{"id":99,"date":"2008-03-31T10:49:38","date_gmt":"2008-03-31T09:49:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=99"},"modified":"2008-03-31T10:53:03","modified_gmt":"2008-03-31T09:53:03","slug":"81-perla-por-pedro-perez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/5certamen\/?p=99","title":{"rendered":"81- Perla. Por Pedro P\u00e9rez"},"content":{"rendered":"<p>Al pie de aquel muro cavaron una noche la imprevista sepultura de Perla. Una perra fiel y cari\u00f1osa, y agradecida hasta el \u00faltimo aliento de vida. Nando llor\u00f3, de espaldas a su hermano, bajo la escasa luz de una luna menguante.<!--more--><span lang=\"ES-TRAD\"><br \/>\n<\/span>Fue muerta de un tiro de escopeta.<br \/>\nLa que tantas veces hab\u00eda recogido las piezas abatidas fue derribada con la misma arma en un arrebato de afirmaci\u00f3n airada por su amo, por el mismo que la acariciara y mimara, no sin cierta aspereza, cuando volv\u00eda con el trofeo entre los dientes o ladraba indic\u00e1ndole el lugar donde hab\u00eda ca\u00eddo.<\/p>\n<p>Para ese hombre quedaban ya muy atr\u00e1s las ilusiones juveniles y arrogantes, los proyectos de hacerse un lugar desde donde destacar de sus camaradas y contra los vencidos de aquella guerra, la emigraci\u00f3n a Barcelona, la huida hacia delante como tantos otros hicieron, el matrimonio acelerado y la llegada peri\u00f3dica de los hijos, la resistencia a compartir con la familia de su hermano un espacio reducido donde la intimidad violada era la regla, el empleo que tanto prometiera y, m\u00e1s tarde, la paulatina marginaci\u00f3n por las promociones m\u00e1s j\u00f3venes, algunas m\u00e1s preparadas y, la mayor\u00eda, m\u00e1s \u201capadrinadas\u201d. Tambi\u00e9n quedaba atr\u00e1s el inofensivo y grato recurso a unos tragos despu\u00e9s de la jornada.<\/p>\n<p>Todo ocurri\u00f3 muy deprisa. Lleg\u00f3 ebrio como de costumbre, pero m\u00e1s temprano. Subi\u00f3 la escalera maldiciendo a los camaradas trepadores, maldiciendo la vida, maldiciendo cielo y tierra.<\/p>\n<p>Nando fue a abrir la puerta, no por la insistencia de los golpes, sino por la de su madre. Manuel -apodado el matarrojos por algunos parroquianos de la \u00fanica taberna de la calle- atraves\u00f3 el comedor como una furia buscando con los ojos encendidos, los brazos en lucha y los dedos tr\u00e9mulos y descontrolados, la v\u00edctima propiciatoria donde verter su hiel. Perla corri\u00f3 a recibir a su amo como siempre, moviendo el rabo, contenta y lami\u00e9ndole los pies, con tan mala fortuna que le hizo tropezar y a punto estuvo de caer sobre la mesa camilla. \u00c9ste le propin\u00f3 un puntapi\u00e9 al tiempo que la increpaba y blasfemaba sin freno. La madre de Nando sali\u00f3 de su habitaci\u00f3n al o\u00edr el vocer\u00edo y pudo ver como su marido, de un manotazo, arroj\u00f3 al suelo el jarr\u00f3n de loza fina, regalo de bodas de su madre. Remedios perdi\u00f3 la paciencia al ver los a\u00f1icos esparcidos y le espet\u00f3 que ya estaba harta de aguantar tanto pend\u00f3n. El desaf\u00edo de su esposa lo encresp\u00f3 a\u00fan m\u00e1s. Voce\u00f3 su condici\u00f3n de hombre y arremeti\u00f3 contra ella, asi\u00e9ndola por el cuello. La mujer tom\u00f3 lo primero que le vino a mano: una plancha de carb\u00f3n de encima de la mesa camilla. Le dijo que si daba un paso m\u00e1s: \u201c<em>Por esta cruz, que te la plantifico en la cabeza, so mamarracho, poco hombre, borrachuzo<\/em>\u201d. La amenaza inusitada de aquella mujer, que hab\u00eda hecho de la resignaci\u00f3n una bandera, lo contuvo unos instantes.