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147-Trucos para poder dormir. Por Anna Gorenko

No pude dormir en toda la noche.

Como tantas otras veces, anoche me costó una barbaridad dormirme y estuve varias horas en vela. Una no sabe cuál será la noche en la que no podrá dormir igual que no sabe cuál será el hombre que la acabará haciendo feliz.

 

Tengo que decir que, normalmente, las noches malas coinciden con las noches de luna llena pero no siempre es así, o no sólo. Ayer mismo no había luna llena pero me pasé la noche en vela, como he dicho. Comprenderá que admire a esa gente que duerme con facilidad, casi automáticamente. En mi caso, nada me ha enseñado la reincidencia, porque cada vez que me ocurre me siento impotente y caigo en las más ridículas prácticas: Pruebo con manta, pruebo sin manta. Me levanto a comer chocolate, pero no queda chocolate y cojo pepinillos en vinagre. Por supuesto, inmediatamente después me arrepiento de comer pepinillos en vinagre de madrugada, busco algo que consiga quitarme el gusto a vinagreta y acabo tomando café, pero tampoco el café resuelve mis problemas ni me ayuda a dormir. Qué contarle.

 

Pero no acaba aquí la cosa, anoche, después de horas dando vueltas en la cama me levanté para salir a la calle con el perro. Cuando me levanté de la cama y mientras me vestía seguía convencida de que lo llamaría y me quedaría más tranquila, pero no, un paso antes de hacerlo me dejé arrastrar por la inercia hasta verme saliendo del portal tirando del perro, porque el perro no tenía ganas de salir.

 

El aire fresco me tranquilizaba. La calle estaba plagada de luz y de farolas. Una chica asiática corría como si llegara tarde a casa. Estúpidamente decidí seguirla. Llevaba las llaves en la mano y andaba como si en cuestión de minutos se acabara el encantamiento. De hecho, se miraba las zapatillas azules como si se fueran a convertir en esparteñas, aunque lo más posiblemente es que le doliesen, y ya está.

 

Cuando llegó a la puerta blanca de su casa –todavía en mi barrio- desapareció sin dejar rastro. Vivirá en el primero porque no la veo tomar el ascensor, pensé antes de pensar que estaba haciendo el tonto.

 

El perro quiere volver a casa, así que vuelvo a casa. He de reconocer que los perros ayudan muchas veces a sus amos a tomar decisiones sensatas.

 

Volví a casa pero seguí sin poder dormir.

 

Una noche de perros. Al otro lado de la pared alguien hablaba un idioma extraño. Extraño y feo, todo hay que decirlo. Tal vez el vecino tampoco pudiera dormir, qué decir, puede que el hombre también tenga sus problemas. Aunque a veces lo dudo, y lo dudo por un sencillo motivo: su estúpida sonrisa de satisfacción escandinava.

 

Ayer pensaba que esa noche no sería diferente de las demás, pero también pensaba que sería la última y que ya no la contaría. Perdonen. No me estoy volviendo loca; en este tipo de noches se piensan muchas cosas, pero se resuelven pocas. Pienso una vez más en que tendría que llamarlo, pero inmediatamente después pienso que lo mejor sería comprar un billete de avión e ir a verle, porque conozco el destino y el cómo llegar, aunque no sé lo más importante: cómo empezar.

 

Tampoco sé cómo dormir. Tampoco creo que lo averigüe. Nunca sabré cómo dormir; Aunque en el fondo tampoco me molesta, en principio, sólo en principio, porque uno puede vivir sin conocer muchas cosas, lo que no puede es vivir sin dormir.

 

Decidí mirar por la ventana y recrearme en alguien que estaba pintando todos los coches de la acera; eso tampoco me ayudó a dormir pero me divirtió durante algunos minutos porque yo tenía mi coche en la otra acera. Inmediatamente después me arrepentí, no porque empezase a pintar los coches de la otra acera –anoche no lo hizo- sino porque fui consciente de que mis pensamientos eran egoístas y grotescos. Me volví a acostar para intentar dormir, pero una vez acostada no me dormí, claro, así que empecé a pensar en cosas reconfortantes y sin saber por qué recordé un programa de televisión llamado ”Saber y Ganar” que echaban en la 2 hace años. Días antes leí en un periódico de internet que  el presentador de dicho programa había muerto, y hoy, el mismo periódico rectificaba diciendo que “el presentador no había muerto y que por lo tanto estaba vivo”. Es lo bueno de internet, uno puede matar a alguien y darle vida poco después sin dejar rastro ni suciedad. Ojalá todas las vidas, los asesinatos y las limpiezas fueran así.

 

”Take it easy, take it easy”, pensé entonces, paro más tarde pensé que lo mejor sería echar un trago, pero no, no quería ponerme novelesca, ya que no quedaría  sólo en un trago; así que no lo hice.

 

”Unas veces huía sin saber a quién, y otras esperaba sin saber a quién”. Aparecía esta cita de Cervantes al final de una película de Carlos Saura en la que dos bandoleros se daban garrotazos hasta la muerte. No hay que ser muy yoga para saber que todos estas imágenes no ayudan a nadie a dormir, ni para adivinar que a veces somos nosotros mismos los que nos damos los garrotazos.

 

Y entonces empecé a escuchar pasos por el pasillo y claro, me vi como una mera mujer sola, aquí, tan cerca de Groenlandia y tan lejos de Gibraltar. Y después de escuchar pasos empezó a nevar, algo que ya sabía yo, porque el aire de la calle era demasiado fresco, y así me quedé, no helada, sino embobada viendo la nieve caer hasta lograr ponerme nerviosa, como toda mujer sola que ve la nieve caer.

 

¿Y después? Después pensé que debía tener una infección de orina, que me va a bajar la regla y que tendría que llamarlo. Aunque lo cierto es que si no me hubiera comido los malditos pepinillos no tendría ahora esta acidez de estómago. Lo demás son fantasías y cuentos chinos.

 

Así que vuelvo a pensar que lo mejor sería llamarlo de una vez.

 

Enciendo la tele esperando encontrar al presentador de ”Saber y Ganar” pero sólo hay anuncios de cosas que no necesito.

 

Apago la tele.

 

Hace meses que no hablo con él. El crío está bien. Él también me podría llamar. Esa maldita cajera: ”qué bonito está el niño, anda que el padre estará contento”.

Seguro que lo ha dicho porque ve que voy siempre sola al cine.

 

Decido llamarlo pero es tarde y su teléfono está ”apagado o fuera de cobertura”.

Me arrepiento de haberlo llamado.

Me pongo algo de música.

Me tumbo.

Intento pensar en el presentador de ”Saber y Ganar”.

Mañana será otro día y todo se olvidará. ”Take it easy”.

Dulces sueños.

 

 

 

 

 

 

 

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