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46-Regalo de Empresa. Por Abimis

La “ Building Industries Union” no podía haber encontrado un empleado más dedicado a su tarea que José Gómez Llana, hombre de pocas ambiciones, puntual y disciplinado, que desempeñaba tareas sencillas y cotidianas como atender los deseos del Presidente con prontitud, llevarle el café recién hecho cuando se le oyera entrar al despacho, clasificar la prensa del día según el gusto de su lectura , servir lo que apeteciera a los visitantes, tener preparado algún cambio de ropa si surgía alguna reunión importante, en fin, disponer de lo que fuera necesario según lo requirieran las circunstancias.

Aquél día de diciembre, el anterior a  la Nochebuena, como todas la mañanas a las seis se había despedido de su mujer Rosa besándola en la mejilla, hecho que repetía con placer y no como mero hábito desde hacía ya más de veinticinco años, casi el mismo tiempo de su antigüedad en la empresa donde su presencia era casi imperceptible, hasta el punto de que no cohibía ninguna conversación del Presidente o de los ejecutivos que se reunían en su despacho.

Llevaba demasiados años escuchando sin filtrar datos relevantes a la competencia o simplemente al exterior con el fin de sacar alguna ventaja individual o aprovecharse del gran poder de la información.

Era consciente de ser una especie de adorno del mobiliario, ignorado, pero tenía la seguridad de que la estabilidad de su hogar se debía a tal actitud, necesitaba la permanencia en su puesto aunque significara una vida irrelevante.

Su jefe tenía sesenta y tres años, y según algunas revistas de cotilleos era poseedor de una fortuna que no hubiera podido gastar en otros tantos años, pero la única misión de José consistía en atenderle y en no pensar siquiera en los numerosos artículos de la prensa amarillista que revelaban todo tipo de comentarios sobre sus finanzas o vidas paralelas a su vida privada.

Aquel día en el que la empresa ofrecía la fiesta típica de celebración de la Navidad al tiempo que homenajeaba a quienes cumplían una especie de bodas de plata en su trabajo, costumbre generalizada en el país de origen de la misma, los hábitos se sucedieron como siempre .

-Buenos días señor, su café…

-Gracias José, fue la respuesta.

Mientras el Presidente se acomodaba, y abría el maletín sobre el escritorio,  miró a José que esperaba cualquier otra petición, pero el Presidente le dedicó la habitual expresión dirigida a quienes cumplían veinticinco años en la empresa.

– Qué José…¿ Preparado para la fiesta de esta tarde?, ya sabes que como es costumbre en nuestra empresa habrá un regalo especial para quienes cumplen veinticinco años con nosotros.

-Lo sé señor, gracias, susurró José para evitar molestar más de lo necesario, mientras su jefe le mostraba que ya no lo precisaba y podía retirarse. 

Como sucede los días en que se celebra algo, los empleados estaban algo dispersos o perezosos y aunque parecía que las horas pasaban más lentas que de costumbre llegó el momento de la celebración navideña, que se realizaba como todos los años en un salón de actos acondicionado a tal fin donde se reunían unas quinientas personas entre altos directivos que aparentemente se hermanaban con ejecutivos de rango medio y con empleados de categorías menores.

El silencio se apoderó del espacio cuando los asistentes se percataron de la presencia del patriarca de la empresa que, tras dirigirse al atril,  comenzó un discurso apreciado exclusivamente por José a la espera de su momento especial.

– Como todos saben, la empresa premia a quienes han cumplido veinticinco años con nosotros con una medalla y un reloj de oro como agradecimiento por el esfuerzo y la lealtad mostrada…Y este año el premiado no es otro que José Gómez Llana.

Los aplausos interrumpieron el discurso y enrojecieron al homenajeado que se convirtió, por una sola vez en su vida, en el centro de atención de todas las miradas mientras subía al estrado a una señal del Presidente.

Después de las fotos, los apretones de manos, la sonrisa de José fue apagándose mientras lucía su reloj de oro en la muñeca, la medalla en la solapa, y volvía a atender el discurso de su jefe pero ya sin tanto interés porque había pasado el momento esencial para él aunque el discurso cambió algo porque el Presidente decidió comunicar que su hijo ocuparía su lugar.

Las miradas se giraron al tiempo que seguían el acercamiento y el abrazo entre hijo y padre, pidiendo el segundo la misma lealtad a su hijo que la que él había recibido en tantos años.

 ¡Ese niño mimado Presidente!. ¡Máster de no sé qué!, sabelotodo y sin experiencia, ¡Qué suerte tiene de haber nacido donde nació! pensaba José mirando su regalo.

El discurso continuaba.

-Y no se olviden de llevarse las cestas para disfrutar con sus familias y brindar por la empresa…

Más aplausos, murmullos, besos y abrazos con los mejores deseos llenaban el ambiente, pero José escapó de ellos, quería llegar a su casa para estar con Rosa.

Mientras viajaba en el metro, sus dedos acariciaban la medalla pensando que haría Rosa en esos momentos, ¿ le estaría esperando?.

Mientras tanto Rosa sentada en el sillón de la sala se preguntaba cómo le explicaría a su marido el contenido del telegrama que acababa de llegar y que releía una y otra vez sintiendo que las palabras martillaban en su cabeza…

Sr. D. José Gómez Llana

La nueva Presidencia de la empresa ha decidido prescindir de sus servicios…

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