{"id":173,"date":"2008-04-12T09:05:36","date_gmt":"2008-04-12T08:05:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=173"},"modified":"2008-04-12T09:06:18","modified_gmt":"2008-04-12T08:06:18","slug":"154-primer-beso-por-literauta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=173","title":{"rendered":"154- Primer Beso. Por Literauta"},"content":{"rendered":"<p>Es febrero y hace fr\u00edo en la parada del bus. <!--more-->El sol avanza con pereza dorando los tejados de los edificios ennegrecidos por la contaminaci\u00f3n de los coches y de las calefacciones de gas\u00f3leo. Amanece, que no es poco, y la ciudad se pone en marcha.<br \/>\nCon un estruendo de cat\u00e1strofe, el autob\u00fas se detiene ante nosotros. Nos agrupamos junto a su puerta. Siempre somos los mismos. La muchacha rubia me mira pregunt\u00e1ndose si tambi\u00e9n hoy voy a dejarla pasar primero, como todos los d\u00edas desde hace varios meses. Me detengo al llegar a los escalones y la miro dibujando una sonrisa en mi rostro helado. Ella me devuelve el gesto y sube al cacharro. Nos sentamos juntos, como siempre, casi acurrucados. Siento su calor tan reconfortante, su olor a primavera. Ella saca de su mochila una novela de Follet. Yo me acomodo como puedo en el duro asiento y los parpados empiezan a pesarme como su fueran de plomo. El movimiento grave del autob\u00fas me hace perder peso. Poco a poco me sumerjo en una inconciencia de abismos inconmensurables y despierto dormido en alg\u00fan lugar lejano, en otro tiempo que ya s\u00f3lo existe en mi memoria.<br \/>\nMe parece o\u00edr a mi madre rega\u00f1\u00e1ndome a gritos desde la terraza decorada con geranios y pajarillos de colores. Me dice que no le d\u00e9 patadas a las piedras porque me rompo los zapatos. Es el primer d\u00eda de clase de aquel a\u00f1o en el que mis padres no encontraron plaza, para mi hermano Ra\u00fal y para m\u00ed, en la educaci\u00f3n p\u00fablica. Por esa raz\u00f3n nos inscribieron, a los dos, en el colegio al que iba mi hermano Jes\u00fas.<br \/>\nEra un colegio privado que costaba una fortuna y que se llamaba El Liceo Atlante. En aquel centro, los chicos y las chicas estudi\u00e1bamos en clases separadas y en el recreo sal\u00edamos a patios tambi\u00e9n separados. Los chicos vest\u00edamos un uniforme que a mi padre debi\u00f3 costarle el sueldo de un a\u00f1o de su trabajo haciendo edificios y calles y parques. A veces pienso que mi padre construy\u00f3 todo Madrid porque trabajaba todos los d\u00edas desde por la ma\u00f1ana hasta por la noche. Menos mal que vino mi padre y despu\u00e9s mi t\u00edo Roberto, que eran los dos muy trabajadores, sino Madrid ser\u00eda ahora m\u00e1s peque\u00f1o y feo que San Isidro de Guadalupe, que es el pueblo donde muri\u00f3 mi abuela Laura.<br \/>\nAquel uniforme se compon\u00eda de pantal\u00f3n azul de pinzas, zapatos negros de cordones, calcetines negros de hilo, camisa blanca de algod\u00f3n, una chaqueta verde ingl\u00e9s y una corbata de rayitas rojas y azules que no se anudaba sino que se met\u00eda por la cabeza y se sujetaba al cuello de la camisa mediante una goma. La chaqueta llevaba cosido un escudo en el que un tipo muy musculoso, casi desnudo y encorvado por el peso, cargaba sobre sus espaldas con la bola del mundo y que era, seg\u00fan nos explicaron al comenzar el curso, una alegor\u00eda al esfuerzo y a la constancia: el atlante transportaba los arquitrabes con los que un gran arquitecto hab\u00eda proyectado construir el universo.<br \/>\nYo me preguntaba d\u00f3nde amontonaba aquel tipo los mundos que transportaba y qu\u00e9 hac\u00eda cada d\u00eda cuando terminaba su trabajo, ad\u00f3nde iba, con qui\u00e9n cenaba, d\u00f3nde dorm\u00eda. Se lo pregunt\u00e9 a don Andr\u00e9s, un profesor muy mayor que hablaba con ronquidos por un agujero que le hab\u00edan hecho en el cuello.<br \/>\n&#8211; \u00bfD\u00f3nde vive ese hombre que carga con el mundo y que est\u00e1 dibujado en la puerta \u2013le pregunt\u00e9-. D\u00f3nde est\u00e1 su casa?<br \/>\n&#8211; En ning\u00fan sitio -me respondi\u00f3 entre gorgoteos-: s\u00f3lo es un dibujo.<br \/>\n&#8211; Ya s\u00e9 que es un dibujo, pero el que lo pint\u00f3 seguro que sabe o se imagina ad\u00f3nde va el mu\u00f1eco cuando acaba por las tardes su trabajo de mover mundos de un lado para otro.<br \/>\n&#8211; Nadie lo sabe, porque el mu\u00f1eco no es una persona y no necesita tener casa ni ninguna de esas cosas que t\u00fa te imaginas. Es una alegor\u00eda, representa un pensamiento, una idea.