{"id":81,"date":"2007-03-21T19:51:19","date_gmt":"2007-03-21T18:51:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=81"},"modified":"2007-03-21T19:51:19","modified_gmt":"2007-03-21T18:51:19","slug":"60-viajes-por-estrella-de-mar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/?p=81","title":{"rendered":"60- Viajes. Por Estrella de mar"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F81&print=pdf\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-pdf\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/pdf.png\" alt=\"image_pdf\" title=\"View PDF\" \/><\/a><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F81&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\"><img src=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Print Content\" \/><\/a><\/div><p><span style=\"font-size: 10pt; color: #333333; font-family: Verdana; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA\">A\u00fan antes de nacer, Mat\u00edas ya hab\u00eda dado se\u00f1ales de su, llam\u00e9moslo, capacidad. <!--more-->Su madre orgullosa, con una sonrisa en los labios, se llevaba las manos a la inmensa tripa y dec\u00eda; se mueve tanto que parece querer volar. Y aunque aquel era un comentario bastante extra\u00f1o, ella lo dec\u00eda con tanta frecuencia que lleg\u00f3 a parecerles trivial a todos, incluido el padre de Mat\u00edas, un hombre comedido y poco dado a los excesos literarios. Incluso cuando el peque\u00f1o Mat\u00edas naci\u00f3 -gordito, sonrosado, un beb\u00e9 precioso-, su madre, sin saber muy bien porqu\u00e9, lo llam\u00f3 \u201cmi pajarito\u201d durante un tiempo. Pero pronto reemplaz\u00f3 aquel apelativo cari\u00f1oso por otros igual de \u00f1o\u00f1os, como \u201cmi bebito\u201d o \u201cmi granuj\u00edn\u201d.<\/p>\n<p>Mat\u00edas guardaba un recuerdo difuso de la infancia. No pod\u00eda decir cu\u00e1ndo fue la primera vez, pero sab\u00eda que sucedi\u00f3 una noche despu\u00e9s de que su madre le leyera un cuento. All\u00ed estaban aquellas palabras agradables que le remit\u00edan a un mundo ordenado y seguro. El tacto suave de la almohada en la mejilla. El aire c\u00e1lido que exhalaba y, atrapado por las s\u00e1banas, calentaba su nariz. Ante aquel c\u00famulo de sensaciones placenteras, Mat\u00edas cerr\u00f3 los ojos y sinti\u00f3 que entraba en un t\u00fanel. Se trataba de un lugar oscuro y silencioso, que le hizo pensar en el interior de un \u00e1rbol. Pero aquel t\u00fanel le llevaba a alguna parte; era un camino. Luego, asombrado, se vio a s\u00ed mismo tumbado en la cama, dormido. Y tambi\u00e9n vio a su madre que, tras besarle en la mejilla, sal\u00eda de la habitaci\u00f3n sin hacer ruido.<\/p>\n<p>A los siete u ocho a\u00f1os empez\u00f3 a practicar. Pensaba en cosas que le gustaban mucho y estudiaba cu\u00e1les le facilitaban el viaje. Fresas con nata. Ba\u00f1o caliente con mucha espuma. Caramelos de lim\u00f3n. S\u00ed, aquellas im\u00e1genes tuvieron su \u00e9xito un tiempo pero pronto fueron superadas por \u201cvisita a la peluquer\u00eda\u201d. Estas \u00faltimas palabras introduc\u00edan ya una situaci\u00f3n, por eso eran m\u00e1s fuertes. La peluquer\u00eda era un lugar curioso, lleno de mujeres que charlaban y re\u00edan por causas que \u00e9l no entend\u00eda. Marta, la peluquera, le sentaba en un altillo y le mojaba el pelo. \u00bfEst\u00e1 bien el agua? Le preguntaba la mujer y \u00e9l mov\u00eda ligeramente la cabeza porque las palabras se le quedaban atoradas en la garganta. Marta utilizaba un champ\u00fa que ol\u00eda a flores y al caer sobre su cuero cabelludo le produc\u00eda un escalofr\u00edo. Los dedos de Marta eran m\u00e1gicos y no s\u00f3lo lavaban sino que masajeaban y acariciaban con destreza. S\u00ed, aquella experiencia le dio muy buenos resultados hasta que hall\u00f3 otra nueva.