repecho, pero el recuerdo de que era seguido hac\u00eda que cada dos pedaladas volviera la cabeza. Cuando subi\u00f3 a la loma, respir\u00f3 con alivio. No entend\u00eda por qu\u00e9 no hab\u00edan aprovechado la oportunidad de atacarlo en la cuesta. Se subi\u00f3 a la bici, sinti\u00f3 m\u00e1s dolor en la mu\u00f1eca izquierda, y se apoy\u00f3 s\u00f3lo con la derecha. El camino que hab\u00eda elegido para acortar era el menos transitado, y no estaba seguro si continuaba en \u00e9l o se hab\u00eda salido; s\u00e1banas de nieve lo cubr\u00edan todo. La bici cogi\u00f3 velocidad, y, de repente, se dio cuanta de que la rueda hab\u00eda mordido hielo. \u00abHe entrado en el Pi\u00e9lago\u00bb, pens\u00f3; pero ya era demasiado tarde, las ruedas patinaron, \u00e9l se vino al suelo contra el pico saliente de una pe\u00f1a, sinti\u00f3 como un chasquido en la espalda y perdi\u00f3 el conocimiento. La nieve continuaba cayendo con dulzura sobre \u00e9l. Cuando volvi\u00f3 en s\u00ed, se toc\u00f3; estaba vivo, ech\u00f3 mano al bolso de la cartera y comprob\u00f3 con satisfacci\u00f3n que no le hab\u00edan robado. Intent\u00f3 levantarse, pero las piernas ni le obedecieron ni las sent\u00eda. Mir\u00f3 al cielo, de donde no paraban de caer grandes copos de nieve que lo cegaban. Le dieron ganas de jurar, como muchas otras veces en que alguna pesada contrariedad se le interpon\u00eda, pero se contuvo por una especie de temor de Dios, temor que en otra ocasi\u00f3n menos apurada no hab\u00eda sentido, y, en vez de una blasfemia, le sali\u00f3 una s\u00faplica pidiendo ayuda divina, y dijo mirando al cielo que si no lo hac\u00eda por \u00e9l que lo hiciera por su inocente ni\u00f1o y tambi\u00e9n por su sacrificada, buena y piadosa mujer; a ver qui\u00e9n los iba a sacar adelante si \u00e9l faltaba. La ayuda de Dios no lleg\u00f3, entonces esper\u00f3 la de alg\u00fan humano del pueblo, pero tampoco acudi\u00f3 nadie en su auxilio. Apoyado en el brazo derecho intent\u00f3 arrastrarse por el hielo y la nieve, mas, al cabo de unos cent\u00edmetros de agotamiento, desisti\u00f3. Volvi\u00f3 a tumbarse boca arriba y cerr\u00f3 los ojos, en cuyos p\u00e1rpados sent\u00eda c\u00f3mo la nieve ca\u00eda sin cesar; dentro de poco, un espeso manto borrar\u00eda todos los caminos y en los recodos se formar\u00edan barreras dif\u00edciles de atravesar. Las campanas del pueblo comenzaron a sonar. Su l\u00edmpido ta\u00f1ido se extend\u00eda por los campos y montes nevados para indicar a los extraviados la direcci\u00f3n de los hogares, que, humeantes, los esperaban. Avelino pens\u00f3 en el suyo, en la lumbre, en el hijo, en las patatas con liebre y en la mujer, mientras la nieve con su manto puro, limpio y blanco lo iba enterrando poco a poco y lo iba envolviendo en su fr\u00edo abrazo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un fr\u00edo d\u00eda de diciembre, Avelino decidi\u00f3 llevar unos capones a la feria de El Espinar para sacar algunos cuartos. 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