<br \/>\n<span \/>Las chicas del Liceo Atlante llevaban el mismo uniforme que nosotros, con la diferencia de que sus calcetines eran medias blancas que les llegaban hasta la rodilla, sus zapatos no eran de cordones sino que se sujetaban al pie con una hebilla y en vez de pantalones vest\u00edan falda tableada azul con cuadritos en rojo, muy similares en dise\u00f1o a nuestras corbatas, que en ellas hab\u00edan sido sustituidas por un lacito rojo.<br \/>\nHab\u00eda una chica en sexto que ten\u00eda el cabello como el oro viejo del sello que robaron del cad\u00e1ver de mi padre. Se llamaba Elisa y era la protagonista de todas mis masturbaciones y, por ende, la responsable de todos mis granos y de que no haya podido crecer m\u00e1s. Era como las chicas que salen en las pel\u00edculas. Seguro que nunca han visto nada igual. En el recreo, a trav\u00e9s de la verja que separaba su patio del m\u00edo, me quedaba pasmado mir\u00e1ndola jugar a la goma o al corro, cantando aquello de \u201cd\u00f3nde vas moro viejo\/que no te casas\/que te est\u00e1s arrugando\/como las pasas\u201d. En ocasiones, cuando saltaba, su falda volaba por encima de las rodillas y mi coraz\u00f3n se deten\u00eda durante un instante.<br \/>\nAquel verano, cuando acabaron las clases en junio, cre\u00ed que me morir\u00eda si no volv\u00eda a verla. Y as\u00ed fue como, por vez primera en mi vida, dej\u00e9 mi barrio y la compa\u00f1\u00eda de mis hermanos y las tardes de jugar al rescate con los chicos de mi calle y las excursiones al parque de San Isidro a buscar nidos.<br \/>\nCon el esp\u00edritu de un joven so\u00f1ador aventurero, enfil\u00e9 la avenida General Ricardos hacia abajo, sin saber demasiado bien qu\u00e9 es lo que estaba haciendo, y sub\u00ed por la calle de la Verdad sin m\u00e1s coartada que mi propia sonrisa. Sab\u00eda que Elisa viv\u00eda por all\u00ed y ard\u00eda en deseos de volver a verla. Tambi\u00e9n eran de aquel barrio algunos compa\u00f1eros del colegio con los que, m\u00e1s o menos, ten\u00eda alg\u00fan trato.<br \/>\nMi llegada provoc\u00f3 cierto revuelo. Los que me conoc\u00edan corrieron a saludarme. Los que a\u00fan no me conoc\u00edan me miraban con desconfianza. \u00bfA qu\u00e9 banda perteneces? Me preguntaron. Y como no pertenec\u00eda a ninguna me enrol\u00e9 en la banda del Patata. Me llamaban el Extranjero porque no era de aquel barrio sino de varias calles m\u00e1s arriba.\u00a0 Para aquellos chicos mi casa estaba al otro lado del mundo y jam\u00e1s hab\u00edan llegado solos tan lejos.<br \/>\nElisa y sus amigas jugaban junto a las tapias de una iglesia medio derruida a cuya sombra dormitaban unas abuelas excesivamente ancianas. Las chicas jugaban muy cerca de nosotros pero los componentes de la banda del Patata no parec\u00edan sentir ninguna necesidad por entablar contacto con ellas. Eran unos brutos que siempre estaban pensando en matar lagartijas y apedrear a los gatos. Otros chicos del barrio, algo m\u00e1s peque\u00f1os, s\u00ed jugaban con las chicas y eran \u00e9stas las que llevaban siempre la iniciativa. Ellas eran pr\u00e1cticamente unas mujercitas, mientras que los chicos \u00e9ramos todav\u00eda unos ni\u00f1os.<br \/>\nAunque s\u00f3lo llevaba unos d\u00edas en la banda del Patata, hab\u00eda ascendido muy r\u00e1pido por mi condici\u00f3n de montaraz ap\u00e1trida. Sin embargo, yo s\u00f3lo ten\u00eda ojos para Elisa y buscaba cualquier excusa para acercarme a ella. En definitiva, era por ella por lo que estaba all\u00ed.<br \/>\nUna tarde de domingo en la que los term\u00f3metros se fundieron a la hora de la siesta aparec\u00ed por aquel barrio. Sab\u00eda que los pros\u00e9litos del Patata no estar\u00edan a\u00fan en la calle y esperaba encontrar a alguien que me introdujera en el c\u00edrculo de Elisa. Fue mucho m\u00e1s sencillo de lo que hab\u00eda previsto. Las chicas estaban deseando que nos acerc\u00e1ramos a ellas. Cuando lleg\u00f3 el Patata con sus dos lugartenientes, armados los tres hasta los dientes con tirachinas y palos, dispuestos para una nueva y arriesgada misi\u00f3n en el parque, nos encontraron a todos jugando al pa\u00f1uelo. Semejante propuesta los decepcion\u00f3 profundamente, pero terminaron cediendo y fue as\u00ed como desapareci\u00f3 la banda del Patata y como, en tan s\u00f3lo unas pocas semanas, muchos de nosotros dejamos de ser ni\u00f1os para convertirnos en peque\u00f1os hombrecitos.