<\/p>\n<p>Conoci\u00f3 a King Kong un d\u00eda que repon\u00edan en la tele la vieja pel\u00edcula en blanco y negro. Aquel monstruo, El Rey, le produc\u00eda un terror profundo, pero no pod\u00eda dejar de mirarlo. Sent\u00eda algo nuevo, inquietante, cuando King Kong cog\u00eda a la chica rubia en su mano, pero no sab\u00eda explicar el origen de aquella turbaci\u00f3n. Mat\u00edas todav\u00eda era peque\u00f1o para entender lo que era el poder o la sumisi\u00f3n, pero percib\u00eda ya un erotismo particular. Se obsesion\u00f3 con aquella mujer, la bella, que hu\u00eda de la bestia enamorada y revivi\u00f3 cientos de veces aquellas escenas.<\/p>\n<p>Pero King Kong tambi\u00e9n pas\u00f3 a la historia, desbancado por una experiencia trivial y sugerente como era \u201cla falda de Irene\u201d. La falda en cuesti\u00f3n era corta e Irene se la sub\u00eda un poco m\u00e1s de lo necesario \u2013dando una vuelta a la cinturilla, consegu\u00eda alzarla uno o dos cent\u00edmetros- para ense\u00f1ar sus rodillas huesudas. Cuando se sentaba, la falda le permit\u00eda mostrar sus muslos y al m\u00ednimo descuido se entreve\u00eda el tejido blanco de sus bragas. Mat\u00edas no sab\u00eda explicar muy bien qu\u00e9 le suced\u00eda. Las bragas en s\u00ed no eran un bien tan preciado \u2013ten\u00eda las de su madre localizadas en un caj\u00f3n- pero el juego de ver algo que no deb\u00eda ver, y sobretodo el hecho de que Irene ense\u00f1ara algo que no deb\u00eda ense\u00f1ar, era muy interesante.<\/p>\n<p>Mat\u00edas crec\u00eda y se hab\u00eda convertido en un profesional. Hab\u00eda ejercitado su don durante a\u00f1os y era capaz de salir con facilidad. Una experiencia placentera y, zas, se iba al otro lado. Y all\u00ed observaba c\u00f3mo su cuerpo giraba en la cama aqu\u00ed y all\u00e1, se destapaba o hablaba dormido. Pero pronto volv\u00eda, cansado y aburrido, porque observarse a s\u00ed mismo era algo tan tedioso como mirarse en un espejo. Lo \u00fanico que hac\u00eda que sus experiencias fueran preciosas era el hecho de saberlas \u00fanicas. No conoc\u00eda a nadie que tuviera una capacidad similar. Cuando lo hab\u00eda comentado, siempre hab\u00eda recibido la misma respuesta: estar\u00e1s so\u00f1ando, eso que cuentas es imposible. Y si alguna vez hab\u00eda o\u00eddo hablar de algo as\u00ed, en pel\u00edculas o en alg\u00fan libro, siempre lo calificaban como un hecho fant\u00e1stico e incre\u00edble.<\/p>\n<p>Su experiencia, como a \u00e9l mismo le gustaba llamarla, mejor\u00f3 considerablemente con las caricias. Mat\u00edas hab\u00eda llegado a la adolescencia. Se tocaba por las noches, en cuanto cerraba la puerta \u2013su madre ya no se atrev\u00eda a entrar sin llamar- y se acostaba. Su cuerpo hab\u00eda cambiado; hab\u00eda aparecido el vello, el maldito bigotillo, hab\u00edan surgido olores nuevos \u2013adem\u00e1s de los pies, su sexo y sus axilas ol\u00edan a rayos- y todo \u00e9l estaba sometido al traj\u00edn de las hormonas. Mat\u00edas se masturbaba a diario y recurr\u00eda a im\u00e1genes que le excitaban. Irene hab\u00eda pasado a la historia \u2013a ella tambi\u00e9n le hab\u00eda salido bigotillo y sal\u00eda s\u00f3lo con chicos de cursos superiores- pero hab\u00eda conocido a la doctora Sanz. La doctora le hab\u00eda atendido en urgencias a causa de un esguince producido al despejar un rebote en un partido de baloncesto. La doctora le