{"id":187,"date":"2008-04-13T18:08:26","date_gmt":"2008-04-13T17:08:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=187"},"modified":"2008-04-13T18:17:52","modified_gmt":"2008-04-13T17:17:52","slug":"168-palabras-de-madre-por-antigona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=187","title":{"rendered":"168- Palabras de madre. Por Ant\u00edgona"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\"><font size=\"3\">Se ha hecho el silencio, pero no la paz, porque no hay paz en las miradas de odio ni en\u00a0 el dolor de las miradas; <!--more-->no hay paz en la complicidad exigida y exigente para conseguir, una vez m\u00e1s, el derecho a la destrucci\u00f3n. Ahora, ella intentar\u00e1 mitigar la pena, evitar la mirada que duele, borrar\u00a0 las huellas de la \u00faltima batalla, hacer como que vive aunque se sienta muerta&#8230; porque esta terrible soledad a la que se ha condenado es mil veces peor que la muerte, \u00a1ah, la muerte! \u00bfcu\u00e1ntas veces la hubiera deseada si no persistiera en su locura? \u00bfCu\u00e1ntas veces, eterna Pen\u00e9lope, ha deshecho la labor eternamente comenzada, con puntadas de comprensi\u00f3n, de cari\u00f1o, de obstinada confianza en algo que nunca llega&#8230;? \u00bfHasta cu\u00e1ndo le devorar\u00e1n las entra\u00f1as, como a Prometeo, por haberse convertido en supuesta benefactora&#8230;? \u00bfDeber\u00e1 pagar con su vida, como Ant\u00edgona, haber protegido por encima de todo al ser que m\u00e1s ama en este mundo&#8230;? Su vida, su muerte, s\u00f3lo son palabras&#8230; Su vida est\u00e1\u00a0 muerta, ella est\u00e1 muerta en vida. \u00bfQu\u00e9 es el dolor, la angustia, el miedo, sino palabras? Ya no entiende las palabras, es m\u00e1s, cree\u00a0 que ya no entiende nada, que no siente nada, pero ella no es de corcho&#8230; tiene un coraz\u00f3n de carne que sigue latiendo, tiene unos ojos que ven tristeza en otros ojos, tiene unas manos que huyen hacia s\u00ed misma porque hace tiempo renunciaron a las caricias y tiene\u00a0 la conciencia implacable de saber que est\u00e1 cometiendo una terrible injusticia pero necesita, una vez m\u00e1s, concederse una esperanza, buscar una rendija de luz en esa larga noche de amargura que ya dura casi veinte a\u00f1os&#8230; \u00bfY qu\u00e9 hab\u00eda ocurrido en estos veinte a\u00f1os? \u00bfY en qu\u00e9 momento empez\u00f3 a ocurrir? Pero sabe que no es f\u00e1cil responder a estas preguntas, como no es f\u00e1cil saber cu\u00e1l es la primera gota de agua que cae de una nube en forma de lluvia, en qu\u00e9 d\u00e9cima de segundo una flor rompe su capullo, cu\u00e1nto ha crecido la hierba en la \u00faltima madrugada o en qu\u00e9\u00a0 preciso instante deja de crecer la luna para convertirse en luna llena.<br \/>\nElla s\u00f3lo sabe que hace veinte a\u00f1os era una mujer joven y llena de vida, que ser mujer era ser esposa y madre y que a estas tareas se dedicaba sin descanso y sin fatiga. Las palabras incomprensi\u00f3n, frustraci\u00f3n y cansancio no pertenec\u00edan a su diccionario, porque ser mujer era amor, abnegaci\u00f3n y sacrificio y la satisfacci\u00f3n que le produc\u00edan estos sentimientos era lo m\u00e1s parecido a la felicidad que hab\u00eda sentido en toda su vida.