{"id":82,"date":"2008-03-25T20:42:14","date_gmt":"2008-03-25T19:42:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=82"},"modified":"2008-03-25T20:42:54","modified_gmt":"2008-03-25T19:42:54","slug":"65-cuando-viajar-era-todavia-una-aventura-por-andres-melville","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=82","title":{"rendered":"65-Cuando viajar era todav\u00eda una aventura. Por Andr\u00e9s Melville"},"content":{"rendered":"<p><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Ser\u00eda poco m\u00e1s de la media tarde cuando el patr\u00f3n del falucho de pesca aceptaba al fin llevarnos a Formentera. El viento estaba todav\u00eda en calma, aunque, seg\u00fan nos explicaron, los d\u00edas anteriores hab\u00eda soplado el mistral con una fuerza m\u00e1s que regular. Todav\u00eda el aire manten\u00eda la transparencia caracter\u00edstica de este tipo de tiempo.<!--more--><br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Recuerdo que Gertrud y yo nos hab\u00edamos obstinado en llegar aquel mismo d\u00eda a Formentera. Lo que nos esperaba en la peque\u00f1a isla nos entusiasmaba, es cierto. Unos cuantos d\u00edas de abandono en el silencio de los pinos y las sabinas de aquellos parajes solitarios. Pero hab\u00edan sido los avatares iniciales del viaje lo que, sin duda, nos hab\u00eda precipitado en la determinaci\u00f3n inamovible de llegar aquella misma tarde a destino. Hab\u00edamos pasado toda la noche anterior conduciendo y cuando llegamos al aeropuerto de Barcelona el sol empezaba ya a iluminar t\u00edmidamente.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Ten\u00edamos billetes para un vuelo que sal\u00eda a primera hora de la ma\u00f1ana para Ibiza. Pero otros contratiempos sufridos cerca de Barcelona amenazaban nuestro prop\u00f3sito de nuevo. Al llegar al aeropuerto s\u00f3lo pudimos ver con indignaci\u00f3n impotente como nuestro avi\u00f3n ya se alejaba hacia las pistas para despegar.\u00a0 Los dos nos lanzamos a buscar la combinaci\u00f3n de vuelos que m\u00e1s pronto nos permitiera llegar al puerto de Ibiza, dispuestos a embarcar para Formentera. Afortunadamente, en breve podr\u00edamos coger un vuelo para Mallorca y desde all\u00ed otro para Ibiza. Volv\u00edamos a mirar con optimismo la culminaci\u00f3n de nuestro viaje.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">No voy ahora a pormenorizar los detalles, pero una espera inexplicable en el aeropuerto de Palma y la lentitud de un taxi viejo y ruidoso que nos acerc\u00f3 al puerto de Ibiza, hicieron posible que lleg\u00e1ramos al muelle justo cuando el barco de Formentera doblaba por delante del faro del espig\u00f3n, alej\u00e1ndose de nosotros. Esto era ya desesperante. Nos tuvimos que consolar viendo que otros viajeros tambi\u00e9n perd\u00edan este \u00faltimo viaje del correo. Todos se fueron retirando resignadamente del muelle, menos una mujer cuyo aspecto me resultaba familiar. Pronto la reconoc\u00ed. Era una se\u00f1ora inglesa que resid\u00eda en Formentera desde hac\u00eda tiempo y con la cual hab\u00edamos coincidido en diversas ocasiones durante el \u00faltimo verano. La saludamos y pronto mi amiga y yo nos pusimos de acuerdo con ella para ir a hablar con los pescadores y ver si alguien estaba dispuesto a llevarnos hasta La Sabina,\u00a0 el puerto de Formentera.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Nos dirigimos hacia la zona donde amarran los barcos de pesca y muy pronto nos indicaron que habl\u00e1semos con el patr\u00f3n del\u00a0 <em>Botafoc. <\/em>As\u00ed lo hicimos. El patr\u00f3n, antes de contestarnos, se fue paseando hasta los acantilados de <em>Sa Penya<\/em> y estuvo observando durante unos minutos el estrecho que separa Formentera de Ibiza. Este estrecho, <em>Es Freus,<\/em> es el paso obligado para toda embarcaci\u00f3n que desde el puerto de Ibiza pretenda alcanzar el de La Sabina, en Formentera. Es un paso interrumpido por innumerables islotes\u00a0 y escollos, que dejan, aproximadamente en la parte central, una abertura m\u00e1s ancha que est\u00e1 desde antiguo se\u00f1alizada por dos faros. Tambi\u00e9n me acerqu\u00e9 yo a este observatorio natural del mar, que permite ver la ensenada que se forma al sur de la ciudad de Ibiza e incluso el estado del mar al otro lado del Estrecho, en la parte de poniente. La verdad es que la posici\u00f3n del sol a esta hora de la tarde ya no permit\u00eda ninguna observaci\u00f3n precisa. Era muy dif\u00edcil distinguir, mirando a contraluz, algo m\u00e1s que los puntos oscuros de los islotes. De todas formas, el hecho de que el viento no hubiera soplado durante los dos \u00faltimos d\u00edas era una garant\u00eda\u00a0 de que el viaje no ofrecer\u00eda problemas. As\u00ed debi\u00f3 de considerarlo tambi\u00e9n el patr\u00f3n ya que accedi\u00f3 a llevarnos.