{"id":185,"date":"2008-04-13T10:51:16","date_gmt":"2008-04-13T09:51:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=185"},"modified":"2008-04-13T10:56:38","modified_gmt":"2008-04-13T09:56:38","slug":"166-ni-una-sonrisa-por-zanay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=185","title":{"rendered":"166- Ni una sonrisa. Por Zanay"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\"><strong><span lang=\"ES-TRAD\">1<\/span><\/strong><span lang=\"ES-TRAD\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Azuzado por el ansia de evacuar Lucas echa un vistazo alrededor y comprueba, con envidia, que sus compa\u00f1eros de vuelo dormitan boquiabiertos, ani\u00f1ados. <!--more-->Su insomnio, que carece de esos atributos, solo acapara una vigilia feroz cobijada en la ausencia de f\u00e1rmacos. Aunque las caderas ya no le responden como anta\u00f1o, se impulsa y se aproxima a las azafatas que cabecean por el desequilibrio horario junto a una de las ocho puertas de emergencia. Una se\u00f1al roja de vacante le franquea el paso al aseo, el estandarte de su eructo aliado con una pirueta de arcadas, el placer del alivio urinario anclado en los hombros. Se apoya escrupuloso en el espejo, remolonea con su hocico de ping\u00fcino y el bollo de cacao sint\u00e9tico mordisqueado con un t\u00e9 bajo en calor\u00edas se agita en su est\u00f3mago. Una especie de rel\u00e1mpago viperino le acribilla la nuca, los resabios amontonados en la baba de la mand\u00edbula, una desorientaci\u00f3n ef\u00edmera. Carraspea, aclara la voz en lo posible y solicita algo que empantane su nerviosismo ante el aterrizaje, un circo cariacontecido, envuelto en suspiros en el v\u00e9rtice de la frente. Ella le aguardar\u00e1 en el punto de encuentro del aeropuerto con el af\u00e1n recortado al desgaire. Luego, tras desembarazarse del gent\u00edo, se besar\u00e1n desapegados, las nalgas f\u00e9rreas, un delirio imprescriptible en cada pez\u00f3n.<br \/>\n<\/span><\/font><span lang=\"ES-TRAD\"><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un caramelo, por favor, y la rubia de mo\u00f1o uniformado le atiende con adem\u00e1n halag\u00fce\u00f1o, un sol t\u00edmido en medio del cielo encapotado, el motor del aparato con un refunfu\u00f1o de mil demonios.<br \/>\n<\/font><font size=\"3\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lucas trabaja a destajo con la saliva, se incorpora al mundo de los vivos y se palpa los genitales en un intento vano por auscultar un s\u00edntoma de vicios vetustos. Un asterisco de carnalidad se le hinca en la memoria al recordar los dos viernes de abstinencia, un crimen perpetuo en la fatiga de su ingle. Ella mariposear\u00e1 con su minifalda de flores, la tez aterciopelada, una fragancia de resina en cada mejilla, y hablar\u00e1 con su \u00e9nfasis de rusalca, ven, la orden vanagloriada por un sinf\u00edn de achuchones. Mientras incrusta el cuero cabelludo en el reposacabezas parpadea at\u00f3nito, sumergido en una burbuja de incongruencias. Una sombra intranquila zigzaguea por la estrechez del pasillo y una pel\u00edcula de patriotas se enzarza en disputas continentales. Aunque ha seleccionado la opci\u00f3n de eludir el sonido, un chiquillo de ojos azules berrea contrariado, un tirano desabrido en el regazo de una madre impert\u00e9rrita, las patadas por doquier. A la izquierda del monstruo una se\u00f1ora, asemejada con su antifaz a una mosca agigantada por la estratosfera, balbucea en sue\u00f1os, un nombre de var\u00f3n en su pesadilla de labios l\u00edvidos, Roberto, s\u00e1lvame, una petici\u00f3n almibarada, conjugada con un verbo demasiado enclenque. El malestar en el pecho de Lucas rebuzna y los ejercicios de respiraci\u00f3n que le ha dictado el terapeuta se atropellan, uno, dos, tres, el orden catastr\u00f3fico, aturrullado en un disturbio mezquino, el ox\u00edgeno escaso. Busca con avidez en su cartera la foto de la mujer, la faz divina, la bandera de la dulzura izada a un m\u00e1stil dif\u00edcil de arriar. Se enorgullece de compartir con ella algunos secretos, una botella de vino rosado en un restaurante de puerto de mar, las olas en la coronilla con un matiz de recompensa f\u00e1cil, una cama intachable. Se conocieron por una llamada telef\u00f3nica a uno de esos n\u00fameros que abundan en las p\u00e1ginas postreras de los peri\u00f3dicos, ninfa, medidas irrepetibles, promesas sical\u00edpticas, jugos ilimitados. Su acento descubr\u00eda un origen ex\u00f3tico, los s\u00edes arrollados en espasmos de esperma, el valle feraz de su escote inundado en la primera cita. La