hab\u00eda examinado la mu\u00f1eca y hab\u00eda decidido escayolarle durante veinte d\u00edas. Mat\u00edas volvi\u00f3 a casa con la mano derecha inutilizada, pero con el recuerdo maravilloso, que pronto se convert\u00eda en obsceno, de la sonrisa de la doctora. No era lo mismo tocarse con la izquierda pero era tal la potencia de su fantas\u00eda, que pronto lograba culminar. Se imaginaba a solas con la doctora, c\u00f3mo ella se desabotonaba la bata blanca y le tumbaba suavemente en la camilla. La mujer se sub\u00eda encima de \u00e9l a horcajadas y mientras se acariciaba los pechos le ped\u00eda que moviera los dedos para saber hasta d\u00f3nde llegaba la lesi\u00f3n. Ah\u00ed, en ese preciso momento, Mat\u00edas no aguantaba m\u00e1s y el semen se derramaba por sus muslos. Era entonces cuando sent\u00eda que sal\u00eda propulsado fuera de s\u00ed. Pero algo hab\u00eda cambiado. Ya no se trataba del viaje por el t\u00fanel, sino que era arrastrado por una fuerza tumultuosa, al igual que le hab\u00eda ocurrido una vez en la playa cuando fue sorprendido por una ola. Adem\u00e1s aquel movimiento en\u00e9rgico le daba fuerza para trasladarse por el techo y as\u00ed su conducta dej\u00f3 de ser pasiva. En poco tiempo consigui\u00f3 dominar el traslado por el espacio reducido de su habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero fue tras su primer coito, cuando consigui\u00f3 lograr mejoras importantes. No hab\u00eda duda; cuanto mayor era el placer, mejor era el resultado. Laura, Laura&#8230; Su pecho era peque\u00f1o pero atrevido, su sexo caliente y acogedor. Subirse en Laura y cabalgar sobre ella era sublime. Ten\u00edan relaciones en el coche del hermano de Laura, que sol\u00eda estar aparcado en el garaje. Luego reviv\u00eda cada sensaci\u00f3n; el roce de sus cuerpos, sus labios dulces, el mech\u00f3n de pelo cobrizo que le hac\u00eda cosquillas en la nariz. Y fue en una experiencia basada en la recreaci\u00f3n de los pezones encrespados de Laura y el sonido quejumbroso de su garganta, cuando consigui\u00f3 salir de la habitaci\u00f3n. Se sorprendi\u00f3 al encontrarse en el pasillo y, asustado, quiso volver a su cuarto. Tras varios intentos consigui\u00f3 colarse por la rendija de la puerta. No era muy dif\u00edcil pero ten\u00eda que entrenar. Y vaya si entren\u00f3. Los encuentros con Laura eran ricos e instructivos y por la noche le serv\u00edan para explorar. Al principio realiz\u00f3 t\u00edmidos viajes por su propia casa. A pesar de ser un territorio bien conocido, el recorrido en esas condiciones resultaba sorprendente porque nadie imaginaba que pod\u00eda estar all\u00ed. Todo era igual pero distinto.<\/p>\n<p>El dominio de la capacidad de movimiento le hizo arriesgarse a otro tipo de expediciones, esta vez a los mundos de la intimidad ajena. Entraba en casas desconocidas, cotilleaba las pertenencias de sus vecinos, recorr\u00eda sus armarios y cajones. Sent\u00eda predilecci\u00f3n por las j\u00f3venes que dorm\u00edan con camisones min\u00fasculos y escrib\u00edan diarios cursis. Tambi\u00e9n le gustaban los hombres grandes que se volv\u00edan peque\u00f1os en los brazos de sus amantes y los perros que mov\u00edan el rabo, confundidos, cuando \u00e9l pasaba a su lado. Volv\u00eda a su cuerpo exhausto y emocionado. Y esa fue su trayectoria hasta que conoci\u00f3 a Isabelle, la chica de ojos acuosos que le parti\u00f3 el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Hac\u00eda tiempo que hab\u00eda dejado su relaci\u00f3n con Laura. Lo pasaban bien, pero no sent\u00edan nada especial el uno por el otro. En cambio