<\/p>\n<p>No era la primera vez que Nando presenciaba escenas semejantes, pero presinti\u00f3 que \u00e9sta era distinta. En lugar de ir a encerrarse a su habitaci\u00f3n se fue a un rinc\u00f3n de la galer\u00eda abierta al comedor. Desde all\u00ed, junto a Perla temblorosa y dolorida, lo presenci\u00f3 todo. Su padre, desnudo ante la plancha amenazadora y herido en su orgullo, en cuatro zancadas se plant\u00f3 en la galer\u00eda, cogi\u00f3 de una caja larga la escopeta de caza y un cartucho que, de tan tembl\u00f3n, no acertaba a introducir. Remedios corri\u00f3 despavorida a la habitaci\u00f3n donde hab\u00eda engendrado y parido a sus dos \u00faltimos hijos. Cuando Manuel consigui\u00f3 introducir el cartucho y, a traspi\u00e9s, lleg\u00f3 hasta la puerta tras la que su mujer se hab\u00eda encerrado con balda, la pate\u00f3 con el firme \u00e1nimo de hacer valer sus derechos de hombre y ahog\u00f3 en insultos los gritos de su mujer. Nando segu\u00eda desde el rinc\u00f3n el acontecimiento, inm\u00f3vil y rabiosamente mordido por la impotencia.<\/p>\n<p>El perro de un almac\u00e9n de curtidos empez\u00f3 a ladrar y a saltar contra la tapia en direcci\u00f3n a la galer\u00eda. Perla, refugiada entre las piernas de Nando, tiritaba.<\/p>\n<p>Todo parec\u00eda ponerse en contra de aquel hombre. Los ladridos del mast\u00edn los tom\u00f3 como una queja a su proceder. Dej\u00f3 a su mujer que gritase cuanto quisiera y volvi\u00f3 a la galer\u00eda. Amenaz\u00f3 con la escopeta al vecindario que curioseaba desde los balcones y los patios. Apunt\u00f3 al mast\u00edn ladrador; lo apremi\u00f3 a callarse, mas el perro sigui\u00f3 ladrando. Perla se acerc\u00f3 a su amo, renca por la patada, se envalenton\u00f3 y contest\u00f3 con t\u00edmidos ladridos que, a poco, se transformaron en m\u00e1s vivos, resueltos y sonoros, hasta librar una ensordecedora batalla con el poderoso mast\u00edn. Su amo le orden\u00f3 varias veces que se callase, pero Perla sigui\u00f3 ladrando sin apercibirse del ca\u00f1\u00f3n de la escopeta que le apuntaba justo a la cabeza. Fue breve. Un solo tiro. Perla rod\u00f3 por la galer\u00eda, se estremeci\u00f3 varias veces y qued\u00f3 de costado con los ojos abiertos y desencajados. Manuel, todav\u00eda\u00a0 enardecido, mir\u00f3 desafiante a los vecinos ya en retirada hacia el interior de sus casas. Se produjo un profundo y fr\u00edo silencio, s\u00f3lo roto por los aullidos\u00a0 lastimeros del mast\u00edn. Por un instante los ojos de Perla recobraron la placidez que la caracterizaba cuando con la cabeza sobre sus patas delanteras se dispon\u00eda a sestear en la galer\u00eda. Manuel se dio cuenta de que su perra lo abandonaba, que la mirada de Perla se oscurec\u00eda sin un solo reproche. \u00a1Maldita seas!, dijo apretando la escopeta con fuerza y abraz\u00e1ndola como un amante posesivo. \u00a1Maldita\u2026seas!, exclam\u00f3 de nuevo. Se agarr\u00f3 a la baranda y de espaldas a la pared fue desliz\u00e1ndose hasta quedar sentado, con la mirada perdida. Fue entonces cuando Nando rompi\u00f3 el silencio deshaci\u00e9ndose en un llanto quedo y prolongado y penetrado hasta sus m\u00e1s \u00edntimas entra\u00f1as por los ojos ya apagados de Perla. Se irgui\u00f3 impulsado por una rabia desconocida hasta entonces hacia el hombre que hab\u00eda matado a Perla, hacia todo y hacia \u00e9l mismo por no haber tenido arrestos\u2026 Sinti\u00f3 deseos de insultarlo, darle patadas, morderlo, ara\u00f1arlo, reducirlo a pedazos y, correr y correr&#8230; Apret\u00f3 los dientes, gru\u00f1\u00f3 para s\u00ed y estamp\u00f3 el pu\u00f1o en la jaula del canario, dio un puntapi\u00e9 a una silla y desapareci\u00f3 tras la puerta del cuarto que compart\u00eda con tres hermanos m\u00e1s.