conversaci\u00f3n serpente\u00f3 artificial, moteada por el esc\u00e1ndalo de un vocabulario salaz, la c\u00f3pula presa en una c\u00e1rcel de adicciones densas. Compraron coca\u00edna en un tugurio de las afueras, se observaron con tes\u00f3n y se amorraron sobre el paralelismo de las l\u00edneas, hum, un respingo al percibir la velocidad de la sustancia. Ella arguy\u00f3 un discurso sobre la pol\u00edtica en su pa\u00eds natal y Lucas la dej\u00f3 parlotear mientras celaba sus trazos, la hermosura in\u00e9dita, apaciguada por la desenvoltura del instante. Bland\u00eda una lengua excitada, ilustre, acompasada, la humedad de las enc\u00edas apropiada, un vamos ligero, condescendiente con la torpeza viril. Despu\u00e9s continuaron por la senda blanca hasta que asumieron que era de d\u00eda, que algunos gorriones picoteaban los despojos de la noche, que las cortinas de la habitaci\u00f3n del motel cotilleaban flecos de historias borrascosas acaecidas entre aquellas cuatro paredes. Las exclamaciones se narcotizaron en el sopor del ocaso. Se abrazaron sin entusiasmo antes de oponerse las espaldas agotadas, las flores de un jarr\u00f3n contiguo casi ajadas, la mesilla con una lamparilla indulgente. Las turbulencias ladean el avi\u00f3n hacia un remolino de vaivenes y la se\u00f1al luminosa advierte de la obligaci\u00f3n de abrocharse los cinturones. Los rezagados se apresuran a encajarse en sus huecos y una penumbra de caverna instaura un reino incierto en los cuellos. Un altavoz anuncia la proximidad del aeropuerto, veinte grados cent\u00edgrados en el exterior, la inmensa mayor\u00eda de los pasajeros atiesados con la responsabilidad espetada en la familia, en la hipoteca, en la raz\u00f3n de ser.<br \/>\n<\/font><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\"><2<span lang=\"ES-TRAD\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hola, y la zalamer\u00eda convierte el encuentro en una funci\u00f3n de teatro esperp\u00e9ntica, Lucas con ojeras esquizofr\u00e9nicas, la damisela con garbo de estrella de cine, la lascivia cabalgada a horcajadas.<br \/>\n<\/span><\/font><span lang=\"ES-TRAD\"><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Seis rapaces juegan al corro de las patatas en el parque enfrente del hotel. El taxista espera mudo, enfrascado en problemas anecd\u00f3ticos, sus clientes atentos en el asiento de atr\u00e1s al pron\u00f3stico del tiempo que prev\u00e9 chubascos intermitentes. Sus mentalidades ululan tercas, aferradas al vac\u00edo de las aceras, una calle reci\u00e9n remozada a la derecha, los letreros de ne\u00f3n con siluetas de hadas agachadas ofertando gl\u00fateos abombados. El conductor extiende la mano por costumbre, muchas, pero detiene el agradecimiento al calibrar la parquedad de la bondad. Su rostro mengua ceniciento, abotargado, como si necesitara un trago de alcohol duro para afrontar el resto de la jornada laboral. Ellos se dedican a lo suyo, a empujarse sin apenas tocarse, a endiablar el aire con una voluminosa r\u00e1faga de alcaloides aportados por la f\u00e9mina. Se empinan en la escalera de caracol que conduce a la habitaci\u00f3n, ni una palabra al ce\u00f1irse con frialdad siberiana, la colcha estampada con p\u00e9talos morados junto a una nevera de aristas romas. Encienden la televisi\u00f3n, alambican el tedio y se frotan los nudillos en el lavabo con el objeto de sentirse redivivos, la resurrecci\u00f3n socorrida por la aparici\u00f3n de una erecci\u00f3n entrecortada. Lucas se calza unas chanclas verdes de playa y ella apunta los muslos hacia una diana invisible en la escayola del techo. Antes de desplomarse en el universo aborregado de la incomunicaci\u00f3n, ensayan posturas, veleidades, coitos de extremaunci\u00f3n, la charla irrisible, un diptongo abortado por una tilde ins\u00edpida.<br \/>\n<\/font><span lang=\"ES-TRAD\"><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No s\u00e9 para qu\u00e9 nos vemos, y la dicci\u00f3n masculina se empotra en un muro de granito, el silencio magullado, una verdad como una casa construida con un cimiento de rayas rebozadas en la nariz.