{"id":161,"date":"2008-04-10T11:42:10","date_gmt":"2008-04-10T10:42:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=161"},"modified":"2008-04-18T10:06:23","modified_gmt":"2008-04-18T09:06:23","slug":"142-a-una-mujer-por-noviembre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=161","title":{"rendered":"142-A una mujer. Por Noviembre"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">Una mujer se levanta de una butaca de piel. Al momento, recoge sus pertenencias: la imagen venerada de una santa, los alegres zapatos de sal\u00f3n, el camis\u00f3n de seda, el reloj, entre otras prendas valiosas y una colecci\u00f3n de objetos preciosos que significan mucho para ella. <!--more-->Por alguna raz\u00f3n, hacer la maleta le resulta muy f\u00e1cil, tan deprisa que esta vez no se quiere precipitar, por lo que se toma un tiempo de examen en las distintas estancias del hogar para dejar el resto de las cosas ordenadas, cada una en su sitio. Antes de salir, se detiene a contemplar todo por \u00faltima vez y poco despu\u00e9s cierra la puerta. A continuaci\u00f3n hace girar la llave en la cerradura. Y la mujer se va de la casa, sin darse cuenta de que dentro deja una huella visible como un estigma.<\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">En los d\u00edas del fr\u00edo se perfil\u00f3 el paisaje de su despedida y comenzaron los ensayos de la desolaci\u00f3n. Durante aquellas pruebas, consigui\u00f3 inquietar a las viejas de su familia hasta hacerlas delirar. A las j\u00f3venes no tanto, se mantuvieron en comp\u00e1s de espera. Finalizadas las tentativas, la mujer se propuso cerrar a las ocho, hora de museo. Pero lleg\u00f3 Noviembre y la melancol\u00eda. \u00bfSe puede vivir sin m\u00ed?, se pregunt\u00f3 ella entonces. Y con un giro de mu\u00f1eca, baj\u00f3 el pulgar. Mientras se interrogaba, observ\u00f3 a la vida jugar en sus manos y comprendi\u00f3 el dominio elegante de los cuatro elementos, porque a cada uno de los movimientos le correspond\u00eda una parte nimia de su historia. Mientras enflaquec\u00eda, haci\u00e9ndose menuda y cada vez m\u00e1s entumecida por la vejez, avis\u00f3 Noviembre. Y justo al anunciarse el mes maldito, lleg\u00f3 el alba negra.\u00a0<\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">Con el alba negra, la muerte apareci\u00f3 vestida de dama, como una artista en esencia, sin hacerse esperar. Se present\u00f3 como si fuera la primera vez. E irrumpi\u00f3 con la diva del escenario, el misterio de la existencia, junto a las flores negras de un poema, y con cada flor germin\u00f3 por el camino hacia lo desconocido una atm\u00f3sfera de biograf\u00eda, un fragmento de realidad. Al instante, algo \u00edntimo se estremeci\u00f3. Un escalofr\u00edo contuvo a la emoci\u00f3n. Y para soportar el fr\u00edo de madrugada, no visti\u00f3 abrigo, sino sentimiento.<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">Pero la huella de una esencia permanece all\u00ed, dentro de la casa cerrada.\u00a0 Aqu\u00ed sigue siendo la mujer que avanza por sus recuerdos evocando pasajes de su vida. En realidad se siente ahora como cuando ella ten\u00eda pocos a\u00f1os y se enamor\u00f3 de Jes\u00fas, quien le ense\u00f1\u00f3 el verbo pertenecer y al que aprendi\u00f3 a besar a escondidas en un portal. Recuerda ser joven como entonces, por lo que vuelve al d\u00eda en que se dirige por primera vez a esa casa regia que apenas conoce y en la que vive Jes\u00fas, sin recorrer nunca m\u00e1s el camino de la escuela. Se encamina con algo nuevo y por tanto corretea con la intemperancia de la juventud.<\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">Lo siente as\u00ed al traspasar el umbral donde un hombre de uniforme aconseja prudencia, decoro y seriedad al resto de criados, mucho antes de que la anuncie en el sal\u00f3n en el que aguarda la se\u00f1ora de aspecto inmaculado, malva es la cinta que adorna su cabello; blanca, la \u00ednfima costura zurcida en sus zapatos, y que ahora fija su atenci\u00f3n directamente en los ojos de la muchacha en los que brilla, como plata, la inocencia. Por el contrario, al se\u00f1or le disgusta el reci\u00e9n nacido que abraza contra su pecho esa joven, casi una ni\u00f1a, a los que Jes\u00fas custodia como un \u00e1ngel protector. En la casa se escuchan voces contrariadas, pero por la noche cenan fais\u00e1n.