Hoy me ha preguntado una persona a quien quiero mucho y que lleva toda la vida a mi lado: -¿dónde andas alma de mi alma? Y le he respondido: – Ando escribiendo y recuperando un relato perdido que alguien dejó olvidado. Te quiero.
La mañana ha sido tensa, no he podido evitar la vorágine de los gritos y tensiones con mi adolescente. Esa adolescencia que igual yo misma sigo llevando dentro y la que representa a mi hija de quince años. La música es una batidora, me da vergüenza lo que piensen los vecinos. Solicito que baje el volumen, me mira como un perro enfurecido por abrir la puerta sin llamar. He llamado pero el sonido de la música no ha permitido que lo oiga. Se lo grito, qué he llamado, pero no baja la música, no termina de vestirse, no termina de salir de casa para ir al instituto. Amenazo con que se vaya andando pero ya viene, por fin, nos vamos entre ladridos de una y de otra y hasta la tarde, bonita, que no tengo ya más ganas de verte. Estoy cansada.
El coche de delante se ha girado bruscamente a la izquierda, sin preaviso. -¡Pero qué hace! Rápido mi mente piensa y ve a ese conductor como a un chico joven tocando las narices. Miro el retrovisor y una ambulancia con luces encendidas me espera a que yo haga lo mismo que el joven de delante. Me siento torpe por mi juicio anticipado. Ocurre igual que con mi adolescente. No estoy atenta. Ahora comprendo a ese joven que sí está atento, que es rápido, como mi hija, en tan rápida…
Tengo muchos pájaros en la cabeza. Me tengo que responsabilizar más. Tal vez estoy envejeciendo. Pero ahora, en este instante, sí estoy alerta. Estoy viendo en esa glorieta, a la derecha, a una mujer sentada en el centro de la explanada. Es una mujer de ropas pobres, aspecto agitanado y lleva sobre sus hombros un pañuelo estampado de colores opacos. Está sentada en forma de india. Con las piernas cruzadas y sobre sus manos, encima de sus miembros, porta un libro. La observo como está inmersa y absorta en la lectura. ¿Qué lee?, ¿Poesía?, ¿Novela rosa?, ¿Un Best seller? o ¿Algún contemporáneo Universal? Su presencia ha pintado un paisaje hermoso siendo el alrededor un sin fin de carreteras que se cruzan sobre el asfalto. Esa mujer es hoy la representación de alguien que rompe la monotonía. Ahora sí, estoy feliz porque mi mente y mi corazón se unen en un pensamiento, se unen para observar y sentir.
Esta tarde, mi hija, con profunda tristeza y en un tono elevado me decía: “-¡Mamá, no me entiendes! ¿No ves que soy la que soy y no puedo cambiar? ¡Soy como una roca en un río y por más agua que pase seguiré siendo roca!” Esta vez dejo que hable, permito que se vacíe, aunque me esté doliendo la verdad frente a mi cara. Porque siempre interrumpo y se queda a medias y yo también me quedo insatisfecha cuando detengo y le digo lo qué tiene que pensar. Pero se queda en silencio y espera a que yo hable, extrañada de no haber sido interrumpida. Ahora ya estoy entregada a ella nada más que para amarla, y hablo, esta vez bajito: “- Cariño, fluye, por favor, las rocas también se van erosionando y terminan por pertenecer al río y eso es bello, no pongas tanta resistencia.” Y ella con la voz ya más pausada dice: “-Entonces mamá, soy rama de un árbol”. Yo guardo silencio y admiración. Me tranquilizo porque ya no es roca, es rama de un árbol. Aunque tampoco tengo ni idea de cual de las dos opciones es la mejor. Pero la he escuchado y me ha gustado lo que he oído.
152-Ando escribiendo y recuperando un relato perdido. Por Carrie,

Qué preciosidad, tendré que ponerlo en el despacho para regalárselo a tantos padres que todavía no han conseguido pararse a mirar, escuchar y nada más. Qué bien escrito, qué ritmo….
Me parece muy real y muy bello a la vez.Algo que cada día ocurre en tantos y tantos hogares y nos hace reflexionar sobre nuestra relación con los hij@s en edades difíciles….
Hermoso relato. Tan facil que resulta escuchar a los hijos y tan dificil que nosotros mismos lo hacemos. felicidades