{"id":76,"date":"2007-03-21T19:27:27","date_gmt":"2007-03-21T18:27:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=76"},"modified":"2007-03-21T19:27:27","modified_gmt":"2007-03-21T18:27:27","slug":"55-prometeo-por-excalibur","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=76","title":{"rendered":"55- Prometeo. Por Excalibur"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F76&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F76&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">Volvi\u00f3 a espantar una mosca empe\u00f1ada en sorber la transpiraci\u00f3n de su frente. Otras volaban a su alrededor, atontadas por el calor y dispuestas a interrumpirle la siesta. <!--more-->Se abanic\u00f3 suavemente con el sombrero de paja y se amold\u00f3 con lentitud a la tumbona hasta encontrar una posici\u00f3n a\u00fan m\u00e1s c\u00f3moda. El cielo de agosto era de un azul intenso y el sol cenital le abrasaba la piel, pero \u00e9l estaba decidido a dormir sin refugiarse bajo la sombra de los \u00e1rboles, resguardado de los rayos tan s\u00f3lo por la crema protectora y las gafas ahumadas.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os jugaban en un rinc\u00f3n del parque, cerca de la piscina y, de vez en cuando, sus chillidos irrump\u00edan la calma de la siesta. Su mujer charlaba con una amiga al amparo de la galer\u00eda. Llegaban a sus o\u00eddos palabras aisladas, frases entrecortadas, el permanente zumbido del regador que giraba incesante en alg\u00fan no distante sector del jard\u00edn, trinos y gorjeos desde el ramaje.<\/p>\n<p>Hab\u00eda comido en exceso. La somnolencia le hab\u00eda inducido a recostarse. Manten\u00eda los ojos cerrados y el sopor le llevaba lentamente hacia el sue\u00f1o. Estaba pensando en qu\u00e9 satisfactorio era poseer aquella finca en las sierras, pr\u00f3xima a la ciudad y poder disfrutar as\u00ed del domingo en compa\u00f1\u00eda de su familia, cuando qued\u00f3 dormido.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a so\u00f1ar&#8230; las im\u00e1genes on\u00edricas se suced\u00edan con nitidez.<\/p>\n<p>Se hallaba en alg\u00fan desierto, bajo un sol inclemente. Ten\u00eda la ropa hecha jirones. \u00a1Agua!, necesitaba agua imperiosamente o morir\u00eda de sed. Su cuerpo estaba llagado y ten\u00eda la piel rojiza y agrietada. No alcanzaba a comprender por qu\u00e9 se encontraba all\u00ed, ni c\u00f3mo hab\u00eda llegado a esa situaci\u00f3n. Detr\u00e1s de s\u00ed pod\u00eda ver las huellas de sus pasos sobre los m\u00e9danos, conformando una sierpe que se perd\u00eda en la lejan\u00eda. Sab\u00eda que se encontraba extraviado y que todos le hab\u00edan abandonado. Estaba perdido y solo. No obstante, a lo lejos, divisaba un oasis cuyas palmeras promet\u00edan la frescura de un manantial y su posible auxilio. Estaba tendido en la arena, pero se incorporaba y comenzaba a caminar hacia la salvaci\u00f3n. Las piernas le pesaban y no respond\u00edan al impulso que pretend\u00eda darles. Ca\u00eda, volv\u00eda a levantarse, y a los pocos metros rodaba de nuevo. Present\u00eda que si no continuaba marchando, perecer\u00eda calcinado&#8230;<\/p>\n<p>Se despert\u00f3 molesto y con mano torpe cogi\u00f3 el vaso que hab\u00eda quedado al alcance de su mano. Bebi\u00f3, pero el l\u00edquido estaba tibio y no termin\u00f3 el contenido. Ahuyent\u00f3 las moscas que le azuzaban, se volvi\u00f3 de espaldas, nuevamente se adormeci\u00f3, y pronto retom\u00f3 su sue\u00f1o.