<\/font><\/font><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font><\/font><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">La majestad de aquellas aves encierra un nido dif\u00edcil de olvidar. Por eso la mujer sigue siendo la paloma que esta vez lleva mensajes por primavera. Se siente como cuando de reci\u00e9n casada mataron a Jes\u00fas, a poco de empezar la guerra del treinta y seis.<\/font><\/font><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">Es la primavera negra. Y sin embargo en el barco de prisioneros que est\u00e1 atracado en el muelle le permiten entregar al cautivo una cesta con algo de fruta y pan, a cambio de grandes monedas y de no armar un esc\u00e1ndalo; tambi\u00e9n le lleva una nota tranquilizadora: \u201cno pasa nada Jes\u00fas, al contrario, todo va bien\u201d, y de ese modo el lenitivo que contienen las palabras consigue enga\u00f1ar a su marido porque es sincero el juramento de amor escrito al dorso del papel.<\/p>\n<p>As\u00ed transcurre un d\u00eda y otro, hasta contar cuatro. Al quinto, cuando las horas se hacen ceniza, se erige una muralla humana que cierra el paso hacia el barco de condenados. Una marea de personas espera en silencio cerca del puerto, angustiadas por una falta de comunicaci\u00f3n cada vez m\u00e1s fuerte y sombr\u00eda. A su alrededor, no se conoce el paradero de nadie, ni siquiera saben qu\u00e9 decir. Altivo y poderoso se alza el muro de rostros desencajados que no impide que ella remueva cielo y tierra tras \u00e9l, que le busque en todas partes pero en vano, porque a Jes\u00fas le han fusilado de madrugada. Y por un tiempo, la paloma mensajera se hunde en la amargura, a pesar de que en ese momento otro ni\u00f1o vive en su interior.<\/p>\n<p>A la nueva criatura le abren de inmediato un hueco de abundancia en la casa regia, aunque desde hace algunos meses escasea la carne, el licor o la leche reci\u00e9n orde\u00f1ada, que no hace tanto les sobraba. No obstante crece, como lo hace, de alg\u00fan modo, la alta primavera. Todav\u00eda resuenan jubilosas aquellas risas de infante, con la suficiente intensidad como para devolver a la madre todo lo que queda por vivir despu\u00e9s de la guerra.<\/p>\n<p>Enseguida sigue siendo como cuando la mujer se pasea con andares de reina por un jard\u00edn cercano, junto a sus ni\u00f1os de corta edad, quienes, al crecer, no recordar\u00e1n los crujidos del hambre o de que hubo un tiempo en que como hermanos se taparon bajo una sola manta, sino, por el contrario, lo \u00fanico que mantendr\u00e1n vivo en la memoria es haber jugado felices con el hombre de mejor pitillera y sonrisa centelleante, que ahora conocen en el parque, y al que con el tiempo aprender\u00e1n a tratar de pap\u00e1. Porque este hombre, que antes se distra\u00eda entre los \u00e1rboles centenarios, ya no puede apartar la mirada ni mantenerse a distancia de la esbelta viuda que juega con esos cr\u00edos, m\u00e1s bien le resulta imposible dejar de sentir, ni un instante, el dulce cosquilleo que esa noble emperatriz le provoca.<\/p>\n<p>En el parque, un fot\u00f3grafo les inmortaliza mir\u00e1ndose bajo una luz especial. Ante la c\u00e1mara, posan alegres pero cohibidos. Y en los columpios, los ni\u00f1os suben y luego bajan, se r\u00eden. Juntos forman un cuarteto por primera vez. Pronto una infinidad de \u00e1lbumes de fotograf\u00edas les muestra en familia y, al pasar las hojas, los ni\u00f1os se van haciendo hombres de bien. Van creciendo altos y fornidos, despreocupados aunque vigilantes, lo cual les dota de la complexi\u00f3n y del temperamento necesario para hacerse hombres de mar, y, por tanto, cuando atisban la madurez, la navegaci\u00f3n les atrae a ambos por igual, con id\u00e9ntica voluntad por surcar otra vez los oc\u00e9anos may\u00fasculos y otrora desconocidos. Porque el hijo mayor, que controla el buen funcionamiento de las m\u00e1quinas y los \u00ednfimos aparatos, se ha hecho maquinista naval; mientras el peque\u00f1o estudia para capit\u00e1n sin dejar de mirar las estrellas, y quien de tanto mirar el firmamento se ha percatado, sin embargo, de que la exactitud y el rigor de la matem\u00e1tica celeste le otorga un poder mayor sobre rumbos y mapas.