<br \/>\nPero algo empez\u00f3 a romperse &#8211; y de nuevo, el v\u00e9rtigo de ignorar el momento- cuando sus caricias y sus miradas de madre no encontraban el eco de antes, cuando a sus palabras les segu\u00eda el silencio y a su alegr\u00eda, la indiferencia. Su\u00a0 hijo se le aparec\u00eda taciturno y cabizbajo. \u201cCosas de la edad -pensaba- la adolescencia es as\u00ed&#8230;\u201d Y lanzaba su esperanza a contemplar un joven guapo, atento, inteligente y responsable, el que ser\u00eda su hijo cuando la vida hubiera completado su ciclo de ni\u00f1o a hombre y dejara atr\u00e1s ese aspecto desgarbado, esa voz vacilante y ese aire de ausencia propio de los quincea\u00f1eros&#8230; El tiempo, sin embargo, se empe\u00f1aba en quitar raz\u00f3n a su esperanza y, a medida que avanzaba, aquel chico convert\u00eda su silencio en hostilidad y su indiferencia en desprecio pero, sobre todo, ella ve\u00eda , en el fondo de sus ojos, dolor, un dolor que para ella era incomprensible o m\u00e1s a\u00fan, imposible.<br \/>\nQu\u00e9 le ocurre?\u201d se preguntaba a s\u00ed misma, despu\u00e9s de hab\u00e9rselo preguntado a \u00e9l mil veces de mil formas distintas, sin obtener m\u00e1s que evasivas por respuesta. Y la pregunta iba y ven\u00eda, traspasando cada uno de sus actos, irrumpiendo en cada uno de sus pensamientos, hasta erigirse en centro de su vida, pero convertida ya en sentimiento de culpa: \u201c\u00bfEn qu\u00e9 le habr\u00e9 fallado?\u201d Y aumentaba su solicitud y su entrega, que se estrellaban una y otra vez ante la frialdad de su hijo. Se sorprendi\u00f3 a s\u00ed misma quej\u00e1ndose, increpando a la vida y a la fortuna, utilizando palabras nuevas que hablaban de desencanto, de injusticia y de amargura y empez\u00f3 a sentirse decepcionada y sola, porque sent\u00eda con angustia que el paso del tiempo dejaba atr\u00e1s al ni\u00f1o que fue, pero no lo convert\u00eda en el hombre que tendr\u00eda que ser. Instalado en una adolescencia demasiado larga, su hijo se mostraba cada d\u00eda m\u00e1s hosco, m\u00e1s irritable y, sobre todo, m\u00e1s lejano.\u00a0<br \/>\nPara acortar esta distancia, no escatim\u00f3 ni esfuerzo ni imaginaci\u00f3n: utiliz\u00f3 toda su empat\u00eda para conocer a las personas que trataba su hijo, los lugares que frecuentaba y en qu\u00e9 ocupaba las horas que pasaba recluido. La inquietud dio paso a la ansiedad ante el obstinado silencio de los que cre\u00eda que estaban m\u00e1s cerca de \u00e9l y que, como \u00e9l, fueron indiferentes a sus continuos reclamos. Y puesto que su hijo no pod\u00eda ser el art\u00edfice de aquel muro que no pod\u00edan traspasar ni sus atenciones ni sus s\u00faplicas, pens\u00f3 que eran los otros -los compa\u00f1eros, la m\u00fasica, los amigos, el ordenador&#8230;- quienes hab\u00edan tejido a su alrededor aquella tupida red que lo hac\u00eda insensible a sus llamadas. A partir de entonces extrem\u00f3 su protecci\u00f3n, pero empez\u00f3 a hacerse irritable y desconfiada y a dejar traslucir un gran poso de amargura en cada una de sus palabras y en cada uno de sus gestos. \u201cMe lo han quitado -pensaba- porque es demasiado\u00a0 bueno, demasiado inocente&#8230; pero yo har\u00e9 que vuelva a m\u00ed, que me escuche, que cambie, que sea un\u00a0 buen\u00a0 chico&#8230;\u201d Y ensayaba cada una de las palabras que le dir\u00eda a su hijo en un futuro inmediato, palabras que zanjar\u00edan la hostilidad de los \u00faltimos a\u00f1os y abrir\u00edan un futuro de esperanza. Teji\u00f3 con palabras sus sue\u00f1os: amor de madre, confianza de hijo, fe en el futuro, familia feliz, paz, alegr\u00eda, respeto&#8230; Sin embargo, la realidad se obstinaba en avanzar en sentido contrario: sus di\u00e1logos so\u00f1ados no eran m\u00e1s que su mon\u00f3logo interior y el muro que sent\u00eda alrededor de su hijo, se hac\u00eda cada vez m\u00e1s inexpugnable. Por fin un d\u00eda, cuando ya se sent\u00eda a punto de morir de