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Sin p\u00e9rdida de tiempo nos acomodamos como pudimos en la cubierta del falucho. Se trataba de una embarcaci\u00f3n de no m\u00e1s de diez metros, dotada de un motor muy ruidoso que de golpe nos sumi\u00f3\u00a0 en una sordera casi absoluta. Enseguida salimos del puerto y la proa enfil\u00f3 el todav\u00eda lejano estrecho de <em>Es Freus. <\/em>El patr\u00f3n llevaba la barra del tim\u00f3n, en la popa. Un marinero joven, que se hab\u00eda embarcado tambi\u00e9n, tan pronto vigilaba desde proa como se introduc\u00eda en la cabina del motor. Seg\u00fan nos dijeron, la duraci\u00f3n del viaje iba a ser de unas dos horas.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Todo discurr\u00eda con normalidad. Incluso nosotros tres fuimos recuper\u00e1ndonos algo de la molesta sordera del principio. El mismo camino del barco y una ventolina muy suave que empez\u00f3 a levantarse desde poniente, que a lo m\u00e1s rizaba suavemente la superficie del agua, hizo que perdi\u00e9ramos el estruendo del motor por la popa. \u00cdbamos\u00a0 sentados encima de las escotillas cerradas de la parte central de la embarcaci\u00f3n. Procuramos aproximarnos de tal manera que fuera posible mantener una conversaci\u00f3n sin gritar demasiado. Recuerdo perfectamente que la excitaci\u00f3n de vernos metidos en medio del mar, sobre las tablas de una cubierta que cada vez se nos antojaba m\u00e1s peque\u00f1a, nos hizo extremadamente locuaces. Dej\u00e1bamos atr\u00e1s la enorme mancha ocre de la ciudad amurallada de Ibiza y por estribor se iban sucediendo\u00a0 los islotes casi negros que cierra la larga playa de <em>En Bossa<\/em>.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Hab\u00eda, de todas formas, una inquietud creciente, que no me pas\u00f3 desapercibida, en los dos marineros. La\u00a0 ca\u00edda del sol coincid\u00eda con el aumento r\u00e1pido de una nubosidad espesa, impulsada, al parecer, por aquel viento de poniente suave todav\u00eda, es cierto, pero que hab\u00eda refrescado en un per\u00edodo de tiempo relativamente corto. Tuvimos que abrocharnos bien los abrigos y situarnos m\u00e1s hacia popa para evitar las salpicaduras del agua. La nubosidad ocupaba ya una franja bastante alta en el horizonte, lo cual hizo disminuir considerablemente la luz del d\u00eda. Nos est\u00e1bamos acercando a la peque\u00f1a isla que cierra la abertura principal del estrecho, no lejos de la costa ibicenca, y sobre la que se encuentra uno de los dos faros,\u00a0 el llamado faro de <em>Els Penjats<\/em>. El mar se hab\u00eda convertido en una \u00a0superficie negruzca que empezaba a reflejar con viveza los destellos de los faros. Las luces reglamentarias de a bordo tambi\u00e9n se hab\u00edan encendido.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">El faro brillaba cada vez m\u00e1s cerca de nosotros y poco a poco el barco tuvo que irse situando en el centro del paso que nos permitir\u00eda avanzar hacia el puerto de la Sabina. La visibilidad hab\u00eda disminuido tanto que ya s\u00f3lo era posible guiarse por los faros. En un momento determinado observ\u00e9 que el marinero joven, que iba situado en la proa, intentaba comunicarle al patr\u00f3n algo que deb\u00eda ser importante a juzgar por los gritos crispados que daba. Pero el ruido del motor y del viento lo imped\u00eda. Fueron impresiones rapid\u00edsimas, pero apenas empec\u00e9 a o\u00edr los gritos del marinero vi como por la proa se acercaba una mole negra contra la que irremisiblemente \u00edbamos a estrellarnos. Fracciones de segundo despu\u00e9s, el marinero de la proa pas\u00f3 saltando como un gato por encima de nosotros y se situ\u00f3 al lado del patr\u00f3n. Lo \u00fanico que pudimos hacer los tres pasajeros fue agarrarnos con fuerza