<br \/>\n<\/font><span lang=\"ES-TRAD\"><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Salen a cenar, a demostrarse a s\u00ed mismos que a\u00fan conservan un \u00e1pice de altivez en la honra. La espalda brilla desnuda en la cintura avispada de la mujer, los tacones discretos, los mocasines de Lucas finiseculares, una gomina arcaica en el flequillo peinado a conciencia. La m\u00fasica del local incita a la cordialidad y los consejos del maestresala componen una cantata adorable. Cualquier espectador ajeno a la realidad hubiera vaticinado una boda majestuosa, aunque el tintineo de los tenedores contra la loza del plato constituya el \u00fanico v\u00ednculo entre ellos. El di\u00e1logo boquea asolado y el jam\u00f3n de pato con salsa de grosella solo regala ternura al mantel. Ella aparenta ensimismarse en pensamientos tupidos y Lucas sobrevive con el apetito ven\u00e9reo a flor de piel. La fantas\u00eda de poseer la suavidad de ese cuerpo le atormenta, el escroto y sus adl\u00e1teres con voracidad descomunal, la reputaci\u00f3n falsificada. En medio de esa exquisitez sosa la quijada femenina empieza de repente a rechinar con una tiritona desquiciada, la escena asustada, un bochorno craso por la legi\u00f3n de miradas que se posan sobre ellos. Los comensales de alrededor susurran alertas y un alud de retinas se despe\u00f1a en su direcci\u00f3n, los murmullos acolchados, barridos por un alarido de hembra herida, un borbot\u00f3n de angustia atragantado. Un hombre canoso se les acerca, toma el pulso a la cara congestionada por el sofoco del ahogamiento y acaricia la palidez de la sien, un grumo de r\u00edmel en la yema del anular. En lontananza una ambulancia a\u00falla. La camilla acoge la decadencia del final feliz, dos mozos noveles con la sonda en alto, los cotilleos hinchados. En un segundo se ha deshecho el punto de nieve del candor y los gemidos se precipitan en la angostura rid\u00edcula del veh\u00edculo, la noche fruncida. Lucas permanece a su lado, carpido, triste, con un picor en la maldita vejiga, aguarde ah\u00ed, el imperativo aposentado\u00a0 en una hilera de sillas de pl\u00e1stico gris. En la sala de espera vegeta una sarta de semblantes aburridos, las noticias suplicadas, ni una sonrisa, solo la carest\u00eda de la veracidad aupada a una m\u00e1quina expendedora de s\u00e1ndwichs con fecha de caducidad. Los an\u00e1lisis preliminares pregonan de inmediato el consumo de coca y el doctor le taladra con un tiroteo de reproches, a su edad, no le da verg\u00fcenza, podr\u00eda ser su hija, los p\u00e1rpados granates con ira de progenitor honesto. Una semilla de espino germina en las tripas constre\u00f1idas de Lucas, de todos modos se va a salvar, con secuelas, el remordimiento fracturado, la confusi\u00f3n mastod\u00f3ntica.<br \/>\n<\/font><span lang=\"ES-TRAD\"><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Puede pasar a verla, y la atm\u00f3sfera petrifica cualquier atisbo de condonaci\u00f3n, una diosa embalsamada, los cuadrados en el suelo del cuarto disfrazados de testigos l\u00facidos.<br \/>\n<\/font><span lang=\"ES-TRAD\"><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A su vera, espiando la languidez de la respiraci\u00f3n, Lucas desempa\u00f1a sus gafas de miope exhausto y analiza los pormenores. Clava sus iris en un lunar frontero con el l\u00f3bulo derecho de la mujer, una marca de nacimiento que la identificar\u00eda en caso de \u00f3bito, el fracaso estrepitoso entre el archipi\u00e9lago de venas de ni\u00f1a buena. Una l\u00e1grima fertiliza el carrillo de Lucas y se aventura en las m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas que le ha concedido la naturaleza, un adi\u00f3s crujiente, sin ida y vuelta, dirigido al lecho. La cafeter\u00eda del hospital humea con volutas de locomotora fren\u00e9tica y los pedidos braman al un\u00edsono, los asalariados del turno nocturno insistiendo en vigorizar la fe, el insomnio espeso, encarado con una andanada de estimulantes. El l\u00edquido negruzco le sabe a naranjas agrias y un escalofr\u00edo el\u00e9ctrico le lacera la rabadilla, el abatimiento colosal. Al poco el muelle del subconsciente le empuja hacia el exterior del hospital y all\u00ed, amparado en la oscuridad, a merced de las v\u00edas de un tren de cercan\u00edas, Lucas se hunde en la seriedad del caos.<\/font><\/font><\/span><\/font><\/span><\/font><\/span><\/font><\/span><\/font><\/span><\/font> <\/font><\/span><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Azuzado por el ansia de evacuar Lucas echa un vistazo alrededor y comprueba, con envidia, que sus compa\u00f1eros de vuelo dormitan boquiabiertos, ani\u00f1ados.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/185"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=185"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/185\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=185"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=185"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=185"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}