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69-No me importa lo que digan. Por Presal

No me importa le dije a Rosa:

-No me importa lo que digan cuatro idiotas de la medicina, me importa poco lo que hayan podido decir de mí en esa sala en la que se han reunido para decidir mi futuro.

         Aunque la verdad me importará mucho, porque todo aquello que me había acompañado hasta aquel día empezaba a desvanecerse como si todo fuera producto de una ilusión desbordada, en la vida me había planteado que yo estará enfermo, para mí la vida era otra cosa era esperar a la voluntad de Dios, que hiciera conmigo lo que hizo con sus seguidores más fieles darles fortaleza voz y una fe desmesurada en sus capacidades. Y no que fuera resultado del más común de los enfermos estar completamente tarado, eso debatían en aquella sala, mi enfermiza obsesión por sentirme superior, por notar que yo tenía otro destino diferente al más común de los mortales, en verdad tenía una labia desquiciante producto de un álgido estado de euforia al sentirme dichoso de la fe que emanaba mi cuerpo por cada poro. Una labia capaz de tirar por tierra cualquier predicado que fuera narrado en mi contra, era capaz de desmontar el más viejo de los argumentos. Porque me creía con el poder del don de la razón. Aunque definitivamente no me apeteciera rebatir en nada las preguntas que me planteaban porque desde mi punto de vista, sabía, que ellos me miraban como a otro paciente más y por supuesto no atenderían a ninguna de mis exigencias.

         Supongo que me veían como un fanático de la religión incapaz de hacer nada por mi cuenta, carente de cualquier tipo de poder sobrenatural, lo único ferviente en mí era mi afilada lengua, una voz que podían minar con fármacos que harían que mi capacidad cerebral se detuviera y que volviera a estar en un estado de cordura y el hecho es que así fue cuando mi cerebro volvió a colocarse químicamente estable, reaccione como imaginaban, por tanto no había ninguna cabida de que estaba enfermo.

         Me hicieron multitud de pruebas antes de llegar a un diagnóstico para ellos evidentemente claro, condenándome con ello a ser etiquetado como un loco más cuya locura podía ser controlado mediante la ingesta de psicofármacos.

         Nada más lejos de la realidad pensaba yo que no podía aceptar ser tratado como un enfermo mental, ¿qué era eso de los enfermos mentales?, no era un cuento chino que alguien se había inventado para no tratar de encontrar un porque a un asunto banal de permanecer ciegamente ofuscado en defender una realidad que ningún ojo humano era capaz de ver.

         Y con la sentencia de mi enfermedad me fui a casa deseando quitarme de en medio, porque alguien había sentenciado que no estaba cuerdo, que la realidad de las cosas era bien distinta a como mis ojos la veían. Pensando que un loco esta peor visto que un mendigo.

         Podría decir que los años pasaron y que supere esta etapa de mi vida, en la que tomando la medicación recobre paso a paso la cordura, pero mentiría, mentiría de manera desahogada. Cuando alguien dice de ti que has perdido la cabeza por algún motivo de la vida rara vez la recuperas y el destino se convierte para ti en una verdadera escalada alpina.

         Rosa me abandono o la abandone yo no recuerdo que fue primero si rosa o mis amigos, el hecho es que la soledad se convirtió en mi pareja de baile, cerré las puertas de mi vida y me dedique a pensar que me moría, soñé tantas veces con la muerte que le empecé a coger el gustillo a la vida, jugar con mi poder de dialecto me divertía, y cuando me sentí capaz abandone la medicación para sentir en mi el poder que te hace sentirte bien aunque todo esté en tu contra y todo el mundo sepa que andas por el camino de la amargura.

         Si algo he aprendido en la vida es que vale más creerse una mentira que hacer caso de una realidad baldía, mientras me sentía omnipotente y tenía a mi ángel guardián velando cada una de las patas de mi cama y los astros resplandeciendo en el cielo celebrando que pronto llegaría el día de mi consagración divina. Ningún problema superfluo de la vida alteraba mi percepción de que el mundo es un lugar seguro y que el universo mueve todas las piezas del tablero que conforma nuestra existencia para lograr con cada uno culminar su plan divino.

         Y después de que la tan conocida ciencia de la psiquiatría me diera un golpetazo en los hocicos y me quitara mis planes divinos haciéndome un ser vulgar que había hecho de su existencia un juego ridículo, solo me quedaba hundirme en el más grueso de los abismos la autocompasión y el peregrinaje por una realidad estéril que el hombre ha creado como contrapunto a la pérdida de su fe, siendo la vida una etapa contrarreloj por adquirir una vida llena de superfluos bienes materiales. Que hoy harían de mi vida lo que antes hacía mi cerebro auto estimularme con grandes o pequeños flujos de dopamina, porque me sentía perfectamente en consonancia con el juego del universo en el que nada es más real que lo que la propia mente crea para uno.

No importa la realidad de los demás como el mundo ha demostrado todos cerramos los ojos con impotencia o cambiamos de canal cuando nos damos cuenta que sufrir por otros mentalmente no nos ayuda en nada y mucho menos sufrir por uno que es lo que comencé a hacer.

-¿Por qué me abrís los ojos?

Ya lo dijo un ciego no me hagáis ver con vuestra mirada aquello que en realidad veis hermoso cuando en realidad pensáis, pobre de él si lo viera.

-¡El mundo es tan hermoso o tan horrible como uno recrea en su mente! ,  el resto son miles de años de retrocesos o avances para intentar hacer de la realidad del mundo aquello que consideramos justo.

En mi segundo internamiento, mientras permanecía atado soñé como una vocecilla me decía:

-“El que guisa mierda al final se la acaba comiendo”. Dos palabras te diría: esquizofrenia desorganizada, te cambiaran la vida. El resto es otra historia.

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