<\/p>\n<p>La cantimplora estaba casi vac\u00eda. La llevaba \u00e1vidamente hacia sus labios resquebrajados. Era el \u00faltimo trago, que sorb\u00eda caliente y conten\u00eda arenilla. Arrojaba el recipiente lejos de s\u00ed y recomenzaba la caminata. Los pies se le hund\u00edan en la blanda superficie, que parec\u00eda querer atraparlo. El oasis le daba la impresi\u00f3n de alejarse a medida que intentaba aproximarse a su verdor. Tem\u00eda que fuese un espejismo. Se agotaban sus fuerzas. Ten\u00eda la certeza de que nunca llegar\u00eda si se empe\u00f1aba en continuar bajo los implacables rayos del mediod\u00eda. El viento sofocante formaba remolinos y no divisaba una sola nube que moteara la implacable c\u00fapula a\u00f1il que le cubr\u00eda. Deb\u00eda aguardar que comenzara a oscurecer, para aprovechar el fresco de la noche y encaminarse, reci\u00e9n entonces, hacia su objetivo. \u00bfPodr\u00eda resistir hasta ese momento?, \u00bfle quedar\u00eda vigor como para soportar la espera?, y luego, \u00bfresponder\u00eda su cuerpo a la demanda?&#8230; El descanso es un arma de doble filo, razonaba\u2026 adem\u00e1s, ya no ten\u00eda agua, y la \u00faltima vez que hab\u00eda comido era&#8230; no pod\u00eda recordarlo, pero el hambre, ins\u00f3litamente, no le atenazaba, era s\u00f3lo sed lo que le torturaba.<\/p>\n<p>Se resolv\u00eda a esperar. Se tumbaba de cara al cielo\u2026 y entonces los ve\u00eda. Al principio eran s\u00f3lo unos puntos negros girando en la esfera celeste, luego iban adquiriendo forma, corporeiz\u00e1ndose, y reconoc\u00eda, aterrado, que eran buitres.<\/p>\n<p>Volaban perezosos, en grandes c\u00edrculos conc\u00e9ntricos. Planeaban sobre \u00e9l y, estaba seguro, le hab\u00edan visto. Lentamente, descend\u00edan. Primero, pasaban a baja altura, como reconociendo el terreno, despu\u00e9s, con un pavoroso batir de alas que resonaba t\u00e9tricamente, se posaban a su alrededor, a tiro de piedra.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que eran pacientes y que no le atacar\u00edan hasta que perdiese su movilidad y quedara indefenso. Si reemprendiera el andar, probablemente se mantendr\u00edan alejados. No podr\u00eda, entonces, esperar hasta que anocheciera, tal como hab\u00eda sido su prop\u00f3sito. Deb\u00eda desplazarse si quer\u00eda conservar la vida. Se pon\u00eda en pi\u00e9, a unas decenas de metros trastabillaba y se desplomaba de bruces. La fatiga le hab\u00eda vencido.<\/p>\n<p>Su mujer le sacudi\u00f3 un hombro porque estaba agitado, dijo, pero \u00e9l pidi\u00f3 que le dejara dormir. Desde la seguridad de aquella casa quer\u00eda conocer qu\u00e9 pasar\u00eda con los buitres&#8230; pues quiz\u00e1s volviera a so\u00f1ar con la misma escena.<\/p>\n<p>Cerr\u00f3 nuevamente los ojos, y al poco rato estaba otra vez sobre la grava y los p\u00e1jaros se hab\u00edan aproximado lo suficiente como para que percibiera su olor acre y le aturdieran sus graznidos cavernosos. Los miraba desafiante. Cre\u00eda que denotar cobard\u00eda equivaldr\u00eda a la muerte. Mientras no bajara la vista y les demostrara que estaba vivo y en condiciones de defenderse, no le atacar\u00edan y quiz\u00e1s, con el atardecer, remontaran vuelo y le dejaran en paz.