<\/p>\n<p>A\u00fan se escuchan en el horizonte las voces de mando de aquellos marinos, tan cercanas y familiares que ni uno solo de sus v\u00e1stagos, fruto de haber encintado a sus esposas, admite m\u00e1s adelante \u00f3rdenes de nadie. La n\u00e1utica ha forjado una estirpe que no se amilana con facilidad. Toda la mariner\u00eda tiene ojos como faros y un vendaval atravesado por car\u00e1cter. A decir verdad este linaje resiste lo poco que se atreve a ponerse por delante, con la f\u00e9rrea decisi\u00f3n que los caracteriza. Tal vez por eso luchan por norma, como aquella vez en que la tripulaci\u00f3n se enfrent\u00f3 unida a la enfermedad de Alzheimer, en un intento de rescatar a su hombre de m\u00e1s edad de entre las aguas turbias e inasibles de su memoria. Combaten el naufragio y pugnan entonces por liberarle, a base de poner remedios y de cuantiosas muestras de afecto, como salvavidas, pero sobremanera al echar mucho coraje, en ning\u00fan modo bald\u00edo, con el que plantar cara de manera obstinada a los \u00e1speros s\u00edntomas de la dolencia.<\/p>\n<p>Es la marea negra. Y al instante el hombre del parque es casi un anciano, sumido en un olvido ominoso y profundo pero con intermitencias. Tampoco su esposa parece darse cuenta de la enfermedad que alarma tanto a su familia, s\u00f3lo de que su marido anda, de un tiempo a esta parte, despistado y escaso de tino, algo aturullado. Porque si ella hace como que ese mal no existe, si se aleja de la realidad lo suficiente, permanecer\u00e1 despreocupada y no sentir\u00e1 como un abismo de a\u00f1oranza por el hombre que nunca m\u00e1s regresa, al menos \u00e9l no volver\u00e1 por completo ni con suma frecuencia.<\/p>\n<p>Bastante hace el enfermo con atisbar en el fondo de sus ojos una mirada de lucidez que encuentra de repente frente al espejo o con hacer brotar, como por ensalmo, una sonrisa de entendimiento que en ese momento le trae presto de vuelta, m\u00e1s o menos como la expresi\u00f3n de felicidad que entonces se escapa por la boca de ella. Y es al final de tanto desgobierno efusivo cuando la mujer no puede enga\u00f1arse por m\u00e1s tiempo y cae de nuevo en una luctuosa depresi\u00f3n, a pesar de que la correcci\u00f3n de su temperamento junto a sus refinadas maneras consiguen mantenerla erguida, incluso le hacen parecer estricta, pues en toda ocasi\u00f3n se ve que lleva el cabello bien peinado y el ment\u00f3n muy elevado, haciendo posible que soporte el infortunio de su desmemoriado con la cabeza levantada. No obstante, ya no tendr\u00e1 fuerzas para acudir en adelante a un solo funeral.<\/p>\n<p>Entretanto, el paso de los a\u00f1os hace su labor en la casa regia, impregnando de ocupaciones livianas el quehacer diario. Por las ma\u00f1anas, la emperatriz se afana en las tareas que su avanzada edad le permite realizar, pocas pero bien hechas; sin embargo, por las tardes, no hace otra cosa que esperar sentada en su butaca favorita la llegada de Noviembre, sin impacientarse. Le gusta interrogarse, por aquel entonces, jugando con sus manos heladas, convencida de que cada nuevo d\u00eda es un triunfo merecido. Y cuando finalmente considera que su casa est\u00e1 en orden, se levanta para hacer la maleta y poco despu\u00e9s se va, sin darse cuenta de que dentro deja una huella visible como un estigma.<\/p>\n<p><\/font><\/font><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una mujer se levanta de una butaca de piel. 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