Isabelle era otra cosa; no se trataba s\u00f3lo de un entretenimiento o una tentaci\u00f3n. El enamoramiento le idiotiz\u00f3 y le hizo escribir poes\u00edas y dibujar corazones. Se sent\u00eda arrebatado, flojo, d\u00e9bil, tocado. La persegu\u00eda a escondidas y un d\u00eda la abord\u00f3 y le dedic\u00f3 el peor discurso jam\u00e1s pronunciado. Ella sonri\u00f3. \u00c9l le hab\u00eda ca\u00eddo en gracia. La acompa\u00f1aba a su casa, quedaban para ir al cine y com\u00edan hamburguesas en el Burger. Meses despu\u00e9s del inicio del noviazgo, Isabelle le propuso hacer el amor \u2013consideraba a Mat\u00edas un poco parado-. \u00c9l se encarg\u00f3 de organizarlo todo. D\u00edas despu\u00e9s Mat\u00edas le comunic\u00f3 a Isabelle que el hecho tendr\u00eda lugar en su propia casa, el s\u00e1bado siguiente. Sus padres pasaban fuera el fin de semana e Isabelle s\u00f3lo ten\u00eda que inventar una mentira cre\u00edble.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el d\u00eda se\u00f1alado y Mat\u00edas abri\u00f3 la puerta dominado por la angustia. Le pregunt\u00f3 a Isabelle si quer\u00eda tomar algo pero ella le bes\u00f3 profundamente y all\u00ed mismo, en la entrada, empez\u00f3 a desnudarse antes sus ojos extasiados. Mat\u00edas la condujo a su habitaci\u00f3n donde Isabelle dej\u00f3 el resto de su ropa esparcida por el suelo. Cuando acab\u00f3, empez\u00f3 a quitarle a \u00e9l sus vaqueros. Parec\u00eda contenta y decidida. Mat\u00edas nunca antes hab\u00eda sentido algo as\u00ed. Su coraz\u00f3n bombeaba con fuerza y sent\u00eda una extra\u00f1a presi\u00f3n en las sienes. Aquella atracci\u00f3n era diab\u00f3lica. Rodaban por el suelo y buscaba a Isabelle deseando hacerla feliz e infeliz, deseando hacerla da\u00f1o y matarla y besarla. En su cabeza se repet\u00edan todas las palabras, las im\u00e1genes, las fantas\u00edas de su vida. Isabelle untada en fresas con nata. Isabelle humedeciendo sus ingles con el champ\u00fa que ol\u00eda a flores. Isabelle en las manos de un gigante o ense\u00f1ando las bragas en el colegio. Isabelle desnuda bajo una bata blanca, ofreci\u00e9ndose ansiosa en un centro de la seguridad social o follando en los asientos traseros de un coche. Mat\u00edas chirriaba sus dientes, sent\u00eda un l\u00e1tigo dentro de su sexo. Entonces, cuando no pod\u00eda m\u00e1s, cuando el placer le dol\u00eda, le quemaba, le part\u00eda en dos, sali\u00f3 despedido como una bala contra el techo. El impacto fue brutal y perdi\u00f3 la consciencia.<\/p>\n<p>Confundido, vio que Isabelle gritaba desesperada. La observ\u00f3 con dificultad, se sent\u00eda mareado. Todo era confuso. Ella ten\u00eda el pelo revuelto y las mejillas a\u00fan sonrosadas. Quiso consolarla pero no pudo. No logr\u00f3 secarle las l\u00e1grimas ni acogerla en su pecho. Una mujer uniformada cubri\u00f3 a Isabelle y le dio un tranquilizante. Escuch\u00f3 jaleo en la habitaci\u00f3n de al lado y al acercarse vio c\u00f3mo unos hombres se llevaban su cuerpo. No hab\u00edan conseguido reanimarlo.<\/p>\n<p>Cuando todos se fueron, \u00e9l se quedo flotando junto a la l\u00e1mpara sucia de polvo.<\/p>\n<p>Afuera empezaba a llover.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A\u00fan antes de nacer, Mat\u00edas ya hab\u00eda dado se\u00f1ales de su, llam\u00e9moslo, capacidad.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=81"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=81"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=81"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=81"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}