<\/p>\n<p>Pasaron minutos u horas, no lo sab\u00eda, pero en su sue\u00f1o tambi\u00e9n se hab\u00eda quedado dormido y un picotazo en la pierna le acicateaba ahora, oblig\u00e1ndole a despertar. Se encog\u00eda y arrojaba su casco contra el agresor. El ave, sorprendida, desandaba unos pocos metros. \u00c9l gateaba para recuperar su sombrero y la bandada retroced\u00eda parsimoniosamente conservando la distancia. El corto trayecto recorrido de rodillas hab\u00eda consumido el resto de sus energ\u00edas. Reci\u00e9n tomaba consciencia de que estaba llegando al l\u00edmite. Se sent\u00eda venir abajo, estaba afiebrado, la vista comenzaba a nubl\u00e1rsele, y por m\u00e1s que lo intentaba, no lograba alzar sino su cabeza.<\/p>\n<p>Los buitres se acercaban con cortos saltitos. Abr\u00edan y cerraban sus picos, como para atemorizarle. Alcanzaba a ver, tras la reverberaci\u00f3n de la arena, sus ojos, redondos y brillantes que parec\u00edan contener toda la crueldad del mundo. Le observaban atentos, prestos a lanzarse sobre \u00e9l en cuanto diera signos de extenuaci\u00f3n. Las horribles cr\u00edas parec\u00edan los comensales m\u00e1s impacientes. Erizaban su plumaje y mec\u00edan inquietas las cabezas, dispuestas a ser las primeras en participar del fest\u00edn. Sobre un pe\u00f1asco, uno de los pajarracos abr\u00eda sus alas y le ocultaba por momentos el sol que comenzaba a declinar tras el horizonte. Iluminada por el ocaso, su silueta, recortada contra el cobalto del crep\u00fasculo, era premonitoria de la muerte.<\/p>\n<p>Como respondiendo a una orden, mientras se extingu\u00eda la luz del d\u00eda, todos se lanzaron sobre su humanidad. Sent\u00eda los picotazos, las garras y los espolones destrozando su carne. Gritaba, pero los sonidos no le sal\u00edan de la boca. Quiso despertar, porque sab\u00eda que era una pesadilla, pero no lo logr\u00f3.<\/p>\n<p>Un agudo dolor en el coraz\u00f3n le hizo comprender que sufr\u00eda un infarto, en aquella otra realidad de ese parque con rumores de riego, de quedas palabras y afectos solidarios\u2026 pero ya no pod\u00eda hacer nada, porque los buitres estaban devor\u00e1ndole.<\/p>\n<p>Se vio a s\u00ed mismo como un despojo en las dunas, y se elev\u00f3 sobre sus restos como si fuese otra ave rapaz. Vio la sangre y las v\u00edsceras, vio la cuenca vac\u00eda de sus ojos, el vientre y el pecho desgarrados, y luego, los mont\u00edculos de arena con las laderas al poniente relumbrando a\u00fan bajo los \u00faltimos resplandores y las del naciente en tinieblas&#8230; despu\u00e9s, s\u00f3lo un cielo, que ya no era azul y se iba tornando cada vez m\u00e1s oscuro, mientras \u00e9l ascend\u00eda pausadamente y su cuerpo maltrecho no era m\u00e1s que un contorno indefinido que se perd\u00eda entre rocas y arenas ensombrecidas.<\/p>\n<p>Su mujer gimi\u00f3 horrorizada. Los ni\u00f1os comenzaron, convulsos, a llorar, y ella les tap\u00f3 los ojos para que no vieran el cuerpo lacerado de su padre, salpicado de sangre, y sobre cuyo cad\u00e1ver revoloteaba una nubecilla de negras moscas.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Volvi\u00f3 a espantar una mosca empe\u00f1ada en sorber la transpiraci\u00f3n de su frente. 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