<br \/>\nRompiendo las reglas del colegio, comenzamos a practicar actividades mixtas cuyo colof\u00f3n fue un juego que nos ocupaba las \u00faltimas horas de aquellas interminables y asfixiantes tardes de verano. Era el juego sobre el que giraba toda nuestra existencia. Lo llam\u00e1bamos el juego de la cerilla. Se formaba un corro y se encend\u00eda una cerilla que iba pasando de mano en mano. Al que se le apagaba la cerilla ten\u00eda que dar un beso a otro jugador. Hab\u00eda una extraordinaria intenci\u00f3n en todo aquello, algo prohibido emerg\u00eda de aquella peque\u00f1a llama que apenas iluminaba los rostros de los ni\u00f1os. Parec\u00eda que nadie deseara que se le apagara a \u00e9l o a ella la cerilla por miedo a descubrir ante los dem\u00e1s a qui\u00e9n deseaba besar.<br \/>\nLa primera vez que se me apag\u00f3 a m\u00ed la cerilla, el pecho se me hundi\u00f3 como aplastado por el peso de una escavadora. Elisa estaba al otro lado del corro, casi enfrente de m\u00ed. Cuando me levant\u00e9 para ir a besarla, comprob\u00e9 que las piernas no me manten\u00edan el peso. Acerqu\u00e9 mi boca a sus labios y vi c\u00f3mo cerraba los ojos mientras yo depositaba en ella mi beso. Cuando abri\u00f3 de nuevo los ojos, mi cara a\u00fan no se hab\u00eda despegado de la suya y sus largas pesta\u00f1as me acariciaron la piel.<br \/>\nEl verano avanz\u00f3 y hubo otros besos y otras cerillas caprichosas que los justificaron. Finalmente, una tarde, en el portal de su casa, prescindimos de la cerilla.\u00a0 Pero lleg\u00f3 agosto y con \u00e9l la di\u00e1spora playera. Elisa dej\u00f3 de ser Elisa y se convirti\u00f3 en Gloria, una vecina de apartamento de Cullera que jam\u00e1s hab\u00eda o\u00eddo hablar del juego de la cerilla, pero que me ense\u00f1\u00f3 que los besos pueden darse con lengua.<br \/>\nCuando volvimos en septiembre al colegio, Elisa era ya toda una mujer. Vaya si lo era. Coqueteaba con los chicos mayores e incluso, m\u00e1s de una vez, fingi\u00f3 no verme o conocerme. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando la familia de Elisa ya se hab\u00eda ido a vivir a Aluche, me la encontr\u00e9 en el and\u00e9n de la l\u00ednea 6, un domingo casi a mediod\u00eda que yo volv\u00eda de comprar discos en una tienda del Rastro.<br \/>\nApenas pude reconocerla, hab\u00eda engordado mucho, su cara se hab\u00eda vuelto lunar y llevaba el pelo muy corto, peinado hac\u00eda atr\u00e1s como los chicos. En ese momento se derrumb\u00f3 uno de los mitos sexuales de mi infancia y nunca volv\u00ed a ser el mismo ni las cosas volvieron a ser como antes ni volv\u00ed a mirar a ninguna chica como lo hab\u00eda hecho con Elisa, por miedo a que mi mirada golosa las engordara y afeara.<br \/>\nFuimos juntos hasta Atocha hablando de cosas intrascendentes, descubriendo, el uno en el otro, los cambios que provoca el tiempo, las huellas de nuestra reci\u00e9n adquirida madurez. Quedamos para vernos un d\u00eda. De esto hace ya casi veinte a\u00f1os y nunca hemos cumplido ni cumpliremos jam\u00e1s con esa cita.<br \/>\n<span \/>Una mano en mi hombro me devuelve al mundo de los despiertos. La chica del pelo de oro me mira con ojos divertidos y me dice: Despierta, ya hemos llegado. En tantos meses de viajar juntos, esta es la primera vez que oigo su voz. Es dulce como mermelada. Ya en la calle, ella se marcha en una direcci\u00f3n y yo en otra. Siento que me est\u00e1 mirando y vuelvo la cabeza. Me sonr\u00ede. Me acerco de nuevo a ella y le pregunto de qu\u00e9 se r\u00ede. Sin dejar de sonre\u00edr me responde con otra pregunta: \u00bfQui\u00e9n es Elisa? De inmediato comprendo que he hablado en sue\u00f1os. Elisa es una ni\u00f1a que vive en mi infancia, le respondo. T\u00fa me la recuerdas. Un simp\u00e1tico gesto de aprobaci\u00f3n se dibuja en su cara, se da la vuelta y se marcha calle abajo. Ma\u00f1ana volveremos a vernos y algo en nosotros habr\u00e1 cambiado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es febrero y hace fr\u00edo en la parada del bus.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/173"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=173"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/173\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=173"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=173"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=173"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}