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, cuando Nando sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n encontr\u00f3 a su madre trajinando como de costumbre y a Francisco, su hermano mayor. \u00c9ste hab\u00eda metido la perra en un cubo, entre papel de peri\u00f3dicos.El canario revoleaba despavorido cada vez que pasaban por delante de la maltrecha jaula. Una alfombra de plumas finas en desorden cubr\u00eda el fondo de la misma.\u00a0<\/p>\n<p>Parec\u00eda que nada hubiese ocurrido, pero la muerte de Perla hab\u00eda desatado en Nando una tempestad en el adormecido mar de sus adentros, un oleaje incontenible que iba y ven\u00eda arrojando recuerdos dif\u00edciles de entender y dif\u00edciles de olvidar.Francisco le dijo: \u00a1Vamos!<\/p>\n<p>Nando no entend\u00eda nada de lo ocurrido. Pens\u00f3 que Perla no era mala, que no era como aquellos que mat\u00f3 su padre en la guerra, de la que solo conoc\u00eda los hechos heroicos por los maestros de la Escuela Nacional, por los pocos que frecuentaban un local de Falange Espa\u00f1ola donde jugaba al ping-pong, y por boca de su padre cuando se jactaba de que hab\u00eda arrojado a m\u00e1s de uno desde un puente y rematado desde arriba hasta asegurarse de que ya no se mov\u00eda, y que en las apuestas con los camaradas hab\u00eda llegado a ganar un reloj.\u00a0 \u201c<em>Mira, le dec\u00eda a Nando, es bueno, todav\u00eda funciona<\/em>\u201d. Hac\u00eda gala de que su punter\u00eda era la envidia de todos. Pero Perla no era desobediente; su \u00fanico pecado fue que no oy\u00f3 la orden de su padre y por eso sigui\u00f3 ladrando y, ahora estaba enterrada, muerta para siempre. Sinti\u00f3 que su padre no s\u00f3lo hab\u00eda matado a Perla, a \u00e9l tambi\u00e9n le hab\u00eda arrancado de golpe algo que no sab\u00eda manifestar. Vio tan de cerca la muerte\u2026, y tan alejada de las historietas del Guerrero Del Antifaz y de las pel\u00edculas americanas donde siempre ganaban los buenos\u2026No sab\u00eda el qu\u00e9, solo sab\u00eda que algo se le romp\u00eda por dentro. En pocas horas el mundo hab\u00eda girado a velocidad de v\u00e9rtigo arrastr\u00e1ndolo a dimensiones desconcertantes.Despu\u00e9s del \u00faltimo adi\u00f3s a Perla, la \u00fanica farola en el camino de regreso delat\u00f3 que Nando hab\u00eda llorado. Francisco estuvo tentado de echarle una mano sobre el hombro, pero en la familia las muestras de afecto no eran bien vistas. Record\u00f3 que m\u00e1s de una vez su padre le dijo que llorar es de d\u00e9biles y cobardes, cosas de mujeres, y que el afecto entre hombres es de maricones.<\/p>\n<p>El lugar donde Perla cay\u00f3 muerta estaba h\u00famedo y desprend\u00eda un fuerte olor a lej\u00eda. El padre de Nando segu\u00eda inm\u00f3vil como antes, abrazado a la escopeta y con los ojos gachos. Al ver a su hijo fij\u00f3 en \u00e9l sus ojos rojos y desafiantes. La contienda segu\u00eda libr\u00e1ndose en lo rec\u00f3ndito y fieramente defendido orgullo de aquel hombre que se ten\u00eda por un invicto caballero espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Aquella noche cenaron los cuatro hermanos y la madre sin mediar palabra alguna, en silencio profundo y dominante. Talmente parec\u00eda que una presencia muda e invisible presidiera la mesa, mientras aquel hombre segu\u00eda fuertemente abrazado a su fidel\u00edsima amante con los ojos fijos en el suelo, no muy lejos de donde Perla call\u00f3 para siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al pie de aquel muro cavaron una noche la imprevista sepultura de Perla. Una perra fiel y cari\u00f1osa, y agradecida hasta el \u00faltimo aliento de vida. 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