a las puertas de las escotillas y tumbarnos completamente sobre cubierta para no ser arrastrados por el inminente golpe de mar. El patr\u00f3n actu\u00f3 con gran serenidad y apenas fue consciente de la situaci\u00f3n redujo dr\u00e1sticamente la fuerza del motor. Recibimos la embestida de la ola gigante con una marcha ya muy moderada. El falucho levant\u00f3 la proa incre\u00edblemente y tardamos varios segundos en coronar aquella monta\u00f1a de agua. Pero lo que realmente nos produjo p\u00e1nico fue descubrir el vac\u00edo negr\u00edsimo que arrastraba tras de s\u00ed. Los marineros nos dijeron a gritos que lo importante era mantenerse tendidos y fuertemente agarrados a cualquier punto s\u00f3lido de la cubierta. El barco se precipit\u00f3 al vac\u00edo, pero habiendo perdido ya el impulso del motor, era llevado por el movimiento del mar sin ofrecer resistencia. Esto garantizaba que el golpe \u00a0fuera mucho menos violento. Nunca he sabido si Gertrud y la se\u00f1ora inglesa fueron conscientes en aquel momento de lo cerca que estuvimos de que el mar nos tragara para siempre. Los marineros y yo, que siempre he estado pendiente de las mil caras del Mediterr\u00e1neo, s\u00ed que lo fuimos y de qu\u00e9 manera.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Detr\u00e1s de la primera ola vinieron otras dos de caracter\u00edsticas semejantes. Pero pasada la tercera, el barco vir\u00f3 violentamente a babor y con el motor a tope se lanz\u00f3 en una estruendosa carrera huyendo de aquella zona del estrecho. La hu\u00edda se produc\u00eda en direcci\u00f3n sureste, aproximadamente, lo cual nos permit\u00eda acercarnos algo a las islas y rocas que bordean el estrecho por el lado sur. Durante unos minutos pareci\u00f3 que ya definitivamente el patr\u00f3n desist\u00eda de cruzar el paso y que, por tanto, regresar\u00edamos a Ibiza. Pero no tard\u00f3 mucho en descubrir que despu\u00e9s de unas cuantas olas m\u00e1s grandes se produc\u00eda un per\u00edodo relativamente largo de una mar m\u00e1s tranquila que permit\u00eda seguir avanzando. Se decidi\u00f3 al fin por afrontar de nuevo el oleaje: avanz\u00e1bamos al m\u00e1ximo cuando se produc\u00eda la bonanza y nos qued\u00e1bamos a merced de las olas cuando \u00e9stas se presentaban. De este modo conseguimos cruzar toda la zona del estrecho. El avance se hac\u00eda muy dif\u00edcil y la oscuridad de la noche aumentaba el peligro, a la vez que se hac\u00eda necesario ir buscando las l\u00edneas de penetraci\u00f3n m\u00e1s alejadas de donde la fuerte corriente arrastraba el oleaje. Era igualmente de capital importancia mantenernos alejados de los escollos de la costa, \u00fanicamente anunciados por el resplandor blanco de los rompientes.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Para una traves\u00eda que no deb\u00eda durar m\u00e1s de dos horas fue necesario emplear cerca de cuatro. El mal tiempo se nos present\u00f3 cuando ya llev\u00e1bamos m\u00e1s de una hora navegando pero desde aquel momento el avance fue irregular, casi imperceptible a ratos. Cuando llegamos al puerto de la Sabina empezamos a darnos cuenta de detalles de nuestra situaci\u00f3n que hasta aquel momento hab\u00edan pasado desapercibidos. \u00cdbamos, por ejemplo, completamente mojados de arriba abajo y ten\u00edamos las manos agarrotadas por el fr\u00edo y por el esfuerzo de mantenernos agarrados a la cubierta. Afortunadamente el restaurante Bellavista estaba abierto todav\u00eda y el guisado de mero que Paco nos prepar\u00f3 nos devolvi\u00f3 al mundo de los vivos.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><span lang=\"ES-CR\"><font size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\">Alguna que otra vez nos hemos encontrado, despu\u00e9s, los supervivientes de aquel viaje y de nuevo hemos brindado para que lo peor que nos espera en el futuro sea como aquel anochecer.<br \/>\n<\/font><\/font><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser\u00eda poco m\u00e1s de la media tarde cuando el patr\u00f3n del falucho de pesca aceptaba al fin llevarnos a Formentera. El viento estaba todav\u00eda en calma, aunque, seg\u00fan nos explicaron, los d\u00edas anteriores hab\u00eda soplado el mistral con una fuerza m\u00e1s que regular. 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