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143-El impostor. Por E. Ritcher

Todos sabían que a Patricio X le ocurriría lo mismo que a los anteriores líderes de la comunidad: iría perdiendo recuerdos, hasta el día en que, en su memoria, solo quedara su propio nombre, como el último mueble de una casa deshabitada.

Y así fue, Patricio X olvidó la despedida que su pueblo le brindó cuando era un niño cualquiera, durante la partida a la Undécima Guerra de la Comarca. De la misma manera olvidó su glorioso regreso, quince años después, victorioso, de una guerra eterna. Olvidó el nacimiento de su primogénito, así como la muerte de su tercera hija, que se perdió en el bosque loca de amor adolescente, su hija predilecta, cuentan. Olvidó el esfuerzo que dedicó a construir, piedra a piedra, las cien calles para la noche, donde los horarios de todos los comercios y dependencias públicas daban comienzo a la jornada con el crepúsculo del día. Olvidó las batallas de la Duodécima Guerra. Olvidó el nombre de todas las cosas y su función, cuando eso ocurrió, supieron que no faltaba mucho para el día en que despertara y, gritando, se asomara a la ventana. Esa mañana, como al resto de líderes de la comunidad, lo único que le agitaría dentro sería su nombre, unas palabras vacías de significado.

Y el nefasto día llegó. Para cuando la garganta se le secó y dejó de gritar, desnudo en la ventana, el pueblo al completo ya estaba reunido a los pies de su casa, en silencio, para escucharle pronunciar su nombre: Patricio X, el último vestigio en ser desterrado de su memoria. Unos líderes tardaban en pronunciarse más que otros, cuentan que, hace cincuenta o sesenta lustros, la espera duró seis días y seis noches. Después de que Patricio X hubiera dicho sus últimas palabras, retornaría a la cama, esperaría a que llegara la noche para cerrar los ojos, y morirse una vez dormido, al no tener nada con lo que soñar.

Patricio X, desnudo frente a su leal pueblo, entreabrió los labios y, como quien imita el sonido de unas palabras extranjeras, dijo: Héctor V. Aquella noche, en efecto, murió en su cama, sin sueños, Patricio X, el impostor.

El imperio de la comunidad en la región fue milenario, el olvido hizo desaparecer de la historia a muchos de sus líderes. Patricio X, en cambio, sería uno de los más recordados.

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