tristeza, su hijo se acerc\u00f3 a pedirle ayuda &#8230;<br \/>\nSinti\u00f3 que la vida le estaba haciendo un terrible fraude. Su protecci\u00f3n y sus cuidados no hab\u00edan sido para esto, no era para esto para lo que hab\u00eda intentado apartarlo de otras compa\u00f1\u00edas, no eran para este momento las palabras imaginadas tantas veces y no era la esperanza sino la desesperaci\u00f3n lo que estaba viendo en los ojos de su hijo. \u201cNo es verdad que la pena ahoga\u201d-pens\u00f3-, porque ella sigui\u00f3 respirando y hasta pudo hablar, cambiando, eso s\u00ed, las palabras ensayadas por otras que no quiso imaginar nunca y que, a partir de ese momento, repiti\u00f3 muchas veces, tantas como su hijo entendi\u00f3 que necesitaba una mano tendida, sin querer ver que esta mano era, cada vez m\u00e1s, un brazo\u00a0 ejecutor, m\u00e1s c\u00f3mplice que ayuda, m\u00e1s protecci\u00f3n irracional que apoyo responsable.<br \/>\nElla empez\u00f3 entonces a sentir cuestionada su actitud, a notar otros rechazos, a escuchar murmullos de desaprobaci\u00f3n. Su respuesta fue mirar a los dem\u00e1s con recelo, apartar a quien siempre estuvo a su lado, olvidar el pasado y negar el futuro. Decidi\u00f3 que el presente s\u00f3lo eran ella y su hijo, su hijo que la necesitaba y ella, que no pod\u00eda fallarle. \u00bfQui\u00e9n ten\u00eda derecho a reprobar su actitud? No estaba dispuesta a comprender nada, porque era su hijo el que necesitaba comprensi\u00f3n y s\u00f3lo ella pod\u00eda d\u00e1rsela: quer\u00eda a su hijo porque era su hijo, porque ella era su madre&#8230; Ni familia ni amigos le har\u00edan desistir de esa hu\u00edda hacia delante, de no querer ver la realidad de un abismo a sus pies. No quer\u00eda escuchar m\u00e1s palabras: ni voluntad ni fortaleza, ni debilidad ni fracaso&#8230; no quer\u00eda hablar de esperanza, ni de amor, ni de ilusi\u00f3n, ni de sacrificio&#8230;Las palabras que no conoc\u00eda en su juventud, las palabras que le revelaron una realidad que nunca hab\u00eda imaginado, las palabras que dieron forma a sus sue\u00f1os, todas las palabras que hab\u00eda dicho y escuchado, no eran m\u00e1s que adjetivos, verbos o pronombres que enmarcaban las dos palabras esenciales, justas, imprescindibles de su existencia:\u201cMi hijo\u201d. Luch\u00f3 con renovadas fuerzas por\u00a0 imponer su criterio y se sent\u00eda recompensada cuando cre\u00eda percibir alg\u00fan reconocimiento en los ojos de su hijo, alguna migaja de comprensi\u00f3n&#8230; Sabe que muchas veces ha estado al borde de la locura, que ha defendido lo indefendible contra todo y contra todos, pero siempre hab\u00eda una raz\u00f3n, una excusa, una coartada, que explicara el proceder de su hijo&#8230; Tambi\u00e9n hoy, cuando ha pegado a su padre, ha dicho que estaba muy nervioso y no sab\u00eda lo que hac\u00eda, que la culpa era de su marido que no trata de entenderlo pero, en el fondo de su coraz\u00f3n seco de l\u00e1grimas, sabe que est\u00e1 cometiendo una terrible injusticia.<\/font><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se ha hecho el silencio, pero no la paz, porque no hay paz en las miradas de odio ni en\u00a0 el dolor de las miradas;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/187"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=187"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/187\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=187"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=187"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=187"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}